Buenas noches, Moebius - Jot Down Cultural Magazine

Buenas noches, Moebius

Publicado por

Para hablar de él, no tengo más remedio que llevarlo todo a un plano personal. Quizá haya muchos lectores para quienes no haya sido tan relevante como les puedan parecer determinados músicos, escritores o directores de cine. E incluso deportistas. Pero para algunos de nosotros —y me consta que no estoy solo— fue una verdadera fuente de inspiración.

Hace muchos años que no leo cómics, o que como mucho los hojeo esporádicamente, probablemente desde la adolescencia. Creo que es algo que suele suceder, no sé muy bien por qué; quizá lo habitual es que el lector medio de cómics termine basculando casi inevitablemente hacia los libros o busque una narración audiovisual más evolucionada, como la del cine. Por ello no me considero un conocedor del formato, al menos de lo publicado durante los últimos lustros. Casi todo lo que recuerdo es lo que leí durante aquella época. Pero hubo al menos un par de dibujantes a los que mantengo en un altar particular —el dorado sagrario de los ídolos de la infancia— por lo que significaron para mí. Uno de ellos, puedo suponer, habrá marcado a muchísimos lectores tanto como a mí durante los años infantiles: Francisco Ibáñez, el creador de Mortadelo y Filemón. Aunque en el caso de Ibáñez se trataba de su sentido del humor surrealista, su ironía tan campechana como elegante y su particular microcosmos de autorreferencias; cosas que pesaban tanto o más que el propio aspecto visual. El cual, todo sea dicho, era llamativo; aventuro que somos muchos quienes empezamos a mirar sus tebeos incluso antes de poder leer el texto de las viñetas. Muchas veces he pensado que Ibáñez ha sido como un Quevedo de nuestra generación, proyectando una mirada sarcástica sobre la sociedad en que vivimos; una mirada que, en su caso, iba disfrazada de aventuras cómicas “para niños”… y los niños terminábamos asimilando el mensaje.

El otro dibujante que marcó a fuego mis devaneos artísticos infantiles fue el francés Jean Giraud, más conocido como Moebius. Su trabajo no era algo que un niño tuviese al alcance de la mano, como sucedía con Mortadelo. Pero fue mi (por entonces irrefrenable) pasión por el dibujo, desgraciadamente extinta hace décadas —aunque sustituida por otras cosas, he de decir— la que me acercó a él. Viendo que la afición  me impelía a llenar folios y folios con abigarrados dibujos de calidad más bien regular pero voluntariosamente repletos de detalles, mi padre me permitió leer (como concesión excepcional, ya que en aquellos cómics abundaban las temáticas más bien poco infantiles) lo que entonces se llamaba “cómic adulto europeo”.  Aún recuerdo su frase: “hay un dibujante que parece hecho a tu medida, se llama Moebius, y también hace dibujos repletos de detallitos”.

Abrí uno de aquellos volúmenes —era un Totem de los inicios, cuando aquella revista era como una compilación de lo mejor del comic con vocación artística, en la que nunca fallaba nada— ni siquiera necesité mirar la firma para reconocer a Moebius, tan pronto pasé una página y me topé con sus viñetas. Resultaría completamente absurdo decir que mis dibujos se parecían a los de Moebius —sería como afirmar que mi forma de tocar el piano, o sea prácticamente ninguna, se parece a la de Alicia de Larrocha— pero digamos que quedé atónito al comprobar que alguien era capaz de hacer semejantes cosas; Moebius dibujaba lo que yo buscaba en mi mente y jamás hubiese podido plasmar decentemente sobre un papel.

Tal y como mi padre había previsto, o probablemente incluso en mayor medida, me enamoré instantáneamente del trabajo de aquel dibujante. Debió de ser una de las primeras personas de quien pensé que era “un genio”, aunque no sabría decir si empleé esa palabra o no. Me enamoré de todo su estilo, de las líneas precisas —sólo precisas en apariencia—, de los pequeños conjuntos de rocas que le daban peso al paisaje aquí y allá, de las grietas, de las nubes siempre planas en su base y bulbosas en la coronilla (¿algún lector meteorólogo sabe cómo se llama este tipo de nube?), de los horizontes lejanos y los grandes espacios, los precipicios, las naves espaciales repletas de pequeñas partes y piezas que siempre tenían aspecto de servir para algo, los edificios a un tiempo futuristas y decrépitos que podrían haber salido de una novela de Harry Harrison, y todo aquel universo que combinaba ornamentación oriental con imaginería mesoamericana y una ciencia-ficción rica y recargada, además de aquellas mujeres que de extremo a extremo recorrían todo el espectro de la belleza, desde una carnalidad abrumadoramente voluptuosa a una sublime delicadeza aristocrática.

