Jorge Valdano: "En la sociedad actual no hay más héroes que los deportistas" - Jot Down Cultural Magazine

Jorge Valdano: “En la sociedad actual no hay más héroes que los deportistas”

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Jorge Valdano (Las Parejas, Argentina, 1955) es igual de cerca que de lejos: culto, formal, educadísimo. Quizá de cerca se aprecia más su sentido del humor. Ha sido campeón del mundo como futbolista, entrenador, directivo, comentarista y escritor, casi todo lo que se puede ser en un ambiente que, según él, trastorna de forma inevitable a las personas más racionales. Pero Valdano parece haber sobrevivido bastante bien a la locura. Se le cita en un hotel de Madrid y acude puntual, con un aspecto impecable. Es un placer charlar con él sobre fútbol o sobre cualquier otra cosa.

Tú que estás a caballo entre Europa y América Latina, ¿cómo ves la situación en Europa? Especialmente en España se ha pasado en los últimos años de un optimismo eterno a un pesimismo feroz.

Es la situación más difícil que yo he percibido en los 36 años que llevo en España. Por un lado está el problema real y por el otro el problema percibido. Este último afecta tremendamente a la confianza de la gente. Hay un clima de pesimismo que está condicionando el humor nacional. Si algo había caracterizado a España frente a cualquier otro país europeo es que equilibraba muy bien los tiempos del placer y del deber. Era un país que sabía vivir. Y la crisis empieza a ser tan grande en términos emocionales que condiciona seriamente la parte del placer.

¿Esto va a acabar repercutiendo en el fútbol?

Ya lo está haciendo, y creo que nos falta por vivir lo peor. Hay dos clubes que están a reparo porque tienen como mercado el mundo entero y eso les va a ayudar a sobrevivir, son dos grandes unidades de contenidos televisivos que ahora resultan imprescindibles no sólo para los españoles, sino también para los asiáticos, americanos, africanos… El Madrid y el Barcelona, por esto de las identidades difusas, ya tienen clientela en todo el mundo, y eso económicamente tiene consecuencias positivas. Todos los demás clubes, que tienen como mercado su comunidad o su ciudad, van a sufrir problemas que irán agravándose.

Ahora que hablabas de las identidades, ¿de qué identidad pueden hablar clubes como el Barcelona o el Madrid cuando su mercado se ha expandido y su naturaleza se ha diluido? Ni el Madrid es el Madrid que yo conocía de pequeño ni el Barça es el Barça que yo conocía de pequeño. ¿Qué afinidad puede sentir un tipo de Hong Kong o de Méjico respecto a Madrid o Barça?

Fundamentalmente tiene que ver con los héroes. En la sociedad actual no hay más héroes que los deportistas, o al menos son los héroes de mayor tamaño. Y el futbolista, por su fuerza popular, se ha convertido en una celebridad. Hoy, cualquier cosa que diga Casillas para la educación de un chico tiene más potencia que cualquier cosa que diga el mayor intelectual del mundo, que tampoco sabemos quién es, porque también se ha acabado ese tipo de referentes. Y eso ha provocado lo de las identidades remotas que uno no acaba de explicarse, porque lo cierto es que uno va a Méjico y se encuentra con un niño de diez años con la camiseta del Madrid, y que sufre realmente la incertidumbre de un resultado. De los héroes se pasa al escudo: el único carné de identidad del hincha es el escudo. Eso se percibe muy bien en los países que han sido devastados por la economía. En Argentina la gente intenta evitar enamorarse de un jugador joven, porque saben que ese chico se va a ir mucho más temprano que tarde. Generalmente un gran talento no sobrevive en el país después de los 20 años. Y no remito a Messi, sino a Gago, a Higuaín

¿A ti mismo?

Bueno, yo fui un caso excepcional en mi época, pero ahora lo excepcional hay que catalogarlo como normal. Hablamos de jugadores que con 17 o 18 años, sólo por ser especiales, ya saltan a Europa, de forma que los aficionados sólo concentran su orgullo en la camiseta, y ahí el escudo se agiganta. ¿Por qué en el fútbol? Eso es mucho más difícil de entender, pero creo que el siglo XX, que ha consagrado el individualismo, y el siglo XXI, que lo está exacerbando, requieren algún tipo de compensación. Hay una nostalgia de la tribu que compensamos con cuestiones menores, como un equipo de fútbol; considerando mayores la patria, por ejemplo. Algo de eso tiene que haber.

Antes, ese tipo de fidelidades estaban relacionadas con sensaciones físicas. Por ejemplo, ¿tú sigues siendo leproso? [así se denomina a los seguidores de Newell’s Old Boys]

Lo sigo siendo. Los lunes me interesa saber cómo salió Newell’s el día antes, es lo primero que busco en el periódico. Me pasa con el Alavés y el Zaragoza, son casi reflejos condicionados.

Alguien de Rosario tiene las sensaciones físicas del ruido, del estadio, del olor…

Hace 35 años que no voy a ver a Newell’s y, sin embargo, sigo manteniendo algún tipo de vínculo sentimental que, en mi caso, tiene que ver también con el agradecimiento porque fue la escuela que me formó. Son auténticos milagros.

¿Qué tiene Newell’s para tener esta cantera? Entrenadores como Pocchettino y Bielsa, jugadores como Batistuta, Gallego…

Tenía una muy buena escuela de fútbol en una ciudad que mantiene una relación claramente exagerada con el fútbol y en una zona que es un gigantesco campo de fútbol. Yo salía de mi casa y me encontraba con un campo de fútbol de mil kilómetros cuadrados: una llanura sólo interrumpida por alguna vaca y algún árbol, todo lo demás era campo de fútbol. Y una zona muy bien alimentada, que también cuenta, porque hay otras más deprimidas donde el problema de la nutrición no favorece el surgimiento de grandes futbolistas. Pero creo que lo esencial fue una escuela de fútbol creada y proyectada por Jorge Griffa, uno de los gurús de la formación en Argentina, y eso ha colocado a Newell’s en un lugar de honor en la proyección de futbolistas. Y se terminó cuando se terminó Griffa. En los últimos años han ocurrido auténticas perversiones. Por ejemplo, que los barras bravas [seguidores ultras] sean dueños de los jugadores de las divisiones inferiores. Sólo con contar esto ya se habla de la pobreza ética en la que cayó el club, felizmente recuperada ahora con una nueva dirección. Pero Di Stéfano siempre dice que para destruir sólo hace falta un martillo y que para construir hace falta mucha inteligencia y esfuerzo. Los martillazos fueron muy duros y ahora llevará tiempo para recuperar el terreno.

Dejaste aquello muy joven, a los 20 años, y te fuiste a un segunda división español.

