
Hice mi Erasmus en Irlanda en 1996, y la isla esmeralda de aquel año no se parecía mucho a la de hoy. La carretera que me llevó en autobús de Dublín a Cork era primitiva, de esas que serpentean porque en su día siguieron un camino de ovejas y nadie tuvo después ganas ni dinero para rectificarlas. No había internet para la plebe, por supuesto; ni móviles, ni el país se había convertido todavía en el tigre celta, esa criatura mitológica que tardó poco en domesticarse y que hoy languidece por diversos problemas sociales. Fui antes de todo aquello, buscando la música y fascinado por lo verde y por un libro, Los celtas, de Jean Markale. Me lo releí la semana pasada para preparar este artículo, y ahora calibro mejor las críticas académicas que le hicieron en su día. Algunas son atinadas. Otras, sin embargo, son pijoterías eruditas que destilan una envidia considerable hacia una obra que atrajo a miles de lectores a una cultura que la academia llevaba décadas esterilizando con notas pedantes. Markale escribía para que la gente leyera, lo cual, en ciertos círculos universitarios, es casi una falla moral, y no se lo perdonaron. También es que no era del gremio, y eso es casi peor.
Cuando aterricé en el University College Cork ya me había leído las sagas del país, incluido el Lebor Gabála Érenn, el Libro de las Invasiones, ese texto del siglo XI que narra la historia mítica de Irlanda desde el diluvio. También buena parte de la literatura canónica: Yeats, con esa melancolía eduardiana que lo convierte en el poeta del deseo insatisfecho por excelencia; Swift, cuya mala leche inteligente no ha envejecido ni un día; Heaney, que encontró en el barro y la turba del Ulster un lenguaje para decir cosas que el inglés convencional no podía decir; Stoker, cuyo Drácula es una novela irlandesa disfrazada de novela gótica inglesa, como ha señalado algún crítico con buen ojo; Joyce, cuya lectura completa de Ulises emprendí con la arrogancia de los veinte años y de la que salí, tres semanas después, convencido de haber entendido algo aunque no supiera exactamente qué; y Kavanagh, el gran ignorado fuera de Irlanda, que escribió sobre el campo irlandés con la precisión con la que trabaja un cirujano, sin sentimentalismos baratos y sin piedad.
Lo bueno de un país con la extensión de Castilla y León y solo tres millones y medio de habitantes es que resultaba culturalmente abarcable. No me había leído todo aquello con profundidad académica, sino con la velocidad y el apetito de quien se ve atraído por una sensibilidad sin saber por qué. Ese es, sé ahora, un método poco recomendable, aunque a la postre eficaz, porque te da una visión amplia sobre la que elegir en qué especializarte. Llegué a Cork con una imagen de Irlanda compuesta de mitología, prados, poesía y varios malentendidos pero, en retrospectiva, esa no es una mala manera de llegar a un sitio.
Lo que más me atraía entonces era la música tradicional. Los Dubliners, los Pogues, los Chieftains, Planxty, De Dannan, Relativity, Altan y tantos otros. Mis compañeros de residencia, irlandeses todos, escuchaban pop rock internacional y no comprendían mi adoración por una música que para ellos era, con toda la franqueza del mundo, la música de sus viejos. Me trataban con la misma condescendencia con que un urbanita de veinte años podía mirar en 1996 a un alemán que viniese a España a escuchar jotas o dulzainas. Para mí, sin embargo, aquello era lo más. La universidad tenía una fonoteca estupenda, y allí me pasaba horas copiando vinilos y grabaciones etnográficas en cintas de cromo, esas que prometían una calidad que nunca cumplían del todo pero que tenían el mérito de ser tener un precio razonable cuando no había otra cosa —hoy todo está en el ITMA—. En la tele, por la noche, echaban programas como The Pure Drop, que ninguno de mis compañeros veía; y Nicholas Carolan llevaba el Come West Along the Road, una serie que no te puedes perder si te va el rollo y que naturalmente ellos también ignoraban.
