
Este artículo es un adelanto de nuestra trimestral Jot Down nº 44 «Distopías»
El detalle desapercibido que vamos a reseñar como uno de los momentos estelares que alumbran la historia de la humanidad fue publicado y acto seguido olvidado por la trituradora mediática que sazona, esparce y divulga con alegría el incesante parloteo de los tiempos modernos. Es bien sabido: a veces la historia escribe con la letra pequeña de sus famosos renglones torcidos la pauta rítmica de los brincos, botes y rebotes que llevan de un lado a otro la efímera existencia de los hombres.
La doctora Kate Darling, experta del Massachusetts Institute of Technology, a punto de embarcarse en la gira promocional de su libro, anunció que había llegado la hora de aceptar y admitir lo inevitable, lo inapelable: «No debemos reírnos de la gente que se enamora de una máquina. Nos pasará a todos».
Con el habitual desparpajo de los publicistas estadounidenses, la doctora Darling vaticina lo resuelto en sus estudios de prospectiva, registrado por la monumental estadística de la conducta humana y anotado en los archivos de la investigación psicotecnológica. No solo sabe lo que va a suceder en el mundo, sino lo que se nos va a pasar a todos por la cabeza: la emoción, el temblor y el encantamiento del ser humano prendado de una poupée gonflable cibernética.
Se supone que, tras descartar otras opciones, la doctora Darling encontró para su libro el título que anuncia el momento crucial, el tránsito decisivo, el salto evolutivo que tantos han esperado, preparado y laborado: The New Breed («La nueva casta»).
Como puede verse, la doctora Darling no se anda con remilgos. Advierte que no hay nada que pueda protegernos de la nueva casta, que las personas ya tratan a los robots como seres vivos. Que el robot proporciona a la gente un «nuevo valor social» (sic), que las personas vulnerables tienen una conexión emocional muy fuerte con las aplicaciones, que la gente desarrolla relaciones emocionales con las entidades artificiales, que tendremos relaciones reales con robots y que se conocen muchas historias sobre gente enamorada de su chatbot. Acaba sentenciando: «todo eso definitivamente va a pasar».
La doctora Darling (fotogénica y con un nombre que hace verosímil el estudio de las relaciones afectivas con la «entidad» tecnológica) declara que el Ingenio Artificial (preferimos mencionarlo así, por no hacer propaganda gratuita a sus fabricantes) ha cambiado de golpe las reglas del juego. Uno de sus grandes logros ha sido proporcionar a los seres humanos refugio sentimental y colmar así su necesidad de afecto, cariño y amor. «Nos pasará a todos», dice.
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