Arte y Letras

De Judith Butler a Javier Gomá. La todología como mal endémico del intelectual sin ideas (nuevas)

Giuseppe Arcimboldo Rudolf II of Habsburg as Vertumnus scaled
Vertumno. Giuseppe_Arcimboldo, 1591

Existe una enfermedad profesional que todavía no cubren las mutuas pero claramente identificable, que afecta a una franja específica del ecosistema intelectual contemporáneo. La llamaré, con la falta de elegancia que exige el diagnóstico, todología. Su cuadro clínico es reconocible; el afectado, después de haber escrito un libro genuinamente original entre los treinta y los cuarenta años, descubre que aquel libro le ha procurado una tribuna estable, un público fiel y una cierta forma de inmortalidad anticipada. A partir de ese momento, en lugar de callar durante una década para escribir otro libro igual de bueno, opta por una estrategia menos exigente, escribir cada año dos libros peores, prologar quince ajenos, dictar cincuenta conferencias y pronunciarse sobre cualquier asunto intelectual que la actualidad le ponga por delante. La todología es, en suma, la administración intensiva del capital simbólico ya acumulado por parte de quien ha dejado de producir capital nuevo.

Judith Butler ofrece el caso de manual clínico. En 1990 publicó Gender Trouble, un libro que, gustase o no, tenía una tesis. La performatividad del género, leída a través de Austin, Foucault y un lacanismo selectivo, planteaba una hipótesis falsable, generaba un programa de investigación y obligaba a sus adversarios a pensar. Bodies That Matter, tres años después, sostuvo el envite. Lo que vino luego fue otra cosa. Lo que vino luego fue el descubrimiento, por parte de Butler y de su editorial, de que la marca «Butler» podía aplicarse, mediante el procedimiento de la performatividad ampliada, a la guerra de Irak, al duelo público, a la asamblea, al confinamiento pandémico, a las redes sociales y, finalmente, en 2024, al pánico moral antigénero, en un libro divulgativo que sus lectores más fieles recibieron con la incomodidad propia de quien ve a su maestra de pádel firmando autógrafos en una feria de electrodomésticos. La prosa, que siempre fue densa, devino jerga. Los conceptos, que en origen abrían, se convirtieron en plantilla. La operación intelectual quedó reducida a un destornillador con un único cabezal aplicado, con creciente impaciencia, a tornillos de geometrías muy distintas. El precio se ve con claridad en asuntos como la gestación subrogada, donde Butler defiende la práctica desde un marco liberal de autonomía corporal y sospecha de las objeciones abolicionistas, dejando intacto el plano materialista (clase, raza, mercados globales de gestación) que su propia teoría posterior de la vulnerabilidad debería haberla obligado a tematizar. Preguntada por esa incoherencia, suele optar por enfadarse antes que responder, lo cual ya es, en sí mismo, una respuesta.

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9 comentarios

  1. Nunca pensé que podría leer este artículo. Gracias. Lo de este señor da cada día más vergüenza, alguien así no puedo representar a la Fundación Juan March.

  2. Magnífico artículo y con toques de humor buenísimos (lo de la maestra de pádel me ha provocado una carcajada).

  3. No he leído ninguno de los libros o autores que citas, quizás porque la filosofía es una medicina (con grandes efectos secundarios) para una enfermedad que (yo) casi nadie padece (padezco); la frase -menos los entrecomillados- no es mía.
    A ver, tú dices que este señor, esta señora, en su día escribieron algo con cara y ojos, después aseguras que lo siguiente que hicieron no tuvo nivel -que solo es un sacacuartos- y para terminar decides que se deben callar y esconderse en algún agujero a meditar sobre su medianía. «Pensar requiere lentitud, silencio, abandono temporal del foco público…» Desde mi desconocimiento no opinaré sobre los dos primeros puntos, pero sobre el tercero yo pregunto: ¿por qué? ¿No escribía Sartre en los bares? Aunque, claro, dirás que luego le salían guías turísticas, que es lo que me parece a mí «La Náusea». Tus opiniones, tus maneras, tus métodos, solo son tuyos, no tienen por qué servir a los demás.
    Ponerse a despotricar contra las cabezas de cartel por no hacer y pensar como uno y encima tener éxito siempre te hace sonar resentido, celoso. Si no estás de acuerdo con las opiniones de un señor sobre los vientres de alquiler céntrate en eso, no intentes destruir de un plumazo el ¿80%? de su obra. Quien mucho abarca poco aprieta.
    Cuando no hiperventilas tus escritos son mucho mejores.
    Saludos.

  4. Resumen generado por IA

    Un señor se mete con otro señor.

  5. Lo mas triste en lo referente a Gomá no es ya su papel como prologuista en la publicación a la que se refiere H. Ledesma, si no que cuando un crítico saca a relucir lo chapucero de la publicación, publicación incluida en una colección impulsada por la Fundación Juan March, reacciona con el insulto.

  6. Me ha gustado encontrarme con este escrito. Le felicito. En el contexto universitario se da también este problema. La meritocracia provoca una sequía de ideas originales que nos provoquen algo.

  7. Excelente artículo.

    Esta clase de textos se echan mucho de menos en España, donde abundan los fantasmas intelectuales que nadie osa bajar de sus pedestales.

    La mejor prueba de que Gomá de pensador tiene muy poco es su puesto de director de la Fundación Juan March. ¿Imagina uno a un verdadero filósofo rebajándose a un cargo semejante?

    Lo más irónico en el caso de Gomá y de la publicación desastrosa del libro «Vidas españolas. Razón biográfica de España (siglos XVI-XX)» en una colección que él mismo dirige, es que nuestro «filósofo», además de dramaturgo y varia cosas más (véase Wikipedia) es también director de la «Cátedra de la Ejemplaridad» del Colegio Universitario de Estudios Financieros.

    Parece un chiste, pero no lo es.

  8. Para quien quiera leer el artículo de José Luis García Martín del que habla el artículo (y los comentarios):

    https://crisisdepapel.blogspot.com/search?q=Vidas+espa%C3%B1olas

  9. Bashir Lagsal Mulay

    Megnífico artículo!
    Estoy totalmente de acuerdo. Demasiados egos inflados, mediocres engrandecidos y fantasmas desmesurados.
    Muchas gracias.

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