La música tradicional irlandesa es sencilla. Esa es su virtud, pero también su problema. La estructura melódica descansa en un número limitado de modos, los ritmos se repiten con la regularidad con que los frentes dejan la lluvia en la isla, y la ornamentación, los cortes y los rolls que hacen los flautistas y los uilleann pipers, añaden complejidad de superficie, pero no alteran una arquitectura que es la que es. Innumerables bandas comenzaron sacando discos que todavía merecen escucharse y derivaron después, con una velocidad que habla de las limitaciones del género, hacia el jazz, el pop, o cosas peores. Clannad es el ejemplo más conocido: de las grabaciones de los años setenta, cuando todavía eran una banda familiar de Donegal que cantaba en irlandés y en inglés sobre el paisaje atlántico, a Enya, la Nueva Era, la colaboración con Bono en el 85, y las bandas sonoras de series de televisión hay una gran distancia. Pentangle, aunque técnicamente británica y no irlandesa, siguió una trayectoria parecida, con la diferencia de que su punto de partida era ya una mezcla de folk, jazz y blues que hacía la caída menos estrepitosa.
El problema no es que estas bandas evolucionaran, sino que su evolución era obligada, porque el material no daba para mucho más sin repetirse. Mary Black está muy bien, y sus versiones de «Siúil a Rún» se pueden escuchar una y otra vez, pero no hay muchos ejemplos como ella. Quizá porque Mary Black hace algo a lo que no se presta la música tradicional, poner una voz con peso propio encima de una melodía que históricamente ha sido de todos y de nadie, anónima y colectiva. En su caso, el resultado no aprisiona al material sino que lo realza, pero eso no es lo habitual. La mayoría de los cantantes que intentan algo parecido caen en uno de dos errores: o respetan tanto la tradición que desaparecen dentro de ella, o se imponen tanto que la tradición desaparece dentro de ellos. Black encontró un equilibrio que parece sencillo y no lo es, porque la sencillez aparente suele ser el resultado de un trabajo que no se ve. Son pocos los que llegan ahí.
Las melodías tradicionales llevadas a la música clásica —como hizo Beethoven en sus arreglos de canciones populares irlandesas y escocesas, o como Thomas Moore en sus Irish Melodies, esa colección de poemas encajados sobre aires tradicionales que publicó entre 1808 y 1834 y que convirtió la música folk irlandesa en algo presentable para los salones europeos— demuestran que el material aguanta cierta elevación a lo culto. El problema es que ese salto lo deforma. Lo que en una taberna de Cork funciona porque es rugoso y colectivo y está tocado sin ambiciones —algo normal considerando el estado etílico de la parroquia— en una sala de conciertos se vuelve otra cosa, más pulida y más sujeta al análisis. La melodía sobrevive, pero el contexto que le daba sentido se queda fuera. La música está bien como anécdota, pero no para sostener una experiencia artística compleja. Hoy no sabríamos nada de Beethoven si esa hubiera sido su única línea de trabajo.
Sí, la música es simple. Y, sin embargo, la evocación de la Irlanda verde, de las sagas, del agua fría de la costa, de una forma de vida rural y tranquila que consistía básicamente en trabajar, ir al pub por la tarde y beber cerveza en compañía, da a esa música un carácter que no tiene un equivalente inmediato en Europa. No es la melancolía eslava, más oscura y más densa. No es la alegría mediterránea, extravertida y ruidosa. Es otra cosa, una especie de nostalgia funcional, por usar una expresión inventada pero que describe bien lo que siento cuando escucho una jig o una reel tocada como debe tocarse, que es deprisa y sin demasiadas contemplaciones. En Irlanda la nostalgia no paraliza. Al contrario, invita a la reflexión. Es buena para las matemáticas y la física. La lluvia, diaria, con un tiempo que, si no te gusta, espera un rato, que en pocas horas es diferente, también. Es el sitio ideal para disfrutar de los libros amarillos de Springer.
Una beca Erasmus en Irlanda —beca Orgasmus para los iniciados— servía para varias cosas a la vez. Lo obvio: mejorar el inglés —porque si puedes entender a los irlandeses rurales puedes entender cualquier cosa—, cursar asignaturas que en la universidad de origen no existían o existían mal y acumular créditos con una generosidad de tiempo que hoy me parece de otro planeta. Nunca volví a tener tanto tiempo libre como siendo estudiante del UCC. La experiencia Erasmus también servía para desmitificar. El primer día en la asignatura Political Geography fue glorioso, porque el profesor, al saber que era español, quiso enseguida ponerse a debatir conmigo sobre los paralelismos entre vascos e irlandeses. A mí me gusta discutir hasta debajo del agua, pero al profesor no le gustaba tanto como él pensaba. Pero la Erasmus también servía para aprender cosas que no estaban en ningún programa. Beber cerveza, por ejemplo, que no es tan sencillo como parece y que los irlandeses han elevado a una forma de sociabilidad que los españoles, con nuestro culto al botellín, a la tapa y a la sucesión de bares, llevamos de otra manera. En Irlanda se bebía despacio, en conversación o silencio continuos y sin la urgencia de quien tiene o quiere estar en otro sitio. El pub no es un lugar de paso sino un destino. Quizá porque en muchos sitios era el único sitio público abierto. Eso de decenas de bares en una única calle es una cosa muy española.