Y estaba su sentido de la armonía; en ese aspecto, Moebius podía competir con cualquier artista expuesto en un museo. Sabía cómo distribuir los colores, contrapesando los fríos y los cálidos en unas ocasiones, o creando composiciones casi monotónas en otras (monótonas, esto es, de una única tonalidad… que no “aburridas”). Agrupaba los abigarrados cúmulos de detalles en una parte de la viñeta, y los espacios vacíos en otras, siempre con un fino instinto para la percepción de gravedad. Porque los dibujos tienen su propia gravedad y los elementos orbitan unos en torno a los otros. Captaba instantes precisos en los movimientos que solían desafiar el equilibrio, a modo de “foto-finish”. Había un algo de premeditada descompensación en las posturas de los personajes y los objetos, que hacía que sus viñetas basculasen; no estaban muertas.

Siempre hubo mucho de autosatisfacción en su obra, de ejercicio onanista incluso, al menos en el trabajo que firmaba como Moebius, que era su yo más libre, un trabajo más experimental que aquellos que firmaba como Giraud, Teniente Blueberry sobre todo. Había mucho de dibujar para sí mismo. No era dado a pretender mitificarse ante los lectores como Milo Manara —el Lars Von Trier de los cómics, a quien siempre le ha faltado humor para rendirnos del todo a algunos—, lo de Moebius era algo más cándido y directo, un prolongar su mundo infantil ante nuestra vista, aderezándolo frecuentemente con un gamberro sarcasmo nacido de la edad adulta.

Al igual que sus paisanos y correvolucionarios Philippe Caza —su hermano bastardo, artísticamente hablando— o Philippe Druillet, Moebius fue más bien como un Steven Spielberg de la viñeta: sabía hablar al público sin dejar jamás de hablar de sí mismo, porque sabía que su público y él tenían gustos similares. Lo suyo no era un “¿has visto qué bueno soy en lo mío?” sino más bien un “vamos a compartir nuestros intereses comunes”. Así como Caza dibujaba criaturas de los relatos de Jack Vance, o así como Druillet usaba la iconografía de Star Wars y H.P. Lovecraft, Moebius dibujaba cosas con las que uno podía identificarse en la forma y en el fondo; yo era un chaval obsesionado con la ciencia ficción, él también: es así como mejor se gana un lector para toda la vida, mostrándole que no hay demasiadas diferencias entre ambos. Aunque parezca paradójico —dado el alto grado de cuidado visual que imponía a su trabajo— Moebius no era un “esteticista” a lo Manara. Era más bien un esteta, si se me entiende la diferencia: no es lo mismo vivir para la estética que pegarse un cartel en la frente que diga “mirad cuán estético soy”. No es lo mismo intentar imitar el aura de un cuadro en una viñeta como hace Manara, que dibujar una viñeta basándose en los mismos principios que se aplican a un cuadro como hace Moebius. Pobre Manara, me doy cuenta de que lo estoy usando como reverso tenebroso de Moebius, y lo cierto es que admiro mucho su trabajo… pero las cosas como son, siempre fue prisionero de sí mismo. Y Giraud, en cambio, era un dibujante de, por y para el populacho; un populacho selecto, eso sí.

Libertad: esa es la palabra que asocio con Moebius. Libertad artística y libertinaje temático: lo que caracterizaba el cómic vanguardista de los setenta y los ochenta, antes de que cosas como Watchmen se erigiesen como el nuevo mainstream. Jean Giraud bebía de fuentes similares a las de un Alan Moore, pero podríamos decir que Moebius era Sergio Leone y Moore es Peckimpah. Moebius tenía una visión más flexible del cómic, precisamente porque era más consciente de cuáles son los principios que lo rigen; así, le resultaba más fácil saltarse los límites, pero saltárselos en una dirección correcta. Moore, por ejemplo, es más “americano” en su estilo. Moebius es americanista, desde luego, pero las fronteras de su forma de hacer se extienden mucho más allá de ese ámbito de influencia.

