Retrato mínimo de Serge Ibaka

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Los tapones son como mi comida”

Don de la Naturaleza, pero también látigo incansable. Al hablar de la voluntad de ciertos deportistas se hace útil la frase de Samuel Eto’o, futbolista elocuente en el campo y fuera: “Voy a correr como un negro para vivir mañana como un blanco”. Serge Ibaka mostraba desde pequeño un extraño convencimiento de camino y sacrificio, que lo llevaba feliz a autoimponerse toda suerte de rigores. “Una noche estás en Nueva York, la siguiente en Los Ángeles… Con esta profesión se gana buena pasta, pero tío, uff, qué dura es”. Muchos años antes, en su Congo natal, las cosas eran complicadas por la situación de guerra en el país, pero Serge las simplificó de un plumazo: se dedicaría a jugar al baloncesto y nada más, con el objetivo de acortar la distancia sideral que lo alejaba del ídolo en la pared, Kevin Garnett. Se concentró en ello sin excusas que lo detuvieran.

Los 9 tapones que endosa a los Nuggets el 27 de abril de 2011 fueron un mensaje interplanetario. Los Thunder jugaban otra vez los Playoffs y no estaban dispuestos a verse derrotados a las primeras de cambio, apartados como primerizos en una liga aristocrática. Ibaka era pieza clave en ese crecimiento obstinado, un ascenso que tenía que llevarles, por jóvenes que fueran, a la cima del baloncesto más pronto que tarde. Estaban trabajando duro para ello.

Primero Ibaka lograría la titularidad con los Thunder, de la mano del traspaso de Jeff Green y Nenad Krstic a Boston. En similar plano temporal, Serge culmina su posicionamiento como fenómeno defensivo y taponador sin parangón reciente, al menos en relación a su edad. Acumula entonces tres apariciones estelares bajo los aros colocando 10, 10 y 11 tapones en partidos respectivos frente a Dallas, Sacramento y Denver, siendo esta última cifra su plusmarca personal aún vigente. En un plano más mediático, su presencia en el All Star de Los Ángeles —concurso de mates y equipo sophomore— acabó de redondear el perfil popular del jovencísimo jugador africano, que se acostumbra a aparecer en resúmenes, vídeos, recopilatorios de mejores jugadas. Todo lo relatado ocurre en febrero de 2011. Tiene 22 años pero juega como un power-forward de 26 acostumbrado a ser el ‘4’ indiscutible en un equipo de 55 victorias.

Desde su país le miran 17 hermanos y hermanas, una corte de sonrisas sin fin. Su madre está en el cielo y descuenta con pasión la pasos de su muchacho, que se come el mundo amablemente. En el Congo también queda la abuela y el padre de Ibaka, que cuidan de la camada completa y han podido endulzar notablemente sus vidas gracias al éxito de su hijo. El instinto familiar de Serge se forjó en su casa abarrotada y ahora siempre trata de construir similar prole en los vestuarios que ocupa y en los entornos que vive. Sus primeros padres en el baloncesto serían Anicet Lavodrama, su gran descubridor, Jordi Ardevol, Pigmalión en su aventura española, y también su agente Pere Gallego, valioso consejero y contratado. Juntos guían los pasos de Ibaka para tratar de brindarle una buena carrera. Lo ven fajarse contra Marc Gasol y Zach Randolph en las semifinales de la Conferencia Oeste, todavía los Playoffs 2011, y saben que el esfuerzo ha merecido la pena, viajes, burocracia babélica, la barrera idiomática. Apenas pueden creer que en tres años haya pasado de las canchas de la LEB al circo de David Stern.

Tiene una cabeza privilegiada y está bien asesorado. Se le draftea en el verano de 2008 pero el propio Ibaka opta por retrasar un año el desembarco, renuente a aventurarse sin acumular más experiencia. L'Hospitalet y Manresa son los viveros donde profesionaliza su baloncesto. Ha agolpado a los ojeadores en los campus de verano en África, Europa, Estados Unidos, campeonatos para jóvenes… Llega el momento en el que deja de ser invisible, ese secreto guardado por sus padres ya expuesto irremediablemente en el escaparate oficial desde su elección en el Draft. Ibaka sigue moldeando su baloncesto atlético y vitaminado, completando su perfil de finalizar de aros con el tiro de media distancia y la dominación defensiva. Sus números no son ningún escándalo —8 puntos, 5 rebotes y 1 tapón—, pero Ibaka atesora más por lo que apunta que por lo que ya puede entregar, y su juventud disculpa las flaquezas de su juego. Llegado el momento, Serge aterriza de pie en la NBA. Su carrera camina con buena letra gracias a la fortuna y al buen buen tiento, destino inmejorable en el estado petrolero en mitad de América. Scott Brooks y Sam Presti le gestionan como una gran inversión de futuro pero también como un activo de presente, 18 minutos y un lugar creciente en la rotación interior. Bastantes meses después, salto en el tiempo, los Thunder alcanzarán las Finales de Oeste frente a los Mavs de Nowitzki, pero caerán claramente por 4 victorias a 1 ante los futuros campeones. Ibaka baja sensiblemente sus números en esa serie, el tobillo renqueante, el escenario dominado por la brigada veterana y heterogénea de Carlisle, pero la franquicia ya ha mandado un serio aviso de lo que está construyendo. 2011 es un gran año después de todo, no menos bueno para Serge Ibaka.

La tensa relación de Nikola Mirotic con la FEB favorece la integración de Serge en la Selección Española de Baloncesto. Su inclusión en un combinado tan elitista es todo un premio y un logro casi tan grande como la aventura americana. Pero antes ha tenido que seguir quemando etapas, algunas de las cuales ya parecen muy lejanas. Por ejemplo, el 4 de diciembre de 2009 Ibaka se cita con el póster de la pared. Los Celtics visitan Oklahoma y Garnett e Ibaka apenas coinciden en pista, pero el congoleño cumple la promesa autoimpuesta de jugar contra The Big Ticket. Oklahoma es claramente derrotada y Serge firma un partido discreto en sus números de rookie —24 minutos, 6 puntos, 2 rebotes y 1 tapón—, pero lo importante es el hito personal. Tampoco los números han sido nunca el fuerte de Serge. No volvió loco a un pelotón completo de scouters de todo el mundo por sus guarismos. No llegó a los Thunder tampoco por ellos, ni se hizo titular para Scott Brooks por su gran aportación numérica. Antes bien, el valor de Ibaka reside sobre todo en sus condiciones, un diamante salvaje y manifiesto, pero hasta los dígitos acabarán poniéndose de su parte, conquistados lentamente por su capacidad infatigable de aprender.

El gran salto de calidad ofensivo acaba de tomar sentido con la marcha de James Harden, pulmón anotador, sexto hombre insaciable. Ibaka da un paso adelante y acaba por romper la timidez de hombre prudente que lo ha relegado a un rol incompleto hasta el momento, fundamentalmente defensivo. A fin de cuentas, Serge es piedra capital del proyecto Thunder y cuenta con galones. De pronto Ibaka se atreve. Postea, encara, se juega tiros, toma responsabilidades inéditas. Incluso se arranca con triples de vez en cuando. Sus números del curso 12/13 son elocuentemente mejores que los vistos hasta ahora, una demostración empírica en un jugador poco amigo de registros: 32 minutos jugados frente a 27 hasta ahora, 56% en tiros de campo por el 53% anterior, un estupendo 83% en libres que mejora muchísimo el 66% del curso pasado, 8,2 rebotes frente a 7,5, los mismos 3 tapones por noche, y por último, un aumento sensible en la aportación anotadora, que pasa de 9 puntos a 14 puntos.

