“Camino a través de un parque. Supongamos que, de repente, piso una piedra. Alguien me pregunta cómo llegó la piedra allí. Yo podría quizá responder: por lo que sé, la piedra ha estado ahí desde siempre. Y no resultaría demasiado fácil demostrar lo absurdo de esta respuesta. Pero supongamos que he encontrado un reloj sobre el suelo y se me pide que explique cómo el reloj ha llegado allí. Difícilmente diría que, por lo que sé, el reloj pudo haber estado ahí desde siempre. ¿Por qué esta misma respuesta no sirve para el reloj como sí servía para la piedra? ¿Por qué no es tan admisible en el segundo caso como en el primero? Pues porque cuando inspeccionamos el reloj percibimos (y no podíamos descubrirlo en la piedra) que sus diferentes partes tienen una determinada forma y han sido puestas juntas con un propósito. Al observar este mecanismo, la inferencia es inevitable: el reloj debió tener un hacedor. Debe haber existido, en algún momento y en algún lugar, uno o más relojeros, quienes conformaron el reloj con el propósito del que hablábamos en nuestra respuesta, quienes comprendieron su construcción y diseñaron su uso”
La metáfora del relojero de William Paley es una de las más utilizadas para ejemplificar en qué consiste, a grandes rasgos, el argumento teleológico para la demostración de la existencia de Dios. Cuando en la primera parte hablábamos del argumento cosmológico, podíamos definir ese argumento cosmológico como una fórmula lógica: 1) Todo lo que existe tiene una causa, 2) El universo existe, 3) Por lo tanto el universo tiene una causa. Una formulación que, con algunas pocas modificaciones, ha pervivido durante siglos.
El argumento teleológico, en cambio, no tiene el formato de una fórmula lógica. Es más un principio general que engloba muchísimas fórmulas y razonamientos diferentes. Pero, ¿cuál es ese principio general? Según el argumento teleológico se pueden observar en el universo características que demostrarían la existencia de una inteligencia creadora responsable de su diseño. ¿Qué características? Tradicionalmente se manejan dos: 1) que el universo parezca albergar un propósito [el griego τέλος, o “télos”, significa “finalidad”, de ahí procede el término “teleología”] y 2) que el universo resulte demasiado complejo y sus distintas partes estén demasiado bien acopladas entre sí como para haber surgido del puro azar [entendiendo “azar” como ausencia de un diseño consciente]. Así pues, la finalidad y la complejidad del universo, supuestamente inexplicables sin la existencia de una inteligencia diseñadora, son los dos principales conceptos manejados por el argumento teleológico. Volviendo al ejemplo del reloj: ¿podría un reloj haber surgido del azar? No. ¿Podemos afirmar que el reloj fue construido con un propósito por un diseñador? Sí. Pero ¿podemos trasladar los atributos del reloj al propio universo? Esta es la gran cuestión, discutible hoy en día, aunque durante muchos siglos se pensó que sí.
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El argumento de que «no somos tan importantes» porque somos muy pequeños en relación al resto del cosmos es más bien emocional. Un elefante no es más importante que un virus, y de hecho la «importancia» es usada aquí como algo aproximado, coloquial, para describir la percepción que se tenía en otras épocas del lugar que ocupa la Humanidad en el cosmos (el antropocentrismo inherente a las teologías clásicas). Pero ¿a qué nos referimos con «importante»? C. S. Lewis, en sus obras de ficción espaciales, plantea la hipótesis de que la Tierra y los humanos no sean «el centro» de los designios de Dios, sin que esto anule la validez de la Revelación cristiana. Simplemente, hay cosas que no sabemos, o sólo nos ha sido revelado lo que nos «atañe». Que el único lugar con vida inteligente -vida que se pregunta por sí misa- que conocemos sea la Tierra, es significativo y, el hecho de descubrir más del Universo -más «soledad espacial» a nuestro alrededor-, no significa que seamos menos importantes. Según la emocionalidad del argumento, más importantes -y misteriosos- podemos sentirnos. El argumento teleológico puede quedar herido en lo que tiene de antropocentrismo, pero esto no es su esencia. El misterio que reside en que todo tenga un orden casi perfecto -y cuanto más conocemos, más perfecto, y no menos, nos parece- no hace sino agrandarse a los ojos del hombre, y empujarlo hacia el argumento teleológico. O a otros. Aunque ningún argumento es definitivo, sino sólo instrumentos provisionales de nuestra razón asombrada.
Que el único lugar con vida inteligente que conocemos sea este planeta no es nada significativo: lo más allá que el ser humano ha llegado a explorar este Universo es casi igual a cero. Ni siquiera nos hemos metido en el agua, a lo más estamos hinchando el flotador.
Y tampoco hay ningún misterio en que todo tenga un orden casi perfecto. Si no fuera así no te asombrarías ante semejante misterio porque no estarías aquí, es decir, que si estás asombrado por ese orden es porque resides en un Universo en el que se dan las condiciones, precisamente, que permiten que puedas asombrarte por ello. Y, la verdad, no veo que tenga nada de especial. Es una tautología como un piano.
Hola Jesús:
He de decirte que lo del tamaño ha sido sólo uno de los argumentos empleados para presentar la posibildad de que nuestra importancia en el cosmos sea poca o nula; si no me equivoco, en el texto manejo por lo menos otros dos. De todos modos, el argumento te podrá parecer equivocado o no, pero no sé dónde ves tú lo «emocional». A mí me parece lógico dudar de que el universo haya sido creado a nuestra conveniencia, cuando en realidad sólo podemos habitar una minúscula parte de él. Es como si tú creyeras que han construido un palacio para ti, pero no pudieras habitar más que una única baldosa.
También me gustaría poder entender cómo se concibe que, si el ser humano no es de enorme importancia en los designios de Dios, es eso compatible con la revelación cristiana. A mi modo de entender, la revelación cristiana implica que somos hijos de Dios y que por ese motivo Dios hizo un sacrificio por nosotros. Es decir, Dios nos concede una importancia tal que se presenta como nuestro padre.
Por lo demás, hay varias afirmaciones más con las que no coincido, por ejemplo:
—»Sólo nos ha sido revelado lo que nos atañe». Para empezar, está por demostrar la idea de que nos sea revelado algo que no hayamos deducido, descubierto o imaginado por nuestros propios medios.