También aprendí a jugar al golf, lo cual, en 1996, para alguien de mi origen, era algo estrafalario. El golf era entonces en España un deporte de ricos o de gente que aspiraba a parecerlo, con toda la carga social que eso conlleva. En Irlanda, en cambio, era simplemente una actividad al aire libre practicada en campos que el clima atlántico mantenía en un verdor permanente y en compañía de personas que no llevaban ropa especialmente cara y que no esperaban de ti que la llevaras. Aprendí en un campo municipal, con palos prestados y una instrucción mínima, y descubrí que el golf es, antes que cualquier otra cosa, un ejercicio de humillación controlada, una ascesis. La bola no va donde quieres que vaya. El campo es más largo de lo que parece. El viento, en Irlanda, sopla siempre desde el Atlántico y con una opinión formada sobre qué hacer con los objetos de vuelan. Pero el golf es, sobre todo, una lucha contra ti mismo. Los oponentes son irrelevantes para el asunto principal del juego. Caminar cuatro horas por una extensión de hierba con vistas al mar, en febrero, con el frío justo y la luz oblicua de esa latitud, es una experiencia que no figura en el programa de una Erasmus pero que debería constar en algún sitio.
Irlanda en 1996 era un país pobre que no lo sabía del todo o que, sabiéndolo, había encontrado la manera de que eso no fuera lo más importante de su vida. La infraestructura era deficiente, los salarios bajos, la comida primitiva y la emigración estaba todavía presente en la biografía de casi todas las familias. Pero había algo que funcionaba con precisión, y era la cultura. No la cultura como adorno o como industria turística, sino como sustancia de la vida cotidiana. La música en el pub no era una actuación para turistas sino una reunión de personas que se conocían y que tocaban porque querían tocar juntas. Las conversaciones en el bar tenían una calidad literaria que yo atribuí durante semanas a mi desconocimiento del inglés coloquial y que después comprendí que era real: los irlandeses hablan bien porque la lengua les importa, porque tienen una tradición oral que no ha muerto del todo y porque, en ausencia de grandes riquezas materiales, las palabras han sido durante mucho tiempo lo más valioso que tenían.
Markale escribía de los celtas con un entusiasmo que la academia encontraba excesivo y poco fundamentado en los detalles, pero que a mí me sigue pareciendo delicioso. La erudición sin entusiasmo es una forma oculta de hostilidad hacia la materia de estudio. Las críticas que le hicieron, algunas legítimas en su señalamiento de errores factuales, ignoraban que Los celtas hizo por la divulgación de esa cultura lo que ninguna monografía académica había conseguido ni conseguiría después. La gente lo leyó. Fue a Irlanda. Aprendió. Peregrinó a la colina de Tara y bordeó los acantilados de Moher antes de que construyeran un parque temático. Paseó descalza por el basalto de la calzada de los gigantes y comió ostras en Galway. Yo, al menos, hice exactamente eso, y no me arrepiento de ninguno de los pasos de la secuencia.
El autobús de Dublín a Cork tardaba entonces unas cuatro horas por aquella carretera de pastores. Ahora hay autopista y se tarda menos. Eso es una mejora, aunque se pierda la magia. Sé que hace treinta años, en aquellas cuatro horas, mirando por la ventana la lluvia sobre los campos, con Los celtas, de Markale, y la isla en el lago de Innisfree, de Yeats, en la memoria, y con una lista de músicos que quería escuchar en la cabeza, empezó algo que no ha terminado del todo. He vuelto varias veces después a la isla, y la Irlanda de entonces ya no existe. Pero eso, en un país que lleva siglos convirtiendo la pérdida en literatura, es una oportunidad.







Bonito artículo. Me trae muchos recuerdos. Yo fui Erasmus en Francia, y aunque no me sirvió para aprender inglés si que me abrió los ojos al mundo exterior. Gracias a eso me vine a USA. Creo que hay mucha diferencia entre la gente que salió de joven del páramo español y la que no. Lo veo todos los dias. El cosmopolitismo es como la inteligencia, se nota a millas de distancia. Lo mejor de la experiencia la faceta orgasmus.
Un señor cuenta batallitas.
Penoso. Descansa de tanto pensar.