Era un momento muy caótico del fútbol argentino, había una desorganización tremenda. Yo me había propuesto aprovechar la primera oportunidad que se me presentara para venirme a Europa. Llegué a Newell’s con 18 años y mucha suerte, porque Newell’s fue campeón por primera vez en su historia en 1973, y yo llegué a participar en siete u ocho partidos de ese campeonato, lo que sentí como un privilegio. Jugué también con la selección juvenil que ganó el Mundial. Luego debuté en la selección mayor contra Uruguay, ganamos 3 a 2 y yo marqué dos goles. Si completamos todo el relato de mi llegada al fútbol de primera división, tenía picos como los que acabo de nombrar, pero también mesetas muy deprimentes: podía pasarme diez partidos sin meter un gol… En cualquier caso, llamé la atención de los directivos del Alavés. Zárraga, que era amigo de Griffa, le pidió consejo sobre a quién pudiera contratar. Griffa me recomendó a mí y, como yo ya tenía la decisión tomada, no me importó que se tratara de un equipo de segunda división. Me hicieron una oferta a las diez de la noche y tenía que contestar al día siguiente a las diez de la mañana. Yo estaba en Rosario y mi familia vivía a 100 kilómetros, así que después de recibir la oferta tomé el coche y me fui a casa a comunicarle a mi madre que me iba a España. No fui a compartir la decisión, sino a decir cuál era. Fue, sin duda, la decisión más trascendente de mi vida, porque es un movimiento que te modifica absolutamente todo: en España encontré a mi mujer, de España son mis hijos, en España desarrollé la carrera profesional, en España me terminé de formar… y fue una decisión mal tomada. No la comenté con ningún adulto, fue la primera y quizá la única vez que sentí la ausencia de mi padre. Mi padre falleció cuando yo tenía cuatro años. No sentí el golpe, porque ni siquiera tenía formada la idea de la muerte, pero cuando uno tiene 18 o 19 años y está ante un cruce de caminos tan peligroso necesita de la palabra de un adulto. A ser posible masculino, porque el fútbol es un territorio de hombres. Dicho esto, nunca me arrepentí de la decisión tomada.

¿Ni cuando empezaste a lesionarte en el Alavés?

Tuve muchas dificultades, sobre todo con el clima y el estado del terreno de juego. Siempre cuento que en mi tiempo en Argentina era motivo de suspensión del partido la amenaza de lluvia, y cuando llegué al Alavés el día que no llovía llamaban a los bomberos para que embarraran el campo porque se suponía que el Alavés, como todo equipo norteño, sacaba ventaja de un campo embarrado. Y seguramente era cierto con respecto a todos los demás jugadores, pero no con respecto a mí. Yo estuve allí cuatro años, y uno de los entrenadores daba la alineación los sábados. Terminaba siempre de la misma manera: “…y de delantero centro, si no llueve Valdano, y si llueve Aramburu.” Yo soy una persona delgada, pero en aquella época aún tenía diez kilos menos que ahora, con unas piernas muy flacas. De hecho el primer año sufrí diez lesiones musculares, un poco por el frío y otro poco por el barro. Pensaba que no estaba dotado físicamente para jugar en el barro hasta que un día jugamos contra el Barakaldo y me encontré con uno más flaco que yo y que caminaba por encima del agua; se llamaba Sarabia y me arruinó la teoría: desde ese día ya no supe qué pensar. Luego descubrí que es un problema de gimnasia, si uno juega en territorio seco terminas estando hecho para jugar en ese tipo de campo y para acostumbrarse a otro tipo de superficie hace falta tiempo. Aquella dureza fue necesaria para terminar de formarme. Como había aterrizado en primera división y a los tres días ya me había puesto la camiseta de Argentina pensé que iba a llegar a Alavés y que, un año después, me iba a poner la camiseta del Real Madrid.

Y tardaste un poco más.

Tardé diez años. Pero el camino fue muy formativo. Y no solamente el clima, sino la soledad. Si algo recuerdo de aquella época es la soledad. Vivir en un hotel. Las tardes se hacían larguísimas porque en el invierno de Vitoria el tiempo a las cinco de la tarde te pedía pijama; y en una habitación de un hotel se hace duro.

¿Qué hacías?

Escuchaba música, escribía, leía… leía mucho. Me encontré en el hotel con un argentino que era un auténtico erudito, una persona mayor, que empezó a recomendarme lecturas. Comencé a relacionarme con España a través de sus escritores. Recuerdo perfectamente que la primera recomendación fue la de Francisco Umbral, con Mortal y rosa y todo eso, y la lectura fue un refugio importante en ese momento. La otra posibilidad era la primera o segunda cadena de Televisión Española, no había más. Para hablar por teléfono con mi familia tenía que llamar por la mañana a una centralita y me daban cita para las cuatro de la tarde. Y a las cuatro de la tarde había que estar al lado del teléfono… y muchas veces la comunicación llegaba a las siete. Eran tiempos en los que había que armarse de paciencia.

¿Es verdad eso de que un futbolista que lee era y es una anomalía?

Que un futbolista leyera no era frecuente. Era como si fueran universos distintos. Por un lado estaba la mente y por otro lado estaba el cuerpo. Y el fútbol representaba más al cuerpo. Ahora empezamos a volver al ideal griego de armonizar la mente y el cuerpo. Pero en ese momento un futbolista provocaba algún tipo de desconfianza intelectual, igual que los intelectuales la provocaban a los futbolistas. La primera vez que encontré el vínculo entre la mente y el cuerpo fue en un artículo de Vázquez Montalbán. Desde ese momento el fútbol empezó a significar para mí algo distinto, me ponía los pantalones y la camiseta pensando que lo que iba a hacer tenía mucha más trascendencia de lo que yo había pensado siempre. Y la evolución de las cosas parece demostrar la teoría.

Eran unos años en los que Manolo Vázquez reinventó el fútbol.

Exactamente, se inventó un cuento que a mí me interesaba mucho.

Es que era un cuento, pero ahora funciona como la realidad, todo el mundo da por buena su reinvención del asunto.

Más que su reinvención del fútbol, su reinvención del Barcelona. Lo que pasa es que yo descubrí al Barcelona a través de Vázquez Montalbán, y entonces no lo sé ver en perspectiva y qué había sido antes.

Nadie puede, ni quien lo ha vivido. Es imposible. Esa teoría de lo que es la representación de Cataluña… fue extraordinario.

Es la fuerza del relato cuando se termina imponiendo; y hoy esa realidad imaginada se percibe, incluso en lugares remotos, como parte de una realidad incuestionable.

Ya que hablas del relato: prácticamente todo lo que se ha escrito sobre fútbol es metafútbol. Un cuento tan mítico como el del viejo Casale, por ejemplo, de hecho no habla de la famosa palomita con la que Poy marcó en aquel partido Newell´s-Central. Fontanarrosa habla del viejo Casale, la expedición, el infarto final… pero no del juego. Es muy difícil escribir sobre el juego en sí.