Si bien resulta innegable que Moebius destiló influencias de la pintura clásica —su uso del color es muy del barroco, muy Rubens, muy Poussin y sobre todo muy Joos de Momper— y del cine —como esos encuadres fordianos del paisaje — era un artista que dibujaba muy “desde el cómic” y no tanto desde otros medios. Dibujaba desde el cómic y para el cómic más que un Hugo Pratt, por ejemplo, aunque era también poco propenso a dejarse atar por el trabajo de sus predecesores. Cuidó su estilo con mimo; tuvo a bien tomarse tan en serio su dibujo como no se tomaba tan en serio en cuanto que dibujante. En él encontrábamos un despliegue de asombroso ingenio artístico junto a historias mudas sobre un hombre que cabalgaba un pterodáctilo, o de hembras de enormes pezones que se ayuntaban con extraterrestres. Combinaba sin problemas el erotismo “pulp” de Sally Forth con cacerías de Chtulhus, el existencialismo retorcido de Philip K. Dick o la psicodelia micológica. A veces, incluso, se situaba a sí mismo como protagonista de sus propias historietas, y era casi como contemplar uno de sus sueños. Pocas veces se dejó llevar por la tentación de la intelectualidad, al menos de una intelectualidad encorsetada. Era un artista tremendamente serio con su arte, pero portador de un mensaje desenfadado y libertario.

Sus aportaciones al cine (Alien, Tron… la cual sigue teniendo mejor aspecto que la versión reciente y más repleta de grandes efectos, y eso es gracias al espléndido marco estilístico proporcionado por Giraud) son probablemente las huellas más extendidamente reconocidas de su trabajo, pero dentro del mundillo del cómic fue él —más que ningún otro— quien selló una importante era: la del reinado del cómic francés. Fue la estrella de una generación que impuso una nueva forma de hacer cómic, un nuevo paradigma que absorbió las influencias estadounidenses y las procesó con mirada europea, desde una autonomía creativa difícil de obtener en los EEUU, de manera similar a lo que hizo Leone con el western.

Para algunos de nosotros, significó el descubrimiento de que el cómic era algo más que una “historieta” (aunque una buena historieta es siempre admirable), que podía ser un compendio de referencias que iban mucho más allá de la Metrópolis de Supermán, de la Roma “ninomanfrediana” de Astérix, del reporterismo santurrón de Tintín e incluso de la deliciosa españolada sarcástica de Mortadelo. El trabajo de Moebius, como el de varios de sus coetáneos, era como una exposición permanente de estampas que resumían y ejemplificaban los hitos de una nueva cultura popular.

Aunque estas cosas —dicen— son siempre cuestión de gustos, para mí acaba de irse el más grande. Sí, el más grande. Jean Giraud ennobleció el arte del cómic no sin ayuda, pero desde luego sí desempeñando un papel fundamental. No sé si hubo un antes y un después de Moebius en la historia del cómic, pero desde luego puedo asegurar que al entrar en contacto con su trabajo hubo un antes y un después en mi imaginación, la cual es una parte fundamental, irrenunciable, de la vida, si uno no quiere terminar convertido en una bestia de carga que sólo espera recibir un puñado de alfalfa a fin de mes.

Ya nunca podremos entrevistar a Jean Giraud en Jot Down —ahora puedo confesar que era uno de mis sueños ocultos— y no sé a dónde va uno cuando se muere, pero si existe Dios y este Dios tiene una pizca de buen gusto, Moebius ha ido a un lugar que se parece a uno de sus dibujos. Es probable que el cielo esté dibujado por él… dudo que Dios sepa dibujar mejor.

Cuando murió Kurt Cobain, dijo Neil Young que ahora estaría “durmiendo con los ángeles”. ¿Dónde estará Moebius? Cabalgando junto a Arzach… dónde iba a estar si no. Descansa en paz, Jean. Hiciste nuestra vida un poco mejor. Y eso, como diría Hal 9000, es lo máximo que una entidad consciente podría esperar conseguir. Misión cumplida.

42 comentarios

  1. Pingback: Buenas noches, Moebius

  2. Efectivamente, como muy bien dices, no estás solo en tus consideraciones sobre Giraud/Moebius. Yo también fui atrapado por “Totem” y también creo que Moebius era el mejor. Muy buen artículo.

  3. Bellísima nota.

    Siempre me resultó sorprendente el sentido estético de este monstruo. Ahora me doy cuenta, por tu nota, que tenía el concepto de los grandes pintores clásicos.

