
Hubo un tiempo en que la televisión en los Estados Unidos funcionaba como el campanario laico de una nación entera. Edward R. Murrow desmontó al senador McCarthy desde un plató. Walter Cronkite anunció la muerte de Kennedy con la voz quebrada y el país entendió que algo había cambiado para siempre. Dan Rather cubrió Vietnam, el Watergate y tres décadas de historia con la convicción de que los hechos, bien contados, bastaban. El postulado era tan firme como ingenuo: la neutralidad se ejerce, los hechos se muestran, el espectador procesa. CBS no era sólo una cadena; era una institución de gestión colectiva de la incertidumbre.
Esa arquitectura simbólica lleva años agrietándose. Pero la reconfiguración de la televisión tradicional ha dejado de ser un proceso estrictamente tecnológico para convertirse en una disputa abierta por el control de la narrativa política y la confianza ciudadana.
La reciente muerte de Ted Turner funcionó como el epitafio simbólico de una era. Con él se fue la visión fundacional de la CNN: el periodismo entendido como un servicio público de breaking news las veinticuatro horas, una arquitectura neutral y global diseñada para contar lo que pasa, cuando pasa. Hoy, esa catedral catódica lleva años agrietándose. La reconfiguración de la televisión tradicional ha dejado de ser un proceso estrictamente tecnológico para convertirse en una disputa abierta por el control de la narrativa política y la gestión de la confianza ciudadana, con permiso de Silicon Valley, Netflix y YouTube.
El segundo mandato de Donald Trump ha acelerado esa fractura, y CBS News se ha convertido en su epicentro más visible: la compra de The Free Press por parte de Paramount Skydance; la adquisición de Warner Bros Discovery y la CNN por parte de la familia Ellison; y la llegada de Bari Weiss como editora jefa no es un cambio de dirección editorial, es un cambio de modelo.
Primer acto de guerra: la entrevista de Kamala Harris
Para entender la llegada de un nuevo orden a la cadena, es necesario retroceder al punto de inflexión que hizo tambalear los cimientos de la corporación: la polémica en torno a la entrevista a Kamala Harris emitida en 60 Minutes. Durante la campaña electoral de 2024, el programa publicó un adelanto en el que la entonces vicepresidenta ofrecía una respuesta considerada confusa y reiterativa sobre la política exterior de los Estados Unidos hacia Israel. Sin embargo, cuando se emitió el reportaje completo al día siguiente, la producción decidió sustituir aquella declaración por otra respuesta mucho más fluida y concisa de la misma conversación.
Esta decisión de edición encendió las alarmas y desató la furia de Donald Trump y su entorno, quienes acusaron de inmediato a CBS News de orquestar una manipulación deliberada y una distorsión informativa para proteger a la candidata demócrata. El líder republicano no se limitó a la denuncia pública en las redes sociales, sino que inició una agresiva ofensiva legal y política, interponiendo una multimillonaria demanda contra la cadena para exigir la publicación de la transcripción completa y sin edición del encuentro. Esta presión continua de Trump colocó a la matriz de la cadena en una posición de vulnerabilidad absoluta en un momento regulatorio crítico.
Así el verdadero trofeo para el entorno republicano fue un ‘cambio de régimen’. Para apaciguar el frente de Washington, Paramount sacrificó su autonomía periodística y entregó las llaves de la división informativa global a Bari Weiss, una figura controvertida convertida en el ariete perfecto contra las redacciones tradicionales. Al desembarcar en el despacho principal, la nueva editora en jefe no tardó en acometer la deconstrucción operativa de la cadena. El mensaje corporativo era implacable: en la nueva era de la televisión abierta, la supervivencia financiera de los monopolios se imponía sobre el viejo compromiso de informar sin temor ni favor.
El precio de la pacificación corporativa
El nombramiento de Bari Weiss como editora en jefe de CBS News en octubre de 2025 se enmarca precisamente en las costuras de una transacción corporativa de gran envergadura donde el periodismo terminó siendo la moneda de cambio. Paramount Skydance adquirió The Free Press, el medio digital independiente que Weiss fundó tras su ruidosa y polémica dimisión de The New York Times, por un importe de ciento cincuenta millones de dólares. La operación no sólo elevó el patrimonio personal de Weiss, sino que la dotó de una autoridad ejecutiva sin precedentes en una cadena de televisión abierta, un ecosistema audiovisual con unas dinámicas de producción que le eran completamente ajenas.
«Bari es una defensora probada del periodismo independiente y con principios, y confío en que su impulso emprendedor y su visión editorial revitalizarán CBS News”, dijo David Ellison tras el nombramiento de Weiss.
