Olga Viza: “¿Por qué hemos hecho del sectarismo la base del negocio?”

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Hay parejas que tenemos indeleblemente grabadas en nuestra mente. Durante mucho tiempo, Olga Viza y Matías Prats formaron una de ellas, pero hay mucho más que no se conoce de esta barcelonesa que se encontró con el periodismo deportivo por casualidad y ya no pudo dejarlo del todo. Ha ejercido casi todas las ramas de la profesión y aún considera que le queda mucho que ofrecer. En la Casa Encendida, sólo un par de pisos por encima de retratos de Lenin momificado y Stalin acariciando niños con ojos golosos, recuerda a Seve y rememora su fascinación por Kaspárov. Y por fin encontramos un culé confeso que, con sinceridad y sin falsa cortesía, se atreve a hablar bien de Eduardo Inda. En ese momento esperamos con temor que las fuerzas del orden derriben la puerta de un zapatazo y se lleven a Viza a un correccional por apartarse de la corriente imperante; pero nada de eso ocurre y, por el momento, podemos seguir charlando tranquilamente.

¿Por qué empezaste a dedicarte al periodismo deportivo? Hoy en día no es raro que una mujer se dedique a ello, pero hace treinta años no era tan común.

Por casualidad. Estando en la facultad, mi compañero de pupitre, Lluís Remolí, que trabajaba en Televisión Española en Miramar en el programa Polideportivo, me dijo: “hace falta una persona en el programa, se lo voy a decir al director. Ven esta misma tarde”. No le hice caso, por aquel entonces diría que el 80 por ciento de la clase queríamos ser corresponsales de guerra. Lluís inisitió y esa segunda vez sí me presenté. Era un 28 de diciembre. Nunca se me había pasado por la cabeza hacer periodismo deportivo, esa es la verdad.

¿Consideras que has tenido más dificultades de lo normal por haber sido mujer?

En absoluto. Supongo que depende de la gente con la que te encuentras, y yo tuve suerte. Miramar era una gran escuela de periodismo deportivo, de programas deportivos; había una mezcla de gente muy veterana y de gente joven, todos de mente abierta. De hecho yo no fui la primera mujer que pisó esa redacción de Barcelona. Cuando llegué había dos mujeres —Rosa María Garriga y Teresa Aranda, en Madrid Mari Carmen Izquierdo y Maria Antonia Martinez—. A los pocos meses me enviaron a hacer reportajes del mundial de Fórmula Uno. Mercedes Milá había cubierto la F1 y las motos durante mucho tiempo, había dejado su sello y acostumbrado a los pilotos a ver una periodista en los circuitos y en el Paddock. Me trataron muy bien, no tuve más dificultad que cualquier otro periodista hasta que me detuvo Ecclestone.

¿Cómo fue lo de Ecclestone?

Pues en aquella época en TVE no teníamos los derechos de retransmisión. Entonces el programa salía los domingos; yo iba jueves y viernes a los entrenamientos libres, el sábado intentaba arañar alguna información, volvía corriendo y montaba el reportaje. Uno de esos sábados de “acceso prohibido” nos colamos. Estaba haciendo una entrevista a Alan Jones y vinieron dos tipos de seguridad, interrumpieron la entrevista, nos llevaron a un barracón del circuito y allí me dejaron frente a un hombre con traje de terciopelo azul con topos blancos apoyado en una mesa. Me dijo que habíamos incumplido las normas, que no podíamos estar trabajando dentro del circuito, nos pedía el material que habíamos grabado. El cámara y el operador de sonido dejaron cámara y micro en el suelo pero no dejaron de grabar. Le prometí a Ecclestone que nos iríamos ya pero que no nos requisara el material… Fue amable y accedió. Aquel domingo nuestro programa Sobre el terreno arrancó con un reportaje en el que sólo se veía un trozo de pantalón de terciopelo azul con topos blancos y un zapato, y en off aquella conversación entre Ecclestonne y una pipiola de 21 años.

