
Decía el sabio Julián Marías que hay dos maneras de colonizar territorios: el trasplante y el injerto. Permita el lector que para exponer esta tesis utilice la conquista del continente americano. El trasplante supone arrasar una civilización e imponer en los territorios conquistados la nueva cultura, sin dejar ni siquiera vestigios de la previa. Es, volviendo al caso de América, lo sucedido en el norte del continente, donde apenas quedan oriundos de la raza precolombina, ni siquiera mestizos. Tampoco veremos lenguas, costumbres, edificios o religiones. Una cultura sustituyó a la otra, sin más. El injerto, en cambio, ejerce una situación de poder sobre el terreno conquistado, eso por supuesto, pero intenta hacer convivir a las culturas sometidas con las hegemónicas, respetando ciertas bases de su civilización. Este es el motivo por el que vemos en el sur tantos rasgos raciales, lingüísticos, arquitectónicos e incluso religiosos de la época precolombina.
Roma, la extraordinaria cultura que supo imponerse en prácticamente todo el mundo conocido de la Antigüedad, fue una experta en practicar eso que Marías llamó «el injerto». El proceso de romanización llegaba después de, obviamente, cruentas luchas en terreno belicoso primero, y en terreno político después, para más tarde dejar florecer sus costumbres allá donde hubieran llegado. Es así como han llegado hasta nuestros días incluso grandes testimonios de aquel proceso de aceptación de la vida romana. Un ejemplo es el derecho, base para tantos sistemas legales en el mundo. O la religión cristiana, libre desde tiempos de Constantino. O, fíjese, qué cosa tan vulgar, las carreteras. Calzadas con las que los romanos pretendían unir dentro de un mismo territorio a pueblos que vivían completamente ajenos a su entorno próximo.
Todos estos rasgos evidentes de romanización han llegado al presente, sí. Pero, si hay un elemento vertebrador por excelencia, si hay un rasgo de la cultura que es capaz de unir a pueblos y civilizaciones, ese es el idioma. En tiempos de Trajano, cuando se produce la máxima expansión del Imperio romano, por los vastos límites que llegan desde Hispania hasta el mar Rojo, desde el Sáhara hasta Escocia, un caminante podía viajar utilizando para su comprensión una única lengua, un idioma diseñado para el pensamiento y la reflexión, para la oratoria y la guerra. Desde el Rin hasta el Nilo, desde el Tigris hasta el Ebro: el latín, idioma romano, vertebraba todo el mundo conocido.
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La verdad, por las partes de Oriente era más bien el griego el idioma de cultura; probablemente Jesús supiera algo de griego, de latín casi seguro que no; pese a todo, su idioma y el de sus discípulos no fue ni uno ni otro.
El Occidente sí acabó adoptando el latín; aunque ahora se piensa que fueron el cristianismo y sus obispos quienes latinizaron a los «paganos» íberos, celtas, etc.
El latín está muerto: unos funerales decentes y pensar en cuán grande e importante fue.
Yo sé mi latín, fui profe de insti, pero no volverá.
Suponiendo que Jesús existiera, parece mucho más fácil que un judío analfabeto de aquella época tuviera algún contacto con el latín (el idioma de las tropas de la metrópoli al fin y al cabo) que con el griego, una lengua de élites.
Ubicado en el contexto de la Judea del primer siglo, es prácticamente imposible hallar un judío analfabeto.
Siguiendo los criterios estándar para validar las fuentes históricas hay elementos de sobra para asegurar la existencia de Cristo.
Dado que la versión del antiguo testamento que se difundió en las comunidades judías a lo largo del imperio romano durante el primer siglo fue en griego coiné, es más fácil que Jesús haya conocido palabras en griego que en latín.
Me parece evidente que Jesucristo era una persona con una formación intelectual enciclopédica, y por ello estoy seguro de que dominaba a la perfección las cuatro lenguas oficiosas de su «país»: griego, latín, hebreo y arameo. También me parece seguro que la mayor parte de su predicación y conversaciones eran en griego. Cuando dijo él o cualquier otro una frase en Arameo, los Evangelios lo citan expresamente. Ergo no era lo habitual. Recordemos que los Evangelios ya se escribieron inicialmente en griego. Como expertísimo en las Viejas Escrituras, Jesús dominaba sin duda el idioma hebreo. Y quizá, por ello, el acadio. Jesús también hablaba sin intérpretes con personas de lengua latina como Pilato, los oficiales romanos y los recaudadores de impuestos, por ejemplo. La frase «ego sum Via, et Veritas et Vita» (yo soy el camino, la verdad y la vida») es un «plagio» del «veni, vidi, vici» de Julio César y se creó y se expresó en latín.
