
Barcelona y Real Madrid se olvidan del fútbol durante una dolorosa serie de cuatro partidos
Decía Gordon Strachan, futbolista escocés, que el fútbol es un juego muy sencillo pero los jugadores lo hacen complicado. Ojalá hubiera sido así en esta serie de clásicos, en los cuales las mayores complicaciones han surgido fuera del terreno de juego entre acusaciones, bravuconadas, denuncias cruzadas y llantos varios que jamás deberían permitirse en dos de los clubes más poderosos del mundo.
El Barcelona es el titán futbolístico de los últimos años. Orgulloso de sus cimientos, presume de cantera y de practicar un juego único en el mundo. Basándose en la posesión, la minimización de errores, la presión a la salida del balón y el juego rápido y sobre todo la excelencia, ha cosechado halagos de medio mundo. Sin embargo, su juego parece haberse enfriado en los últimos meses, aunque le ha bastado para clasificarse para la final de la Champions y, tras 34 jornadas, tener al alcance de la mano la estratosférica cifra de los cien puntos en Liga. Una hazaña sin precedentes.
En la otra esquina tenemos al Real Madrid, un club impaciente cuya identidad se ha reinventado desde que Florentino Pérez decidió unilateralmente que el señorío madridista es básicamente todo lo que diga y haga José Mourinho. Florentino, que en el pasado reconoció como uno de sus mayores errores el haber sido demasiado permisivo con sus jugadores, incurre ahora, sin embargo, en el mismo error con Mourinho, sabedor de que es su última bala. El portugués ha conseguido generar polémica como ningún otro. Y, mientras tanto, también ha logrado dotar de excelencia defensiva a una plantilla de por sí portentosa y con una ofensiva tan vertical como asesina, valores que le han permitido hacerse con la Copa del Rey.
Para analizar esta serie de cuatro clásicos debemos remontarnos a un suceso que marcó a hierro estos recientes encontronazos: a finales de noviembre, un Mourinho osado y seguro de sí mismo y sus jugadores se presentó en el Camp Nou con un planteamiento loable por lo bravo y cuyas consecuencias fueron, no obstante, terribles. El resultado de cinco goles a cero no basta para explicar la superioridad que mostró el Barça aquel día. El Real Madrid volvió aturdido a su feudo, sintiéndose miserable ante un “hecatónquiro” del fútbol que hizo del Real su juguete.
Defenderse con balón o defenderse sin él
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Viva Mourinho.
Amén.
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