¿Dónde fue esto, aquí en Jarama?

No, fue en Austria, en el circuito de Zeltweg.

¿Hay alguna rama del periodismo que no hayas tocado?

He hecho programas musicales, culturales, información general, entretenimento… pero ese árbol de la información tiene muchas ramas, hay mucho que no he hecho y otro tanto que seguramente no sabría hacer.

¿Algo que te gustaría hacer que no has hecho todavía?

Decenas de cosas, todas en torno a la actualidad.

¿Qué consejo darías a alguien que acaba de terminar Periodismo?

Que aprendan de quienes admiren pero que no imiten. Que no tengan prisa por hacer grandes cosas, el periodismo es una carrera de fondo. Que no se conformen con las respuestas políticamente correctas. Que sean decentes, osados y curiosos. Que adviertan a su entorno de que casi siempre llegaran tarde a casa. Que nunca se arrepientan de haber elegido esta profesión aunque tengan esa tentación. Y que no me hagan mucho caso, sencillamente que se dejen llevar por su instinto.

En cuanto al periodismo deportivo español, no sé si estarías de acuerdo, pero da la sensación de que está un poco más radicalizado, hay un poco más forofismo quizá.

¿Hablas solo del periodismo deportivo?

También, pero quizá en el general ya pasaba antes, porque en el periodismo siempre había periódicos de izquierdas, periódicos de derechas…

No seré yo quien te desmienta. La cuestión es por qué nos hemos enfundado tan descaradamente en las banderas, por qué hemos hecho del sectarismo la base del negocio, por qué se ha llegado a esta guerra civil futbolística, por qué hay que escribir desde la trinchera, por qué hemos alimentado el hooliganismo. ¿Dónde está el deporte? Se diría que cotiza más una declaración de Mourinho que un gol decisivo. Oiga, ¿no sería conveniente resetear? Hace años, confesar públicamente tus colores era tan secreto como el voto aunque cualquier lector, oyente o espectador lo pudiera detectar. Pero sí había cierto pudor que yo, la verdad, nunca entendí muy bien. Yo no creo en la imparcialidad, pero sí en el escrupuloso respeto a los hechos. Puedo ser del Barça, que lo soy, pero si tengo que hacer la crónica de un partido en el que el Madrid aplasta a un Barça que ha jugado mal no voy a contar una de indios. Habrá a quien se le escape alguna interpretación partidista, incluso quien se equivoque; pero no olvides que ese mismo partido lo han visto millones de ojos. Esa es una de las grandes exigencias del periodismo deportivo: la crónica debe llevar un plus de análisis, de conocimiento, de información, de razones sobre aquello que han visto los demás.

En deportes hay una gran diferencia entre el Estadio 2 que hacías tú y los programas deportivos que se emiten hoy.

Sí, seguramente Informe Robinson tiene un poco su génesis en aquel Estadio 2, que nació como un Informe Semanal del deporte. Luego se incorporaron las retransmisiones y las entrevistas en plató, pero no abandonamos nunca el gran reportaje. Era un programa que no perseguía acariciar pasiones furibundas, no era necesario. Sencillamente hacíamos un programa para los que disfrutaban del mejor deporte, sin más. Llevaba la impronta de un director con una sensibilidad deportiva extraordinaria, Martí Perarnau, otrora recordman de España de salto de altura. Gran director. El programa podía durar ocho horas y acabar con un partido de fútbol, o de madrugada con motos desde Japón. Arrancábamos a las tres de la tarde con el torneo 5 naciones de rugby, luego podía haber waterpolo, gimnasia, atletismo, ciclismo, tenis… íbamos y veníamos, recorríamos muchos deportes y era un placer. Se hacían cosas experimentales. Recuerdo un día que vino Cruyff al estudio y conectamos con algunos jugadores de diversos equipos que le iban haciendo preguntas. O el día que, por la lluvia, se suspendió el Open de España de golf; no hubo problema, se improvisó una clase golf en el estudio a cargo de Seve, Piñero, Cañizares y LunaTrasmitimos en directo la primera ascensión de una expedición española al Everest, un mundial de ajedrez, el Gran National, la regata Oxford-Cambridge precedida de un fantástico reportaje en las dos universidades y podría continuar. ¿Cómo resultaría todo eso hoy? Caro, desde luego, pero ¿qué diría la audiencia?