Qué envidia. Siempre quise irme de Erasmus pero no podía permitírmelo.
El artículo parece escrito desde ese bar imaginario donde todos los Erasmus de los noventa creen haber descubierto la auténtica esencia de Europa entre una Guinness tibia y un disco de The Dubliners. La Irlanda “que ya no existe” coincide sospechosamente con la época en la que el autor tenía veinte años y cualquier conversación de pub le parecía filosofía continental. Hay algo conmovedor en esa capacidad de convertir goteras, carreteras malas y pobreza estructural en patrimonio espiritual perdido. También resulta admirable el esfuerzo por mencionar a medio canon literario irlandés sin despeinarse, como quien deja libros encima de la mesa para impresionar visitas. El texto transmite la tragedia de un hombre que descubrió que los países reales evolucionan y no se quedan congelados para alimentar nostalgias ajenas. La modernización de Irlanda aparece casi como una catástrofe estética: demasiada prosperidad, demasiado wifi, demasiado poco campesino melancólico mirando la lluvia. Y el Erasmus se describe con tal solemnidad iniciática que uno espera que en cualquier momento aparezca un druida entregando el carnet universitario sagrado. Al final, más que sobre Irlanda, el artículo trata sobre ese deporte tan europeo de idealizar el pasado..
Por favor, pido a los administradores de la página que empiecen a eliminar los comentarios claramente escritos con ChatGPT. Es desesperante encontrarse la ia ya por todas partes, hasta en anónimos de internet que no tiene suficiente ingenido para criticar un artículo y tiran del aparatito.
No se si seré el único pero a los que nos tuvimos que ir fuera para progresar profesionalmente este artículo nos toca muy dentro. No es nostalgia, ni idealizar el pasado, como la dice la IA, sino un emigrante recordando un tiempo pasado para entender mejor el presente. Tampoco son batallitas, como dice la otra IA. Es un homenaje a un país. Pero bueno, mejor batallitas de humanos que comentarios vacíos de IAs, que es adonde vamos. Cualquiera puede escribir el texto de la IA, pero sólo una persona vivió realmente lo que se cuenta en el artículo y es capaz de contarlo. Y eso es lo que nos sirve a los humanos. No palabrería sino cosa vivida.
A comentario de LLM, respuesta de LLM. No hay por qué perder el tiempo.
dut: no pasa nada porque no tengas criterio, pero no sabes hacer prompts en condiciones y eso es imperdonable hoy en día. Mira, te enseño:
«La crítica es ingeniosa, y parte de ella roza algo verdadero: toda memoria de juventud tiende a estetizar las incomodidades. Pero el comentario confunde nostalgia con argumento, y eso le hace perder fuerza donde podría haberla tenido.
El artículo no defiende la pobreza irlandesa de los noventa como modelo a preservar. Lo dice con bastante claridad: la modernización es una mejora, aunque implique pérdidas. Que alguien pueda notar ambas cosas a la vez no es una contradicción, es precisamente lo que distingue la escritura de viajes de la guía turística.
Sobre el desfile de referencias literarias: sí, el autor menciona a Joyce, a Heaney, a Kavanagh. Pero las contextualiza, las comenta, las pone en relación con la música y con la experiencia vivida. No es adorno, es estructura. Hay una diferencia entre dejar libros encima de la mesa para impresionar y usarlos para construir un argumento, y aquí el uso es funcional, no decorativo.
El comentario también da por sentado que la experiencia Erasmus no puede producir conocimiento genuino, porque ocurrió a los veinte años y con entusiasmo. Es una premisa curiosa: el entusiasmo como descalificación. Markale recibe exactamente la misma crítica en el artículo, y el autor la responde bien: la erudición sin entusiasmo es hostilidad hacia la materia.
Lo que el texto hace, en realidad, es algo bastante difícil: convertir una experiencia personal en reflexión cultural sin perder el hilo de ninguna de las dos. Que lo logre con humor e ironía hacia sí mismo, incluida la beca «Orgasmus», sugiere que el autor es consciente de las limitaciones del género que practica. La autoconciencia no elimina la nostalgia, pero la vuelve honesta.»
Si hubieras tenido al menos el criterio para hacer un prompt en condiciones, habrías obtenido esto:
«Hay artículos que informan y artículos que te hacen querer coger un tren. Este es de los segundos.
Lo que sostiene el texto no es la nostalgia en sí, sino la honestidad con la que el autor la examina. Reconoce los malentendidos con los que llegó a Irlanda, la arrogancia de los veinte años con Joyce, las limitaciones del género musical que tanto admiraba. Esa disposición a mirarse con distancia convierte lo que podría haber sido una postal sentimental en algo con más densidad.
