
¿Has venido aquí a buscar la verdad? Tú no puedes encajar la verdad. Vivimos en un mundo que tiene empresas tecnológicas, políticos y lobbies dispuestos a engañarte. Amas y compras sus productos y sus promesas. ¿Y de verdad quieres que hagamos fact checking para saber si mienten? ¿Quiénes? ¿Los medios pagados por la publicidad de esas empresas, lobbies y políticos? ¿Nosotros? Es una responsabilidad mayor de la que puedes calibrar. Porque no podemos quejarnos en Twitter o Instagram maldiciendo a los que mienten y luego tumbarnos en el sofá. Sabemos, desde el mismo día que escogimos este oficio, que la independencia, aunque ponga en peligro nuestra supervivencia como medio, la de esos compañeros que son asesinados, y tu comodidad, ayuda a protegernos contra los que quieren abusar de nosotros. Pero acéptalo ya, a veces prefieres evitar la verdad, porque en esas zonas de tu interior de las que no hablas con los amiguetes sientes miedo. Prefieres que seamos nosotros los que nos expongamos al hacer el trabajo. Nosotros, que usamos palabras como «verdad», «periodismo», «rigor», palabras que son la columna vertebral de una vidas dedicadas a defender algo, y que otros usan como postureo.
No tenemos ni el tiempo, ni las más mínimas ganas de explicarnos ante un lector que se levanta y se acuesta bajo la manta de una libertad que nosotros intentamos defender, y después cuestiona el modo en que lo hacemos. Preferiríamos que solo dijeran gracias y siguieran su camino. De lo contrario les sugerimos que cojan las palabras y la verdad de los hechos y defiendan su puesto. De todos modos, nos importa un carajo a qué creen ellos que tienen derecho. Porque nosotros estamos aquí para algunas mujeres y hombres buenos, que hemos reunido a lo largo de una década. Estamos aquí para vosotros, lectores de Jot Down. Y hoy queremos discutir si podemos defender la verdad, para entregarla tal cual es, o si tendremos que vendernos. Porque el periodismo es algo más que una etiqueta o un carnet colgado del pecho. Y nuestro trabajo es defender a aquellos que no pueden defenderse solos. Con la verdad.
Nosotros los periodistas
Ya de pequeños descubrimos lo peligrosa que es, cuando nos preguntaban «quién ha sido». Malo era saber, peor confesar, inaceptable denunciar. Nos lo ha recordado la dimisión del primer ministro de Malta, cuyo jefe de gabinete estuvo implicado en el asesinato de la periodista Daphne Caruana Galizia. Queda por confirmar si la trama de intereses salpica también al mandatario, pero de momento ya sabemos que fue el magnate Yorgen Fenech quien ordenó usar un coche bomba para eliminar a la reportera. Su crimen desvela que hay algo podrido en el corazón de la Unión Europea. Y que la Unión mira hacia otro lado, consciente del valor geopolítico de la isla, estratégicamente colocada en las cercanías de Turquía, Israel y Oriente Medio. Buscar la verdad enfrentándose al poder significa correr un gran riesgo, y a veces pagarlo con la vida. Pero en cierto sentido, Daphne tuvo suerte, porque la organización Forbidden Stories puso a cuarenta y cinco reporteros a trabajar en las investigaciones que ella había comenzado. Para que su labor no solo no se perdiera, sino que continuase. Para que su muerte, aunque trágica, salvara vidas. Pero no las de los ciento cuarenta y cuatro periodistas mexicanos asesinados desde el año 2000, que no pueden esperar lo mismo. Ni siquiera cuentan con un juez como el maltés Anthony Vella, que ignorando las presiones exigió información a la Europol, y a la policía alemana datos y evidencias, a fin de investigar el asesinato de la periodista maltesa. Hace un año le apartaron del caso mediante un ascenso no solicitado. Incluso así la verdad ha acabado por abrirse paso, derribando a un gobierno indigno. Pero ¿y si juez y periodistas hubieran ayudado sin saberlo o a propósito a sus enemigos políticos? El taxista que intermedió entre verdugos y asesinada afirma que el único responsable fue el empresario.
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In God we trust. Gran artículo. Gracias.
Aun siendo vortiginosa esta original propuesta literaria del día a día (que por razones de espacio y oportunidad creo que no es más amplia, y se nota que sus autores tiran del freno) tiene su encanto por su efectividad divulgativa y, además, despierta esa sensación de que de alguna manera estamos acelerando. Y ahora más que nunca debido al reto ecológico y a las comunicaciones. O tal vez, y pienso que es la más plausible, porque siempre estuvimos y fuimos acelerados sin definir la meta. Infinidad de fuentes, dichos, reflexiones, algunas ligeras y sarcásticamente ofensivas, pero dignas de leer que, paradójicamente, detienen la aceleración por unos instantes. Gracias por la «vortiginosa» lectura.
No uséis la palabra de Sorkin en vano, quizás el resto del artículo no pueda estar a su altura :-)