Es muy difícil escribir y también recrearlo cinematográficamente, creo que resulta imposible.

En cambio, el entorno se presta mucho. Tú eres uno de los que ha escrito profusamente sobre eso que hay alrededor y que hace del fútbol algo especial.

Ahora estamos alcanzando ya una distancia con respecto al fenómeno que nos permite hacer incluso ficción sobre él. Hay algunos personajes, y el principal es el “Negro” Fontanarrosa, que han conseguido llegar al final de la cuestión. Todo cuento o viñeta de Fontanarrosa tiene una carga simbólica que incluso te llega a sobresaltar. Explica el amor del hincha como nadie, por eso era un admirador tremendo de Hornby. Incluso fue a Inglaterra para conocerle porque Fiebre en la grada le pareció algo que conectaba muy bien con su sentimiento, y quería ver cómo un tipo inglés podía haber conectado de una manera tan directa con un tipo de Rosario. La única explicación es que las emociones nos igualan a todos, y los dos sentían emociones parecidas por el fútbol y, sobre todo, por sus equipos.

¿Cómo se maneja un profesional en ese mundo en el que hay una parte material, evidentemente, y luego toda esa cantidad de emociones incontrolables y fidelidades ciegas, el componente irracional del asunto?

Hoy el futbolista tiene muchas más posibilidades de confundirse que en mi tiempo, porque entonces el fútbol era lo único que teníamos, por lo tanto era muy difícil confundirse. El fútbol traía aparejado dinero y fama, que son deformadores de la personalidad, pero no en la dimensión de ahora, donde el futbolista está rodeado de gente que se especializa en sacarle de la realidad. Desde el representante, pasando por su jefe de comunicación y siguiendo por su novia. Todos son adoradores profesionales que contribuyen a sacar al futbolista de la normalidad, y eso es muy difícil de gestionar. Si por algo son héroes es por sobrevivir a tanta adulación.

¿Cómo maneja eso el que está más arriba, en la gestión?

El gestor es siempre un intruso en el fútbol, porque intenta poner racionalidad en un mundo donde no la hay. El héroe es el jugador. Ni siquiera el exjugador. Quizá hay una deuda emocional que los aficionados siempre están dispuestos a pagar homenajeándote con un elogio, un agradecimiento y, en algunos sitios, con la idolatría, como Maradona en Argentina. Para los argentinos Maradona será siempre jugador, hasta que se muera, porque la deuda emocional es gigantesca. Pero el verdadero héroe es el que juega hoy. El gestor lo sabe, y por eso no le interesan nada los futuros futbolistas y los exfutbolistas, le interesa el futbolista. Y la gente que va al fútbol también considera al gestor como un intruso. Cuando se implantaron las sociedades anónimas alguien dijo que eran un intento de ponerle una camisa de fuerza al loco, pero que el loco seguía estando loco. Y el tiempo demostró que es verdad, las sociedades anónimas no han contenido al loco. Es más, el loco se sacó la camisa de fuerza, pasó por encima de las sociedades anónimas y ya le estamos pidiendo un nuevo auxilio al Estado para ver si es capaz de sacarnos de esa crisis en el mundo del fútbol que, si no es terminal, poco le falta.

¿Esto tendrá que ser siempre así?

A lo largo de mi vida he conocido a mucha gente inteligente que ha llegado al mundo del fútbol a poner racionalidad, y lo único que logra es demorar un poco más el desquiciarse, pero se acaba desquiciando. La desesperación por el resultado trastorna a la gente, y eso en este mundo da la sensación de que es hasta obligatorio. Es muy difícil escapar al hechizo que produce el fútbol. Alrededor hay mucha pasión partidista que condiciona muchísimo. Estar en un estadio mirando un partido en un momento de crisis con todo eso en ebullición produce una angustia muy especial. Y si eso lo multiplicamos por el alboroto que producen los medios de comunicación, que es cada día más ruidoso, te da la sensación de que el fútbol te persigue a todos lados y no hay escondite posible. Eso te llama a la acción, uno piensa que hay que tomar decisiones. Cualquier cosa menos la calma, la tranquilidad y la paciencia. Da la sensación de que si uno no se mueve comete un pecado de dejadez. Y así es como se van tomando decisiones apresuradas que casi nunca se revelan como salvadoras si las miramos en perspectiva.

¿Qué lectura filosófica recomendarías a directivos y técnicos? ¿O aconsejarías directamente la religión?

Algo que nada tenga que ver con el fútbol. Decía Hipócrates que el que sólo sabe de medicina ni de medicina sabe, y el que sólo sabe de fútbol ni de fútbol sabe. Eso lo dijo una vez Menotti con toda la razón del mundo. Uno tiene que saber ubicar el fútbol exactamente en el escalón social que le corresponde, y si se obsesiona ya pierde perspectiva. La obsesión sólo deja lugar en la mente para los prejuicios y todo lo que termina por enfermar.

¿Te has sentido así a veces?

Sí, totalmente. Una de las mejores decisiones que tomé en mi vida es la de acercarme y alejarme del fútbol permanentemente.

¿Cuánta autonomía tienes para dejar el fútbol?

No, es el fútbol quien te rechaza y te acepta. Pero cuando te rechaza hay que aprovechar la oportunidad para alejarse y recuperar la perspectiva.

¿Es fácil? Debe de ser bastante adictivo.

Es mucho más fácil alejarse que estar dentro de ese conflicto permanente que propone el fútbol. Pero es muy absorbente, sobre todo en determinadas personalidades adictivas. Cuando jugaba sólo miraba mi ombligo, y una rotura muscular se convertía en el centro del mundo. Era despertar y preguntarme: “¿Me duele más o menos que ayer? Ahora me voy al fisioterapeuta, luego al hospital…” Es vivir en una obsesión que provoca perversiones tan extraordinarias como la de poner a tus hijos en un lugar secundario. En mi casa, cuando era futbolista y tenía hijos pequeños —a los 23 años ya era padre— y mi hijo lloraba, cogía la almohada y le decía a mi mujer “lo siento, pero vivo del cuerpo”, y me iba a otra habitación. Ahora, treinta años después, cada vez que doy mi opinión sobre cualquier cosa en mi casa me dicen que me calle, que yo vivo del cuerpo. Me ha hecho perder autoridad para toda la vida y me parece justo. Pero cuando uno está en un puesto de gestión pretende hacerse cargo de todas las variables, y eso te lleva directamente a la melancolía. Es absolutamente imposible, porque hay una variable, muchas veces determinante en el fútbol, que es la del azar, y nadie la atiende. Pensamos que esto depende meramente del mérito o del árbitro, pero hay otros elementos totalmente casuales y que tienen una influencia muy grande, porque al final un tiro que pega en el palo y sale o pega en el palo y entra no significa sólo un gol, sino también el desplazamiento del estado de ánimo hacia un lugar o hacia otro. La cadena de consecuencias del tiro en el palo es mucho más grande de lo que creemos.

