
Aunque obras como Fundación o Dune sigan estando vigentes gracias a sus adaptaciones al cine, a la pequeña pantalla o las reediciones en todos los idiomas, lo cierto es que la ciencia ficción clásica de los cincuenta en adelante se nos va quedando lejana. De esto se da cuenta uno cuando llegamos a la fecha en que arranca la Blade Runner de Ridley Scott, adaptación de la de Philip K. Dick, y caemos en la cuenta que nada de ese futuro (o casi nada) se ha hecho realidad. Porque el futuro ha ido por otros derroteros, y tal vez obras menos populares como Snow Crash, Incrustados (editadas ambas en castellano por Gigamesh) o el Neuromancer de Gibson se aproximaban más a los tiempos que nos toca vivir. Por suerte las oleadas de la ciencia ficción no nos abandonan, y nos encontramos con que el género se va reciclando a sí mismo, explorando esos futuros distópicos que los más imaginativos entre los autores no acertaron a imaginar.
La pregunta que nos hacemos es: ¿dónde se encuentra ahora la ciencia ficción?
Seguir la estela de un movimiento tan errático, impredecible y global como la literatura de ciencia ficción es, desde el principio, una empresa abocada al fracaso. Sobre todo si ha ido cambiando de medio (cosa que ha hecho). Los premios Hugo, los Nebula, las convenciones de género y demás intentos académicos de profundizar en la ciencia ficción se están quedando cortos. Mientras los Hugo entregaban por primera vez a una obra no escrita originalmente en inglés su galardón (El problema de los tres cuerpos) en el tardío año 2014, veían la luz videojuegos de ciencia ficción de tal calado como Destiny (Bungie), Watch Dogs (Ubisoft) o Metal Gear Solid V: Ground Zeroes (Konami). Mientras se otorgaba tres veces seguidas el premio a N. K. Jemisin por su trilogía de la Tierra Fragmentada, Nnedi Okorafor llevaba años transgrediendo las normas clásicas del género con obras de tal calado e imaginación como ¿Quién teme a la muerte? o la trilogía de Binti (editados en España por la pequeña editorial de autoras, Crononauta), ahondando en la unión entre fantasía y ciencia ficción, pero desde la tradición folclórica en África. Obras, por cierto, que tardarían aún mucho en verse en castellano. Y que no sirva esto para desmerecer a los autores, cuya valía no se está poniendo en tela de juicio. Más bien se cuestiona lo desligado que se encuentra el género entre sus diferentes medios. ¿Por qué no se miran entre sí literatura, cómic y videojuego? El cine sigue siendo el vehículo más caro, el ticket dorado. Si una obra se adapta al cine, se le presta reconocimiento más allá del fandom, como ocurrió con La llegada, dirigida por Denis Villeneuve, que muchos de los que se sorprendieron con esta bella cinta ni siquiera sabían que existía, previamente, el cuento en que se basa: «La historia de tu vida», de Ted Chiang.
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Bueno, autores como McDevitt y sobre todo Peter F. Hamilton siguen innovando, entre los europeos, ingleses de la pérfida Albión para más inri.
Somos nosotros, la humanidad, la obra de ciencia ficción más estrafalaria con una escenografía todavía más fantástica. Todos nuestros resultados desde cuando nos descubrimos cómo somos gracias a la ambigüedad de nuestro mayor invento, el lenguaje, no tendrían que estar en los libros de Historia. Las guerras, las matanzas, las vejaciones, la intolerancia, el patriotismo, la hombría, tendrían que estar en ese ramo de la literatura, la Ciencia Ficción porque son increíbles. Por supuesto que hay que meter también en ella esos milagros que son la filosofía, las artes, la ciencias, la democracia que, proviniendo de animales en evolución son aún más inconcebibles.
Quisiera preguntarle si ha leído la novela Necrosfera de César Martín Ortiz y si la considera ciencia ficción o más bien de género solo fantástico, digamos. Alguna sugerencia de Sci-Fi española, por otro lado?
Bueno si crees que vivimos en Wonderland, evidentemente, la ciencia ficción no está en ninguna parte, es lo que se te hace pensar. Cada uno se engaña como quiere. Sin embargo de forma alegórica y oculta, es el género más delator, sólo para observadores refinados. Estamos en situaciones que lamentablemente no alcanzas a ver lo que hay ahí delante, y eso para mí es la paradoja de tu artículo. Un saludo!
Marvel hace ciencia ficción? venga ya. Y ya puestos, ni el extraordinario INCAL lo es.