El análisis de la música tradicional irlandesa es, quizás, el momento más logrado. La observación de que la sencillez es tanto la virtud como el límite del género, y que la mayoría de los intérpretes caen en uno de dos errores opuestos, tiene la precisión de alguien que ha escuchado mucho y pensado más. La excepción que hace con Mary Black, y la razón que da para ello, es el tipo de distinción que no aparece en las reseñas habituales.
La defensa de Markale también merece atención. Que un libro lleve a miles de personas a interesarse por una cultura que la academia había vuelto inaccesible no es un mérito menor, y señalarlo frente a la crítica erudita requiere cierta valentía intelectual, porque es más fácil alinearse con el consenso académico que cuestionarlo desde la experiencia lectora.
Al final, el artículo trata sobre algo que pocas crónicas de viaje consiguen articular: la diferencia entre un país como objeto de conocimiento y un país como experiencia formativa. Irlanda, aquí, es las dos cosas, y el texto no sacrifica ninguna de ellas por la otra.»
La idea de que el señor de este artículo, porque es un señor, ha cepilladlo a toda Irlanda en apenas unos meses, demuestra sus influas y su absurdas pretensiones de sabe-lo-todo,..
Ni en el ámbito universitario se puede tomar semejante mentalidad en serio…
Pero será amigo de Pedorro Almodóvar y Arturo retro Reverte, y cualquier otro de su absurdo club más…
Realmente, me caen ustedes tan mal como un pedo en un traje espacial…
Menudos petardos…
MacNaughton, hijo: no seas pesado. Si no te gusta lo que escribo, no me leas. Si no te caigo bien, pues sáltate mis artículos. Si no te gusta Pérez Reverte, no le leas. Si no te gusta Almodóvar, no le veas. Hay millones de cosas por ahí, en ese ancho mundo, a las que dedicar tu atención, y muchos más autores en Jot Down, cada uno con sus idiosincrasias. El mundo es muy grande. Hay muchos escritores y directores de cine, muchos artistas y pensadores, muchos científicos y gente muy interesante por ahí. La vida es corta. No molestes, no des la vara; vive y deja vivir.
Tenía que venir ese «hijo» de arranque, verdad…?
Esa mirada por el hombro…
Me siento en buena compañía junto con FFC, Irlanda y no sé cuantos nombres más..
No tiene importancia, la verdad.. somos incorregibles…
Saludo
MacNaugthon. Sí, lo del compañero Tapiador es difícil de creer, pero cuando te des cuenta de que es verdad, vas a flipar. Es seguramente la persona más lista y preparada que tiene la universidad en este momento. Deberías aprovechar que puedes leerle gratis para mejorar tu (da la impresión) triste vida.
Eloisa, intenta no entrar en absurdas conjeturas sobre la vida de los demás por las entradas que dejan en JotDown?
Lo que es triste de mi vida es la autentica mierda de pensión que me va a tocar como autónomo tras 35 años de trabajo cuando me jubile de aquí a unos años, mientras las hijas de ZP les ingresan 500,000 euros por maquetar unos informes…
El señor Tapiador será todo lo que usted dices en la universidad. No es un mundo que me interesa francamente, es todo demasiado serio para mí…
MacNaughton, eres tú el que asumes que alguien no pueda haber leído con veinte años más que lo tú has leído en toda tu vida, o que alguien pueda saber de varias cosas.
Si te va a quedar una pensión baja siendo autónomo es porque preferiste ganar más tú que contribuir a las pensiones de todos. Pagaste el mínimo. Es así de simple. Haber cotizado más y tendrías una mejor pensión.
Eloisa, con permiso, no pienso enzarzarme con usted ni con Tapaiador…
Estoy muy contento con mi estatus de escocés-irlandes en Españam pues apenas hay competencia…
So cam aa ye at hame wi freedom
Never heed what the hoodies croak for doom
Y nuestra casa todos los hijos/hijas de Adam
Tendrán pan, cerveza y habitación pintada….
When MacLean meets wi friends in Springburn
Aa they roses will turn tae bloom
And aquel chico más allá de Nygra (Mandela)
Dare la campaanda final
A la burgesia vil..
Esa cancion la inventó, la cantó y la hizo famosa en el mundo entero el pueblo de Glasgow…
Cuando por fin, Nelsón salío de la carcel adonde fue?