En las colonias españolas se puede haber hecho «injerto» en México y Perú, pero en el Caribe fue «trasplante». ¿Cuántos indígenas cubanos, puertorriqueños, haitianos, dominicanos hay? NINGUNO. Esto es así desde principios del siglo XVII, por eso llevaron tantos esclavos africanos a todas las islas caribeñas.
Por otro lado, el genocidio de los indígenas de las praderas norteamericanas se repitió en el Chaco y Tierra del Fuego, esta vez por parte de particulares, con la complicidad de Argentina y Chile. En cambio, los británicos no exterminaron a la gente en la India. Parece que no es la «bondad» del imperio español, sino lo caro y peligroso que salía un genocidio en los Andes o el Punjab versus lo barato que era perpetrarlo en Oklahoma y Tierra del Fuego.
Solo la parte occidental usaba el latín, la parte oriental usaba el griego, la «frontera» estaba en en el centro de los Balcanes.
Todo idioma humano está «diseñado para el pensamiento y la reflexión, para la oratoria y la guerra» porque todos son herramientas del cerebro humano moldeadas por la sociedad. El latín no es distinto del maorí, el guaraní o el albanés o cualquier otro idioma de cualquier época lugar.
Quousque tandem abutere, Roberto, patientia nostra?
¿Eso significa «No me gusta lo que dices pero no quiero o puedo refutarte así que usaré una cita en latín para mostrar mi desacuerdo»? El poder de síntesis del latín es grande, podrías haber dicho «Tace».
Todas las lenguas están dotadas para expresar conceptos SENCILLOS, pero para la alta reflexión y razonamiento necesitan RODAJE Y PRÁCTICA. La lengua latina se nutrió de la influencia de las lenguas y culturas griegas y de las propias aportaciones de sus propias prácticas. Como dice el refrán, nadie nace sabiendo. Cuanto más se aproveche una lengua de la experiencia de las lenguas más desarrolladas, mejor resultado da el uso de las otras lenguas. Pruebe usted a enseñar matemáticas, física, química o anatomía sin el uso de términos latinos y grecolatinos y verá que, simplemente, le será imposible.
Que en castellano se usen palabras griegas y latinas (y árabes) para hablar de matemáticas y las demás ciencias no significa que el latín sea esencial, significa que de este modo se hizo hace siglos. El «rodaje» de las lenguas usadas en las ciencias y las art3s trae economía al crearse términos especializados y también el desarrollo de ciertos recursos retóricos, pero el mismo pensamiento se puede expresar en cualquier idioma humano. Podemos hablar del esternocleidomastoideo en cualquier idioma, aunque pocos tengan un nombre para él. Saludos.
Una desgracia ese ninguneo del latín y el griego en los planes de estudio de este país. ¿a qué se debe? ¿Es tan fuerte el utilitarismo que quieren implantar?
Mi hija está haciendo su doctorado en clásicas, si todo va como debe, en el próximo curso estará en Oxford acabando su tesis y ya me está comentando que su futuro laboral se encuentra fuera de nuestro país.
Catulo es un autor de época republicana, no augustea. Corrija su error, por favor.
Sobre lo que opina el forero Roberto en general lleva razón, pero matizar: el noventa por cien de los indígenas americanos murieron por enfermedades contagiadas de los europeos para las que no tenían inmunidad; en Cuba hay pueblos donde la carga genética indoamericana es de más del treinta por cien. El genocidio no fue total; aunque la crueldad en los primeros pasos de la conquista española fue horrible. Los indios de la India tenían perfecta inmunidad a las enfermedades del viejo mundo.
Todas las lenguas, hecha la pertinente adaptación, pueden expresar todos los conceptos culturales y científicos; simplemente entre nosotros el latín los expresó antes y sirvió de modelo. En el siglo I a.c. Lucrecio, al escribir un poema filosófico, deploraba la pobreza de su latín respecto al griego; en el siglo xvii Spinoza escribió el suyo en latín, aun dominando el castellano y el holandés. Luego, poco a poco y con el ejemplo y auxilio del latín, las lenguas europeas se hicieron aptas para cualquier expresión de cultura. El castellano moderno es de hecho más latín que castellano castizo.
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