    Un merecido homenaje.

  4. Un artículo muy interesante para un artista fascinante

  5. Pingback: La caja hermética » El descodificador

  6. Muchos hemos compartido la”sensación vibracional”que el trabajo de ese gran artista nos regaló. Un muy merecido y cálido recuerdo para él tu bello texto, amigo E.J.Rodriguez, gracias.

  7. De crío me rendí ante Blueberry; luego El Incal y El Garaje me parecieron lo mejor. Larga vida a Gir y a su hijo/ padre

  8. Pingback: Revista de prensa « El Periscopio

  9. Se ha ido uno de los grandes. D.E.P

  10. Muy bien dicho.
    Y en consonancia con eso de los “sueños ocultos”, por favor, acelerad para entrevistar a tanta gente que nos puede faltar..

  11. completamente de acuerdo. uno de los grandes, muy bonito el artículo. blueberry es la hostia.
    y giraud junto hugo pratt, manara, enki bilal, pierr christine, dioses del tebeo.
    efectivamente, publicaciones como totem, metal hurlant, vertigo y el papus te hacen mejor la vida.
    salud y república.

  12. Jodo, aún huelo el papel cebolla con el que calcaba los dibujos de Moebius y Richard Corben.

  13. odio la verborrea. realmente la odio. no, a tí no. sólo al verborréico que llevas dentro y que nos hace perder el tiempo pensando que los demás disfrutan mirando su atrofiado ego.

    • Hola jurmerian,

      Pues sin la verborrea ya sólo me queda escribir los artículos en morse.

      Un cordial saludo.

  14. Me parece una visión muy autocomplaciente la que te lleva a decir que lo normal es que el lector de cómics bascule hacia las novelas tradicionales o el cine. Si has perdido el interés, estupendo, pero no generalices ni banalices un arte con tantas especificidades y complejidades.

    No entiendo cómo te atreves a escribir un artículo sobre Moebius después de semejante introducción.

    • Hola Juaner,

      Si crees que el 100% de la gente que lee cómics en su infancia y adolescencia los sigue leyendo de adulto, de acuerdo, pero no es esa la impresión que tengo yo. Aunque puedo equivocarme, por descontado.

      De todos modos, me he atrevido a escribir un artículo sobre Moebius porque en mi club de puenting no se hace nada hasta después de las fallas y echaba de menos mi dosis de riesgo semanal.

      Un cordial saludo.

  15. “Hace muchos años que no leo cómics, o que como mucho los hojeo esporádicamente, probablemente desde la adolescencia. Creo que es algo que suele suceder, no sé muy bien por qué; quizá lo habitual es que el lector medio de cómics termine basculando casi inevitablemente hacia los libros o busque una narración audiovisual más evolucionada, como la del cine. ..” Menospreciando al cómic, no creo que sea la mejor forma de empezar un artículo homenaje a Moebius. Teniendo en cuenta que éste era el medio en el cual desarrolló la mayor parte de su carrera.

    • Que el autor haya dejado de leer comics es algo que le da más valor al artículo, no menos.

    • Hola, Tomás:

      No veo dónde está el menosprecio hacia el cómic. ¿Es por decir que el cine es un tipo de narración más evolucionado en el aspecto audiovisual? Creo que eso es algo que salta a la vista. ¿O es por decir que dejé de leerlo? Eso es algo que le sucede a mucha gente. Yo no sé tú, pero llegó un momento en mi vida en que había otras cosas que me llamaban más. No menosprecio el cómic en absoluto (¡de pequeño quería ser dibujante de cómics!) pero si tenía que elegir entre dedicar media hora a leer cómics o dedicarla a tocar la guitarra, o a ver una película de John Ford, o sencillamente a quedar con una chica… es una elección puramente personal. ¿O es que tú menosprecias las guitarras? ¿No, verdad? Es lo mismo.

      De hecho, empiezo el artículo diciendo que no tengo más remedio que llevarlo al terreno personal, porque este es un homenaje personal que he escrito porque sentía que tenía que hacerlo. Quizá es que no me he explicado bien, pero ¿cómo puedo menospreciar el cómic cuando le he dedicado todo un artículo de homenaje a Jean Giraud sin ser (de adulto) un fanático lector de cómics? ¡De hecho me parece una prueba más de la grandeza de Giraud! Su influencia llega a mucho tipo de gente. Podría no haberme molestado en escribirlo, estando como estoy tan alejado del mundillo en los últimos años…. quizá así no te habrías indignado, pero creo que él se merecía el homenaje. Aunque sólo sea por lo que supuso para mí, nobleza obliga.