La línea estratégica impulsada por David Ellison, presidente de Paramount Skydance, tenía un propósito eminentemente pragmático y de supervivencia empresarial. Urgía mitigar de manera inmediata las hostilidades con la administración de Donald Trump y detener la sangría de la demanda judicial por el asunto de Kamala Harris. Paramount resolvió finalmente el litigio mediante un acuerdo extrajudicial de dieciséis millones de dólares, un pago que funcionó como un peaje para calmar las iras de la Casa Blanca y despejar así el camino para la aprobación de la fusión de Skydance por parte de la Comisión Federal de Comunicaciones. Sí, la FCC del pitbull Brendan Carr, que vimos en un capítulo anterior en Jot Down. El holding necesitaba un clima de estabilidad política para consolidar otra megafusión de proporciones aún más gigantescas: la adquisición de Warner Bros. Discovery y el control futuro de la cadena CNN. De este modo, Weiss aportaba su perfil como azote de las redacciones liberales para intentar calmar al poder político de Washington y revitalizar unos índices de audiencia en declive.
La ‘equidistancia’ de Weiss
La estrategia de Bari Weiss en CBS News parte de la idea de que el modelo tradicional de los grandes medios estadounidenses, basado en una posición institucional de centro, pero percibido por parte de la población como cercano al establishment liberal, ha perdido conexión con una parte importante de la audiencia. Su apuesta sería reposicionar CBS hacia un supuesto “centro” político: recuperar la confianza de espectadores más conservadores, reducir la distancia con la administración Trump y proyectar una imagen de mayor apertura hacia voces que otros medios han tratado como marginales. El problema, según Dylan Byers, es que esa estrategia mezcla tres objetivos difíciles de equilibrar: recuperar audiencia, mantener la credibilidad periodística y evitar que CBS quede atrapada en una guerra cultural donde Fox News ya tiene una identidad mucho más definida.
¿Y cómo se materializó la estrategia de Weiss? El primer movimiento significativo fue el nombramiento de Tony Dokoupil como presentador de CBS Evening News, con efecto desde el 5 de enero de 2026. La elección no era inocente. En septiembre de 2024, Dokoupil había protagonizado una entrevista a Ta-Nehisi Coates que fracturó la redacción: le dijo al escritor que su ensayo sobre Israel «no estaría fuera de lugar en la mochila de un extremista» y le preguntó qué le molestaba de la existencia de un estado judío. La entonces directora de CBS News, Wendy McMahon, reprendió públicamente a Dokoupil y dejó claro que el periodismo de la cadena debía estar «libre de sesgo o sesgo percibido». Lo que vino después resultó revelador: una llamada interna de McMahon con la redacción fue filtrada a The Free Press, el medio de Weiss, que la publicó. La conexión entre Dokoupil y Weiss, por tanto, precedía a su llegada a CBS. El nombramiento no fue un fichaje, fue una confirmación.
Una vez en CBS, el estreno del nuevo informativo de Dokoupil encarnó las tensiones de esta transición. La primera emisión estuvo plagada de errores técnicos de coordinación en directo, donde el presentador llegó a confundir visiblemente al gobernador de Minnesota, Tim Walz, con el senador de Arizona, Mark Kelly, viéndose obligado a pedir instrucciones de realización en vivo ante un incómodo silencio en la pantalla. Las pifias tuvieron que ser subsanadas mediante edición digital para las retransmisiones en diferido de la Costa Oeste.
Más allá de la cuestión técnica, el giro ideológico se hizo explícito al día siguiente, durante la cobertura del aniversario del asalto al Capitolio. Dokoupil optó por una fórmula informativa de equidistancia radical que equiparaba responsabilidades históricas, provocando un rechazo inmediato en las asociaciones de periodistas. Analistas del sector no tardaron en vincular esta calculada moderación editorial a la alargada sombra de Larry Ellison, cofundador de Oracle y principal apoyo financiero de su hijo David, quien en su momento colaboró activamente en las gestiones de cuestionamiento de los resultados electorales de 2020.
El ‘Jueves Negro’ en 60 Minutes
Si los informativos diarios capitularon por la vía del reemplazo de piezas, el asalto a 60 Minutes, el transatlántico del periodismo de investigación fundado por Don Hewitt, se resolvió mediante una purga fulminante durante esta primavera. El 28 de mayo ya se conoce como el ‘Jueves Negro’ para 60 Minutes. En una maniobra ejecutada de manera conjunta por la oficina de Weiss y el presidente de CBS News, Tom Cibrowski, se ejecutó el despido de Tanya Simon, la productora ejecutiva del espacio, que acumulaba treinta años de trayectoria y representaba el linaje directo del programa como hija del legendario corresponsal Bob Simon. Junto con ella, fueron despedidos el editor ejecutivo Draggan Mihailovich y las corresponsales estrella Sharyn Alfonsi y Cecilia Vega.
