Arte y Letras Historia

Un paseo por los cafés tertulia del siglo XIX al XXI

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La tertulia del Café de Pombo, de José Gutiérrez Solana. Imagen: Museo Reina Sofía.

A finales del siglo XIX y principios del XX proliferaron en España, especialmente, en las grandes ciudades, los cafés tertulia. Eran lugares algo sombríos en los que se solía destinar un espacio concreto, y siempre el mismo, para reuniones diarias o semanales de literatos e intelectuales de la época. Allí se hablaba de literatura, de cultura, arte y política. 

En España, el germen de los cafés tertulia es la botillería. Lugares asotanados y oscuros, que eran más bien de paso. No tenían muchas acomodaciones para pasar largos ratos y las gentes solían tomar una bebida rápida y marcharse. 

Ramón Gómez de la Serna tiene mucha relevancia en este sentido, ya que él fue el impulsor de las tertulias que tenían lugar en el Café de Pombo. Un local ubicado en un lateral de la Real Casa de Correos de la Puerta del Sol, en Madrid. Estaba en el número 4 de la calle Carretas, que conecta la plaza más céntrica del país con la de Jacinto Benavente.

Tan importante fue el Café de Pombo para Gómez de la Serna que escribió un libro de más de mil doscientas páginas, dividido en dos tomos, en torno a estas reuniones y sus tertulias. Decía el escritor: «¿No será lo que me deja más profunda tristeza esto que se llama «mi Pombo», sitio en el que precisamente quiero yo que resida una especie de hogar santo de todos, el sitio en el que pernoctar todos los sábados de nuestra vida?». 

Este extracto de La sagrada cripta de Pombo define muy bien la esencia de estos lugares y, en el libro, no solo se habla de Pombo, sino de los orígenes de estas reuniones de intelectuales. 

La historia de los cafés tertulia

Explica Gómez de la Serna que ya Carlomagno «reunía en torno a su real persona un círculo de intelectuales que conversaban en latín y se bautizaban con nombres clásicos» de la literatura. Apunta también que el primer café tertulia lo inició Shakespeare y fue fundado por sir Walter Raleigh. En una taberna en la que se podían alquilar habitaciones para uso exclusivo nació el Club de la Sirena, formado por un «grupo de literatos jóvenes y descreídos», entre los que se encontraban Raleigh y Shakespeare, el poeta satírico Ben Johnson, Henry Ring o sir Richard Martin

En España, como ya se ha apuntado, el inicio de estas reuniones es la botillería. Gómez de la Serna menciona tres: la Canosa, la de Fúrcal y la de la Cibeles. En ellas se «ofrecía un rincón en la sombra para pensar en el porvenir, en el porvenir que ya es este día de hoy que gozamos con entera libertad y comodidad de pensamiento». 

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6 comentarios

  1. Comencemos, pues, de nuevo, a resurgir la cultura de los café-tertulia… Estoy seguro de que somos muchos los que desearíamos que así fuera, aunque tuviéramos que desplazarnos de ciudad. Eso sí, cuando todo esto pase…
    Gracias por el artículo. Ansío esos café-tertulias…

  2. Me asocio al vecino de arriba.
    …Eravamo quattro amici al bar
    che volevamo cambiar il mondo…
    dice una canción popular italiana.
    Yo agregaria en español…
    Porque la geografía universal
    se concentraba en un rectángulo
    de madera y cuatro pocillos de café
    cuales puntos cardinales
    y lo único borroso e incierto
    era el humo del tabaco…
    (lo último ya es anacrónico. Ni fumar se puede)
    Gracias

  3. Pienso que para una posible y aconsejable salud y un tiránico e insatisfecho oído, es mejor así.
    … porque la geografía universal
    se concentraba en un rectángulo
    de madera con cuatro pocillos de café
    cuales puntos cardinales
    y lo único borroso y poco saludable
    era el humo del tabaco.
    Habíamos dejado de fumar
    no recuerdo cuántas veces
    retomándolo otras tantas
    pues los efectos liberatorios eran
    más benéficos con la primera bocanada
    de ese vicio que daba inicio a las
    tertulias con amigos que querían
    salvar el mundo.

    Para el vecino desconocido del Primero «B» de arriba, a quien cada tanto, y apoyado en las barandas del balcón, veo mirar las calles vacias.

  4. Aquellos que querían salvar el mundo,
    ya no lo pueden hacer…
    porque no hay cafés, no,
    porque el mundo quiere salvarse solo.

    Y mientras tanto, desde algún lugar de la tierra extremeña, contemplo el horizonte, casi púrpura, que anuncia el apocalipsis.
    El café humea, el libro espera. Porque ya sabes, amigo, «no es más analfabeto el que no sabe leer sino el que, aun sabiendo, no lee».

    Y mientras tanto… tertulia online.

  5. propagaba de una España amadrileñada y sin liderazgo, amen de los favores de la Administracion, Ayuso existe desde la década ominosa

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