
¿Escribió Thomas Mann «sus ojos eran como dos puñaladas en un tomate»? ¿Merece un análisis minuto a minuto la obra maestra del culebrón turco? ¿Hay guías de viaje para recorrer los destinos de la ficción? Y Luis Tosar, qué opina. Esto y más te lo traemos resumido en este Jot Down News, artículo por artículo, semana a semana, para que no te pierdas nada.«»
Literatura
Luis Sanz Irles llama nuestra atención sobre la expresión usada por la traductora Isabel García Adánez de La montaña mágica: «…esos ojos que parecen dos puñaladas en un tomate». Excusa para buscar el origen de esta expresión, su causa, la reflexión sobre si está próxima o no al original y, de paso, sobre la labor que ejercen los traductores. En «Thomas Mann no apuñala tomates».
Hay mucho interés en el personaje que construyó, en su vida personal y todavía más por todo lo que escribió. Camilo José Cela fue un monstruo en todos los aspectos, y nos dio literatura en la vida y en el papel. Así lo reivindica Bibiana Candia en «Cuando se despertaron, Cela ya estaba allí».
Marta Rebón analiza en «Dacia Maraini y sus primeras islas» la relación de la escritora y su obra con Hokkaidō y Honshu, Sicilia, y especialmente Mallorca. El lugar donde recibió el Prix Formentor, ganado con tan solo veintiséis años.
Wisława Szymborska, escritora y premio nobel de literatura, tuvo en las reseñas mucho más que un complemento alimenticio. Azahara Alonso, en «Leer es el pasatiempo más bello creado por la humanidad», nos explica que devoraba libros por pura curiosidad, y que esta fue al final casi su única prosa escrita, pues ella se sintió siempre mejor expresándose a través de la poesía.
La historia de Carmen Martín Gaite es una historia de escasez, la de una casa en la posguerra. A partir de esta reflexión, y de cómo nació la isla de Gaite, reflejada sobre todo en la novela El cuarto de atrás, Jenn Díaz nos cuenta su propia historia. También de escasez, la de una casa sin libros, una nueva escritora, y una lectora voraz. En «Cuando no te quieran mucho».
Historia
En «No tuvimos infancias felices, tuvimos Vietnam» Julio Tovar repasa una realidad que afectó a toda una generación de estadounidenses. Durante la guerra de Vietnam el servicio militar aún era obligatorio, y los movilizados regresaron al país con graves secuelas psicológicas —incluso cuando no tenían ninguna física—. No ayudó el discurso creado dentro de su propio país, contrario a todo lo que tuviera que ver con esta guerra, que les convirtió héroes proscritos.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.