—»Que el único lugar con vida inteligente que conocemos sea la Tierra, es significativo». ¿Por qué? Lo único que significa (por ahora) es que apenas conocemos medianamente bien más lugares que las inmediaciones de la propia Tierra, en un cosmos inmenso. Deberíamos conocer una buena porción del universo, o como mínimo una buena porción de la galaxia para poder intentar extraer una significación de ello.
—»El misterio que reside en que todo tenga un orden casi perfecto y cuanto más conocemos, más perfecto, y no menos, nos parece». No es ni más ni menos perfecto: es el único orden que conocemos, porque no tenemos constancia de un orden alternativo. Y en todo caso, ¿desde qué punto de vista es «casi perfecto» el orden que conocemos?
Un cordial saludo.
La importancia del hombre en el artículo no es por su tamaño, no lo entendiste bien. Es por su muy limitada capacidad de alterar el entorno. Por su nula capacidad de alterar el orden de un universo para el q es completamente intranscendente su existencia. No es una cuestión de tamaño si no capacidad de decision en el devenir del futuro a nivel macroscópico. No somos capaces de alterar el universo. La presencia o no presencia del hombre carece de importancia, o al menos, lo parece. De ahí se puede deducir la escasa importancia del hombre como entidad.
Debo decir respecto de este debate que sobra por obvio. A esta pagina pueden llegar, por error, creyentes y llevarse un disgusto. ¿que será lo siguiente? ¿un articulo para defender que los reyes magos no existen tampoco? ¿le pondremos un link desde la pagina de Disney?
En mi opinión, hay muy poca gente tonta, solo hay gente mas y menos desesperada.
La existencia de Dios es el principal pilar de la fe. No demostrable, no científica, superior. Miles de hombres de ciencia creen en la existencia de Dios. Se cree o no se cree. Se tiene fe, o no.
Lo que no comprendo es que tantísima gente se empeñe en convencer al resto de la no existencia de Dios. Noto en la gente atea una inquietud nerviosa, un sin vivir, una necesidad de hacer ver a los demás que lo que ellos no pueden ver, si no pueden verlo, es porque no existe.
Es triste.
Muy acertada tu reflexión. Totalmente de acuerdo!!!
Tanto como un sinvivir… Lo que sí es verdad es que resulta inquietante el empeño de los creyentes por imponernos las normas que ellos piensan que llevan al cielo, poniéndolas en el código penal.
Es normal que la gente intente convencer a los demás de que están en lo cierto. Los creyentes lo han hecho desde siempre; propaganda es una palabra cristiana. El mismo derecho tenemos los ateos. Unos con más entusiasmo que otros, claro.
Pero es que usted tampoco ve nada. Si no, no hablaría de fe, que es creer en lo que no vemos, ni sentimos ni escuchamos, es decir, un completo absurdo.
Lonebond, exactamente convencer a los demas e imponer sus dogmas es lo que los teistas hacen al resto de la sociedad en un monton de cuestiones (sostenimiento de ciertos cultos a traves del estado, aborto, matrinomio gay, educacion laica, etc). Mi ateismo no me genera nerviosismo, es mas, me da una tranquilidad enorme al no sentirme hijo de dios, sino hijo de la naturaleza. Y no se a que te refieres con un «sin vivir», intento siempre vivir la vida a pleno, porque se que es la unica (obviamente sin -muchos- excesos)
Hola Lonebond:
No percibo muy bien cuál es el sentido de tu comentario; por lo que entiendo, asumes que quienes carecen de fe no están pudiendo acceder a un conocimiento cierto al que sí pueden acceder las personas de fe. ¿Esto es así? Hay dos motivos por los que, yo al menos, tendría necesidad de hacer ver que creo que debemos considerar la posibilidad de que ese «conocimiento» sea inválido. Dicho de otro modo, de que podamos partir de la base de que no exista algo que no podemos «ver» («ver» en el sentido más amplio de poder probar mediante fenómenos, por descontado) hasta que se demuestre lo contrario, son las siguientes:
—Uno, cada vez que por ejemplo un argumento moral se construye en base a la supuesta existencia de un ente no fenoménico, cuya voluntad determinaría la naturaleza de ese argumento moral, cabe plantearse seriamente cuál es la validez de la afirmación de que dicho ente de verdad existe. Y también cabe cuestionarse la validez de los canales por los que, supuestamente, nos ha transmitido su voluntad… ya que se trata de un ente no fenoménico cuyas manifestaciones no son comprobables (si lo fuesen, no se requeriría el concepto mismo de «fe»). Porque si aceptamos esa existencia como cierta sin más, terminamos nuevamente construyendo un argumento moral en base a arbitrariedades de las que hacemos responsable a dicho ente,. Un ente con el que no podemos debatir ni al que podemos preguntar o interpelar precisamente por su carácter no fenoménico.
—Dos, cuando el sujeto A hace una afirmación (yo sé que Dios existe) y el sujeto B hace otra contraria (no tengo motivo alguno para creer que la existencia de Dios tenga fundamento), la carga de la prueba reside en el sujeto A. Es él quien tiene que demostrar la existencia de Dios, de lo contrario ha de admitir como razonable el escepticismo de la otra parte. Porque si el supuesto conocimiento de que Dios existe depende de la fe —una virtud no transmisible mediante cauces empíricos—, nos movemos nuevamente en el terreno de lo indemostrado. Y lo indemostrado invita a que cualquier mente crítica lo contemple con ese escepticismo.
Un cordial saludo.
Hay…Lonebond…no es un tema de VER….el porcentaje de creyentes en un dios en EEUU es del 90%, mientras que entra la comunidad cientifica es de un 40%. La revista Nature hizo un estudio entre los cientificos más destacados de los EEUU y el porcentaje se reduce al 15%. La conclusión es bien sencilla…a medida que más sabemos menos creemos en la existencia de un Dios…cuando hablas de las creencias entre la comunidad científica deberías informarte antes.