      Un cordial saludo.

      • Hombre, el muy jodio se cubre las espaldas diciendo que el cine es más evolucionado en lo audiovisual. Hasta que los tebeos hablen… así cualquiera ;)

        Ahora, lo que dice el Sr. Rodriguez sobre lo “evolucionado” lo entiendo por la naturaleza del cómic en tanto forma secuencial de narrar una historia que da el salto en el cine a un dinamismo en la acción en el que hay que interpretar menos (amén del añadido del audio); así como en la literatura le poníamos imaginación visual y auditiva a lo que leíamos en los libros. Lo entiendo como un paso que no desmerece ningún medio artístico. Y por otra parte, si bien el cómic es un “arte joven” ha desarrollado un lenguaje propio sobradamente amplio como para que se entienda así.

        Por otra parte, es respetable que uno quiera dejar a lado un campo del arte (si bien algo triste, quizás). Yo estuve unos años sin leer tebeos y luego recuperé la afición. Hay gente que ha empezado a leerlos con treinta y cuarenta. Por otro lado, yo particularmente no voy casi nunca al teatro y no me parece un arte menor.

        En cualquier caso, una muy buena forma de despedir a Moebius. Yo no concibo un “in memoriam” sin una parte subjetiva importante, es inevitable, casi necesaria. Y equilibras muy bien lo que significó para ti como lector con las aportaciones más técnicas y referenciales (aun pudiendo discutirse algunas, que tampoco es malo).

        Y geniales las referencias a otras artes, evidentemente (de nuevo, lo vamos a explicar) no porque el cómic se engrandezca en prestigio por las referencias con otras artes, sino porque todas las artes, en mi opinión, así como digo que avanzan cuando desarrollan un lenguaje propio, también lo hacen cuando se dejan tocar por otras artes y se puede palpar el fondo común.

        Genial artículo y muchas gracias por inundarlo de sus imágenes, de sus visiones. Aunque he echado en falta alguna del Incal. Todo sea dicho.

        Un abrazo.

        • Hola Iván:

          Yo tampoco concibo un “in memoriam” sin subjetividad, porque se quedaría en una mera crónica biográfica post-mortem y eso ya lo hacen los periódicos. Personalmente, escribo esta especie de obituarios únicamente cuando el homenajeado ha significado algo para mí, para E.J. Rodríguez. Y suelo pensar que hay gente ahí fuera para la que ha significado algo parecido, y me dirijo a ellos, lo cual no implica que hayan de estar de acuerdo con mis opiniones “técnicas” (claro que no, para eso están los comentarios, para que me las discutan) sino más bien con el espíritu del homenaje.

          Lo que quizá me sorprende es que haya que ser un licenciado en la universidad del cómic o defender a sangre y fuego la “bandera del cómic” para rendir un homenaje a Moebius. Digo que me sorprende porque —en su día— pasé innumerables horas mirando los dibujos de Moebius y copiando (mal) su estilo. Innumerables horas. Hace mucho que apenas leo cómics y literalmente no dibujo desde hace más de veinte años, he olvidado la práctica que tenía. Pero hice tantos paisajes repletos de precipicios, piedrecitas y naves espaciales como para forrar varias veces las pirámides de Egipto. Aún conservo alguno por ahí. Si fueran buenos los mostraría, pero no lo son. Se trata pues, para mí, de algo puramente personal…. relacionado conmigo, no con el “mundo del cómic”. Aunque no hubiese leído jamás ningún otro cómic, esa influencia, esa “adoración” hacia Jean Giraud nunca desaparece… y me gusta rendir homenajes a la gente que admiro.

          Un cordial saludo.

      • En lo relativo a tu respuesta. Que en su momento dejaras de leer cómics, porqué encontrabas otros alicientes mayores a los que dedicar tu tiempo libre, no hay nada que objetar. Pero esto no quiere decir que el cómic como medio no haya dejado de evolucionar. De hecho, seguro que te sorprenderías de la evolución del lenguaje, tanto en composición, en guiones y visualmente que ha experimentado el mundo del tebeo, cómic o como de le llama ahora “novela gráfica”. El hecho que yo dejara que escuchar Jazz en su momento, no me lleva a pensar que se haya quedado anclado tal como lo dejé, porque aunque no lo parezca… el Jazz también evoluciona.