Qué importa, ¿jugar bien o que el balón entre?

Es un juego competitivo, por lo tanto que el balón entre es esencial. El gol es el objetivo. Lo que ocurre es que hay gente que cuando piensa en el gol no piensa como objetivo meterlo, sino que no se lo metan, y ahí empezamos a condicionar el juego. Considero un error poner el triunfo antes que el juego, porque el juego es el cómo accedo al triunfo. Me ha parecido siempre una estupidez lo de elegir entre jugar bien o ganar. Si me lo pones así prefiero ganar, pero ¿cómo lo hacemos para ganar? ¿Qué preferimos, un imbécil bueno o un hijo de puta malo? Son cosas de una naturaleza tan distinta que está muy mal compararlas. ¿Prefiero jugar bien o mal? Pues jugar bien. ¿Y ganar o perder? Pues prefiero ganar. Pero si mezclamos el color de los calzoncillos con manzanas o peras nos confundimos. Uno de los episodios que me resultaron más gratificantes este año fue el partido entre el Athletic de Bilbao y el Barcelona en San Mamés: un extraordinario partido con lluvia que tuvo todos los ingredientes, desde el poético hasta el épico. El Athletic iba ganando hasta dos minutos antes del final. Hubo un empate que frustró a ambos equipos. Después del partido estuve con Guardiola y con Bielsa y los dos estaban felices por haber sido protagonistas de un gran partido. Fue una de las escasísimas ocasiones que vi a dos protagonistas del fútbol anteponer el juego al resultado. Y eso cinco minutos después del partido, porque cinco días después es más fácil pero cinco minutos después, cuando el humor está tan condicionado por esa emotividad fresca que deja el duelo, me pareció que estaban cerca de la verdad.

Hablas de dos personajes bastante atípicos, sobre todo Bielsa.

Los dos tienen algo en común, y es que a través del fútbol buscan la grandeza. Eso me parece muy meritorio, porque es un medio tan presionante que te vuelve mezquino. Pero cuando se dan dos búsquedas tan nobles por el resultado está implícita la grandeza. El fútbol es un lugar donde eso resulta posible. Cabe todo: las mayores miserias y las mayores grandezas. Cuando uno se encuentra con la grandeza se reconcilia con el fútbol.

Hablando de grandeza, ¿recuerdas el momento en que Maradona toma el balón y empieza a driblar ingleses?

Perfectamente. Recuerdo que cuando la pelota entró supe al momento que para Maradona habría un antes y un después de ese gol. Y, de hecho, se lo dije en la ducha: “Ya está, te acabas de sentar en el mismo lugar que Pelé”. Y entonces me empezó a explicar cosas de la jugada. Siempre digo, en broma, que tuve la virtud de sacar la pelota que Diego metió. Yo fui el que recogió la pelota de dentro del arco. Nadie le asigna el mismo valor a eso. Curiosamente, fui donde él estaba y se la di, porque era una jugada tan suya que el cuerpo, más que ir a abrazarle, me pedía hacer algo útil.

Eso pasó en el momento crucial de un Mundial. ¿Qué efecto tuvo ese gol y ese partido en ti y en el equipo?

Fue aumentando en importancia a medida que ha ido pasando el tiempo. En ese momento teníamos un problema y él lo resolvió. Fue el peor partido de Argentina en el Mundial, y creo que el único que, sin ninguna duda, no habríamos ganado sin Maradona. Los demás teníamos alguna posibilidad de ganarlos sin él, pero ese no. Tuvo una importancia simbólica por toda la carga emocional que traía el partido. Para los argentinos era algo así como “con bombarderos nos pueden ganar, sin ellos ganamos nosotros.” Y ese día Diego, con la fuerza de su personalidad y de su genio futbolístico, se convirtió en el nuevo general San Martín.

¿Sigues tratándole?

Últimamente no, se enfadó por un comentario que hice antes de que asumiera el cargo de entrenador de Argentina. Esas ofensas…

Personaje peculiar.

Es que no resulta nada fácil ser Maradona. Hace poco estaba en Bariloche, Argentina, y me encontré con una bandera donde estaban el Che Guevara, Evita, Gardel y Maradona. Claro, si uno está muerto sale indemne de todo eso, pero ser un mito viviente es incomodísimo.

En cambio, ¿por qué parece tan fácil ser Messi?

Son personalidades distintas. Diego era muy volcánico, y eso lo convirtió en un producto de consumo informativo permanente, dentro y fuera de la cancha. Lo fui a visitar alguna vez a Nápoles y era como un carnaval permanente. Él salía en coche de su casa y abajo lo esperaban veinte o treinta chicos con motocicletas que lo iban acompañando, alguno lo adelantaba e iba gritando “Arriva Maradona!”, y entonces salía el almacenero, el del bar… todos los días se daban situaciones que sólo se podían dar con un personaje como Maradona. No me imagino un episodio parecido con Messi en Barcelona, a pesar de que el fútbol no ha hecho más que crecer desde hace veinte años hasta ahora. Todos sabemos que Messi no podrá tomar un café en una terraza cerca de la Sagrada Familia, pero en ningún caso atrae tanta expectación cuando no juega a fútbol. La atrae desde que empieza el partido hasta que acaba, y luego deja de interesar.

¿Eso es por él o por el entorno, porque no está en Nápoles o Argentina?

Creo que también es por él. Maradona ha tenido opiniones sobre todas las cosas, y eso lo fue transformando cada vez más en un personaje de dimensión mundial. En la Copa del Mundo de 1986, a medida que las selecciones caían eliminadas los futbolistas se volvían a casa. Pero los periodistas se quedaban. Al final, cuando hace una rueda de prensa cualquiera de los dos equipos que van a luchar por el campeonato al día siguiente, llegan a una concentración 2.000 periodistas. La última rueda de prensa de Maradona en aquel Mundial fue algo impresionante: él, tras una valla de alambre, caminando, y todos los periodistas intentando llamar su atención para conseguir algún tipo de complicidad que hiciera que él se detuviera y le dedicara una respuesta. Y ahí estábamos Burruchaga, Passarella y yo siendo espectadores del espectáculo como si fuéramos hinchas y no protagonistas del mismo partido al día siguiente. La fama, sobre todo en esa dimensión, tiene un efecto hipnótico. Pero además Maradona tuvo una enorme carga simbólica en Argentina, porque coincidió con un momento de un país al que se le fue cayendo el relato histórico. Argentina, se decía desde siempre, es un país donde nunca va a haber hambre. Y aparecieron problemas de desnutrición gravísimos. “Estamos lejos de cualquier conflicto y aquí no habrá guerra nunca”, y llega la guerra de las Malvinas… Iban derrumbándose mitos nacionales cuando surgió Maradona, que gana a Inglaterra y se convierte en una celebridad mundial. Fue una manera de decir: “Argentina existe, estoy aquí. El relato no es el mismo, pero seguimos siendo un país que cuenta en el mundo.”