La salida de Vega, la primera mujer de origen latino en ocupar una corresponsalía fija en la historia de 60 Minutes, desató una enérgica protesta de la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos, que denunció la reducción sistemática de firmas latinas en los espacios nacionales de la cadena. Al salir, la propia Vega rompió el silencio corporativo denunciando que las redacciones de informativos operaban bajo una densa atmósfera de censura impuesta y autoinfligida, donde los reporteros preferían engavetar investigaciones políticas de calado por un temor fundado a las represalias de la dirección ejecutiva. Estas bajas se sumaban a la renuncia anticipada del productor ejecutivo Bill Owens y a la salida de Anderson Cooper, que abandonó sus colaboraciones regulares aludiendo a la deriva editorial del formato.
Historias censuradas desde el despacho
Los despidos masivos no fueron fruto de una simple reestructuración presupuestaria, sino la onda de choque de meses de enfrentamientos editoriales en torno a dos investigaciones que chocaban frontalmente con la agenda de la dirección: el reportaje sobre las deportaciones al penal salvadoreño de CECOT y la cobertura del tiroteo de la activista Renée Good en Minneapolis.
El primer caso documentaba las condiciones de reclusión y tortura sistemática de ciudadanos venezolanos deportados por la administración estadounidense vulnerando una orden judicial previa y amparándose en una arcaica ley del siglo diechocho.
A pesar de contar con el visto bueno legal, Bari Weiss ordenó retirar el reportaje de la escaleta pocas horas antes de su emisión alegando falta de balance por no incluir entrevistas con altos cargos de la política migratoria, señalando específicamente a Stephen Miller, consejero de la Casa Blanca. Tras filtrarse el corte original a través de una plataforma canadiense, la dirección forzó la inclusión de declaraciones oficiales que tildaban a los deportados de criminales.
Por otra parte, el conflicto ético definitivo estalló en Minneapolis con el caso de Renée Good, una observadora legal que murió por los disparos de un oficial de migración. La versión gubernamental sostenia que la activista había utilizado su vehículo como arma de asalto, pero los peritajes forenses y las imágenes obtenidas por 60 Minutes evidenciaban que intentaba realizar una maniobra de evasión con los neumáticos girados en dirección contraria al agente.
La tensión interna llegó al límite cuando desde los despachos directivos y, en concreto, citando a Bari Weiss se lanzó una pregunta que consternó a los realizadores: “¿Podemos hacer que los manifestantes parezcan más violentos?”, evidenciando la presión para moldear los disturbios urbanos de Minneapolis bajo una óptica unívocamente delictiva, forzando además la locución para afirmar que el coche avanzaba en trayectoria directa de colisión contra el oficial para validar la tesis de la defensa propia federal.
Último acto de guerra: la rebelión y caída de Scott Pelley
Y uno de los últimos capítulos de la explosión de CBS News se produjo a principios de junio, durante la primera reunión general convocada por Nick Bilton, el nuevo productor ejecutivo de 60 Minutes nombrado por Weiss la semana anterior. Bilton venía del periodismo tecnológico de Silicon Valley y no tenía experiencia previa en televisión en directo, un perfil que ya había levantado ampollas en la redacción. Scott Pelley interrumpió la presentación para confrontarle ante toda la plantilla. Le dijo que tenía «escasas credenciales para el puesto» y le preguntó por qué habían despedido a Tanya Simon, a Sharyn Alfonsi y a Cecilia Vega. Luego fue a por Weiss: «Ella no ama este lugar. La trajeron para destruirlo, y eso es exactamente lo que está haciendo.» La reunión se filtró a los medios de forma inmediata. Al día siguiente, Bilton le comunicó el despido por escrito, acusándole de haber elegido «el espectáculo hostil en lugar de la conversación civil». Pelley respondió públicamente que la nueva dirección le había instruido para introducir falsedades y sesgos en una historia políticamente sensible, y que en todos los casos había optado por ignorar o rechazar esas instrucciones.
«Me voy tras 37 años en CBS con una sola emoción: el corazón rebosante de gratitud hacia los hombres y mujeres de CBS News que alentaron y enriquecieron mi trabajo, muy a menudo arriesgando sus propias vidas. Rezo por un día en que esas personas y sus ideales vuelvan a ser honrados, un día en que regresen la cordura, la competencia y el coraje”, dijo Pelley.