        Un cordial saludo.

  16. Dos pequeños detalles:
    Algunos de pequeños si tuvimos acceso a la obra de Gir-Moebius.
    -.1 No recuerdo que en publicación infantil semanal, DDT o alguna de estas de finales de los sesenta, se icluían aventuras del Teniente Blueberry por entregas.

    -.2 A ver si alguien desface el entuerto extendido entre la prensa nacional y extranjera de que Moebius participó en la película Alien.
    El creador de los diseños de las criaturas y escenarios de Alien fué H.R. Giger y por estos diseños precisamente fue por los que la película se llevó su único Oscar de la Academia.
    Giraud no tuvo nada que ver en este film, o al menos no hay ninguna ficha técnica o créditos que así lo confirmen.
    Salut.

  17. Los críticos de este post os indignáis por inclinación propia. Sus palabras recalcan su propia subjetividad, sin querer sentar ninguna clase de cátedra. No sé dónde está el problema de dar una opinión con respeto.

    Me ha gustado esta cariñosa despedida a Moebius. Un autor que estoy empezando a descubrir en mi treintena gracias al Incal.

    Chapeau por este artículo !

  18. La pasión por dibujar y de leer tebeos se puede perder en la aspereza de la vida, no es insólito. Hay que dibujar, hacer garabatos, leer cómics, no dejarse comer por los agobios infinitos…

    Giraud ~ Moebius

  19. Pingback: Buenas noches, Moebius | Cuéntamelo España

  20. Maravilloso! :-)

  21. ¡Ay, sí, qué pesaos se han puesto los fanáticos del cómic! Todavía le encontraría alguna lógica a los reproches si el autor fuera el responsable de la sección de cómic de esta web, si escribiera sobre cómic llevando diez años sin asomarse a las viñetas, pero, ¡narices!, no escribe sobre cómic, escribe sobre Moebius y lo que éste ha significado para él. Y por lo que cuenta ha significado muchísimo, así que está del todo autorizado (se de dar autorizaciones se trata) para hablarnos del Maestro. Y además lo hace muy bien y el artículo (salvo cuando entra a valorar tontamente a autores que él a no le han tocado) es realmente bonito.

  22. No sería Jot Down sin una referencia a Moebius.

    Bien hecho.

  23. Excelente homenaje, efectivamente enriquecido por la introducción, que comparto totalmente y que confieso me ha invitado a seguir leyendo.

    Quizá merezca un análisis reflexivo la cuestión de porqué una generación concreta sufrimos esa evolución alejándonos del cómic en lugar de sacar a relucir los puñales. Esta evolución la observo en 9 de cada 10 amigos aficionados, quizá merezca estudio, nunca rechazo.

  24. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Miquel Barceló: “En nuestra sociedad mercantilista, si se consigue sacar beneficio de clonar humanos se hará”

  25. La paleta. En la paleta hay mucho Van Gogh.

    Y hay mucho Hergé en la tinta.

    Cierto. Para algunos de nosotros hay un momento en el que quizá el cerebro se vuelve diésel y la brevedad del tbeo no le permite funcionar a un rendimiento placentero intelectualmente hablando. De ahí el paso lateral a la novela o al cine.

  26. La última viñeta que has colgado recuerda demasiado a Avatar. Protoavatariana o algo.

  27. Salve al maestro, llevo años usando el seudónimo en internet y nunca me pidió derechos de autor, no se si porque él también lo tomó prestado. METAL HURLANT & TOTEM for ever

  28. la ultima viñeta de que comic es? tengo los antiguos y el nuevo de Arzak pero no la encuentro… alguien me ayuda porfa?

  29. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Sketch Down: febrero

  30. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Surcando las estrellas: las 15 naves espaciales más interesantes de la cultura

  31. Pingback: Ayer se nos fue el más grande dibujante del siglo: Moebius | HISTORIA DE LA FILOSOFÍA Y OTROS TEMAS DE MAYOR ENJUNDIA E INTERÉS PÚBLICO

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Store Libros

Jot Down 100:Series juveniles
24.00
Jot Down 100:SCI-FI
24.00
Jot Down 100:CÓMICS
24.00
A Marte
13.50

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR