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Sobre la coca

Una hoja de coca. Foto: Marcello Casal Jr. (CC)
Una hoja de coca. Foto: Marcello Casal Jr. (CC)

Hoy por hoy, la hoja de coca es una sustancia ilegal. A pesar de sus cuatro mil años de uso demostrado, quedó proscrita tras la Convención Única sobre estupefacientes de 1961. Su comercio internacional está prohibido desde entonces y solamente una empresa conserva el privilegio de introducirla legalmente en Estados Unidos. Se trata de la compañía Stepan, que cada año importa entre cien y doscientas toneladas de hoja de coca de Perú a sus laboratorios en el estado de New Jersey. Con ellas elabora un extracto descocainizado que envía a Coca-Cola. Este es el secreto mejor guardado de «la chispa de la vida», pudo prescindir de la cocaína, que no es parte de esta bebida desde 1903, pero no de los aromas y aceites esenciales que aporta la coca. Paradojas de la sociedad que hemos creado, los Estados Unidos han gastado miles de millones de dólares en la erradicación de un ingrediente esencial de su producto paradigmático, la marca que durante un siglo ha abanderado el american way of life.

Este esquizofrénico comportamiento con respecto a la coca no es nuevo, en cualquier caso. Tras cinco siglos de difícil convivencia, hay que reconocer que constituye la actitud habitual de nuestra sociedad hacia la planta. La encontramos desde el primer encuentro. Cuando en 1531 un grupo de desperados comandados por Francisco Pizarro se internó en los Andes para sojuzgar al mayor imperio de su tiempo, se topó con una rica civilización que no podía entender la vida sin la hoja de coca. Presente tanto en ritos como vida diaria, era ofrecida a los dioses e intercambiada para afirmar la amistad de los hombres. Un carácter sagrado que no pasó desapercibido a la Iglesia, que en cuanto tomó posesión de las nuevas almas incaicas quiso prohibirles su uso para alejarlas de las costumbres paganas.

Pronto tendría que renunciar a sus severas intenciones. En 1545 los españoles descubrieron a más de cuatro mil metros de altitud la mayor veta de plata de la que se tiene conocimiento. El Cerro Rico de Potosí, una montaña rellena de metal que durante décadas alimentó la maquina imperial española. Pero para explotarla se necesitaba a los indígenas, los únicos capaces de realizar el ímprobo trabajo minero a esa altura. A través de la mita, un sistema de trabajo comunal obligatorio tomado de los incas, los conquistadores se aseguraron un flujo continuo de mano de obra. Y para que esta realizase su labor hacía falta coca, que como escribió el Inca Garcilaso de la Vega «sacia el hambre, infunde nuevas fuerzas a los fatigados y agotados y hace que los infelices olviden sus pesares». De esta manera la planta se convirtió en uno de los ejes de la economía del Virreinato del Perú y los españoles en los principales promotores de su cultivo, que creció enormemente con respecto a la época precolombina. Incluso la Iglesia acabaría participando en tan lucrativo negocio. Haciendo gala de su proverbial pragmatismo se financió con los impuestos requeridos a esta actividad y se conformó con que la hoja de coca no formase parte de los rituales religiosos.

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17 comentarios

  1. Pingback: Sobre la coca

  2. Muy, muy buen planteamiento y muy bien llevado por un sendero de conocimiento hasta una conclusión que, llegado el momento final, cae por su propio peso como en los mejores cuentos de Borges. Felicidades.

    Llegamos a Puno, ciudad a bordes del lago Titi Kaka, con unas pastillas con las que nos aseguraron no nos veríamos afectados por el soroche o mal de altura. No fue así, la persona que iba conmigo, a pesar de la ingesta de éste químico de farmacia, se sintió como una mierda a esas alturas. La suerte o la casualidad o nuestro interés por los productos indígenas hizo que llegásemos a una tienda de artesanías que tenía pinta de tener productos «auténticos». Después de mucho rato charlando con la persona que la regentaba nos hizo pasar a la parte de atrás y nos preparó un té de hojas de coca que ingerimos combinado con una especie de cenizas prensadas «para contrarrestar los efectos que la coca tiene ablandando el corazón». Unos minutos más tarde, la mala sensación física y psicológica desapareció del sistema orgánico de la persona con la que iba y, a parte de los consecuentes sofocos al tratar de subir cerros o escalones, no volvió a sentir los males de estar a esas alturas. Maravillosa experiencia.

