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Joan de Sagarra en la Barcelona de la mentira barata

joan de sagarra por alberto gamazo
Joan de Sagarra. Foto: Alberto Gamazo.

En uno de los homenajes que incluye en su tramo final la edición del 50º aniversario de Las rumbas de Joan de Sagarra, el periodista José Martí Gómez —ambos coincidieron en El Correo Catalán y empezaron a compartir rones vespertinos— acaba su breve semblanza mandándonos (desde el respeto) a teclear en Google «Enric GonzálezJoan de Sagarra» para obtener «un excelente autorretrato del autor». Si uno le hace caso, se da de bruces con una entrevista publicada en esta misma web allá por el año 2013, donde cuenta Sagarra que en su primer artículo para El Noticiero se le ocurrió mencionar que había estado tomando chocolate en casa de Ionesco, lo que propició que en aquel diario se comentara: «Es el hijo de Sagarra, eso se lo habrá inventado», excusándolo o permitiéndole la licencia literaria para fabular o exagerar; aunque nada de eso había, sino la «total inocencia» de su bisoño firmante. Joan de Sagarra i Devesa (París, 1938) era entonces, casi antes que cualquier otra cosa, hijo del escritor —poeta, Premio Nacional de Teatro y novelista excepcional en Vida privadaJosep Maria de Sagarra, así como nieto del historiador, presidente del Ateneo de Barcelona y experto en sigilografía Ferran de Sagarra.

Pero hablando de sigillum, si hay alguien con un sello personal en la escritura es el Sagarra que nos ocupa, Joan, quien desde aquel imbatible y absurdo debut en prensa siempre ha admitido y casi tenido a gala lo de no tener carnet de periodista, incluso en los tiempos en que era acusado, entre otras fechorías, de intrusismo en la profesión; como si el titulito legitimara para algo a quienes lo tenemos (en mi caso, expedido a 17 de junio de 2003 por el rey emérito, nada menos). Tal vez esa condición de forastero, también debida a lo que sugería su partida de nacimiento, podría explicar la escasa presencia en internet de artículos, y no digamos ya entrevistas, acerca de un autor que ha sido y continúa siendo aplaudido por los grandes de las letras catalanas y nacionales —que no nacionalistas—, de Manuel Vázquez Montalbán a Quim Monzó, pasando por Enrique Vila-Matas, y que a lo tonto y como quien no quiere la cosa (es probable que no la quisiera) ha recibido el Premio Nacional de Periodismo de Cataluña, la distinción de Oficial de las Artes y las Letras de la cultura francesa, el Premio Ciudad de Barcelona y hasta la Medalla de Oro al Mérito Cultural de este consistorio.

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Un comentario

  1. Y si alguna vez nos falta (dios no lo quiera) siempre nos quedará Ramón de España…

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