¿Qué relación tiene el Mundial del 86 con el del 78? Porque, desde fuera, el del 78 no tuvo buen aspecto.

El mayor cómplice del Mundial del 78 fue la FIFA, porque le dio un certificado de autenticidad a la dictadura argentina, y el que padeció esa injusticia fue el equipo, porque jugaba muy bien al fútbol. Esos jugadores se sentían representantes de la gran pasión popular argentina. Lo que pasa es que cuando hay que levantar la copa el que capitaliza la fuerza de esa imagen es el dictador. Y esa foto ha condicionado el aprecio al campeón.

El 86 fue el momento de decir que se podía ganar sin Videla y fuera de casa.

Campeonato de visitante, una figura indiscutible, el gran héroe de esos tiempos con la camiseta de Argentina y ninguna sospecha en el camino. No hizo falta ni una prórroga.

Ni porteros peruanos que se dejan golear.

Ni porteros peruanos.

¿Crees que las circunstancias que rodearon a ese Mundial del 78 perjudicaron la figura histórica de Kempes como futbolista?

No creo. Kempes es uno de los jugadores más humildes que he visto en mi vida y fue él mismo el que se escondió de la celebridad que proponía el momento. Era el mejor jugador del mundo, y al día siguiente estuvo ilocalizable porque se fue a su pueblo a cazar perdices por el placer de caminar por el campo y estar solo.

Lo digo en el sentido de que si se hubiera ganado el mundial del 78 sin esas sospechas, ¿no estaría Kempes más reconocido?

Creo que tiene que ver con el impacto que producen las personas, y Mario era un tipo muy particular en ese sentido. Cuando se juega el Mundial del 82 Menotti da las camisetas por abecedario, y a Kempes le toca el 10. Maradona, entonces, le pide el 10 y Kempes se lo da sin ningún problema. Era un tipo que nunca se dio importancia a sí mismo, y fue un talento superior, aunque no de niveles maradonianos.

Y cuando se marca un gol en la final… ¿qué?

Es algo que te supera. Es como un relámpago, un “esto no me está pasando a mí, no puede ser verdad. Ahora vendrá mi mamá, me despertará y me dirá que hay que ir a colegio, como a Felipe, el de Mafalda.” La felicidad tiene un límite y ese es un episodio que supera ese límite. Desde que nací hasta que metí el gol pasó más o menos el mismo tiempo que desde que metí el gol hasta hoy, y puedo decir que fue mucho más bonito soñarlo que recordarlo. Cuando veo el gol veo a un tipo que mete un gol, no me veo a mí metiéndolo; es una cosa extrañísima, no me produce ninguna emoción distinta al gol que metió Diego contra Inglaterra, que también veo de vez en cuando.

¿Sigues soñando con marcar goles?

Ahora sólo dormido, pero cada vez fallo más. El subconsciente sigue ahí, entreteniéndose con los goles. Y hay otro sueño recurrente, que es que estoy jugando un partido pero ya estoy viejo, y quizá ese sea el último partido, y es una sensación horrible porque lo que intento durante todo el partido es que los demás no se den cuenta de que ya no sirvo para eso. Creo que es el miedo al final, que el futbolista sufre los últimos tres o cuatro años de su carrera, y que ha quedado en algún lugar.

Tú no tuviste ese final agónico.

No, una hepatitis me ayudó a no tomar la decisión. Fue el cuerpo el que decidió por mí.

Pero aún te quedaba fútbol.

Tenía apalabrado un contrato para irme al Nantes tres años, por lo que ni siquiera veía la inminencia del final y, de pronto, llegó impuesto.

¿Cómo lo llevaste?

Bien, porque empecé a escribir en El País, empecé a hablar en la Ser, empecé a hacer comentarios en Canal Plus… y de pronto descubrí que del otro lado también había vida.

Pero vida sin goles.

Sí, pero con noches, con salsa, con un cierto desorden a la hora de vivir… Yo me había tomado la vida de futbolista con mucho rigor y seriedad, y sentí aquello como un alivio vital. Ya podía distenderme y abandonarme un poco. Podía salir una noche y estar hasta las tres de la mañana sin sentirme vigilado por un socio del Madrid que dijera: “Mira este por qué falla lo que falla, no me extraña.”

Como persona relacionada con el deporte y como lector, ¿te satisface el periodismo deportivo tal y como está ahora?

Al periodismo deportivo le pasa lo mismo que al fútbol: que exagera. Y lo hace para los dos lados posibles, porque hay un muy buen periodismo deportivo, gente que convierte una crónica en un cuento y, en ocasiones, la crónica supera en belleza al partido del que se habla; y luego hay otro tipo de periodismo que no bastardea el fútbol pero sí bastardea el debate. Se concentra mucho en la polémica arbitral y en las declaraciones de los protagonistas, y envuelve todo eso en un debate interminable que da la sensación de que contamina la pureza del juego.

¿Hasta qué punto es inevitable que la tendencia sea hacia lo malo?

El fútbol se ha convertido en un producto de consumo, y todo aquello que se transforma en un negocio termina perdiendo valores de referencia. Es inevitable. Además, el mismo devenir del periodismo provoca esta especie de conexión salvaje entre la opinión pública y el fútbol. La sociedad se ha infantilizado, estamos en la sociedad del espectáculo… el fútbol consagra todo eso, y hay que contarlo en el lenguaje que sea. Lo que pasa es que la sociedad del espectáculo no convierte en célebres solamente a los jugadores, sino que para sobrevivir el periodista tiene que convertirse en célebre o, por lo menos, en visible. Y para ser visible, como me dijo un periodista de televisión hace poco, o se está buena o se dicen burradas. Él lo culminó diciendo “yo buena no estoy”, así que la opción que había elegido quedó claramente expresada. Pero en alguna parte del periodismo hay una consciencia de que sin decir burradas, sin ponerle mucho acento a la polémica, sin emplear palabras muy fuertes… se hace difícil hasta conservar el trabajo.

Parece lógico que si el fenómeno es claramente irracional porque está envuelto en sentimientos, forzar la irracionalidad te lleve a las conspiraciones, las paranoias, las fantasías…

Es un deporte altamente opinable… Están las estadísticas y las opiniones, por eso ganar es cada vez es más importante, ya que es como un martillazo sobre la mesa: “He ganado, luego tengo razón. No importa cómo, tengo razón.” Pero luego está todo lo opinable, y ese es un mundo con tantas variables posibles que da pábulo a cualquier barbaridad. Hay quien ve conspiraciones judeo-masónicas hasta en un Calahorra-Zaragoza B. Es una cosa que el fútbol admite hasta con naturalidad. Además es un medio donde los buenos son los míos y los malos los demás, y ese maniqueísmo se lleva hasta las últimas consecuencias.