Enric González nos comentó que el periodismo deportivo lo que busca es masturbar al lector. ¿Crees que esto es cierto, que es lo que pide la gente, que al forofo le gusta leer a un forofo?

He discutido muchas veces sobre esto. Existe la convicción de que al forofo sólo le gusta leer buenas noticias sobre su equipo. Que el día siguiente a una derrota se resiste a acercarse al quiosco. Está incluso cuantificado que se pierde sobre un treinta por ciento de las ventas, de modo que aquí tenemos una trampa colosal para un periodismo sujeto, más que nunca, a las cuentas de resultados.

¿Podremos salir de ella?

Como me dijo Punset, somos muy malos haciendo predicciones. No me atrevo a aventurar nada, solo sé que las redes sociales visualizan sensibilidades distintas que tendrán que encontrar su espacio. Cuando uno va a una zapatería no sólo hay zapatos negros del número 40. Hay otras tallas, otros colores, muchos más modelos. Quiero pensar que hay mucha gente reclamando llevar un zapato que no le apriete y que le ofrezcan también variedad de colores.

¿Qué tiene el fútbol que prácticamente no deja hueco a ningún otro deporte? Por mucho que seamos campeones de hockey, de baloncesto… al final es fútbol.

Habrá que rendirse a la evidencia de que su poder de adicción es superior a la de la nicotina. Los niños aprenden a andar y se topan con un balón, y eso debe impregnarse en el ADN para los restos. Lo que ocurre en el terreno de juego es un fantástico espectáculo y lo que sucede en los despachos y en el vestuario… una mina.

Es el espectáculo más sencillo.

No sé si es el más sencillo. Yo no lo he practicado, me podrá gustar más o menos, pero no puedo sentirlo. Lo que sí es sencillo es acertar. En un programa de televisión ofreces una imagen de fútbol y creas un efecto hipnótico en la mayoría. Se ha convertido en el gran negocio del entretenimiento.

¿Cuál es tu deporte favorito?

Si hablamos de deportes de equipo, por razones sentimentales, el baloncesto. Mi padre fue jugador, también entrenador y crecí en ese ambiente. He aprendido a disfrutar del fúbol, pero no vería cualquier partido. En esencia, me inclino más por los deportes individuales. ¿Para ver o practicar?

Para ver.

Puedo pasarme horas viendo tenis, atletismo, golf, esquí y me relaja mucho ver natación.

¿Y para practicarlos?

Padel, pilates, me gusta el esquí, aunque no hago virguerías, y me gusta mucho el golf, o me gustaba, ya no lo sé (risas)

A lo largo de tu carrera ¿qué deportistas te han impresionado más, tanto a nivel deportivo como personal?

Hombre, yo siempre hablaré de Severiano Ballesteros. Porque es hablar de un amigo con el que además caminé en paralelo profesionalmente.

¿Comenzasteis a la vez?

Cuando yo empecé él acababa de ganar su primer torneo en USA, y aún le costaba contestar a las entrevistas. Mi director, Sergio Gil, me dijo, ¿sabes algo de golf?. Le contesté que ni palabra. Entonces me explicó que había un chico que parecía destinado a ser una estrella de aquel deporte. Me envió a un pueblo del norte que tuve que buscar en el mapa, Pedreña. Allí conocí a Seve. Él empezó a hacer buenos los pronósticos y yo a informar habitualmente de golf. Durante años compartí su trayectoria, sus claroscuros, entendí el personaje, me explicó cómo se ven las cosas desde ahí arriba sin perder un ápice la esencia. Le agradeceré siempre su amistad… Me enseñó a desmitificar muchas cosas y eso me ayudó cuando pude entrevistar a otros grandes. He tenido la suerte de entrevistar a gente admirable, como Ayrton Senna, o Steffi Graf. Monstruos del atletismo como Juantorena, o Carl Lewis… estamos hablando de gente casi del pleistoceno, pero hay muchos más.