  3. Buen artículo. Desconocía por completo la historia de la coca entre el SXVI y el XIX.
    Ya en pleno XXI, aunque lentamente parece que la rueda empieza a girar en sentido contrario, permitiéndose progresivamente la comercialización y consumo de drogas. El caso más claro es la marihuana ( Uruguay, Oregon…). La coca me temo que lo tendrá mucho más difícil, por más que se esfuerce Evo Morales.

  4. legalizacion de la coca ya

  5. En paralelo a los foros pro-ana que defienden la anorexia como modo de vida, es alarmante como internet está agrupando a los adictos a sustancias entorno a artículos como el presente, bien documentados pero con conclusiones absurdas. No hay ninguna prueba de que la legalización suponga un consumo menor o más responsable. Ni siquiera hay necesidad alguna de someter a nuestro cuerpo a sustancias que puedan ser positivas en situaciones extremas como la altura o la agonía. Son argumentos surrealistas que sólo convencen a quién quiere ser convencido. Los adictos buscan artículos como éste para reducir aún más su percepción de riesgo y de ese modo permitirse consumir aún más. Para próximos artículos le propongo varias ideas: «la dictadura del IMC», «no es malo que los menores aprendan a apostar desde pequeños» o «todos tenemos derecho a suicidarnos». Pueden quedar unos artículos bien chulos y con un toque políticamente incorrecto bastante guay. ¿Frívolo? Qué va…

    • De entre las conclusiones que me genera el artículo (a saber 1. Que la hoja de coca no es lo mismo que la cocaína -y se explican muy bien las diferencias de dosis y metablolización. 2. Que cocaína se va a seguir consumiendo igual pero con muchas más muertes con políticas de ilegalización) no encuentro ningún punto en común con las conclusiones que tú sacas del mismo.

    • Fernando Herrán

      Yo no consumo coca, ni pienso consumirla y estoy plenamente a favor de su legalización. ¿Por qué? Porque querer su legalización y ser consumidor no son sinónimo, como no lo son querer su legalización y querer que se consuma más. Y este artículo no habla a favor del consumo de cocaína, habla a favor de la legalización. No es lo mismo.

      ¿Sabe cuánto tiempo tardaría yo en conseguir cocaína o hachís ahora mismo? Tardaría unos minutos, así, literalmente. Lo que tardase en hacer un par de llamadas o en ir a ciertos bares. Ya de adolescentes nos resultaba infinitamente más fácil tener acceso a hachís o a cocaína, siendo ilegales, que tener acceso a drogas legales como el alcohol o el tabaco. Más de una vez gente de mi grupo conseguía tener una piedra de hachís… y el problema era conseguir comprar tabaco. No digamos conseguir unas cervezas, que había que robarlas o convencer a alguien adulto para que nos la comprase.

      Esa es la realidad de la prohibición, que no impide nada y que ningún camello te va a pedir el DNI, cosa que sí hacían en el estanco o en el supermercado.

      Así que la prohibición no dificulta su consumo ni el acceso a las drogas. En el mejor caso es exactamente igual de accesible. Esta es la realidad.

      Pero también consigue otras cosas. Consigue que el consumidor, adicto o no, no tenga la menor idea de lo que está consumiendo ni en qué porcentaje, causa de buena parte de las muertes por sobredosis. El precio a pagar por el adicto se dispara, de modo que un alcohólico puede saciar su adicción con 5 euros al día, pero un adicto a drogas más duras acaba necesitando 100 o 200 euros al día, como eso no hay manera de lograrlo la delincuencia acaba siendo su salida, con lo que llenamos las cárceles de enfermos desesperados, cosa que no sucede con los adictos a drogas legales, sean alcohólicos o sean ansiolíticos con receta, que es lo que más abunda.

      ¿Qué más consigue la ilegalización? Consigue que ese mercado mueva ingentes cantidades de dinero y que se fuente de delincuencia compleja, de corrupción, de violencia por el territorio, de ajustes de cuentas, de venganzas. Hay países destrozados por ello, con decenas de miles de muertes. No tengo la menor duda de que el tráfico de cocaína ha costado más muertos que la cocaína en sí misma.

      Esto es lo que tenemos con la ilegalización. Acceso sencillo y descontrolado a las drogas por parte de cualquiera, adictos abocados a la delincuencia, prisiones llenas de adictos y buscavidas, enormes mafias masacrando a decenas de miles de personas y una corrupción galopante gracias a los mafiosos que, por lo demás, ramifican su negocio ya que necesitan armas, locales, blanquear su dinero, etc, etc.

      Y ahora piense usted en qué sucedería si fuese legal, ¿realmente cree que sería peor? Probablemente usted crea que siendo legal la consumiría más gente y habría más adictos… pero si piensa usted en que si quiero consumir me basta con dos llamadas para tener un gramo de coca en mi mano antes de media hora… ¿realmente cree usted que siendo legal la tentación de consumirla sería mayor o que seguiría sin consumirla porque no me da la gana? Ya se lo adelanto yo, el que no quiere consumirla no la consume, y el que sí, lo hace. Tardo más en conseguir que me llegue el Telepizza que en obtener 1 gramo de coca ilegal.

      Legalización ya para que se acabe la pesadilla.

      P.d./ Que no tenga usted que vivir con un adicto a una droga ilegal en casa, como he tenido que hacer yo, para entenderlo. No le gustaría la experiencia.

  6. Pingback: Sobre la coca - Pressenza

  7. ThrashJazzAssassin

    Temezcal traía ya su discurso preparado, tanto daba lo que dijera el artículo: «internet está agrupando a los adictos a sustancias entorno a artículos como el presente», «Los adictos buscan artículos como éste para reducir aún más su percepción de riesgo»…

    De hecho, estoy seguro de que David Sucunza reparte caramelos con droga a la puerta de los colegios cuando no está escribiendo textos tan peligrosos como éste.

    Sarcasmo aparte, el artículo me parece un resumen bastante completo, que puede ser fácilmente extrapolado a las experiencias con otras drogas, desde el alcohol a la heroína, y me alegro de que se escriban cosas así en revistas más bien, ejem, «mainstream».

  8. Yo estuve en Cuzco. Lo primero que encuentras al entrar en el hotel es una mesa con hojas de coca y agua hirviendo para que te hagas un mate. Me tomé uno bien cumplido y no noté nada. Allí todo el mundo lo toma; muy normal, creo que mas que el café. Masqué coca como todo el mundo y no noté NADA. Me traje varios paquetes de bolsitas de té (como de poleo) de coca en la maleta y en aduana de allí no hicieron ningún caso, Normal. Me las he tomado aquí en España y continúo sin notar NADA. Así que veo mucho cuento exagerado con la hoja de coca.

  9. Vaya vaya o sea que en los EEUU sólo CocaCola puede importar hojas de coca.
    Otra mano que mece la cuna.

  10. Yo he traido desde Perú, hojas secas de coca a España y ningun problema
    Es más, aqui tambien se vende.

    Evidentemente es para hacer infusión.

  11. No es una ilusion, esta quimicamente comprobado que la coca tiene propiedades. Reto a cualquiera a mezclar coca (la hoja o el polvete) y alcohol, tarda uno mucho mas tiempo en ponerse bruto. Ni que decir de la perdida del sueño y la resistencia fisica, eso si, al dia siguiente acabas hecho polvo.

  12. Pingback: SABER MÁS – ¿El fin de las políticas prohibicionistas? | Ágora

  13. Nada que comentar, aparte de que nos hacen falta más artículos tan bien argumentados y con un mensaje tan claro y concienciador. Quien no quiere verlo es porque tiene los ojos cerrados.

  14. jorge cesar ricastro

    Es muy simple; sólo las mentes muy cerradas a las infinitas posibilidades y beneficios que nos brindan muchas plantas que son absurdamente prohibidas y perseguidas por gobiernos de todo el planeta que no persiguen de la misma forma a los políticos corruptos ni a los regímenes totalitarios que coartan todas las libertades humanas incluyendo la de decidir que hacer con mi cuerpo y mente cuando lo desee mientras no perjudique a terceros ( como pasa con quien consume irresponsablemente alcohol y psicofármacos recetados o se mata lentamente con el abuso de cigarrillos de tabaco super adictivo y super contaminante en todo el planeta. Los gobiernos deberían controlar y suministrar de manera eficaz , con todas las garantías de calidad y precio todas las sustancias para evitar el comercio ilegal que es tan redituable ,sobre todo porque al ser un mercado negro ,nadie sabe con certeza que es lo que compra, con los peligros y la estafa que eso con lleva. Con la cantidad casi ilimitada de decomisos a nivel mundial , los Estados tendrían una entrada permanente de dinero para tratar a los adictos que lo necesiten en vez de gastar fortunas en represión (mantener a miles de empleados estatales $$$-agentes de todo tipo usados en esa caza de brujas despiadada y encarcelamiento de usuarios y enfermos perdidos.)La legalización y descriminalización de varias sustancias cambiaría el panorama mundial de la violencia narco a un sistema de mayor paz mundial y respeto de derechos humanos más allá del fanatismo fundamentalista que se profesa abiertamente desde la ONu hasta el personal policial más bajo incluyendo los abusos y corrupción que genera con penas abusivas e incluso la pena de muerte en algunos paises.

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