
Ahmed les dice a sus padres que acompaña a su nueva novia a un rodaje en Eslovenia. Es actriz. La coartada funciona durante un año, hasta que su nombre aparece en una lista de busca y captura. El periodista más reconocido cuando se habla de Afganistán, el único capaz de convertir un libro sobre los talibanes en un bestseller fue una vez un joven guerrillero en el fin del mundo. Hablamos de Ahmed Rashid.
Nos lo va a contar todo desde la terraza de un bar junto a la Plaza Mayor de Madrid; allí nos espera leyendo en New York Times, un periódico en el que ha publicado infinidad de artículos y columnas de opinión. No hay cabecera internacional de prestigio que no cuente con él cuando se trata de Afganistán. Sin embargo, sus diez años de juventud en la guerrilla baluche conforman un episodio de su vida desconocido para muchos de los que le leen, y hasta los que le entrevistan. Se oye la armónica de un afilador a nuestra espalda cuando Rashid retrocede hasta el año 1968. Tiene veinte años y, como muchos hijos de la élite pakistaní, cursa estudios universitarios en Cambridge. Pero fuera de esa burbuja victoriana arden Vietnam y las calles de París, el Che no lleva muerto ni un año y Mao y Lenin siguen vivos en los corazones de una generación dispuesta a todo.
«Empecé a estudiar Filología Inglesa pero no dudé en matricularme en Ciencias Políticas en cuanto se abrió la facultad», recuerda Rashid. Son veinticinco como él, jóvenes cargados de posibles al alcance de poquísimos pero que beben de un caudal de literatura marxista prohibida en el Pakistán de entonces. Además, conocen mejor la realidad de su país gracias a la prensa británica porque en Pakistán nadie sabe nada, y menos aún de Pakistán Oriental, esa provincia desconectada del territorio y brutalmente castigada por Islamabad. Tras una sangrienta guerra, acabará convirtiéndose en un Estado soberano en 1971: Bangladesh.
«Estábamos muy preocupados por aquello: aquel baño de sangre, aquel desastre… Había que hacer algo y una revista es lo primero que se nos ocurrió». Pakistan Zindabad («Larga vida a Pakistán») recogerá artículos sobre los derechos nacionales y de las minorías, la situación en Bangladesh y su explotación económica y otros tantos muy críticos con el Gobierno de Pakistán. Se distribuye entre la nutrida comunidad pakistaní de Londres, Manchester y Birmingham, pero un puñado de copias consigue circular entre círculos de la izquierda pakistaní, e incluso más lejos. Un ejemplar llega hasta las manos de Khair Bux Marri, el líder de un poderoso clan baluche. Este es un momento clave en esta historia, pero antes de seguir hay que explicar quienes son los baluches.
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Un gran artículo. Enhorabuena.