¿Como quién?

Kasparov, me tenía deslumbrada.

¿Qué era lo que más te impresionó de él?

Es que fue una época muy polideportiva… ¿Os acordais del mundial de ajedrez en Sevilla entre Kasparov y Karpov?

Finales de los 80, creo.

Sí, y en Estadio 2 transmitimos en directo alguna de aquellas memorables partidas. 35 minutos en silencio uno delante del otro, sin mover una pestaña. Leontxo García hablando y yo haciendo preguntas… intentando no meter la pata. Como previo a ese mundial entrevisté a los dos finalistas. No se me olvidará que Karpov me contó que había hecho su tesis doctoral en económicas sobre la utilización del tiempo libre, mientras que Kasparov la había hecho sobre la historia del cristianismo. Eran personajes especiales, capaces de retener decenas de estrategias en su memoria. Conocí a Kasparov en Lituania cuando jugó frente a Smyslov. Me pareció un personaje eléctrico, rezumaba inteligencia y misterio ese tío.

¿Cuál es la mayor alegría que te has llevado a nivel deportivo?

La primera fue cuando Arantxa ganó su primer Roland Garros. Di paso a aquella transmisión diciendo “¿por qué no?”

¿Qué supuso para ti Barcelona 92? Dices que la historia de que lloraste en la retransmisión es una leyenda urbana.

Si fuera verdad tampoco me importaría lo más mínimo. Emoción, toda. Compartir una gran emoción colectiva es algo único y tener el privilegio de contarlo, dobla la dosis. Desde el principio todo era especial. Aquel 17 de octubre de 1986, cuando Samaranch dijo “a la ville de…” regresamos todos, delegación y periodistas, en el mismo avión. Recuerdo que un miembro de la tripulación me pidió si podía hacer “las voces” en catalán. Ya sabes, el saludo, de modo que por una vez hice de azafata. Del aeropuerto nos fuimos directamente a la macro-fiesta de Montjuich, al día siguiente teníamos un programa de siete horas; nadie se iba a dormir. Nunca sentí la ciudad de esa manera. Seis años después, seis años de mucho trabajo por parte de todos, te sientas en el Estadio, dices “Comienzan los JJOO de Barcelona”, entran las voces de Freddy Mercury y Montserrat Caballé sobre un vídeo espléndido y la sensación es de una potencia brutal. Llegó el momento del desfile —te aseguro que no hay cosa más pesada que transmitir un desfile— hora y media en la que Matías y yo vaciamos nuestros conocimientos de geografía y de identificación de rostros. Ahí andábamos cuando salieron los deportistas españoles, cambió la música, sonó más fuerte, la gente se puso en pie. Ahí a ambos sí que nos faltaba voz.

¿Y en comparación con el mundial de fútbol de España? Porque el mundial también lo cubriste ¿no?

Sí, fue el primero para mí, y la primera vez también que me sentaba junto a Matías y que “sufría“ sus bromas, es un poco canalla.

Quizá ha quedado la imagen de un mundial bastante loco.

Ese mundial no nos salió bien, deportivamente hablando.

Diez años después, en cambio, organizamos unos Juegos que todo el mundo, hasta Robinson lo ha dicho ahora, fueron modélicos.

Yo no he estado en los de Pekín, dicen que fueron grandiosos, perfectos en la organización. Pero creativos como los de Barcelona seguro que no. Barcelona fue rompedora en su estética, fue moderna y sólida.

He leído que una de tus primera entrevistas fue a Montserrat Caballé, cuando no tenías mucha idea de ópera.