Para mi creer en un dios omnipresente, está en el mismo nivel que danzar para que llueva o pinchar muñecos con alfileres…..Yo soy Ateo, y a mi me da lo mismo en lo que tú creas, lo único que pido es no tener que estudiar en un colegio con un crucifjo en la entrada de cada aula o que los políticos que me gobiernan juren sobre una biblia, porque las creencias personales de un político no tienen cabida en un estado laico, que la iglesia cada años se lleve 10.000 millones de € tampoco me parece normal, si quereis donar dinero no deberiais usar los mecanismos recaudatorios del estado. Así que no me vengas con que los ateos están o dejan de estar nerviosos.
Lo que no comprendo es que tantísima gente se empeñe en convencer al resto de la existencia de Dios. Noto en curas y gente creyente una inquietud nerviosa, un sin vivir, una necesidad de hacer ver a los demás que algo existe aunque no se pueda ver y para saber que existe primero hay que creer en ello.
Es triste.
Dios existe y Alipende es su profeta.
Sólo faltaría añadir que la probabilidad de que haya otros vivientes en el universo (por la mera Ley de los Grandes Números) es alta. Otros ‘dioses’, por tanto, imaginados, por los más (¿?) evolucionados entre esos probables vivientes (objeto de controversia en ‘blogoides’, tal vez, por los respectivos ‘ateoides’). [Y dejando aparte la posibilidad (algo menos probable, tal vez) de otros ‘universos’ (Vilenkin, últimamente) con otra afinación, inasequibles para nosotros]. En suma, rige el principio de mediocridad. Gracias por su artículo.
Estimado E.J. Rodríguez:
Me gustaría comentar el párrafo siguiente de tu respuesta:
«También me gustaría poder entender cómo se concibe que, si el ser humano no es de enorme importancia en los designios de Dios, es eso compatible con la revelación cristiana. A mi modo de entender, la revelación cristiana implica que somos hijos de Dios y que por ese motivo Dios hizo un sacrificio por nosotros. Es decir, Dios nos concede una importancia tal que se presenta como nuestro padre.»
No dije que el ser humano no fuera de enorma importancia para Dios, sino que puede no ser el centro de los designios de Dios para este mundo. Con «este mundo» me refería al Universo todo, lo que conocemos y lo que no conocemos. Desde luego, de la Revelación se infiere que somos el centro de este mundo, la Tierra, y que al Hombre se le otorga una importancia: la de ser Hijos de Dios de manera voluntaria, es decir, por asentimiento libre al «plan divino». Dios hizo un sacrificio por nosotros, como dices, (siguiendo en el orden de la Revelación cristiana), no por nuestra importancia mayor o menor, si no por su amor («Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo…»), y porque nos habíamos apartado, o descarriado, o perdido. Esa es la Redención. Pero igual que un padre puede hacer más sacrificios por uno de sus diez hijos, no porque lo merezca más, sino porque lo necesita. En ese sentido iba Lewis, al aceptar la posibilidad de la existencia de otras criaturas racionales en el universo, criaturas que a lo mejor no han necesitado la redención, el rescate de su aislamiento. De hecho, llama a la Tierra, en sus novelas, «The Silent Planet». Incluso cita, como dejándolo ahí, a Jn.10:6, donde Jesús dice: «También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor».
Un saludo, y gracias por el jugoso debate.
Hola Sr Rodríguez
Felicidades por su magnífico artículo una vez más.
En el artículo anterior sostuve que existen tres grandes grietas que la ciencia no puede actualmente responder: El origen de la materia, el origen de la vida a partir de materia inanimada y el origen de la voluntad en el ser humano. Antes de analizar cada uno de estos puntos querría hacer una consideración inicial aplicable a los tres supuestos:
Tanto este artículo como el anterior giran en torno a la siguente idea: existen esas grietas, pero de ello no puede deducirse la existencia de Dios. De hecho, quien la afirma tiene la carga de la prueba. Y como no es posible dicha prueba, por lo tanto aplicamos la teoría de la «Ciencia de las grietas»: todas las grietas tienen explicación científica en base a leyes naturales universales simplemente aún no las conocemos. (Es curiosa la referencia a un Dº natural que rige el universo, mismo término que usaban los cryentes, aunque con distinto sentido: verdades absolutas inmateriales vs verdades absolutas físicas o inmateriales),
En mi opinión, es un poco tramposa esta doble vara de medir. Los artículos sostienen que: la falta de pruebas de la existencia de Dios, prueban su no existencia. En realidad, mientras no existan respuestas a dichas grietas creo que la única postura racional (y científica) es la del agnostiscismo (ni afirmo, ni niego). Ni los ateos, ni los creyentes pueden probar sus respectivas posturas sin acudir al Dios de las grietas o a un Dº natural universal de las grietas.
Antes de exponer una opinión sobre las 3 grietas, una reflexión sobre el argumento antropocéntrico. Me parece un argumento muy flojo para sostener la existencia de Dios. En mi opinión, no es incompatible creer en Dios y creer que existe vida en otras partes del universo. Dicho esto ¿que el ser humano (con lo insignicante y limitado que es), pueda dar una explicación racional a todo el universo y que sólo crea que existe aquello que puede demostrar empíricamente, no es una postura algo antropocéntrica?
Hola Fer,
No creo haber defendido una «ciencia de las grietas», si lo ha parecido es que no he expresado bien la idea. Mi idea es otra: la de que ante un hecho sin explicación me parece más racional suponer que resultará más probable una respuesta natural que una respuesta sobrenatural. O dicho de otro modo: ante la duda, lo racional es buscar primeramente la explicación en el reino de lo natural. Más que nada porque, hasta hoy, es de allí de donde han procedido todas las explicaciones válidas que conocemos.
Por otro lado:
«¿Que el ser humano (con lo insignicante y limitado que es), pueda dar una explicación racional a todo el universo y que sólo crea que existe aquello que puede demostrar empíricamente, no es una postura algo antropocéntrica?»
No, no me lo parece. El empirismo no es producto de nuestra visión de nosotros mismos y nuestro papel en el cosmos, sino de las características mismas de la realidad y nuestra interacción con la misma. De hecho, fabricar una respuesta sobrenatural, no ligada con la realidad empírica, sí es una actitud antropocéntrica, ya que elabora explicaciones más producto de nuestras propias elaboraciones metafísicas que de esa interacción directa con la realidad misma.
