Arte y Letras Lengua

Una nueva luz sobre el tifinagh

tifinagh
Una mujer tuareg enseña los caracteres tifinagh a sus hijos en el macizo de Air, desierto del Sáhara, ca. 1995. Fotografía: Jean-Luc Manaud / Getty.

El alfabeto bereber ha logrado sobrevivir a través de los siglos y actualmente goza incluso de reconocimiento oficial en Marruecos. Una escritura que seduce por igual a antropólogos, historiadores y tipógrafos, y cuyo mayor reto ahora es no quedarse fuera del ámbito digital.

Son muchos los turistas que, al visitar Marruecos, se sienten intrigados por esos curiosos signos que salen al paso en rótulos de calles, paneles de tráfico y grafitis en las paredes. Algunos parecen cruces; otros, sucesiones de pequeños círculos u otras formas geométricas, e incluso figuras lejanamente humanoides. A primera vista, se antoja un código extrañamente atemporal: no desentonaría en las paredes de una cueva prehistórica, testimonio de un tiempo en el que la escritura era casi indistinguible del dibujo, pero tampoco grabado en un disco de oro enviado al espacio, como un mensaje para los extraterrestres. Cuando descubren su nombre —tifinagh—, no pueden evitar saborearlo mientras su imaginación le atribuye legendarios orígenes.

No irán muy desencaminados: el tifinagh es uno de los alfabetos mediterráneos más antiguos, probablemente surgido del tronco fenicio-púnico, del que también derivan el conjunto grecolatino, el arameo y el árabe, pero desarrollado aparte. Datado entre el siglo VI y IV antes de Cristo, es probable que su propia etimología remita a la raíz fenicia (t-feniq) y que su uso se extendiera por el norte de África hasta las postrimerías del Imperio romano. Pero retrocedió ante el latín y luego el árabe y, durante más de un milenio, solo sobrevivió entre el pueblo tuareg, en las montañas Hoggar, en el extremo sur de Argelia y el norte de Níger. Allí se usaba para escribir el tamasheq, la lengua de estos nómadas. Entroncada con el resto de idiomas bereberes en el Magreb, pero algo alejada, dicen los lingüistas. Suficientemente cerca como para que un marroquí del Atlas y un hombre de Níger puedan comunicarse hablando cada uno en su idioma materno, aseguran algunos.

Jerónimo Gómez, un músico ceutí enamorado de Marruecos y de la lengua árabe, nunca ha llegado a manejarse con el tifinagh, pero, cuando viaja por el país vecino —especialmente por el desierto o por el Rif—, se sirve de una de las diversas aplicaciones que existen en el mercado para leerlo y escribirlo en el teléfono móvil. «Me gusta sobre todo saber cómo suena y qué dicen los carteles que me voy encontrando —comenta—. También me divierte poder soltar de vez en cuando alguna palabra en tamazigh [lengua bereber] y ver las reacciones de la gente al oírla. Si el árabe te ayuda a entrar muy adentro en la sociedad marroquí, con el tamazigh ya se te abren las puertas de par en par, hasta el fondo».

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

2 comentarios

  1. Marcos. H. Bermejo

    Interesantísimo. Recuerdo el chasco que se llevó un amigo que estudiaba árabe cuando se fue a Melilla por trabajo y pensaba que iba a poder sacarle un partido tremendo a sus estudios.

  2. Pingback: Marrakech no es Oriente - Jot Down Cultural Magazine

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*