Por su parte, los corresponsales supervivientes, Lesley Stahl, Bill Whitaker y Jon Wertheim, emitieron un durísimo comunicado conjunto aclarando que su decisión de permanecer en sus puestos no era un respaldo a la dirección, sino un compromiso explícito: “Nos quedaremos y lucharemos en 60 Minutes” para proteger el legado del formato y los puestos de trabajo del equipo técnico de menor jerarquía que no se podía permitir el lujo de dimitir.
Esta deconstrucción del periodismo clásico ha ido acompañada de una reducción drástica de la infraestructura tradicional. En octubre de 2025, coincidiendo con la fusión de Paramount y Skydance, CBS News ya había eliminado alrededor de un centenar de puestos. En marzo de 2026, bajo la dirección activa de Weiss, llegó una segunda ronda: cerca del 6% de la plantilla, unos 60 empleados de una redacción de 1.100 personas, fueron despedidos en el marco de la nueva estrategia. El mismo día, Weiss y el presidente de CBS News, Tom Cibrowski, anunciaron el cierre definitivo de CBS News Radio con efecto el 22 de mayo de 2026. Con casi un siglo de historia desde su fundación en 1927, CBS News Radio había sido durante décadas el soporte sobre el que se construyó todo el edificio informativo de la cadena.
En el comunicado interno, Weiss y Cibrowski reconocieron que «CBS News Radio sirvió como fundamento de todo lo que hemos construido desde 1927», aunque justificaron la decisión por «cambios en las estrategias de programación radiofónica y las difíciles realidades económicas».
La gran distracción corporativa
Los incendios permanentes en CBS News han comenzado a proyectar una sombra preocupante sobre los planes de expansión global de la compañía. Las malas noticias para la división informativa plantean ahora una pregunta incómoda para el consejero delegado de Paramount, David Ellison: ¿se ha convertido Bari Weiss en una distracción demasiado grande para los intereses económicos del holding? Los despidos en 60 Minutes y el terremoto provocado por la salida de Scott Pelley han estallado en las portadas de la prensa internacional precisamente en las semanas clave en que Paramount pretende cerrar su megafusión de ciento diez mil millones de dólares con Warner Bros. Discovery.
Desde un punto de vista estrictamente legal, los ejecutivos implicados en la operación reconocen, bajo condición de anonimato, que las crisis periodísticas internas no afectan la viabilidad de la operación, dado que los reguladores federales examinen el acuerdo exclusivamente por motivos antimonopolio y no por cuestiones de ética profesional. A pesar de ello, en el ámbito de las relaciones públicas la situación es completamente diferente. Titulares recientes de cabeceras como el Financial Times, que describen de manera descarnada “el motín interno de la CBS contra Bari Weiss y David Ellison”, o las crónicas del Los Angeles Times advirtiendo de que ”en Hollywood la imagen lo es todo, y David Ellison tiene un grave problema de imagen”, dinamitan la estabilidad y la paz social del grupo.
La paradoja de la nueva era
La crisis de CBS News expone una contradicción insalvable: el miedo de los grandes ejecutivos a que el buen periodismo termine arruinando los negocios y las relaciones de poder. Igual que ha pasado con Jeff Bezos y The Washington Post, para un gigante como Paramount, la división de noticias es un rincón diminuto comparado con lo que gana en Hollywood o cerrando fusiones multimillonarias. El modelo de Bari Weiss y David Ellison opera bajo una lógica puramente comercial, convencido de que la paz con el poder político de Washington y la estabilidad financiera justifican sobradamente meter la tijera en la redacción.
Por el contrario, la escuela tradicional que defendían Scott Pelley o Tanya Simon sostenía que la legitimidad de un medio de comunicación no se negocia en los despachos presidenciales ni se calibra en los balances trimestrales de las multinacionales. Descansa en el respeto sagrado a los procesos técnicos de edición, en la autonomía del reportero sobre el terreno y en el rechazo absoluto a cualquier consigna dictada por la conveniencia de los propietarios. En un contexto de desregulación salvaje, la refundación ideológica de la CBS sienta un precedente de tierra quemada. Al descabezar los programas históricos y sustituir a los reporteros de carrera por prescriptores del ecosistema digital o ejecutivos de Silicon Valley, las cadenas de televisión abierta corren el riesgo de transformarse en meros departamentos de relaciones públicas y en amplificadores de la propaganda institucional.