Un cordial saludo.
El problema es el reduccionismo, utilizar las explicaciones científicas en ámbitos para los que no sirve. La ciencia explica cómo funciona la naturaleza (leyes físicas, la vida, la evolución,…). Analiza la realidad, sus procesos, su estructura. Los presupuestos científicos siempre parten de realidades materiales ya existentes. Pero no dan respuestas al origen de esa realidad. Por eso precisamente todas las grietas se refieren al origen de las realidades que conocemos: la materia, la vida, la voluntad.
¿La razón del hombre abarca todas las realidades? ¿No puede ser que existan realidades que simplemente no estamos capacitados para experimentar? Si la especie humana fuese ciega nunca podríamos tener la experiencia de ver luz, pero ello no significaría que la luz no exista. Al final toda la discusión se reduce a si creemos que el ser humano es un ser limitado (que no puede entender ni dar explicaciones a todo), o creemos que la razón es omnipotente y todo lo que nuestra razón no abarca no existe.
Fer,
Podrían existir realidades que no podemos experimentar ni aprehender, claro. Pero precisamente por eso, carece de sentido intentar etiquetarlas, porque ¡ni siquiera somos capaces de percibir que existen! ¿Son esas realidades un Dios? Quién sabe. En tal caso, por lo que sabemos, podemos seguir actuando como si esas realidades inaprehensibles no estuviesen ahí. Que quizá ni siquiera lo estén. Porque si fuesen aprehensibles, nos constaría su existencia.
Y si alguien se empeña en que sí están ahí, bueno… aquí es donde reside la carga de la prueba. No se trata de «reduccionismo», se trata de no filosofar con las cartas marcadas. Una realidad imposible de experimentar no puede ser calificada como probable, hasta que su naturaleza no cambie y podamos experimentarla.
Ese cambio momentáneo de naturaleza es lo que se encarnaría en las supuestas «revelaciones» religiosas, en las que lo inaprehensible se hace aprehensible para unos pocos en determinados momentos. El problema es que los demás no podemos replicar esa aprehensibilidad… y entonces es cuando se nos demanda que tengamos fe. ¿No te parece el concepto de «fe» un reduccionismo también?
Estoy de acuerdo que las posturas que tratan de explicar todas las grietas en base a la existencia de Dios son reduccionistas. ¿Existe Dios? No lo sé. Yo creo que sí. Pero quizá me equivoco. A mi lo que me molesta es que quienes niegan rotundamente la existencia de Dios se crean con la verdad absoluta cuando aún existen esas grietas. No creo que deba imponerse ninguna de las 2 posturas.
Sólo quiero aclarar que las veces que hablo de forma indeterminada «quienes niegan» (etc) no me refiero a usted.
En cuanto a las grietas:
1º El origen del universo. El debate filosófico se centra en si ha de existir o no una causa para el universo. A grandes rasgos, los creyentes defienden que el big bang debe tener una causa primera (dios), los ateos creen que no tiene porqué existir una ya que el tiempo puede no ser lineal. En mi opinión, el primer error cuando se debate esta cuestión es hablar de origen del universo (que es un concepto abstracto), en lugar de origen de la materia. Vale aceptemos que no existe causa y el universo es infinito. ¿Y la materia (elementos tabla periódica) que originó el big bang de donde sale? Pero no habíamos quedado que la materia ni se crea ni se destruye, sino que se transforma. ¿La materia tb nació por generación espontánea? Es todo un acto de fe.
En cuanto al orden del universo, los ateos dicen: el orden del universo no se debe a la existencia de Dios, porque hemos demostrado que existen unas leyes físicas o naturales universales (como la ley de la gravedad) que son las que originan ese orden. Perfecto, existen esas leyes (algo indiscutible en mi opinión). Pero ¿esas leyes tb se crean por generación espontánea? ¿o tb son infinitas? Vuelvo a repetir que el hecho de no tener respuesta a estas preguntas no demuestra la existencia de Dios. Pero tampoco lo contrario. Lo única postura racionalmente defendibles es decir: mantener un interrogante. No se sabe (de momento).
El debate sobre la causa del universo es de lo que hablaba en la primera parte, allí está mejor explicada mi postura, por no extenderme sobre ello aquí.
En cuanto a las leyes del universo son algo que formulamos y describimos a posteriori, observando el universo. Existe un orden, pero es que el orden es la única alternativa posible al caos, y no tenemos constancia de que el caos hubiera sido realmente posible. El orden que conocemos es la única realidad posible, la única que conocemos. Así pues, ¿surge ese orden por generación espontánea? ¿Y por qué no? Cuando únicamente es posible la alternativa X, se produce X por sí sola, dado que no hay otras opciones. ¿Creer eso es un acto de fe? No, es una conclusión necesaria a falta de más alternativas.
Nuestro universo podría haber mostrado un orden muy distinto, con leyes completamente distintas, pero no lo muestra. Nuestro universo es el que es y se rige por lo que se rige. Dicho de forma coloquial: «si mi abuela hubiera sido mi abuelo…» Pero no lo fue.
En cuanto a «demostrar la inexistencia de Dios», no hay tal necesidad. Su inexistencia es la premisa de base, al menos como argumento explicativo del mundo natural. Para cada fenómeno natural existe, o bien una explicación natural, o bien hipótesis no probadas que —pese a no estar probadas— tienen, al menos, el dudoso marchamo de estar relacionadas con ese mundo natural. Las hipótesis sobrenaturales no pueden tener prioridad sobre las naturales, ya que hasta hoy nunca han dado muestras de un valor explicativo superior.
2º El origen de la vida a partir de materia inanimada. El artículo dice: «La aparición de seres vivos a partir de materia inerte (o abiogénesis) es una de las grandes preguntas que la ciencia aún no ha respondido. Sabemos que la materia orgánica básica —los ladrillos para construir la vida— surge con facilidad en el universo. El problema es que no se sabe cómo esos ladrillos, que aparecen por sí solos en la naturaleza, formaron la primera casa.»
Antes de opinar acerca de esta cuestión, le agradecería mucho que me facilitara un enlace o donde puedo conseguir información acerca de los experimentos de Miller.