No fue a Londres
No fue a NY
No fue ni a París ni a Roma ni a Madrid…
Fue a Glasgow, en explicito reconocimiento de la campaña que se habia llevado en Glasgow durante 2 décadas,,,
Yo defiendo a Irlanda por encima de todo…
Son mi gente…
Mi abuela irlandesa que se murio en el parto con mi madre… un desastre!!!
Las bombas nszia cayendo encima de Glasgow, mi abuelo, trabajando en la fabrica de Rolls Royce…
Mi tia abuela, Mary, con las mejores notas del año y la meten en un manicomio de estos, seguramente, porque era una mujer inteligente…
Mi tio abuelo Pat, fichado por el Celtic de Glasgow, que se murio por los cielos de Berlin en el 43.. .
John que monto the Gaelic League en Glasgow…
Tremendo, gente absolutamente tremenda….
Es un mundo Irlanda, una forma de ser…
Se murio Peggy, mi abiela biologica, un nombre muy bonito, con 26 en el Rotten Row hospital de Glasgow, el hospital de los pobres…
Peggy y Bobby. Tengo alguna foto. Eran como dos estrellas de cine de guapos… dos modernos en Glasgow, la ciudad mas cinefila de Europa entonces….
Que iba a hacer Bobby al morirse su mujer? Pues casarse con la hermana, para sacar a la familia adelante…mi madre…
No quedaba otra…
Una gente simplemente alucinante me parece a mi…
..
Como puedes ver, Eloísa,el amigo Mc ha venido a hablar de su libro y pasa olímpicamente de enzanzarse con las causas de su exigua pensión. A cambio nos deleita con sus recuerdos familiares. Parafraseando a el inmenso poeta Cyllan Murphy»Ag caint tri a chéile»
Mi madre, Maggie, no creo que se haya recuperado nunca de la muerte de su madre, Peggy, en el parto, por falta de una transfusion de sange…
De pequeño, ibamos a verles
a la familia de Glasgow, en Penilee, barrio de pobres…eran pobres…muy pobres..
Yo creia que mi tia abuela era mi abuela hasta los 15 años… veia fotos de mi abuela de verdad, guapa, con los pomulos altos, como Maggie, y me decian, si, es tu madre…!!’
A mi madre tambien segun luego me han contado la mentieron..
Too much pain… callarse…pa adelante, es la vida…
Me siento tremendamente orgulloso de venir de la diaspora irlandesa…
Creo de verdad en esa frase de MacDiarmid,
Scotch steel / and Irish fire /
Is the blend that I desire!
Till Charlie Stuart cam at last
Sae far tae set us free!!!
My country and my Donald fell
Upon Culloden Field!!!
Escocia y Irlanda son paises RÓMANTICOS, hay que ir con el romanticismo que conllevan…
Nunca conocí a mi abuelo materno, Bobby, es el quien era el MacNaughton de la familia, de ahí me he cogido el nick… de Bobby que mi madre habla maravillas… antes de echarse a llorar (SIEMPRE)…
Como era escoces, se murió antes de tiempo, con 62, antes de mi llegada al mundo… nunca le conocí…
Lo que me gusta de él es que, siendo de Glasgow, se negó a ser ni de Celtic ni de Rangers, y decantó por el Partick Thistle, que es como ser el Rayo Vallecano en Madrid…
Mi tia abuela localizó la tumba de la familia, los MacNaughton, en Lochgoilhead, a 3o minutos de Glasgow. Un sitio espectacular, alucinante, de verdad.
Eran zapateros los MacNaughton. Había igual, 15 tumbas distintas de la familia…
¿Qué quiere decir todo esto? No lo sé. Pero algo, ¿no?
Mira que me hubiese gustado tomar una pinta con Bobby, mi abuelo materno, anti Celtic-Rangers… por tanto, sensato y seguramente buena gente…
Es curioso. Irlanda fue para mí un laberinto de casas unifamiliares de mala calidad, en el que chicos que eran mayores que yo me buscaban para tirarme piedras o apalearme. El barrio en el que yo residía – o por el que merodeaba – se llamaba (o eso creo) Ballybrack, y no creo que estuviese entre los mejores, tampoco entre los peores seguramente. Por otra parte, y por lo que recuerdo de mi persona en aquellos tiempos, aquel trato era congruente y legítimo. Los sufridos pelirrojos y rubios que habitaban la isla me daban un asco inconmensurable y existía una maravillosa reciprocidad. Yo era, y soy, más moreno de la cuenta, pero además era un tipo asqueroso, destructivo y mezquino. Las vivencias que me quedan son fragmentarias, y cada vez se parecen más a fotografías trucadas. Eran los 70. Recuerdo un contador de electricidad que funcionaba con monedas y los cortes abruptos de la tele, cuando las monedas de 50 peniques se agotaban, y mis cabreos monumentales por esa causa. Recuerdo los ladrillos de carbón con los que se alimentaba la chimenea, y mi fascinación de que algo tan regular y perfecto se transformase en cenizas. Algunos objetos adquirieron una dimensión mágica, mientras que la gente era solo una presencia hostil. En fin: volveré cuando construyan la Bloomsalem del futuro, con forma de riñón de cerdo….