Mucha idea no, absolutamente nada. Estaba haciendo un programa cultural del circuito catalán de TVE y me enviaron a cubrir la temporada de ópera del Liceo.

¿Te aficionaste?

Sí, más tarde.

¿Tienes abono en el Liceo?

Sí, pero eso más reciente, cuando he podido tenerlo. Voy al Liceo regularmente desde hace tres años. En cuanto a lo de Caballé, recuerdo que ocurrió en mi primer día de Liceo, me había hecho hasta un vestido para la ocasión. Caballé cantaba Norma, de Bellini. Los periodistas que cubrían habitualmente la temporada de ópera me dijeron “buaaa, si no la tienes atada, nada, olvídate”. La verdad es que era una insensatez, pero sólo la insensatez o la ingenuidad te anima a pensar “yo me coloco en el backstage y cuando termine el acto le pido la entrevista”. Y al cerrarse el telón me acerqué y Montserrat Caballé se encontró con aquella chica diciéndole “señora Caballé, NECESITO hablar con usted, tengo que entrevistarle, soy de TVE”. Me cogió de la mano, me llevó a su camerino, vi como le ponían la pestaña de cartón, y me dijo “tú espérame en la sala del piano”. Cuando terminó acudió y me dio la entrevista.

Un gran recuerdo, ¿no?

Se lo recordé muchos años después… “¡eras tú!”

Hablando de música, ¿qué te gusta, qué preferencias tienes?

Pues desde Wagner hasta el Soul, rock, pasando por el hip hop. No soy excluyente, o casi.

¿Y qué no soportas?

El jazz; es una asignatura pendiente que tengo. Mi primo, que tocaba jazz con el saxo, lo intentó: me enviaba los mejores discos… esas cosas. Pero me pone nerviosa, no he conseguido que me guste. Y el flamenco tampoco; le tengo respeto pero no logro que me llegue.

¿Qué opinas de las producciones modernas de ópera? ¿Te gustan?

Verás, soy una aficionada normalita. Quiero decir que no estoy preparada para algunas cosas, por ejemplo óperas dodecafónicas. Si te refieres a puestas en escena alejadas de los clásicos, desde luego que me gustan. He visto cosas muy buenas y otras de “abandono”. Entre las buenas una Flauta Mágica soprendente en Salzburgo; un Parsifal sublime hace muy poco, en el Liceo. O una Carmen de Calixto Bieito fantástica. Reinterpretar no significa necesariamente destrozar.

¿Ves diferencias entre la escena musical de Madrid y Barcelona? ¿Entre el Teatro Real de Madrid y el Liceo?

Hace mucho que no voy al Real; pero tengo entendido que a Mortier le está costando convencer con sus propuestas a un sector de aficionados a los que no les gusta separarse mucho del concepto clásico. No soy una experta; pero sí sé que Barcelona, por ejemplo, es muy wagneriana. Madrid no tanto. De todos modos la música no entiende de ciudades.

Es difícil encontrar una.

Pues mira, la semana pasada vi un Fausto concertante, es decir, con los cuatro cantantes puestos ahí en pie, junto a la orquesta, sin nada más, y me pareció excelso.

¿Qué más diferencias encuentras entre Madrid y Barcelona?

Soy una barcelonesa a la que le gusta mucho Madrid, pasé 19 años aquí, mantengo mi casa y vengo todas las semanas. ¿Diferencias? En Madrid camino y en Barcelona paseo, eso me llamó la atención desde un principio. De Madrid me gustó el tono de la ciudad, cómo se relaciona la gente… fue muy fácil, puedes sentirte solo pero hay mucha gente de paso, hay una predisposición a encontrarse. La velocidad en Madrid es más rápida: se hizo un estudio de cómo se camina por las aceras de la Gran Vía y en las aceras del Paseo de Gracia. La velocidad y el orden son distintos. Y Barcelona… yo amo esa ciudad, adoro contemplarla. Además creo que es una ciudad muy racional en la que se ha pensado en la gente, en Madrid hay algunas lagunas al respecto, tal vez por el aluvión. Por ejemplo en Barcelona un discapacitado puede coger el metro sin problemas, hay ascensores.