Cuando uno lo ve desde arriba porque está en un peldaño de gestión, ¿sigue existiendo ese maniqueísmo? ¿Sigues pensando en “los míos” y “ellos” o hay una conciencia de clase, de que estamos todos en el mismo negocio?

Creerte el cuento es una cuestión de supervivencia porque al fin y al cabo estás defendiendo los intereses de un club con obsesiones muy particulares. Cuando entras en un club tienes que entrar convencido de que los buenos somos nosotros.

¿Puedes autoconvencerte?

Cuando uno es profesional de esto durante mucho tiempo ha de tener un poco de flexibilidad y generosidad. Hay que tener en cuenta que el fútbol debe estar siempre por encima de nuestra obsesión particular, que es nuestro equipo, porque a fin de cuentas del fútbol vivimos todos, así que debemos cuidarlo. Todo tiene un límite.

Pero es que incluso a quien intenta mantener ese límite, y estoy pensando en Guardiola, que no hace declaraciones espectaculares y procura respetar al contrario, se le critica, se dice que es un falso.

Existe un deseo de que Guardiola sea malo, y como no representa ese papel, entonces está simulando porque él, en esencia, es malo. Es un juego que tiene que ver con esta historia de buenos y malos. Para disfrutar del fútbol en toda su plenitud hay que querer a un equipo y hay que odiar un poco a otro. Eso a veces se lleva demasiado lejos y termina creando un clima pre-violento que debiéramos cuidar porque nunca sabemos dónde está la raya roja. Hay gente, y uno eso lo descubre en los foros, que vive al límite. Uno lee comentarios y piensa: “Espero no encontrarme con este tipo en ninguna esquina porque eso no puede terminar más que mal.”

¿El Valdano aficionado todavía es tan aficionado como para odiar a algún equipo?

No, para odiar a un equipo no. A eso no llego. No soy un buen hincha, soy capaz de admirar al enemigo.

¿Incluso a “los canallas”?

Bueno, eso es mucho decir. Pero si Messi fuera “canalla” trataría de disfrutarlo. Tengo a un amigo de Newell’s que no ha leído nunca al “Negro” Fontanarrosa porque era de Central. Y es profesional, así que la pregunta está bien traída, porque podría ser perfectamente posible.

Paralelamente al fútbol te has dedicado a la didáctica sobre formación de equipos empresariales. ¿Realmente se extraen experiencias válidas del fútbol?

Muchas. Dentro del mundo del fútbol he pasado por todos los sitios: jugador, entrenador, director deportivo, director general, medios de comunicación… y ser un protagonista central de un medio tan abrupto inevitablemente te contamina y te hace mirar todo desde un lugar diferente. Lo único que no he perdido es la fe en el deporte como vehículo de formación. Primero, porque entiendo que de la exageración siempre se vuelve con enseñanzas, y el fútbol es un mundo de exageraciones; en segundo lugar, porque en estos momentos se hace muy difícil captar la atención de un niño, y el deporte es una excusa perfecta. Cuando uno atrae hacia el juego a un niño lo predispone de una manera muy positiva, y hay que aprovechar esa predisposición para meterle en la cabeza la mayor cantidad de valores y mensajes edificantes posible. No es que considere que el fútbol puede cambiar al mundo, pero sí puede ser un instrumento para ayudar a cambiar al hombre. ¿Qué es lo que en estos momentos cuesta mucho con los chicos? Hacerles creer que el esfuerzo es un valor, por ejemplo. A través del deporte eso se lo hacemos entender de una manera apasionada, recreativa y placentera. Y ahí me parece que hay un arma de formación muy potente.

¿Qué puede aprender del fútbol un empresario?

Cualquiera, en cualquier ámbito profesional, tiene que creer en un producto: en un café, en un teléfono móvil, en un coche… La excelencia de ese producto hace más fácil la venta, y su mediocridad la dificulta. En los equipos deportivos el producto es el equipo, por lo que es un medio exageradamente humano, y la materia prima del equipo son los seres humanos con sus debilidades y fortalezas. Además son gente sin mucha formación que juegan y tienen miedo.

Esto es diabólico.

No, no es diabólico. Digamos que son tres elementos que te ayudan a ver la naturaleza del hombre. En un vestuario, si uno mira con cierta atención, ve lo que se ve en otro lado: el líder, el vice-líder, el melancólico, el sindicalista, el generoso, el mezquino, el valiente, el cobarde… Se descubre muy fácilmente. De ahí se pueden extraer lecciones que son perfectamente aplicables a otro mundo. Si yo le digo a un directivo que el genio de una persona nos hace mejores como grupo, el concepto hará más o menos fortuna, pero si lo acompaño con unas imágenes de Maradona con el suficiente impacto, ese concepto pegado a una imagen o una anécdota es mucho más fácil que quede registrado. Quizá no el concepto, pero seguramente la anécdota sí, y la anécdota tirará del concepto. Ese es el instrumento del que me valgo y en el que creo seriamente.

¿Cuál es el mejor líder que has conocido?

Camacho. Un tipo elemental que no te decía catorce cosas, te decía tres, pero estaba tan convencido de las tres que no te permitía dudar. Sobre todo de una: que el domingo íbamos a ganar. Y eso lo transmitía como si se tratara de un imperativo. Te despertaba a las siete de la mañana y te preguntaba cómo ibas a saltar esa noche. Te tenías que levantar de la cama, saltar y sólo entonces se iba y te dejaba seguir durmiendo. Era muy eficaz para este mundo, que es un poco primitivo pero requiere de un estímulo permanente, ya que, al fin y al cabo, cada tres días hay un nuevo reto y tiene que parecer único, aunque sea parte de la rutina del profesional.

¿Nunca has sentido que estabas en un mundo demasiado primario, demasiado provisional?

No, siempre me he sentido y me siento muy cómodo dentro del mundo del fútbol, y he conocido a gente muy inteligente. No instruida, pero sí muy inteligente. Generalmente, el crack es un tipo muy inteligente y lo disimula porque no quiere proyección mediática. Son gente que tienen la intuición, que es la velocidad punta de la inteligencia, y la tienen muy afilada para descubrir quién es bueno, quién es malo, quién se acerca para utilizarlo, quién para ayudarlo… Ese tipo de lectura la hace casi instantáneamente.

No hablamos de Maradona.

