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Silvina Giaganti: «No es nada fácil que tu destino esté en una clase social que no es la clase de la que surgiste»

Silvina Giaganti para Jot Down

De Silvina Giaganti (Avellaneda, 1976) se puede decir que es crítica cultural, que estudió Filosofía, que es escritora. Pero eso, además de cierto, sería insuficiente. Es colaboradora habitual en medios argentinos, en 2017 publicó su primer libro Tarda en apagarse, una serie de poemas narrativos que se convirtió en un pequeño éxito inesperado y, como no le gusta forzar a la literatura, cinco años después salió Donde brilla el tibio sol, un libro de relatos con el fútbol y su amor por el club Independiente de Avellaneda como tema y también como excusa para hablar de las relaciones familiares, los tránsfugas de clase, la sexualidad, las traiciones.

Quedamos para encontrarnos en una tradicional y reciclada confitería del microcentro porteño. La cantidad de gente —locales y evidentes turistas— nos disuadió y caminamos hasta un bar más tranquilo, dejándonos llevar por la guía atenta de Silvina que aprovechó para mostrarnos la galería que frecuentaba cuando era más joven, el local de discos, el cine que ya cerró. Durante la entrevista va a decir muchas veces que no es una persona amable. Eso no es cierto. Charlar con Silvina Giaganti es fácil y desafiante a la vez: se toma su tiempo, escucha, revisa sus opiniones y, sobre todo, habla de temas conflictivos prescindiendo de consignas, discursos facilistas y palabras pret a porter.

Cuando dijiste en tu casa que ibas a estudiar filosofía, ¿qué pasó, te preguntaron «y de qué vas a vivir»?

Creo que haber tenido una familia con tan poco contacto con la educación denominada superior, incluso con poco contacto con la educación media —mis padres no terminaron el colegio primario, ninguno de los dos— y haberse dedicado a oficios manuales —mi papá trabajó de soldador toda su vida en SEGBA [Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires] hasta que se jubiló y mi mamá, ama de casa, había trabajado en Alpargatas [fábrica textil] antes de tener a su primera hija, creo que este acontecimiento de poco contacto con la educación superior y con la educación media, hizo que para ellos fuera lo mismo haberles dicho que iba a estudiar filosofía o contadora. Ellos no pudieron orientarme, ni siquiera en la escuela primaria, porque no contaban con recursos, no me podían ayudar a resolver una cuenta o saber cómo se escribía una palabra, no pudieron sentarse conmigo a planificar, todas cosas que yo fantaseo que hacen las familias.  Y, si bien no pudieron eso, yo creo que desde las prácticas y desde cierto respeto sobrio al saber, quizás esto es algo que estoy poniendo yo, pero creo que había un respeto sobrio al saber desde algo tan elemental como los programas de televisión que miraban, dentro de la poca oferta que había mi mamá miraba programas políticos o programas de ficción de calidad. Por ahí es un flash mío, insisto, es como mi reconstrucción para atrás. Creo que para ellos fue importante que yo estudie pero no hubo un mensaje explícito, ¿entendés? 

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2 comentarios

  1. Pingback: Silvina Giaganti: «No es nada fácil que tu destino esté en una clase social que no es la clase de la que surgiste» - Frases de Amor

  2. La vieja le pegó un grito para que entrara, y que dejara de jugar a la pelota pues no era cosa pa’ mujeres; me gustaria pensar que ahí comenzó todo, o sea con las madres que de lógica aristotélica no entienden, pues te echan para que entres al mundo, o que entres a la casa para que salgas luego si tenés ganas y coraje, o sea que gira todo alrededor de las mujeres, de las madres, esos seres incomprensibles y entrañables. Y no te habrá quemado las cosas que escribiste, asustada, como lo hizo la mia pues seguro las pusiste a buen recaudo. Me decía que eran cosas del diablo; yo no tenía un lugar seguro y con ella nada se salvaba. Y supongo que tampoco sabía andar en bicicleta como la mía, por cultura poca y falta de guita mucho, pero se emperró ya de vieja en aprender, eso sí, de noche para que no la vieran los vecinos, y con luna llena pues según ella ayudaba, como con las plantas de su quinta. ¡Y se pegaba cada porrazo!, pero no aflojaba… y no aprendió. Excelente lectura. Gracias.

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