¿Notas Madrid muy cambiada?

Ha crecido para bien, incluso en su propia autoestima. Cuando yo llegué, en el 92, venía de una ciudad orgullosa como Barcelona, lógica y lícitamente orgullosa por muchas razones. Pero Madrid es una capital fantástica y muy atractiva .

Volviendo al periodismo, ¿qué opinas de estas nuevas tecnologías, de este periodismo que se está haciendo ahora, casi exprés, como por ejemplo Twitter?

Twitter está poniendo en valor al periodismo. El periodista es todavía más necesario, separa el grano de la paja y puede detener un rumor.

Trecet nos comentaba que no se puede uno quedar atrás y no aprovechar estas tecnologías. Para leer cualquier noticia en papel que tienes que esperar 24 horas, mientras que en Twitter la tienes al momento, al minuto. Sin embargo, ¿cómo puedes evitar los fallos? Porque en Twitter también se da pie a mucha rumorología, se cuelgan muchos sambenitos. ¿Cómo puede el periodista controlar todas estas cosas?

Hay momentos en los que es incontrolable. Cuántas veces estoy escuchando la radio y les oigo desmentir desde la emisora algo que está circulando en Twiter. Es una fuente de información impagable; con un riesgo, que convierte en información cualquier cosa que quepa en 140 caracteres. Pero luego aparece el periodista que verifica, que contrasta y publica.

¿Cómo discurre ahora tu carrera profesional?

He estado 15 años en TVE y 11 en Antena 3. Es decir, se podría decir que he tenido una carrera tranquila, sin líneas quebradas. Y cuando me voy de Antena3 entro en seguida en Telecinco, en un programa que se llama No es lo mismo. Estando en Telecinco me ofrecieron Radio Nacional. Fue una de las decisiones más difíciles, porque en 27 años no había hecho jamás radio, pero quería saber qué era; luego hice también un programa de entrevistas cuando arrancó La Sexta. Después volví al periodismo deportivo. Cuando tienes una carrera muy larga, siempre miras al frente y piensas, ¿unos metros más allá qué hay? No sabes qué, ni cuántos pasos faltan. Quizá haya un escalón debajo y te pegas un leñazo, pero esas cosas tienen que estar en tu cabeza.

¿Ahora escribes en Marca, verdad?

Sí, hago la entrevista de las páginas centrales de los domingos.

Es la primera vez que haces periodismo escrito.

Nunca había escrito.

¿Y qué tal?

Al principio me peleaba con las palabras. En la radio ya me pasaba, necesitaba explicar si Santiago Carrillo, cuando le clavabas una pregunta, bajaba la vista o no; es decir, necesitaba que se viera… y al escribir, me digo “¿cómo hago que se vea”? Yo amo la televisión, he crecido en ella, nací ahí para el periodismo. He madurado, me he hecho mayor en público, pero me queda ese gen de conseguir que se vea el personaje que tengo al lado, y conseguir plasmarlo en papel es mucho más difícil. Pero lo paso como una enana. Es una delicia.

¿Coincidiste con Eduardo Inda en Marca?

Cuando tomó posesión del cargo, uno de los redactores jefe, Angel Cabeza, le sugirió mi nombre como colaboradora del periódico. Me propuso que escribiera opinión o entrevistas. Opté por la entrevista, y tengo que decir que Inda siempre respetó mi criterio.

Ya sabes que en Barcelona es el Diablo.

Y lo sabe él, alguna vez lo hemos hablado. Hace poco lo ví en un programa de TV3; bien que le invitaran, bien que aceptara. No llegó la sangre a ningún río.

¿Ves más radical al Marca que al Sport, por ejemplo?

Estarás muy poco o nada de acuerdo con sus líneas, pero hay que reconocer que ninguno se oculta.

¿Qué periodistas deportivos te gustan?