Maradona por ahí te dice una frase en la que te reduce un mundo. Va a jugar a Nápoles en el Mundial de 1990 y les dice a los napolitanos: “Napolitano, te utilizan 364 días al año y ahora te piden ayuda.” Y terminó siendo editorial de La Repubblica y del Corriere de la Sera, porque metió los dedos en el enchufe nacional. No hay que subestimar la inteligencia salvaje de los futbolistas.

Fotografía: Guadalupe de la Vallina — Vídeo: Javier Villabrille

 

54 comentarios

  1. “En la sociedad actual no hay más héroes que los futbolistas”.

    Y así nos va, añado. En tiempos, un héroe era Aquiles.

  2. Pingback: Jorge Valdano: “En la sociedad actual no hay más héroes que los deportistas”

  3. Muy buena, como no podía ser menos. He echado de menos ciertas cuestiones puntuales, quizá azuzado por cierta sensación de que sobre lo que ha ocurrido últimamente podría dar alguna buena reflexión. Pero supongo que no le apetece, y también es normal.

    Enhorabuena.

  4. La entrevista muy interesante. Pero falta una referencia a Mourinho y su culebrón en el Madrid. ¿Pidió que no se le hicieran preguntas sobre el portugués o qué?

  5. Valdano, un tipo resentido (con o sin motivo), con más enemigos que amigos en esto del fútbol y que cree ser más listo que todos y tener siempre de su parte la verdad.

    • A lo mejor es un resentido, no lo se. Pero si estoy bastante seguro de que es mas listo que muchos. no hay mas que leer la entrevista. Enhorabuena a Enric. El personaje puede gustar o no, pero tiene un interés innegable, que ya es mas de lo que puedes decir de la mayoría de la gente.

      Saludos.

    • Solo alguien que no sigue el fútbol puede decir que Valdano tiene más enemigos que amigos. Para ser exactos, solamente tiene uno.

      Un barcelonista.

  6. Buena entrevista, pero cuándo no es fiesta aquí. La esperaba, eso sí, algo más larga, teniendo en cuenta que era Valdano el protagonista, jé.

    Me ha alegrado que mencionara explícitamente el Athletic – Barcelona de San Mamés. Pocas veces he disfrutado tanto de un partido de fútbol.

  7. Buena entrevista, me ha gustado esa observación sobre Guardiola: cómo sus adversarios quieren que sea malo y no lo es, entonces resulta que es un hipócrita.

    También añadiría que si te cae el sambenito de bueno y en un par de ocasiones no lo eres, parece que se te perdona menos que al que siempre es un cabrón salvo dos veces.

    • Lo único que le reprocho a Guardiola es que hace política en todo lo que hace. Desde lo del “país pequeño” a todas sus referencias a “Cataluña es un país” o “Cataluña una nación” (véase en internet) que no deja de ser una opinión personal y como opinión personal mejor se la guarde porque nadie se la ha pedido (y más desde un club que se apoya en un producto competitivo que es la liga española). Porque si no se la guarda (su opinión sobre Cataluña) y la hace pública entiendo que lo que desea es hacer política y por ende molestar porque él sabe y todos sabemos que jurídicamente lo que él defiende (Cataluña como nación) no lo es, por sentencia del Tribunal Constitucional. Otra cosa es que él no lo comparta o quiera otra cosa que es muy respetable, pero falsa. Y nos importa un bledo.

      • En 4 años y decenas y decenas de ruedas de prensa, las alusiones “políticas” de Guardiola son mínimas. “Véanse en internet” declaraciones antiguas, en las que sí se le preguntaba por su opinión. Por lo demás, te invito a que hagas una encuesta entre la afición blaugrana, en el Calderón, en la próxima final de Copa, a ver si están tan molestos como tú.

    • amen.

  8. Buena entrevista, bien conducida y con interesantes reflexiones. Comparto la opinión de garrufedo.

  9. Valdano, a veces y solo a veces, llega a aburrirme y a soltar cierto tufillo pedante. Pero no es el caso ésta vez. Muy buena entrevista. Enric González es un magnífico periodista a mi modo de ver, de los mejores de éste país. Agradezco a Valdano su comentario sobre el Athletic. No sabía que hubiese jugado en Newell´s (¡Carajo!).

    • analiza sus frases al detalle y te darás cuenta que su estilo es lo que lo franceses denominan “boutade”. En España no exista expresión similar (los franceses tienen una cultura más potente que nos) y no podemos etiquetar a Valdano, ya que no tenemos términos para ello y por regla general tampoco a los argentinos (que hacen virguerías con el lenguaje pero es sólo eso, virguerías) y por eso nos impresionan. Todavía me parto de risa cuando le preguntaron a Valdano que se definiese políticamente (estaba en Cuba creo en ese momento) y él contestó: “soy un humanista de izquierdas”. ¡Genial!. Pero…¿qué coño es eso?. Eso sí en la Ser suena bien. Y por último, Valdano no le perdonaré que hiciese la cama a Amancio Amaro cuando era entrenador del Madrid antes de la semifinal (partido de vuelta) de la copa de la Uefa contra el Inter. Ayudó mucho a que se la cortasen. Le felicito porque ha gestionado su carrera profesional y su vida personal con éxito. Eso es innegable. Y eso es mucho.

      • que no hay una palabra similar a “boutade”? consulte el diccionario señor, porque boutade significa en español exabrupto, broma…
        ¿los franceses tienen una cultura más potente que nos? cuánto daño ha hecho cierta Leyenda Negra, y el afrancesamiento miope
        etiquetar a Valdano entonces sólo puede hacerlo un francés?¿qué clase de complejos son estos? Valdano puede presentarse como un pedante, un diletante, un pretencioso, hay muchas palabras españolas para adjetivar a este señor. Estas son sólo negativas. Pero aparte de ésas también me parece justo decir que en esta entrevista aparece como un individuo lúcido, cabal, reflexivo, mesurado…

    • Valdano nunca ha sido pedante, nunca; a veces ha sido un tipo que se ha expresado de manera un tanto relamida, aunque en esta entrevista está muy bien, y, además, es un buen escritor.

      El problema es que seguimos siendo un pueblo de catetos, en parte debido a ese carácter mediterráneo que, pienso yo, parece imponer la consigna de que leer un libro no es disfrutar de la vida, porque sólo se disfruta de la vida si uno se va de juerga, o quizá el asunto tenga más que ver con ese primitivismo asociado al deporte, mencionado por el propio Valdano; por eso, cuando alguien intenta decir cosas interesantes o cuando alguien dice que escribe, entonces fruncimos el ceño y lo llamamos pedante o, el colmo, “filósofo”, porque, ya se sabe, los deportistas no filosofan, sino que son “hombres de acción”, ponen los coj… sobre la mesa y actúan…

      Digámoslo ya, Valdano sólo es alguien con buen gusto que intenta razonar mínimamente, en absoluto comparable a grandes eruditos o intelectuales, que en este país también los hay; pero, en el mundo salvaje del fútbol, su calma habría venido muy bien.

