
Viene de «Sin prójimo, ¿hay moral? Sin proximidad, ¿hay ética? (2)»
El valor normativo de la proximidad real
En filosofía, el concepto de proximidad se ha desarrollado, con la fenomenología contemporánea, a partir del estudio del otro y de la alteridad. Son de referencia las páginas dedicadas por Edmund Husserl al «cuerpo del otro», en Meditaciones cartesianas; por Martin Heidegger al «Ser-ahí de los otros», en Ser y tiempo; por Jean-Paul Sartre, en El ser y la nada, a la «mirada del otro», y por Emmanuel Lévinas al «rostro del otro», en Totalidad e infinito y en Ética e infinito.
Glosaré este último. Según Lévinas, el rostro del otro nos interpela y llama a la responsabilidad, ya antes de que esa imagen nos muestre o nos diga nada, y antes de que tengamos una intención en torno a ella, o siquiera una consciencia de ella. El prójimo no es el extraño, ni tampoco el hermano. Sino un prójimo en el que no se entra ni cabe entrar a fondo. Nos asombra, antes de que tengamos un sentimiento u otro por él. Y eso es lo que importa. En este sentido, se ha dicho que la relación con el otro es siempre heterónoma o dependiente, para Lévinas. Es el otro quien interpela; yo no le llamo. Es por tanto una relación fuera de todo preconcepto e institución. Se trata de una proximidad, por así decir, anárquica.
Pero, en el fondo, no hay tal heteronomía, porque es una relación egocentrada. Sin mi mirada, sin mi admiración, el rostro del otro no significaría nada. El otro es percibido con mi mirada y es comprendido como próximo en tanto que uno es y se siente responsable de él. No al revés. Lo que nos une a él es la responsabilidad, «sea aceptada o rechazada, que se sepa o no asimilarla, que se pueda o no hacer alguna osa en concreto con él». La proximidad es por consiguiente una relación fundamentalmente ética, en la que descubrimos una realidad que estaba antes y que está más allá de una experiencia física concreta. La ética nos abre a la trascendencia y la totalidad. Es la filosofía primera.
En la actualidad el enfoque que prevalece es este de Lévinas, que, sin embargo, conduce al autor a una filosofía de la trascendencia. En ella algunos podemos perdernos, dado su lenguaje rayano con la mística, como ya sucedía con su maestro Heidegger. La interpretación fenomenológica de la proximidad sigue hoy, por lo general, a Lévinas, en una línea espiritual (Agamben, Marion, Byung Chul Han, Esquirol…) centrada, igualmente, en el sujeto que se siente llamado a la responsabilidad y al cuidado del otro. El centro regulador de la relación interpersonal sigue estando en el yo. Sin su valor de celador de la vida y sin su vocación de cuidado, no hay relación de proximidad con el otro. Ésta depende, pues, de uno mismo y del potencialpara la reflexión, el cuidado de sí y la resistencia, o resiliencia, frente a un mundo hostil que ha acabado haciendo abstracción de la vida.
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