En prensa escrita busco a Ramón Besa, busco a Santiago Segurola, a Diego Torres, me gustan Luis Martín, Orfeo Suárez, Geraldo Riquelme, Martí Perarnau, Sámano, alucino con los análisis de Enrique Ortego, cuando escribe Trecet no me lo pierdo…

¿Realmente tenía tanto poder José María García?

No sé cuánto; pero desde luego sí tenía poder de convocatoria, tenía a buena parte del país pendiente y despierta a medianoche. Fue un revolucionario. He compartido algunos años con él en Antena 3 y le he visto enfrentarse a poderes mayores sabiendo que podía perder. Es un hombre muy coherente con sus ideas.

¿Consideras que alguien ocupa su lugar?

No soy amiga de hacer comparaciones. Quienes ahora ocupan esos espacios no van precisamente escasos de personalidad.

Fuera del periodismo deportivo, ¿qué te gusta leer? ¿Ensayo, novela, historia?

Ensayo, novela e historia, pero sobre todo mucha prensa digital.

¿Qué novela recomendarías, cuál te ha impactado?

León el africano, de Amin Maalouf, es un libro que te regalaría. Y me gusta mucho Dorothy Parker... Ahora estoy leyendo 11 vidas, de Mark Watson. Y acabo de leer el libro Esperanza, de un amigo mío, Jesús María Santos. Me gustan las buenas historias.

¿Eres de las que creen que la novela está muerta?

No. Lo que pasa que si has leído novela del siglo XIX, si, por ejemplo, has leído a Stendhal, a Oscar Wilde, a Dickens, a Flaubert, a Verne y compañía seguramente te quedaste colgado. Pero el siglo XX trajo a muchos grandes.

¿Eres aficionada al arte?

Solo aficionada, sí.

¿Qué periodo te gusta más?

El fauvismo y el impresionismo.

¿Te gusta como afición o como coleccionista?

Como coleccionista no, por favor. Cuando me vine a Madrid los fines de semana que salía el sol me decía: “¿Y ahora dónde voy si no tengo mar?” Y me aficioné a ir a la Fundación Juan March, al Tyssen y al Prado o al Reina Sofía. Después empecé a ir a ARCO y STAMPA… alguna cosa he comprado, mis ahorrillos me los dejaba en obra gráfica.

¿Entiendes el arte más vanguardista?

Vivo rodeada de gente que se dedica al arte; ellos me suelen decir que esto es como el vino, o te gusta o no te gusta. Para mí es una cuestión meramente estética. Sí que me gusta mucho el arte contemporáneo, aunque ahora suspiro por ver la exposición de Leonardo en Londres.

¿Puedes recomendarnos un museo que te guste especialmente?

Hay un museo pequeñito de arte moderno en un pueblo que se llama Céret, cerca de la frontera entre Francia y Girona, a unos 80 kilómetros hacia el interior, que es donde confluyeron todos los impresionistas, cubistas, fauvistas… es un pueblo sorprendente. Tienen un pequeñito museo de arte moderno con una buena colección de cerámicas de Picasso, hay Manolo Hugé, Chagall, Gris, Matisse. Es muy pequeño, eh, pero no decepciona.

¿Te gusta el cine?

Sí, claro, como a todo el mundo, y como muchos te tengo que decir que no soy asidua a las salas.

¿Y las series de TV?

No me he enganchado a muchas.Sí a El Ala Oeste, Mad Men, he visto algo de The Wire… en su día Anatomía de Grey, aunque mi preferida era Urgencias; y antes Verdi, Upstairs Downstairs.

¿Por qué en España no somos capaces de realizar series de calidad?

Sí se han hecho.

¿Las ves a un nivel similar a las norteamericanas?

Aquí hemos empezado más tarde, yo diría que hemos aprendido deprisa. Interesaran más o menos, pero la factura de La Señora, de Hispania, de Cuéntame… son difícilmente reprochables.

¿Ves que podríamos hacer decentemente un Ala Oeste de la Moncloa?

Sólo te voy a decir una cosa: espérate.

Siguiendo con esto de la política, ¿guardas algún recuerdo especial de la moderación del debate de 2008?

Más de uno. Recuerdo las dos comidas preparatorias con sus jefes de campaña, Pío Garcia Escudero y José Blanco, el clima de respeto y afabilidad que había entre ellos. Ya el día de autos tuve la sensación de tener el mejor asiento de platea.No era cómodo, desde luego, pero no podía estar mejor situado.

¿Cómo funciona, te dan un guion? ¿Va todo muy encorsetado?

Hay unos temas pactados, es decir, no hay un guión. Te dicen: se va a hablar de terrorismo, se va a hablar de economía, de sanidad… estos son los cinco apartados y éste el orden. El modelo fue muy criticado, es verdad y yo seguramente lo vería del mismo modo, pero siempre dije que bienvenido ese modelo porque lo ha hecho posible. Recuerdo que despedí el debate diciendo “que no vuelvan a pasar 15 años”.

¿Fue más difícil de lo que pensabas?

No. La dificultad la pone todo lo que, por su excepcionalidad, rodea esa cita. Tú te sientas con ellos en un auditorio de 2000 asientos completamente vacio, en negro, sólo un jefe de seguridad allí sentado, un escenario, los cámaras escondidos, el regidor también, se trata de que nada ni nadie perturbe… completo silencio; pero vamos, lo peor lo viven ellos. Por eso antes de abrir aquella puerta tras las que aparecieron en el escenario me giré y les dije: “miren, yo no sé lo que va a pasar ahí fuera, pero pase lo que pase, gracias por lo que están haciendo”.

¿No sería mejor crear otro tipo de ambiente en el que pudieran debatir de una manera más libre?

No tengo la más mínima duda, y eso algún día ocurrirá, pero mientras el miedo escénico impregne este tipo de citas electotales en TV, va a costar. También es verdad que en los EEUU, que nos parece una referencia, todo esta tasado.  Ahora por ejemplo están programados 16 debates republicanos con preguntas de internet. No se puede entender que en la época de la velocidad del Twitter y de las redes sociales no se abra el debate. Es probable que ellos se sintieran más cómodos con un debate más abierto.

Para acabar, te voy a dar unos títulos de novela y tú me dices un personaje político, un deportista, lo que quieras, que pueda encajar bien como protagonista. Por ejemplo El corazón de las tinieblas.

Iker Jiménez.

La conjura de los necios.

Lehman Brothers.

El ruido y la furia.

Karamanlís, Papandreu.

En busca del tiempo perdido.

Pascual Maragall.

Lolita.

No me voy a fijar en ella, me voy a fijar en él: Arturo Fernández.

Alicia en el país de las maravillas.

Un culé.

Orgullo y prejuicio.

¿Los hijos de Carolina de Mónaco?

La divina comedia.

El Congreso de los Diputados.

Entonces Mucho ruido y pocas nueces sería el Senado, ¿no?

No. Si puedo hacer de Emma Thompson, yo.

Fotografía: Sergi Fuster

4 comentarios

  • Buena entrevista
    Un único pero, Olga… holliganismos y filias aparte…
    Las ceremonias de Pekin fueron una pasada de todo, con todas las letras. Barcelona 92 fue un paso adelante en el asunto. Lo de Pekin fue lo que hoy se denominaría 2.0 o algo así.

  • Gracias, Olga, y sobre todo gracias Fernando. Un placer leeros.

  • Tiene gracia que hable de sectarismo. Dejé de escuchar Radio Nacional precisamente por su ridículo sectarismo.

  • Empecé a leer con recelo a este colaborador pero con el tiempo me ha convencido plenamente.
    Creo que es un as de las entrevistas, un renacentista del siglo XXI (gastronomía, literatura, deportes…)
    Por cierto, ¿para cuándo ese artículo sobre Christopher Wren?

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