Arte y Letras Arte

La curva y la contracurva: barroco infinito

barroco
Detalle de La Venus del espejo Rubens, 1614.

Así fue mi conversión al Barroco. Bajo aquella cúpula alta e insolente, bajo los techos artesonados, mientras paseaba por los arcos y frontones rotos hasta las sombras de las columnas (…) ante la fuente, interrogando a las sombras (…) regocijándome con sus recargadas proezas de temeridad e inventiva, sentí dentro de mí un sistema nervioso totalmente nuevo, como si el agua que brotaba y burbujeaba entre sus piedras fuera de hecho un manantial que da vida.

Retorno a Brideshead, (Charles Ryder), Evelyn Waugh, 1945.

Si usted ha sido uno de tantos a los que enseñaron en la escuela que el barroco era un estilo «recargado y decadente», lo invito a seguir leyendo. Uno se vuelve barroquista cayendo por el túnel de una madriguera, como Alicia en el país de las maravillas, y abriendo los ojos ante un mundo nuevo. A veces es un proceso pausado y consciente, se trata solo de pasar al otro lado, a través del espejo. Pocos hay que puedan presumir de ser orgullosamente barroquistas de siempre, porque se han empeñado en educarnos en la línea recta, las geometrías previsibles, las simetrías exactas, la racionalidad del pensamiento único a ser posible, que es más manejable. 

«Pienso luego existo», decía Descartes, pero es Spinoza el que sigue de actualidad, inspirando los fundamentos de la neurociencia contemporánea: existimos porque somos, porque estamos; y porque somos y estamos, además, pensamos, y pensamos en consecuencia condicionados por nuestras circunstancias. Un proceso de abajo arriba que nace en la materia, se torna pensamiento, toma consciencia y además aspira a permanecer existiendo para la eternidad, más allá de lo visible, en lo invisible. Esta sería la esencia del Barroco, que no es un estilo artístico, ni un lenguaje literario, ni una corriente filosófica, o un periodo de crisis, tampoco un punto de inflexión que impulse el método científico, ni un drama, una religión, un régimen político, un periodo histórico. Acaso sea todo eso a la vez, y mucho más. Por simplificar, puede que sea solo un punto de vista: el que concentra el universo en un punto fijo, un instante de eternidad, mostrado con una subjetividad radical que, paradójicamente, es universal, cuando lo vemos con suficiente perspectiva.

Y es que el Barroco es pura paradoja y es lo que lo hace tan fascinante.

Poseía por entero el arte de pintar, pero había venido al mundo para destruir la pintura. 

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

3 comentarios

  1. Soy un devoto admirador de Caravaggio y he leído el artículo con gran interés; pero las líneas rectas y las proporciones perfectas solo son aburridas para quien no sabe mirarlas.

  2. Pingback: Pensar no es cualquier cosa - Jot Down Cultural Magazine

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*