Por lo demás, la falta de una explicación científica o «religiosa» a la formación de la «casa» lleva una vez más a la conclusión de que la única postura válida desde el pv racional es la de Ns/nc.
http://www.solociencia.com/quimica/08111301.htm
A la que he buscado un poco en google he encontrado artículos sobre científicos que critican la teoría de Miller y adoptan otras teorías como la teoría de arn o la teoría de morovitz. A veces las teorías científicas sobre el origen de la vida me recuerdan a las discusiones doctrinales en materias jurídicas. Cada una parte de la hipótesis que le conviene para demostrar lo que ellos querían demostrar. http://e-ciencia.com/blog/divulgacion/nueva-perspectiva-sobre-el-origen-de-la-vida/
Fer, no hablo de una «teoría» de Miller, sino del experimento de Miller, el cual es incontestable. Dicho experimento no explica cómo surgió la vida, pero sus resultados no pueden ser puestos en duda ya que cualquiera (tú mismo si lo deseas) puede replicarlos en cualquier momento. El experimento de Miller no admite discusión alguna, sería como discutir que un congelador convierte el agua líquida en hielo. El cómo interprete cada cual ese hecho y sus implicaciones, eso ya es otra cosa. Pero yo he citado el experimento como lo que es: un hecho cierto.
En cuanto a Morowitz, si te refieres a lo que creo que te refieres, tengo un serio problema con las aproximaciones matemáticas y estadísticas a este tipo de asuntos. Cuando alguien se pone a calcular las «probabilidades» de que haya sucedido tal o cual cosa… está haciendo un ejercicio vacuo de manipulación de la realidad. Si algo ha sucedido, ha sucedido y punto. Hay que preguntarse cómo y por qué, pero es absurdo decir «matemáticamente, esto no puede haber sucedido por las buenas».
La vida surgió, eso es un hecho que no admite cálculos de probabilidades a posteriori. La probabilidad de que surgiera la vida es de un 100%, dado que es algo que ¡ya ha sucedido! El problema es que no sabemos exactamente cómo se produjo. Decir que el surgimiento espontáneo de la vida era estadísticamente imposible, equivale a poner la estadística por encima de la realidad.
La probabilidad de un hecho no determina la posibilidad de su ocurrencia. Un hecho extraordinariamente improbable desde un punto de vista estadístico puede ocurrir. Y desde el momento en que ocurre, deja de ser estadísticamente improbable.
Yo no discuto los resultados del experimento de Miller. Faltaría más.
Pero por lo que he leido sí que existe una discusión acerca de cuál era la composición de la atmósfera originalmente.
Miller se basó en las hipótesis de Oparin (y dsp Urey) que presuponían una atmósfera primitiva reductora en lugar de una atmósfera oxidante. Lo que no está probado. A eso me refería con «cada uno parte de la hipótesis que le conviene para demostrar lo que ellos querían demostrar».
Lo que se calcula con las probabilidades no es si podía existir o no vida en abstracto, porque como usted bien dice ya es un hecho al 100%. Los cálculos matemáticos lo que ponen en duda es que ocurriera a partir de una determinada hipótesis (la del azar), teniendo en cuenta la edad atribuida al universo por los propios científicos.
http://geology.geoscienceworld.org/content/10/3/141.abstract
3º El origen de la voluntad en el ser humano. Acepto plenamente la teoría de la evolución de Darwin. Mi pregunta (no retórica) es: ¿dicha teoría sólo sirve para demostrar los cambios biológicos y físicos que existen del mono al hombre, o tb fundamenta el hecho de que el ser humano sea el único animal que tenga voluntad y la libertad de poder ir en contra de sus instintos?
Desde mi ignoracia en estos temas tenía entendido que la evolución demuestra los cambios existentes en la psique inferior (común a los mamíferos: sentidos, imaginación, memoria), pero no explica la psique superior (exclusiva del ser humano: voluntad y entendimiento o capacidad de abstracción).
Siento mucho haberme alargado tanto en las respuestas. Pero es que me parece un debate interesantísimo. Es todo un placer participar y muy enriquecedor leerle. Muchas gracias por todo. Jotdown es el mejor producto periodístico que he leído nunca.
Fer, no te preocupes por las respuestas, extiéndete cuando quieras, para mí es muy interesante debatir todas estas cosas.
La voluntad y psique superior del ser humano me parecen fenómenos perfectamente explicados por la teoría de la evolución mediante selección natural. Y desde luego pueden explicarse biológicamente, al menos en el mismo grado que puede explicarse cualquier inteligencia inferior. Nuestra inteligencia no me parece cualitativamente diferente a la de otras especies, sólo es capaz de haces las cosas más y mejor, eso es todo. Una diferencia cuantitativa.
En un momento de nuestra evolución, estos rasgos intelectuales nos proporcionaron herramientas de supervivencia y dominio del hábitat que facilitaron la extensión y agudización de dichos rasgos en nuestra especie. Hasta ahora nos ha servido para sobrevivir.
Pero lo que una vez fue útil podría dejar de serlo, por ejemplo si —como resultado de ciertos productos de nuestra inteligencia— nos terminamos autodestruyendo como especie (una posibilidad que no puede descartarse). Dado que la evolución no sigue ningún plan concreto sino que es un mero producto de las circunstancias, no podemos asegurar que nuestra enorme inteligencia sea —a largo plazo— un rasgo eternamente deseable. Fíjate en la cita de Clarke con la que cierro el artículo. Lo que una vez nos hizo reinar en el mundo natural podría, por qué no, causar nuestra extinción. Hubiésemos sido como dinosaurios intelectuales.
De hecho, la fábula de la manzana de Adán y Eva es una bella manera de ejemplificar esa idea: el conocimiento expulsó al hombre del paraíso, y el conocimiento podría incluso matarlo (podría ser venenoso, como ilustra el que lo proporcione una serpiente). Un mito que se nos ha vendido para ejemplificar el «pecado» (en una interpretación que me sorprende haya sido tan fácilmente aceptada) pero que es una perfecta metáfora de nuestra evolución como especie y de los peligros de la inteligencia. Peligros a los que no eran ajenos, según salta a la vista, quienes escribieron el Génesis.