  10. Después del Granada – Athletic, que nos empató el Bilbao en el último minuto me pasó lo mismo, habíamos disfrutado tanto del fútbol que no importaba demasiado el resultado.
    Gran entrevista. Y sin necesidad de compararlo con Mouranka.

  11. Sólo por saber si tengo que seguir leyendo JotDown, o pasarme a otros menesteres mas propios de mi carácter: ¿alguna vez se va a hacer una pregunta medianamente incómoda a los entrevistados? ¿O todo va a ser un paseo militar para demostrar la inteligencia y fineza de los mismos, p.e. Salvador Sostres?

    Mas que nada porque cuando quiero leer comidas de polla prefiero utilizar directamente la literatura tan abudante que hay en erotismo y porno.

    Atentamante

    • Si te quejas de un producto bueno bueno bueno como jotdown entonces ya no hay nada que hacer. Destila calidad por todos lados. Haz clik donde te dé la gana y te entretiene. Está bien escrito. Las entrevistas son trabajadas y los profesionales que trabajan parecen señores con criterio. Jotdown todavía no se ha enviciado. En definitiva no existe nada mejor -que yo conozca- en lengua española en su estilo. Si quieres algo similar tienes que irte a los US o a Inglaterra. Ahora que no haya esa mala leche cainita para parecer inteligente (eso tan nuestro de entre más mala leche más listo pareces) yo personalmente lo prefiero. ….Ahora que releo tu comentario, me doy cuenta de tu nivel, y me pregunto porqué te respondo. Pero bueno me digo que por no borrar lo ya escrito lo envío….eso sí no pierdo más tiempo. Un saludo y disfruta del video porno.

      • El producto es bueno bueno, pero es muy cierto q a muy pocas preguntas incómodas. Por eso es agradable de leer, pero no es real. Se suele tratar con un respeto reverencial (incluso cariño) a todos los entrevistados (excepto a Rosa Diez y alguno más), siendo algunos de ellos extremadamente polémicos y dejándoles acabar la entrevista “de rositas”.

  12. Alguien debería decirle a Enric González que se escribe México, con X. Así es, oficialmente, el nombre del país.
    Es como si alguien escribiera Espanha, sin Ñ.

  13. Menudo trabajo habrás hecho Enric González. Diez minutos por respuesta sintentizándolo todo muy bien. Por que aunque suene a broma, Valdano no responde de manera tan corta.

    A quién esperara que hablase de Mourinho no sabe, o no conoce, la relación entre Valdano y Florentino.

    A mi siempre me dió pena su temprana marcha como entrenador. Sus equipos hacían un juego muy bonito.

  14. Javier S., ambos nombres son válidos, de hecho la “x” no es una letra acostumbrada en español. Por eso los españoles muchas veces escribimos Méjico de forma natural. O mejicano. La “x” es una grafía arcaica. Aunque el diccionario panhispánico de dudas recomienda adaptarse y usar la “x” (por ser la acostumbrada en el país de origen y otras naciones de américa), la versión con “j” es igualmente válida. Y como digo surge en España con más facilidad que la extraña, expresiva y pelín extravagante “x”. México o Méjico, qué más da.

    Desde mi punto de vista, el México con “x” corre el riesgo de terminar pronunciándose mal, como “Mécsico”, en lugar de “Méjico”, que ya viene de fábrica con su pronunciación inequívoca.

  15. “me pareció que [Guardiola y Bielsa] estaban cerca de la verdad.”

    Yo habría transcrito esta frase así:

    “me pareció que [Guardiola y Bielsa] estaban cerca de la Verdad.”

    Creo que esas mayúsculas reflejan mejor la chorrada que quería decir el entrevistado.

  16. Panem et circenses

  17. Admiro al Valdano escritor, pero detesto al directivo. ¿Alguien me puede negar que en cada una de las entrevistas con gente afín a este personaje nunca hay una pregunta incómoda para este tipo listísimo? Parece como si el personaje les hipnotizara… ¿Cómo se conjuga presumir de izquierdas trabajando para un especulador sin escrúpulos como Pérez? ¿no se siente responsable del bastardeo con que tipos como FP han tratado al Real Madrid, prostituyendo todos sus grandes valores de antaño? ¿le pareció señorial la actitud de la directiva actual cuando largaron a Del Bosque (con un palmarés en grandes títulos semejante al del idolatrado Guardiola) en un pasillo del club y de mala manera? ¿critica el periodismo mendaz y amarillista que asola el deporte un tipo que comenta para un periodista como De la Morena? Son preguntas sin respuesta. Volvió a salir indemne este fabuloso escritor y magistral cínico. Que disfrute solidariamente de sus millones.

  18. Buena entrevista, había mimbres, pero es clamorosa la ausencia de toda referencia a Mou. Y lo peor es que suena a que la ausencia había sido apalabrada.

    • En Jot Down jamás hacen preguntas minimamente comprometidas para el entrevistado. Supongo que esa es la razón de que todos estos gigantes, por un lado, se “dejen tocar”, pero por otro, protejan las zonas que más pudor les dan.

  19. No me cae muy bien Valdano,siempre me ha parecido un cínico pero la entrevista ha estado muy bien,me ha gustado eso de que pinta poco en casa.

    • Todas las personas que no son como Mourinho os parecen cínicas… Detecto cierta paranoia; es como decir, “ese tío no parece malo, pero lo es, porque todos son malos, y quienes no parecen serlo en realidad lo son, aunque lo ocultan.” Ufff…

  20. Entra un tipo en un pueblo mejicano y se encuentra un cadáver colgando de un árbol. Pregunta a uno que pasaba por ahí que por qué habían colgado al tipo del arbol y el otro le contesta: !Por decir México con jota!

    !Xoder!

  21. Valdano es un pinpín. El que quiera la traducción, que le pregunte a uno de Tuy.

    saludos

  22. Valdano siempre me ha gustado, aunque le noto triste. Me recuerda a Zapatero.

  23. La sacralización de la banalidad, la venta de humo, el manoseo del sentimiento, administrado todo ello por las familias mafiosas locales correspondientes hacen del fútbol un fenómeno curiosísimo, que por cierto en España lleva décadas recibiendo dinero público…

  24. Considerando la influencia que sobre Valdano debe tener el Real Madrid, su entorno y personajes actuales o pasados, su ausencia en la entrevista es estruendosa.

  25. Bravo, una gran entrevista, soy “futbolero” y ante todo barcelonista pero siempre me han gustado las opiniones de Valdano, un tio serio y refrexivo donde los haya.
    Dicho esto el que él que lo ha sufrido, no hable de Mourinho y si de Guardiola me parece super extraño, pactado vamos. Ese se guarda un sitio en el RM para cuando caiga Mou.

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