Arte y Letras Historia

38 minutos: la guerra más corta de la historia

Zanzibar HZ

Duró 38 minutos. Algunos dicen que llegó a prolongarse hasta los 45. Son matices que ponen de manifiesto el llamativo hecho: un conflicto bélico que estalló y finalizó en menos de una hora. No deja de ser curioso que se debata en torno a la duración de una guerra casi como si fuese la marca de una prueba de atletismo. Y sí, fue una guerra de verdad, en la que se produjeron combates y bombardeos. Está registrada como la más breve que jamás se haya desencadenado entre naciones soberanas. De hecho, lógicamente, la fecha de declaración de guerra y la fecha en que se alcanzó la paz es la misma: el 27 de agosto de 1896. Si un conflicto semejante se produjese hoy, incluso con nuestros modernos medios de comunicación la prensa apenas tendría tiempo de redactar una breve nota… para cuando viésemos la noticia publicada en la red, esa guerra ya habría terminado.

Aunque tanta brevedad no resulta del todo extraña dada la desproporción entre los dos contendientes que se enfrentaron: por un lado, el sultanato de Zanzíbar, territorio hoy convertido en un paradisíaco destino turístico asociado a Tanzania. Por otro, el Imperio británico, por entonces la primera potencia bélica del mundo. Para que nos hagamos una idea: la flota de Zanzíbar solamente tenía un barco y el total de soldados profesionales del sultanato no superaba los dos millares. El imperio británico disponía de casi medio millón de soldados y muchas decenas de barcos de guerra, si bien repartidos por sus posesiones coloniales alrededor del globo. No menos llamativo resulta el que aquel conflicto enfrentase a dos países teóricamente amigos y aliados. Es más, Zanzíbar era un protectorado británico al comenzar la guerra y seguía siéndolo al firmar la paz, unos 40 minutos después.

El bellísimo archipiélago de Zanzíbar podrá no parecer imponente sobre el mapamundi —aunque lo es, y mucho, en el plano estético— pero acumula una larga y compleja historia. Está habitado por población negra desde hace milenios, pero por allí han pasado también muchas otras culturas: sumerios, asirios, persas, árabes, etc. La ubicación de las islas frente a la costa centroafricana, a medio camino entre el golfo Pérsico y Madagascar, hicieron de Zanzíbar un enclave comercial muy apreciado y codiciado. Numerosas potencias extranjeras se habían interesado por las islas desde la antigüedad, primero para establecer bases comerciales y más adelante para intentar apoderarse efectivamente de ellas. A principios del primer milenio de nuestra era, Zanzíbar ya era un archipiélago multicultural y mestizo tras siglos de comerciantes extranjeros arribando a sus costas, aunque todavía estaba regido por los dos grupos nativos predominantes, los hadimu y los tumbatu. A principios de la Edad Media llegaron los árabes y trajeron consigo la religión musulmana, estableciendo la semilla de una rica élite de comerciantes y tratantes de esclavos. En el siglo XVI, apenas unos pocos años más tarde del descubrimiento de América, Portugal reclamó el territorio para su corona y los habitantes de las islas, ya fuesen nativos, mestizos o árabes, tuvieron que hacerse a la idea de que ahora formaban parte de un imperio colonial europeo. Zanzíbar permaneció 200 años bajo dominio luso… hasta que les llegó la hora a los portugueses de hacerse a la idea de que eran ellos quienes tenían que marcharse: el sultanato de Omán expulsó a los europeos y los árabes se hicieron con el control absoluto de las islas y de parte de la región continental que había frente a ellas. El archipiélago y su prolongación continental fueron la más valiosa provincia de Omán durante siglo y medio. Finalmente, durante el siglo XIX, una disputa sucesoria propició el nacimiento de Zanzíbar como estado soberano. Los dos hijos del sultán de Omán discutieron sobre quién debía suceder en el trono a su difunto padre, y el asunto se zanjó dividiendo el imperio omaní en dos mitades. Uno de los hermanos, Majid bin Said, separó Zanzíbar del resto de Omán y se proclamó sultán de una nueva nación independiente.

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10 comentarios

  1. Pingback: 38 minutos: la guerra más corta de la historia

  2. Gran artículo, una historia muy interesante y muy buena reflexión final. Tan solo quería señalar un pequeño error (seguramente tipográfico) que puede inducir a confusión: Ali bin Said murió en 1893, pero pone que fue en 1883.

    Saludos.

    • E.J. Rodríguez

      Hola Dan:

      Ciertamente, error de teclado; Ali murió en 1893… ¡hubiera sido extraño que muriese años antes de subir al trono! Gracias por localizar la errata, ya la he corregido.

      Un cordial saludo.

  3. Cuando comencé a leer el articulo me quede extrañado de no haber oído o leído antes de esta guerra, hace algunos años me leí el libro de Byron Farwell «Queen Victoria’s Little Wars» y no recordaba nada sobre este conflicto, así que me fui al libro y encontré el problema,solo le dedican un pequeño párrafo y hablan del Bombardeo de Zanzibar, pero esta pequeña guerra Victoriana sirve de muestra de la Diplomacia cañonera y del terrible reparto de África por parte de los Imperios Colonialistas. Como siempre un articulo de los mas interesante y original. Seria bueno ver un articulo sobre el Congo Belga o el incidente de Fashoda. saludos

  4. Lo dicho, cuando a estos sajones les conviene hay pacifismo y tururu, y cuando te les pones al frente por cualesquier razon, pues te demuestran la clase de malas bestias que son. Gracias a Dios que Europa solo se ocupa de si misma de momento, a futuro le recomiendo mucha vaselina, pero que mucha…

  5. Curiosa historia, de la que no tenía ni idea; bien contada, pero, para mi gusto, excesivamente larga. La mayor parte de los artículos de Jot Down, casi todos interesantes, son , excesivamente largos. Lo breve, si breve , dos veces bueno o similar… no sé si es correcto como lo he escrito pero se entiende, creo).

  6. Se tarda más en leer el artículo que lo que duró la guerra en sí.

  7. Pingback: La guerra más corta jamás contada | franciscojaviertostado.com

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