En cuanto a que el ser homo sapiens sea el único animal con semejante capacidad intelectual y tecnológica, bueno… si alguna vez hubo una posible competencia, la eliminamos, simple y llanamente. Pongámonos en plan ciencia-ficción e imagina que los chimpancés alcanzan repentinamente nuestro mismo nivel de inteligencia. Yo no sé tú, pero ¿sabes lo que han imaginado la mayor parte de los autores que han elucubrado sobre el tema? Exacto: una guerra de exterminio.
Un apunte respecto a Adán y Eva: hasta dondo yo sé, el Antiguo Testamento es un libro metafórico, no literal. Uno de los mayores problemas de la Iglesia (junto a su jerarquía): comunica fatal.
Un saludo muy cordial. Hasta la próxima.
Aunque me haya dicho lo contrario, me da un poco de apuro contestarle tantas veces, porque no quiero ocuparle demasiado tiempo. Tampoco quiero que parezca que quiero extender el debate hasta que me dé la razón.
Discrepo (cordial y) absolutamente en que la diferencia del ser humano con otras especies es únicamente cuantitativa. Yo no hablaba de inteligencia, sino de voluntad y capacidad de abstracción. Evolutivamente cómo explicar: la poesía, el altruismo, la esperanza, el humor, la idea de lo espiritual, el control sobre nuestros instintos, la libertad, etc
Las orcas tienen un cerebro mayor que el nuestro, si lo usasen en toda su extensión ¿podrían llegar a crear esos conceptos o sentir cómo nosotros?
Bueno, por condensar la respuesta a eso en dos puntos:
—En mi opinión, voluntad, poesía, altruismo, esperanza, humor… todo ello puede tener una explicación natural y no son (no todos ellos) exclusivos del ser humano, sino que existen en otros animales. El humor, la voluntad o el altruismo, por ejemplo, y en diversos grados.
—En cuanto al cerebro de las orcas, no es el tamaño lo que determina la potencia de un cerebro, sino el número, complejidad y funcionalidad de sus conexiones neuronales. El hombre no posee el cerebro más grande, pero sí el más complejo y potente.
Ya sé que el tamaño de no determina la potencia del cerebro. Quizá me he expresado mal al decir «si lo usasen en toda su extensión», me refería a si extrayesen todo su potencial proporcionalmente a su tamaño.
En cuanto a los rasgos que he enumerado ya sé que naturalmente (o químicamente) tienen explicación, pero yo lo que preguntaba es cómo explicar su sentido evolutivo. Que función evolutiva cumplen. En cuanto a que el humor, la voluntad o el altruismo existen en diversos grados en los animales me parece una opinión muy subjetiva o,en todo caso, una «personificación». No hay ningún animal excepto el hombre que pueda contravenir sus instintos.
Fer,
Un perro, por ejemplo, puede contravenir sus instintos de supervivencia. Existen ejemplos de perros que se han dejado morir tras la muerte de sus amos. ¿Por qué? Porque el instinto de supervivencia no es siempre el único instinto que determina la conducta, ni siempre el más importante. Además de que en la conducta de cualquier animal medianamente complejo no influyen sólo los instintos, sino las construcciones cognitivas. Un perro puede sufrir neurosis, ansiedad, y depresiones… fenómenos que difícilmente aparecerán en una criatura únicamente guiada por el instinto.
A un pato se le puede enseñar a creerse un águila. Poseerá un repertorio de instintos diferentes a las de un águila, pero hay mucho más que insintos en su cerebro. Sus construcciones mentales seran muy similares a las de un águila de verdad y su conducta se verá muy frecuentemente afectada por ello.
Tal vez una cucaracha se guíe siempre por cuestiones de mero instinto, no lo sé, pero da esa impresión. O una hormiga. Pero un perro, o un mono, u otras criaturas más complejas, se parecen en muchas cosas a nosotros. Los perros domésticos viven en sociedad. Por lo que desarrollan —cada cual a su manera— conductas altruistas, de respeto, de colaboración. El altruismo tiene una función evolutiva importantísima: no destruir a los miembros de tu propia especie (o de tu propio grupo) sin necesidad, y si resulta posible, incluso ayudarlos a sobrevivir en determinadas situaciones. Eso beneficia al grupo, y a ti, que formas parte de él. Es un quid pro quo natural. La conducta gregaria es muy útil, evolutivamente hablando, y ponerla en práctica contraviene a menudos ciertos instintos básicos, pero a veces ir en contra del instinto tiene una recompensa evolutiva clara.
Un cordial saludo.
Dos cuestiones científicas que le vienen bien al cristianismo:
-el Big Bang, que encaja bien con el asunto del Primer Motor
-el principio antrópico, que no antropocéntrico, en tanto que pone al hombre como primus inter pares en la Creación (aunque se supone que la inspiración para este principio se remite a Protágoras)
Por otro lado, el argumento del relojero formalmente ya está en Leibniz -y de alguna manera en Descartes- que pone en juego poderosas razones para demostrar la existencia de Dios, y ahí está el argumento ontológico leibniziano, por el cual lo que es posible debe existir.
La cuestión no es -la cual no fue abordada en la primera parte- ya que el argumento ontológico sea falso o no, o que esté obsoleto (el de Leibniz sigue siendo impecable) sino que la Idea de Dios es contradictoria y por tanto es una pseudo-idea, y en esta realidad suya está la prueba de que si Dios existe no puede tener los atributos que las religiones del «libro» le atribuyen (en tanto que un ser omnipotente y omnisciente a la vez es absurdo, etc.). En este sentido el propio argumento leibniziano serviría para echar por tierra la existencia de Dios, porque si la Idea de Dios es aporética, dicho en términos aristotélicos, la propia Idea no puede existir como tal plenamente, porque el ser al que se refiere es imposible.
