Arte y Letras Literatura

Cuando la memoria es más potente que el gas de las cámaras 

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Auschwitz, 2005. Fotografía: Janek Skarzynski / Getty.

Los tambores del suicidio ya sonaban con fuerza durante la noche larga de Petrópolis. El término «noche larga» no se acuña en este texto por casualidad, es la etiqueta que ha decidido colocarle Stefan Zweig a la pesadilla que se cierne sobre su Europa en particular y sobre el mundo en general. Los nazis avanzan y el planeta se estremece. Allí, en la remota ciudad brasileña, el escritor austriaco sabe que no le queda demasiada cuerda al reloj por el que tanto ha luchado para dejar que avance el segundero. Siempre le había tenido miedo a la muerte, suele ser esta una característica general entre los suicidas. Al huir de Austria para recorrer el mundo delante de las tropas alemanas, había dejado el miedo de lado. Ahora, de pronto, la angustia. Observa de nuevo el reloj, detenido ya: no hay peor miedo que el que desaparece con la angustia.

Esa última noche ya no quedaba espacio en su memoria para las noches londinenses, donde había temido en silencio los bombardeos de la Luftwaffe que todavía estaban por llegar. Tampoco para sus días neoyorquinos, cuando ni la tumba de Whitman sofocaba la ansiedad persecutoria (qué diferencia con la ópera centroeuropea, pensó siempre). Se iban difuminando poco a poco las tardes brasileñas, donde detrás del paseo aparecían su pasión francófona, su Montaigne, su Flaubert. Sí quedaba espacio sin embargo para Lotte, la secretaria por la que había abandonado a su mujer. Así que dialogó con ella un día cualquiera de cualquier año y tomaron la decisión. Los dos cadáveres (ya lo eran antes del cianuro) se acostaron sobre la cama perfectamente ataviados para la muerte. La foto de los dos suicidas abrió los periódicos días más tarde. En ella aparece una mesilla sobre la que descansan varios objetos sin valor, el vaso para el cianuro y una carta. Aquellas, sus últimas líneas, todavía lloran: 

Prefiero terminar mi vida en el momento adecuado, justo, como un hombre para quien su trabajo cultural fue siempre la más pura de sus alegrías y también su libertad personal, la más preciosa de las posesiones en este mundo. Dejo saludos para todos mis amigos: quizá ellos vivan para ver el amanecer después de esta larga noche. Yo, más impaciente, me voy antes que ellos. (Carta póstuma, Stefan Zweig).

Porque el pasado asesina tanto como el presente. Aún más si lo recordado se mueve entre ambos planos: hay escenas que se repiten continuamente, como si no supieran salir del hoy. Primo Levi ya era consciente de esto el día que atravesó las puertas de Auschwitz, intuyendo que nunca más saldría de allí. Porque nunca salió, a pesar de ser liberado meses más tarde. Su obra, construida en parte sobre los pilares de su estancia en los campos de concentración, es un canto a la supervivencia. Pero he aquí que de nuevo se mezclan los planos, el presente juega con el pasado y viceversa. Levi no fue capaz ya nunca más de distinguir ambos, y de aquella confusión nacieron títulos tan maravillosos como Si esto es un hombre, La tregua o Los hundidos y los salvados.

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2 comentarios

  1. MrsShelley

    Qué necesario leer esto en momentos así.

  2. Este tipo de artículo es un alivio para cuando veo fotos de esos personajes de allá o de acá del Atlántico que proclaman sin tapujos la pasión por las armas. Y no solo fotos de personas como yo que también la tuvo. Hasta hay un notable aristocrático que no mostró la más mínima duda ética en ir a matar indefensos animales. La polaca Wislawa (y disculpen la reiteración) tuvo la genial inspiración de dar realidad poética a las entidades inmateriales, entre ellas a la muerte de quien decía que no escaba fosas y no saber ordenar ataúdes, pero pienso que su poesía al odio no tiene desperdicio.
    Miren cómo es siempre eficiente, cómo se mantiene en forma en nuestro siglo el odio…. Si se adormece el suyo no es jamás un sueño eterno. El insomnio no lo debilita: lo refuerza… Un rictus de éxtasis amorosa le deforma el rostro… ¡Oh! aquellos otros sentimientos enfermizos y fláccidos. ¿Desde cuándo la fraternidad puede contar con las multitudes? ¿La compasión ha llegado primera alguna vez a la meta final? La duda, ¿cuántos bienintencionados arrastra? Él solo las arrastra porque sabe lo que hace. Capaz, activo, muy laborioso. ¿Es necesario decir cuántas canciones ha compuesto? ¿Cuántas páginas ha escrito en los libros de Historia?… Hasta la justicia es perfecta al inicio. Después corre solo… Es un maestro del contrasto entre fracaso y silencio… Y digamos la verdad: sabe crear belleza…. En cada instante está siempre pronto para nuevas tareas. Si tiene que esperar, esperará. Dicen que es ciego. ¿Ciego? Tiene la vista aguda de un francotirador y mira resuelto al fututo. Él sólo.
    Gracias por esta necesaria lectura.

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