Arte y Letras Historia

Vampiros, zombis y resucitados en la antigüedad

Detalle de El robo sacrílego de Alessandro Magnasco, 1731.
Detalle de El robo sacrílego de Alessandro Magnasco, 1731.

Hace tiempo alguien se preguntaba que si Jesús podía convertir el agua en vino, qué no sería capaz de hacer con el orégano. Pero además de traer alegría a cualquier fiesta con sus hechizos era, en sus propias palabras, «la Resurrección y la Vida» y así lo puso en práctica con Lázaro, quien ya llevaba cuatro días muerto —y olía a lo propio, nos detallan las Escrituras cuando se obró el milagro y salió de su tumba por su propio pie.

Este conocido episodio bíblico nos muestra que la idea de la resurrección de los muertos ya viene de lejos. En realidad viene de mucho más lejos aún. ¿Desde cuándo exactamente? Pues vaya usted a saber, tal vez un gritón de años o más. Probablemente desde el inicio mismo de la especie humana a la gente no le ha dado la gana morirse ni que lo hagan sus seres queridos, por mucho que les repitieran clichés sobre la «ley de vida», el ciclo natural o cualquier otra forma de encajar con resignación lo inevitable.

Por tanto siempre se ha fantaseado con la posibilidad de sortear el final y unos cuantos siglos antes de Cristo el profeta Isaías ya sacó el tema: «Resucitarán los muertos, y resucitarán los que estaban en las sepulturas, y se alegrarán todos los que están en la tierra». Lo cual suena bien sobre todo si ya estás muerto, una segunda oportunidad siempre se agradece. Pero luego remató «y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí; porque su gusano nunca morirá, ni su fuego se apagará, y serán abominables a todo hombre». Eso lo estropeó todo. Aquí empieza el problema y el asunto que queremos tratar, pues ¿qué ocurre cuando uno resucita, pero de mala manera? ¿Cuando revive pero sin quitarse el olor a putrefacción? ¿Cuando en esa nueva encarnación trae consigo del Más Allá unos perturbadores hábitos alimenticios? ¿Y quiénes pueden resucitar y por qué?

San Agustín respondía a esto último diciendo que no dependía de la voluntad propia volver de la muerte y usaba para ello un argumento inapelable: «Si las almas de los difuntos se interesasen por los asuntos de los vivos, y ellas nos hablasen en sueños, cuando las vemos, mi piadosa madre, por no hablar de los demás, no me abandonaría ni una sola noche, ella que me siguió por tierra y por mar para vivir conmigo». Sin embargo, también señalaba que pueden aparecerse en respuesta a una preocupación de los mortales, por mundana que resultara. En el mismo texto recién citado  cuenta el caso de un joven de Milán al que se le demandaba una deuda cuyo padre ya había saldado antes de morir, aunque no lograba encontrar el resguardo del recibo. Pues bien, el padre se le apareció en sueños para indicarle dónde estaba guardado. También pueden venir del Más Allá para impartir justicia, un argumento por cierto muy habitual en el cine de terror y que vemos en el caso de san Macario, que resucitó a la víctima de un asesinato para que testimoniase que el inculpado del crimen no había sido el autor. Claro que una vez resucitada aunque sí lo hubiera sido tampoco tendría sentido seguir acusándolo de asesinato… Otro caso de justicia de ultratumba lo tenemos en un episodio retratado en el cuadro que vemos sobre estas líneas, El robo sacrílego de Alessandro Magnasco. En 1731 unos ladrones entraron a robar en la iglesia de la ciudad italiana de Siziano, provocando así que se despertaran los cadáveres del cementerio ubicado a su lado para ahuyentarlos.

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6 comentarios

  1. Hombre sin hijo

    Gran artículo. Da la impresión de que el horror, en las sociedades modernas, cada día ocupa lugares menos privilegiados y totalmente funcionales a la diversidad de lo contemporáneo

    Sobre las coincidencias con respecto al Horror me gustó:
    http://harlanmagazine.com/2014/06/19/breve-paseo-por-el-parque-del-horror-parte-i/

    «Invite a psycho-killer inside
    Scratch a drug dealer’s brand new ride
    Take your helmet off in outer space
    Use a clothes dryer as a hiding place

  2. Pingback: Vampiros, zombis y resucitados en la antigüedad

  3. bueno un articulo curioso, con numerosos ejemplos bien documentados. Yo ciertamente creo que en la edad media no eran tontos como tu piensas y toda la sociedad cree pensar en este imaginario colectivo nuestro si eran supersticiosos pero no bobos para nada y su mundo mas reducido era mas seguro que el nuestro donde cualquier bobo de fuera te puede pintar la cara. Los hombres de aquella epoca eran conscientes de que los muertos eran una fuente poderosa de transmision de enfermedades para los vivos, se les ofrecia un funeral consciente dando tributo al vivo que fue y con sumo respeto con una ceremonia seria en la que todos participaban en el pueblo. El hombre de hoy se aleja porque tiene miedo, tiene mucho miedo a la muerte mas que a los vampiros. Cuando se tiene miedo no se afrontan los problemas se evitan. Por lo tanto De ahi quizas esa posible obsesion por enterrarlos decentemente. somos nosotros ahora que gracias al cine cutre de vampiros zombis … al hombre de hoy le da mas miedo un cadaver normal que un zombi prefiere imaginar a aceptar la realidad,..pretendemos creer en estas bobadas porque cuatro tontos se lucran con estas historias. los muertos ya tienen la suerte de no tener que convivir con ciertos vivos con los qe uno se topa dia a dia. El misterio es mas real el final de todo que a todo nos llegara pero lo evitamos pensar. Gracias. espero que leais mi blog tab saludos.

  4. Pingback: ¿Cuál es la mejor novela o cuento de terror?

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  6. Maria de los Angeles Fernández Orea

    Buen artículo, pero podría haberse ahorrado la típica y tópica relación de la siesta con Andalucía.

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