
Escrito entre 1914 y 1921 y publicado en 1922, el Ulises de Joyce es uno de los libros más difíciles jamás escritos. No es una novela —aunque Joyce se empeñaba en llamarla novel—, ni un ensayo; no es épica ni periodismo. Es todo esto y su superación: una confluencia de estilos, un bullir de personajes, sensaciones, lugares sin pies ni cabeza en los que todo fluye; un remolino donde perderse: la Caribdis que Homero ahorró a Ulises, Joyce nos la arroja sin ninguna piedad.
Los personajes principales, Bloom y Stephen, son antihéroes, unos vencidos; víctimas del mundo moderno en el que los grandes ideales no tienen derecho de ciudadanía y en el que triunfa únicamente la cotidianidad decadente. Paul Bourget, psicólogo y crítico literario contemporáneo de Joyce —muy influyente en las tesis de Nietzsche sobre el nihilismo—, definía como decadente aquella literatura en la que la parte predomina sobre el conjunto, la página sobre el libro. Flaubert, Stendhal o Baudelaire eran ejemplos de este espíritu decadente que Joyce retoma y relanza con una fuerza inaudita: mientras que en Baudelaire la parte se sustenta heroicamente independiente del todo, en Ulises las partes fragmentadas se precipitan al pozo sin fondo de lo absurdo en el que fluye la existencia humana. No es arte decadente, no es wagnerismo literario, sino cacofonía de significados y de estilos, de emociones e instintos, sonidos y símbolos a la Stockhausen puestos al albedrío de una conciencia sin puertas ni ventanas que discurre encerrada en su propia inmanencia.
En Ulises la realidad de Dublín, como la de sus habitantes, es descrita con una fidelidad maniática en cada detalle, tanto que se suele decir que, si la capital de Irlanda fuera reducida a escombros por algún cataclismo, gracias a la obra de Joyce se podría volver a reconstruir de manera exacta. Sin embargo, todo este realismo no está al servicio de la realidad, como si esta fuera el origen del significado de aquello que tenemos ante los ojos: es, al contrario, puesto al servicio de un simbolismo aturdido que abandona a la conciencia solipsista del yo la tarea de definir el sentido de lo que aparece. La realidad es un signo cuyo significado está determinado únicamente por la conciencia de cada uno de nosotros, una conciencia que fluye y arrastra en dirección a su «hacia-ningún-lugar» todo aquello que encuentra en su camino. El famoso stream of consciousness es por tanto el único medio estilístico que permite dar voz a la construcción del sentido de la realidad: un flujo que, como Penélope con su tela, se construye con los restos de aquello que hace un instante ha destruido.
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Estoy escribiendo un libro LUIS-ES(El yo y el todo,unidos) que empieza así:
«Ulises ese/a alma,ese espíritu aventurero que puede aparecer en muchas personas en todas las épocas y por tanto inmortal como todo lo religioso o anímico ,como nuestro yo o conciencia y/o consciencia? …
Habría q fomentar la fiesta de Bloom day en todas las ciudades…
Para entender «Ulises», hay que recordar que es una de las obras celebres de un movimiento artístico que se llama MODERNISMO, que no tiene que ver con lo que se llama modernismo en letras hispanas (que sería en inglés o francés, más parecido a lo que se llama simbolismo). Hay que pensar tal vez sobre todo en el Cubismo,en un cuadro cubista.
Pues «Ulises» no deja de ser una especie de novela cubista, por decirlo de una manera. Las formas de expresión artísticas estaban agotadas, decían los Modernistas como T.S Eliot o Joyce o Ezra Pound, la realidad moderna no se puede captar en la novela realista tradicional como las que se escribían en el siglo XIX. Lo mismo decía Picasso y Juan Gris a la vez que Joyce y Pound, sin consensuar nada entre ellos, de forma independiente. La realidad ya ha desbordado las formas artísticas convencionales.
Joyce propone captar un día de la ciudad de Dublín en papel.Desde Europa. Medio ciego, miope, vamos. En las umbrales de la pobreza de forma permanente. Es una novela casi inimaginable en cuanto a sus pretensiones artísticas, heroica. Cualquiera que ha cogido la pluma sabe que es de una envergadura tremenda…
Es una novela también que lleva el lenguaje a sus limites, y que es muy difícil, casi imposible a traducir. Se pierde mucho.
A uno le puede gustar a Ulises o no. Eso es más bien indiferente. Pero abre muchos no sé si todos los caminos de la literatura del Siglo XX. Es como el «big bang» de la novela del Siglo XX.
Por último, no es justo llamar Leopold Bloom o Stephen Dedalus anti-heroes. Un anti-heroe es Raskolnikov en «Crimen y Castigo».
Para Joyce, Leopold Bloom es un héroe de la vida cotidiana de Dublín, uno de los muchos hombres y mujeres que con su tolerancia y ética hacen el mundo un lugar más tolerable. En inglés se diría que es «an unsung hero»…un heróe no cantado.
No hace nada transcendental en «Ulises» Leopold Bloom, pero he aqui que a partir de Joyce, tampoco hace falta hacerlo para ser el protagonista de una novela. Si uno piensa en todos los personajes de Updike y Roth o Bellow, por decir solo tres ejemplos, pues ellos también trabajan con personajes que no hacen nada trascendente, y eso empieza con James Joyce..
«Ulises» es la novela del Siglo XX que lo cambia todo….
Tampoco me parece acertado sostener que «Ulises» no sea una novela como dice el autor…
La palabra «novela» viene de la palabras «nouvelle» del francés…son los franceses que acuñaron el término.
Es decir, «lo nuevo»…
¿Qué es una novela? Pues «lo nuevo»…
Tampoco me parece tan mal como definición…
Aunque supongo que lo conoces:
http://www.psicoanalisis.org/lacan/joyce.htm
También hay un interesante prólogo de Germán García (psicoanalista lacaniano) a una edición argentina del Ulises.
Echo de menos, en tu excelente artículo, una alusión a Leopardi: E naufragar m’è dolce in questo mare.