En este sentido el agnosticismo, como dijo alguien antes, no es ninguna solución, sino que la solución es atea completamente. El agnosticismo, al menos en palabras de Engels, es un «ateísmo vergonzante», ya no sólo porque no cabe la duda -a la vista de tantas pruebas y razones en contra- sino porque ni siquiera cabría hablar de una Idea de Dios, tal y como se sostiene
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Hola Viejotrueno:
Mmmm, yo no me refiero exactamente al principio antrópico, que me parece un mero sofisma más bien poco interesante (es mi opinión). Hablo de antropocentrismo como actitud. Un antropocentrismo que no es un principio claramente enunciable, sino una forma de pensar que se manifiesta de muchísimas maneras en las distintas aproximaciones teleológicas. Es más como un contexto teológico y religioso, un marco no meramente lógico, dentro del cual se discuten estos temas a menudo.
En cuanto a la prueba ontológica de Leibniz o en cualquier otra versión, sólo la cité de pasada en la primera parte, ya que nada tiene que ver con la cosmología o la teleología, y básicamente porque es un argumento que prácticamente nadie utiliza. Y que, creo, casi nadie se toma en serio. Es una idea interesante, pero no es algo que se sostenga por sí mismo: es como una música imposible de interpretar una vez extraída de la partitura. Por el contrario, los argumentos cosmológico y teleológico (así como el argumento moral) estén presentes allá donde haya un debate sobre religión. Pero bueno, quizá le dedique un texto propio algún día, aunque probablemente será más breve.
En lo que estoy de acuerdo, ya como postura personal, es en lo de que el agnosticismo es una respuesta débil e insuficiente al statu quo de la discusión. Que no es otro que la ausencia de una necesidad real de incluir una idea de Dios, así como de la ausencia de una justificación evidente. En las dos partes de este artículo (cosmológica, teleológica) la línea temporal de su evolución histórica resulta similar: la necesidad de una respuesta divina —así como su posible justificación empírica— han sido progresiva e irremisiblemente restringidos por los avances del conocimiento científico.
Ello explica que, pese a que ciertas religiones apelan a la fe, en la práctica recurren constantemente a juegos teóricos ligados a realidades empíricas, como admitiendo implícitamente que la fe resulta insuficiente. Se pone de manifiesto que ha existido una necesidad histórica de ligar la existencia de Dios a justificaciones que van más allá del mero acto de fe. Por ello nunca triunfó el argumento ontológico: no resulta convincente, ni siquiera para los propios creyentes, porque en última instancia, su ligazón con la realidad es completamente nula. Y los creyentes, quizá a su pesar, son también empiristas.
Esto sucede incluso en el ámbito personal: jamás he conocido a una persona creyente cuyo razonamiento no excediera el mero terreno de la fe —al cual percibo como una última trinchera— y que no arguyera otras justificaciones (cosmológicas, teleológicas, morales) para defender la idea de la existencia de Dios. Lo cual me parece muy bien, siempre es mejor una aproximación combinada racional/empírica —aunque sea equivocada— que una fe ciega.
Un cordial saludo.
No creo que haga falta tanto texto para algo que puede resolverse con una simple pregunta:
1) ¿Existe ….? (Ponga aqui el nombre del dios que más rabia le dé: Zeus, Thor, Yhavé, Alá)
La respuesta es, evidentemente, NO
Los dioses no son más que un concepto en la mente humana para buscar explicación a aquello que no comprendemos, y una increible herramienta para manipular, oprimir y explotar en su nombre.
Iba a escribir un abigarrado tocomocho, pero prefiero hacer esta cita, que resume un poco las consecuencias de este asunto:
“Aunque los escolásticos de las generaciones posteriores se opusieron a la nueva ciencia experimental surgida después del Renacimiento, puede decirse que fue precisamente el absoluto racionalismo de su sistema el que formó el clima intelectual en el que nació la ciencia moderna. En cierto sentido, la ciencia fue una revolución contra ese racionalismo, una llamada de los hechos brutos, prescindiendo de que se conformasen o no se conformasen con ciertos esquemas racionales preconcebidos. Pero en el fondo de esa misma actitud late el presupuesto necesario de la regularidad y uniformidad de la naturaleza (…) El racionalismo filosófico de los escolásticos fue al mismo tiempo producto y elemento integrador de un esquema de pensamiento general organizado, y suministró a la ciencia la creencia prefabricada de que «cada episodio concreto puede conectarse con sus antecedentes de una manera perfectamente definida, como un caso particular de los principios generales. Sin esta creencia hubieran sido desesperantes los trabajos increíbles de los científicos», A.N. Whitehead “
“Historia de la ciencia y sus relaciones con la filosofía y la religión”, William Cecil Dampier, pags. 117-118
Y todo eso porque el primer teólogo fue Aristóteles -pues de su Dios tomó el cristianismo, y el judaísmo, el suyo propio-, y porque la escolástica posterior, como Santo Tomás, es aristotélica en principio -en ocasiones, platónica también-.
Con esto quiero llegar a lo siguiente: que Dios no importa. Es decir, el debate fe/razón no tiene sentido, porque sencillamente son irreconciliables de hecho, y al final lo que triunfa es la razón, incluso aunque su fin sea demostrar una entidad no sólo que no exista sino que además no puede existir.
Así que, y que me perdonen Santo Tomás y Averroes, ni teoría de la doble verdad, ni entendimiento agente, ni Dios que conozca eso. Sin embargo, el método lógico por el cual llegaron a esas distinciones, a eso sí. De hecho eso es lo que queda, o por lo menos la idea de que tiene que haber un método, o un sistema de razón
De hecho eso es lo que queda, o por lo menos la idea de que tiene que haber un método, o un sistema de razón…
su reflexión final, conlleva a la siguiente pregunta…y para qué, o cual sería el propósito de que el ser humano sea racional, si al perecer hasta allí llegara su razón?
En mi humilde opinión todo este embolado teológico procede de una fabulosa construcción teológica/filosófica/científica construída durante muchos siglos, cuando la sociedad era una sociedad sacralizada donde la Iglesia no es que tuviera la última palabra sino que tenía la única palabra y por tanto decia todo sobre todo (independientemente de que la gente o los distintos poderes se lo pasaran o no por el arco del triunfo). En una sociedad postcristiana, los cristianos no requieren o necesitan respuestas racionales científicas para creer. Basta su adhesión a la persona de Jesús (fe).
Juan de la Cruz no necesitaba explicaciones cientificas ni su Cántico Espiritual las da. Le bastó la experiencia de amor (que según él tuvo).
