Cine y TV

Así mató Hollywood al autoestopista galáctico

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Imagen: Touchstone Pictures / Spyglass Entertainment.

Pocas novelas han empezado con una lección de perspectiva mejor, y muy pocas con una a semejante escala.

A un pobre mindundi inglés, Arthur Dent, se le plantan las excavadoras en casa una buena mañana para derribarla y construir una vía de circunvalación. Como toda explicación recibe la de que los planos del proyecto llevan meses expuestos en la oficina de planificación local, en el sótano del ayuntamiento.

El problema es terrible pero nada que no resuelva la solución universal a cualquier problema, que es un problema peor. En este caso, una flota de naves alienígenas que aparece en la atmósfera unos minutos más tarde avisando de que la Tierra va a ser demolida para construir una ruta de circunvalación espacial. Como única explicación aportan la de que los planos del proyecto llevan cincuenta años expuestos en el departamento de planificación local, en el sistema Alfa Centauro.

Por suerte, el mejor amigo de Arthur, Ford, resulta ser un alienígena natural del sistema Betelgeuse que consigue improvisar una manera de escapar de la Tierra justo antes de su destrucción. La imagen que sigue y el título de la novela de la que hablamos, la Guía del autoestopista galáctico, dan una idea de cómo.

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Imagen: Touchstone Pictures / Spyglass Entertainment.

Y la película contaba con este mismo arranque espectacular, pero no solo con eso. También tenía un tráiler digno de pasar a la historia misma de los tráileres, un tema musical magnífico y al mejor protagonista del mundo cuando la cosa va de ser inglés en sitios que no son Inglaterra, que es Martin Freeman. Mos Def hizo un Ford Prefect digno de su apellido —es decir, casi perfecto— y lo de Sam Rockwell como Zaphod Beeblebrox fue ya para ponerse a tirar cohetes. Además, la película de la Guía incorporaba el mejor reparto de voces que se puede reunir en este brazo de la galaxia, con Alan Rickman, Stephen Fry, Helen Mirren, Richard Griffiths e Ian McNeice, y secundarios del grado de John Malkovich y Bill Nighy. Tenía dinero —casi cincuenta millones de dólares, todos los necesarios y alguno más—, el diseño artístico materializaba con precisión las imágenes que evoca el libro en la cabeza del lector —esto no es cualquier cosa— e incluso Gareth Jennings, su director, acertó en esa aleación tan complicada que es la del digital con el látex, sabiendo dónde parar con lo primero y en donde queda más resultón lo segundo. Incluso el momento de su estreno era el ideal, porque en 2005 arrancaba la edad de oro de las franquicias y el gran rebrote cinematográfico de la ciencia ficción, dos ejes en cuya intersección acababan de dar el petardazo títulos como Austin Powers y Men in black. Y para mayor carambola, la cinta tenía un guión coescrito por el mismísimo autor del libro, Douglas Adams, que había muerto antes del rodaje a la edad temprana y triste de cuarenta y nueve años. Y todos sabemos lo bien que funcionan esas cosas en la taquilla.

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12 comentarios

  1. Jesús Couto Fandiño

    » Hay continuidad pero no donde debe haberla, en la comedia y la ciencia ficción, sino en aquello que atrae más visitantes a las salas de cine, que es el romance. »

    A ver cuando se desayunan los tarados de Hollywood de que eso no es asi. Porque vamos. La maldita trama romática metida con calzador como mucho lo único que hace es no estorbar.

  2. ¿Lo de no poner hiperenlaces a las notas al pie es por algún rollo hypster en plan añoranza del papel o simplemente a nadie en toda la revista se le ha ocurrido?

  3. Me ha encantado el artículo, has desmenuzado muy bien la relación entre libro y película. Vi el film «hypeado» por un colega y fue un gran psché… me gustó, pero fue una decepción viniendo de un libro tan genial.

    No digo que sea el caso, pero a veces tendemos a ver con peores ojos de lo debido una adaptación porque tenemos a la obra original en nuestro «top» de gustos y le damos al posible error mucha más crítica de lo debido. A mí por lo menos me pasa a menudo.

  4. En cuanto vi la primera imagen del robot depresivo lo supe: truñaco.

  5. Pingback: Así mató Hollywood al autoestopista galáctico

  6. Me gustaría señalar un error en el artículo. Casi se da por hecho que fue más gente a verla por el romance y lo que se desvía del libro, se da por hecho que es la fórmula comercial que funciona.

    Y para nada. Es la fórmula que a veces funciona y, por lo tanto, sirve para justificar hipotéticos fracasos. Como el entrenador que saca a la estrella en baja forma porque si pierde, así no le crucificarán por no sacar «a los mejores».

    Yo, por el contrario, pienso que una buena película suele dar más dinero que una mala. Pero debo estar equivocado, porque a ellos les pagan millones por estas cosas que se relatan aquí, y a mí no. Pero luego pienso qué habría pasado si hace 45 años Hollywood hubiera funcionado así… y la película 2001: Una odisea en el espacio que se habría proyectado.

  7. Para mí también fue una decepción. Hubo una inmensa prepotencia a la hora de adaptar el libro, cambiando sin necesidad la historia y los diálogos… a peor. Típico de Hollywood, me recuerda al informe preliminar sobre la adaptación de «El señor de los anillos» en el que se decía que Sam debía ser sustituido por un personaje femenino porque su historia junto con Frodo «podría ser homosexual»; afortunadamente después se hizo cargo Peter Jackson.
    De culpar a alguien, culparía a Garth Jennings, un director novato que dirigía su primera película, y que después apenas ha dirigido una segunda película. Para empezar, el deficiente ritmo de comedia no hay duda que fue fallo suyo.

  8. La peli, nada del otro mundo. Pero la versión en audio leida por Stephen Fry es fantástica. Vale mucho la pena.

  9. Pingback: El problema no es la sirenita negra | Fiebre de Cabina

  10. Pingback: Ciència ficció – Moment Cinema

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