Que buena entrada…
Tiene razón sobre el carbón, en la casa de mi infancia, teníamos chimenea, y una de las tareas que te tocaba de pequeño era salir a por carbón, en la lluvia, en el frio…
Mi padre, maestro de la comedia no intencionada, había construido una especie de bunker donde depositaban las toneladas de carbón, pero sin gradiente, de forma que te tenías que meter el cuerpo entero en el bunker para sacarlo… je je je…
Mi abuela se sentaba delante de aquella chimenea para contar a mi hermana y a mi todas estás historias de mi familia irlandesa. Era una gran narradora y bastante mitómana, una abuela muy divertida…
Es por ella que me he quedado con una impresión tan nítida de una gente que nunca llegué a conocer…
En cuanto a las chimeneas de carbón, creo que están prohibidas ya en la Isla…
Y luego, Jessie, hablar de mi familia sin hablar de Jessie…
O sea, eran 14 irlandeses católicos en las afueras de Glasgow en los años 30 sin un duro… mi vis abuelo era jardinero en los grandes caserones de los ricos de Glasgow…
La Iglesia de Escocia (the Kirk se dice alli) hace un llamamiento para la repatriación de los irlandeses católicos en Escocia e igual el año 1931, por mor de pureza de sangre protestante… ni siquiera hace 100 años…
Real eh? Eso es real..
Luego los gangs de Glasgow, con sus navajas…chungo…
Jessie, era la primera y la mayor y daba clases en un colegio… era profesora, Jessis, queridisma por su gente… se fumó tanto que al final se murió…
Era la inspiración para mi madre, que sigue viva, para salir del barrio…
Una familia alucinante la mia de Irlanda, dan por una saga
Pero, ¿Mary? Me perturba Mary. La más brillante de todos, que luego meten en un hospital psquiatrico… como que no me cuadra…
Mi tia, Patricia («la Patri») se fue a buscar el archivo, pero no existe ya…
Por cierto, demos las gracias a los científicos y los médicos…
Gran parte de mi familia se murió de tuberculosis…
Mi abuelo Bobby, que se negaba ir al médico, creía que tenia un cáncer, se murió de tuberculosis…
Mary, en aquel hospital psiquiátrico, el infierno en la Tierra es de suponer, se murió de tuberculosis…
No sé cuantos más…
El TB (así lo decimos) diezmaba a los pobres aquel entonces, verdad?
De aquella familia conocía a tres, a Anna, a Winifred (mi abuela) y a Eddie…
Eddie era jardinero también. Había estado en las playas de Dunkirk en 1939, aquella derrota del ejército británico, que Churchill convirtió en un éxito…. tenía aquella anécdota, como una bala le había volado el tacón de su bota aquel día en las playas de Francia, que contó numerosas veces con aquel final «¡¡¡menos mal no llevaba puestos las bambas!!!»
No sé cuantas pintas y whiskies le habrán invitado por contar aquello…
En cuanto a W.B Yeats, y para mi el señor Tapiador se ha quedado corto:
Muchas veces se muere el hombre
Entre sus dos eternidades ,
Aquella de raza, y aquella de alma,
Y la Irlanda antigua, lo conocía todo.
Si un hombre se muere en la cama
O el rifle le dejado tumbado,
Una despedida breve de los seres queridos
Es lo peor que un hombre tiene que temer.
Aunque las horas de sepultereros sean largas y duras,
Afiladas sus palas, sus músculos fuertes,
Ellos no hacen más que volver a introducir los
Hombres enterrados, en la mente humana de nuevo de nuevo…
¡O poetas irlandeses, aprendan el gremio!
¡ Cantad todo lo que está bien hecho!