A pesar de ser creyente y católico practicante me han gustado los dos artículos.
Me gustaría un tercer artículo que tratara este asunto desde el punto de vista de la psicología. Me gustaría que trataras el tema del Génesis de que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios. ¿Por qué el hombre tiene una angustia existencial que le lleva a trascender su propia realidad?. ¿Por qué tratamos de buscar explicaciones a todo?. ¿Por qué tenemos un sentimiento de culpa cuando actuamos erróneamente?. Y, sobre todo, ¿por qué tratamos de dar un propósito a nuestras vidas?. ¿Se puede demostrar que todo esto es simplemente una mezcla de nuestro proceso evolutivo y de nuestra cultura?. No sé si el hombre es importante o no pero si sé que yo soy importante y cada uno nosotros, ateos o creyentes, sentimos lo mismo. ¿Es este sentimiento una trampa de la razón?. Desde el punto de vista de la física somos un conjunto de partículas no muy diferentes de una roca; desde el punto de vista de la biología somos un conjunto de células no muy diferentes de un microbio; desde el punto de vista de la astronomía somos despreciables temporal y espacialmente. Y, sin embargo, aquí estamos, tratando de discernir si existe o no Dios. ¿No es esa la prueba más irrefutable de que la ciencia es incapaz de dar respuesta a nuestras preguntas más importantes?.
Yo vivo mi fe no como una revelación o un hecho histórico sino como una experiencia personal. Esto me cuesta frecuentes discusiones y acusaciones de no ser un verdadero creyente pero creo que es la forma más honesta de creer.
Me encanta leer JotDown, los adulo vergonzosamente en Twitter. Pero es que de verdad me parece genial. Y una de las cosas que mas me gustan es leer los comentarios. Educados y cultos en su mayoría. Que abren debates interesantísimos y siempre con respeto por las opiniones contrarias. Sin dogmas ni absolutismos. Casi me hace recobrar la fe en la humanidad. Pero luego entro al Marca, el As o el Mundo Deportivo y…
Me pasma que haya quien desde la ciencia intenta probar o desaprobar la existencia de Dios. Lo mismo se podían dedicar a probar o desaprobar la existencia del amor, el mismo éxito.
¿De verdad hay quien cree que el único conocimiento es el científico? Es el más corto.
La existencia del amor.. , el proceso que ocurre en el cerebro y que explica la finalidad y comportamiento de lo que conocemos como amor se conoce, se conocen los mecanismos y hay poco del proceso que no se conozca. Que el unico tipo de conocimiento posible es el cientifico depende de como definas conocimiento, el problema es que la gente habla de manera muy ambigua y mezcla churras con meninas, por eso tu razonamiento no queda nada claro.
El amor tampoco puede reducirse a procesos bioquímicos cerebrales, y desde luego como idea desborda completamente esos procesos. Y efectivamente, no todo conocimiento es científico, sin necesidad de recaer en alguna metafísica sustancialista
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Pues el argumento del relojero es simple e intacable, detrás de TODAS las manifestaciones de la naturaleza, hay un orden matemático, si en el origen está el caos, una inteligencia ha ordenado el cosmos, no entiendo que alguien no vea algo tan obvio y que nos han estado repitiendo el arte y la ciencia durante miles de años, conviene no olvidar que todos los científicos importantes creían en Dios, los que no creen, no sólo no son importantes, ni siquiera son significativos en ningún aspecto de la ciencia o la vida humana.
Hay muchos científicos que saben aplicar el método en sus experimentos pero luego no se atreven a cuestionarse en los mismos términos sus creencias religiosas. Es falta de coherencia. Por qué un dios y no 300? Por qué creernos tan especiales? Una guerra nuclear o un meteorito y ya no estamos. Las religiones nos han llevado -aún nos llevan- a cruzadas para eliminar al que piensa de forma diferente. Orden? Si eliminamos una especie del ecosistema no tardará en aparecer otra que aproveche los recursos que la primera consumía. La evolución está más que probada y el ADN nos afirma como primos de los simios. Es triste saberse mortales, pero peor es que muchos vivan sufriendo. Hagamos lo posible por eliminar el hambre y las enfermedades que nos afligen.
El Dios de los vacíos o el de las grietas ha quedado superado. De hecho cuanto más avanza la astrología, la física teórica, la Biología, más se demuestra la complejidad de las leyes naturales… La mecánica cuántica, tan poco intuitiva, por poner un ejemplo… Leyes que explican un Universo muy sofisticado.
Esto es para mi la prueba de la existencia de una inteligencia superior (muy superior) y de una voluntad. Las dos preguntas por que hay algo en vez de nada, y por qué lo que hay esta ordenadísimo y no es caótico, desde mi punto de vista y cuanto más avanzamos en el conocimiento del Universo, más, no se pueden responder sin un Creador.
Por decirlo de otra manera: cuanto más conocemos como funciona el Universo, más evidencia tenemos de la existencia de Dios.
Enhorabuena por el desarrollo, que, aunque desde mi punto de vista es matizable, sin duda es un excelente trabajo expositivo de una posición atea.
La prueba de la existencia de Dios no es la fe, sino el Amor
La prueba de la existencia de Dios es:JESUCRISTO. El fue Dios manifestado en carne. En èl habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad (Colosenses 2:9)
Gracias por tu trabajo.
La ciencia trata de explicar la creación en toda su inmensidad. Por más que trata de comprenderla, teoriza, avanza y descubre, no hace más que esbozar planos, más o menos acertados, sobre un diseño pre-existente. En mi caso, con cada avance científico, más pruebas se facilitan de la existencia del creador.
Qué Dios existe no me cabe duda, revelado por la ciencia? no, Dios se releva y se da a conocer según Él mismo establece, según su voluntad. El que existan personas que «no lleguen a ser encontradas» es parte de su voluntad manifestada.
Al final, requiere el mismo ejercicio de fe el creer en Dios como el no creer. La diferencia es que para creer verdaderamente en Dios no depende solamente de la voluntad humana, sino de la divina.
Es curioso. El artículo fue escrito hace 8 años. Yo llegué a él en tiempos de tribulación. Y otros, los inmediatamente, anteriores casi.
Sorprendente