
Pocos libros pueden resultar más tentadores e interesantes para entender la crisis del coronavirus y la deriva totalitaria de los Estados que Psicopolítica de Byung-Chul Han. El filósofo coreano —una de las grandes figuras de la filosofía junto con ese inclasificable meme andante llamado Slavoj Zizek— ha sido una de las figuras intelectuales más socorridas durante la pandemia. El artículo que escribió en El País el pasado 27 de marzo de 2020 es lo mejor que he leído. El estilo incisivo, sentencioso y cortante, alejado de la retórica inflada de los posestructuralistas, se ha convertido en una de sus señas de identidad. Recuerda a Nietzsche en sus aforismos, al Guy Debord de La sociedad del espectáculo y a Baudrillard en El crimen perfecto —«ya no tenemos los medios para parar los procesos que se desarrollan sin nosotros», concluyen ambos—. En todos sus textos late una preocupación por la sociedad del espectáculo manifestada en el «neoliberalismo digital», que tiene su máxima expresión en una «agonía del Eros» como producto de la objetivación de los cuerpos y en el fenecimiento del alma y de la identidad humanas. Pero quizás sea Psicopolítica el texto que mejor refleje los nuevos cambios en materia de biopolítica que, de un tiempo a esta parte, con la pandemia como telón de fondo, se están llevando a cabo en todo el mundo.
Capitalismo y esquizofrenia: capitalismo afectivo y el comercio de la emoción
Capitalismo y esquizofrenia fue, seguramente, la obra de mayor trascendencia de Gilles Deleuze y Felix Guattari. Deleuze y Guattari quisieron, en la década de los ochenta, en el marco de las revoluciones neoliberales, y siguiendo el esquema kantiano de la Crítica de la razón pura, elaborar un marco teórico sobre la alianza entre capital y deseo. Aunque el objeto, en primera instancia, era el marco del psicoanálisis como instrumento de dominación capitalista, posteriormente fueron ampliando su marco de acción para hacerlo extensible al control de nuestros anhelos y caprichos. Los autores proponen un análisis del capitalismo fundamentado en una red de conceptos: «máquinas deseantes, sociales, y capitalistas», «desterritorialización», «esquizofrenia», etc. Términos a los que Han les ha dado un nuevo giro de tuerca en su obra. Entrando en materia, el capitalismo afectivo ha sido uno de los grandes triunfos del sistema liberal desde el siglo XXI: «El capitalismo industrial muta en neoliberalismo o capitalismo financiero con modos de producción posindustriales, inmateriales, en lugar de trocarse en comunismo». El neoliberalismo, para el autor, «y no la revolución comunista, elimina la clase trabajadora sometida a la explotación ajena. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Somos nuestro propio amo y esclavo».
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Un artículo alertando de los peligros de la Red que nunca hubiese leido de no existir la Red.
Excelente artículo, lo que describes es lo que se ve dia a dia en los medios españoles, y en redes como twitter. Cero aceptación del Otro, de lo extraño, cero reflexividad.
Hasta ahora me las estaba dejando largas, pero tras esta lectura ya no sé si empezar a cortarme las venas… ¿Alguna solución realista, factible, efectiva, y que mantenga una brizna de esperanza antes de que me desangre?… Por favor…
Interesante articulo. Estoy de acuerdo con la falta de visión en Europa, la falta de ambición, la lentitud y apatía: es un proyecto estancado. Lo que están tardando con la vacuna es buen ejemplo, quiero decir…¿como es posible que vamos tan lentos en la UE?
La politica también se ha convertido en espectáculo – eso se ve muy bien con Ferreras en la Sexta por ejemplo – uno tiene la sensación de que nada de fondo puede cambiarse por la vía de la política.
Estamos todos enchufados en un gigantesco sistema que está fuera de control. Nadie está al mando, porque no hay mando.
Nos quedan las migas, la politica al nivel local tal vez… Y si se va otro pais gordo de la UE, cuidado, puede cundir el pánico perfectamente. Los elites lo saben, y por eso no se arriesgan nada.
Pero el inmovilismo es tal que incluso algo tan obvio como traspasar el parlamento europeo durante un par de decadas al sur de Europa – Barcelona, o Atenas, o Napoles yo que se – ni se plantea. Todas las instituciones están en el Norte. ¿No sería un cambio interesante aquello? Yo creo que si… Algo para dinamizar el proyecto un poco…
Yo creo que puede haber algo parecido a una estrategia de resistencia al futuro distopico esbozado arriba en el sur de Europa. Desde luego en el Sur del planeta con sus problemas que son de otro orden… y el sur de Europa es la puerta al Sur desde Europa… hay fuerzas de la vida cotidiana del sur de Europa que todavía resisten el proyecto globalizador anglosajón…
Eso de que vamos a volver a la «normalidad» despues de la pandemia, pues no creo. Desde mi punto de vista, y de mucha gente seguramente, la «normalidad» se fue hace mucho, en el 2008 o por ahí. Y no ha vuelto ni va a volver. Era otra ficción… la ultima ficción: la de la sociedad del consumo y el crecimiento eterno para todos… otra utopia más que se acabó…
En cuanto a los billonarios del internet como Bezzos y Gates, la tecnologia moderna contiene en su hardware el trabajo manual de billones de trabajadores durante siglos. Sin ese trabajo de siglos, no existe el ordenador ni el internet.
Es inadmisible por tanto que las ganacias de la tecnología están en manos de unos cuantos billonarios, porque sin la revolución industrial, nadie sabe quien es Bill Gates ni Jeff Bezzos, ni existe Microsoft ni existe Amazon…
En fin…
Me gustó aquello de Mark Fisher que esta en «Realismo Capitalista» me parece, que si quieres entender la diferencia entre el capitalismo de antes de 1979-80 y la revolución neoliberal de Thatcher/Reagan ( y en España Felipe Gonzlez) solo hace falta comparar «El Padrino» con «Heat», ambas peliculas de mafiosos.
Mientras en el «El Padrino» (1972) del capitaimso antiguo existe todavía cierto código de honor, existen todavía lazos de sangre, existen las tradiciones y sobre todo existe la familia, que es el motor de la historia, en «Heat» de Michael Mann, que data del 95, no hay de eso. En «Heat», todo es una cuestión de pasta… y esos dos mundos se ven en los decorados y el aspecto visual de ambas peliculas además…
O lo que dice Fisher de Joseph K en «El Castillo» y como llama al operador y pide hablar con «control central» y le dicen que no existe control central, solo hay una enorme red de operadores, y como eso es lo que nos pasa a todos con las compañias de teléfono o la banca o el Estado cuando llamamos…. No hay mando…no hay control central… no hay un centro ya del mundo… estamos como Jospeph K intentando entrar al castillo todos los días… objetivo imposible casi…
ya lo dijo quién lo dijo… Mi mundo es otro, ¡¡¡Se acabó!!!
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