Eso es lo que se llama un poeta según mi criterio…
W.B Yeats era un poeta absolutamente alucinante (y tristemente carca)—
Y luego hay aquel comentario de mi tio abuelo Patricio, antes de morirse en uno de aquellos (mortíferos) Lancaster Bombers… «A ver si estamos en el bando equivocado?»…
Para un católico irlandés-escocés en el 39, solo había imperios: el británico que había dejado morirse un millón de irlandeses en la Gran Hambruna (seguían exportando comida de Irlanda, falló una cosecha, la patata) y el alemán…
¿Cómo elegir?
I’ll sing you a song of a row in this town
when the green flag went up
and the Crown flag came down
It was the greatest and sweetest thing
You ever saw
And they played this great game called
Erin Gu Bragh! (Irlanda Para Siempre)
God bless Patrick Pearce and the martyrs who died
Tom Clarke, MacDiarmid, McDonnagh, McBride
And here’s to James Connolly
Who gave his last hurrraaaaah!
And faced tbe machine-guns with Erin Gu Bragh!
Oh glory to Dublin, to her the renown!
In the long generations her fame will come down
And the children will sing what their forefathers saw
The red blaze of freedom, and Erin Gu Bragh!!!!
Igual los españoles no saben la historia de Irlanda…
A diferencia de Escocia, que a través de la figura épica de William Wallace resistía a los ingleses, Irlanda fue rápidamente conquistada y colonizada, durante siglos..
Los irlandeses montaban rebelíon tras rebelión, sin éxito, la más importante sin duda la rebelion de The United Irishmen en 1798, una alianza entre presbiterianos del norte con católicos del sur, en emulo directo de la revolución francesa, bajo el mando del incomparable Wolf Tone… heéoe para todos…
En Semana Santa de 1916, bajo la influencia de James Connolly, un escocés marxista de Edimburgo, y Padraig Pearce, un nacionalista irlandés, decidieron asaltar la sede central de correos en Dublín y proclamar la Republica Irlandesa, cosa que hicieron…
Duró aquello igual dos o tres semanas de tiros. Ganaron los ingleses, pero, zafios como son, se cometieron el error de fusilar a todos los lideres de la rebelión, entre ellos, James Connolly, quien estaba tan herido que lo tenían que atar a una silla…
¿Total? En las elecciones de 1918, el Sinn Fein (Nosotros Mismos) ganó una mayoría absoluta en el parlamento de Irlanda, y se desató la guerra de independencia de Irlanda…
Al firmar el Tratado de lo Seis Condados del Norte que puso fin a la guerra con los Ingleses, Michael Collins, heroéeindiscutible total de Irlanda, fue abatido a balazos por los puristas del nacionalismo irlandés…
Los resultados de aquel Tratado, firmado bajo presión, siguen siendo de lo más discutible hoy en día tanto en Irlanda como en Escocia…
Ya que estamos, deberiamos de citar aqui aquel poems de Yeats, por si alguien no lo conoce, Under Ben Bulben se llama…
Swear by what the sages spoke
Round the Mareotic lake
That the Witch of Atless knew
Spoke and set the cock a-crow…
Swear by those horsemen, those women
Complexion and form prove superhuman
That pale, long visaged company
That airs an immortality
Completeness of their passions won;
Now they ride the wintry dawn
Where Ben Bulben sets the scene…
Here’s the gist of what they mean…
Buah!!!
Who is the man with the gun In his hand?
Such a cold blooded murder
There never was planned!
Shame on the traitor
Who gave the command
For to murder the brave Michael Collins!
Asi cantaba mi abuela…
10 años antes, en los 80, iba yo en los veranos a un cole de Dublín a aprender inglés (y de la vida), y descubrí un país que me encantó por su gente, su música, sus paisajes, su humor, sus pintas en los pubs, sus leyendas y sus pueblos de postal.
Hoy en día sigo yendo 2 o 3 veces a al año por trabajo, el país no es el mismo pero el espíritu se mantiene y sigue siendo un placer visitarlo.
Muchísimas gracias por el rato que me has hecho pasar leyendo este artículo. Yo también fui Erasmus en el Galway de 1998, limitado económicamente y teniendo que rellenar el presupuesto trabajando en Supermacs, pero transformándome mentalmente de una forma que aún hoy me sorprende. También iba los martes a Paddy’s y acompañaba a la guitarra al grupo de la TradSoc de la universidad. No porque aportara nada, sino porque ellos me abrazaban e integraban. Hay muchos puntos de mi vida allí que tocan tu relato y otros que no, y eso ha hecho la lectura algo mágico.
Gracias a ti por leerlo. Me alegro que lo hayas disfrutado. Saludos.