En esa inercia los Thunder afrontan sus terceros Playoffs y la singladura "trueno" se vuelve casi irresistible. Ajustician a sus verdugos en 2010 y 2011, Lakers y Mavericks respectivamente, y dejan las cuentas bien saldadas con ellos. En las Finales del Oeste el concurso de Ibaka es crucial para apear a los incombustibles Spurs de Popovich. En el cuarto partido de la serie, el congoleño se destapa con 26 puntos, 5 rebotes y 3 tapones, firmando un espectacular 11 de 11 en tiros de campo con el Chesapeake Arena convertido en una caldera azul cobalto. “Aquella noche me sentía como Jordan o como Kobe”. Pero ni la notable mejora de prestaciones de Ibaka, ni el prodigioso talento de sus compañeros, salva a los Thunder de los Miami Heat de Lebron James en las Finales, donde son derrotados por 4-1 en unas series dominadas claramente por el equipo de Florida.

La derrota le molesta, pero sabe que el mundo es suyo y de ellos cuando llegue el momento. Tiene 23 años y una madurez prematura que no cesa. El 17 de diciembre de 2012, otra vez ante San Antonio, Ibaka da muestra de su trabajo firmando 25 puntos, 17 rebotes y 3 tapones, probablemente la actuación individual más completa de su vida. No son números baldíos, un registro individual aislado, pues gracias a ellos los Thunder encadenan una espectacular racha de once triunfos consecutivos que los colocan como el mejor equipo de la liga. Serge Ibaka es actor principal de ese constructo extraordinario que son los Oklahoma City Thunder. Los brazos desplegados de Ibaka, al modo de Air Congo, no son menos simbólicos para el aficionado de OKC que los brincos de Westbrook o la picadura de Durantula.

Iblocka es el principal alias que le contempla, pero no es difícil adivinar que acabará por quedar obsoleto y sin sentido, etiqueta de la fase temprana de su carrera. No estará en adelante representado únicamente por su extraordinaria capacidad para taponar, que por sí sola le reivindica como figura de la liga (“Los tapones son como mi comida. Me ayudan a meterme en el partido, a mantener mi concentración”). Antes bien, Ibaka será bastante más que eso, probablemente un enforcer purasangre pero labrado finamente, un ala-pívot físico pero a la vez suave como un ingenio, capaz de hacer muchas cosas distintas tanto en defensa como en ataque. Le contemplará su trabajo denodado y su tiro pulido desde cualquier distancia, tan bueno como el de los hermanos Gasol; su físico esculpido con humilde dedicación; su juego en la zona innegociable; sus modales de forastero aplicado a su trabajo, con la sencilla pasión de la cancha precaria de Brazzaville, hace muchos años, el póster en la pared, los madrugones para correr y entrenar por las colinas, la ilusión de jugar en Europa y en América.

Es su extraña fe la que le lleva en volandas, la fe que vino de África. Asociado feliz al proyecto irresistible de Oklahoma, su ascenso puede parecer propicio, pero nadie ha deseado tanto como Serge. Presente en el primer quinteto defensor de 2012, futuro All Star como aspiración individual a medio plazo, queda la curiosidad de saber si también mejorará su apartado estadístico más gris, el de las asistencias —solo 0,3 de promedio—. En todo caso, ya oposita con fuerza a taponador de época de la categoría de Mark Eaton, Elmore Smith o Manute Bol, ocupando una posición en el campo más abierta y siendo además sensiblemente menos alto que ellos. Sus 2,08 metros y su físico de ébano se antojan una combinación perfecta para el baloncesto mutante que parece abrirse paso, con pocos pívots puros y mucho ‘3/4’ móvil de algo más de dos metros. Tendrá Ibaka inteligencia para adaptarse a cualquier tipo de baloncesto deconstruido, jugar por dentro o por fuera, penetrar, lanzar, correr la cancha completa, pues su disciplina y sus ganas siempre han marcado la diferencia y lo han llevado a cualquier parte.

Al fin, en su hablar atropellado y patoso, tropezado en palabras, se descubre su inquietud genuina de niño grande, la chispa hambrienta que lo hará invencible. “Creo que estamos listos”, afirma sobre lo que viene. Con independencia del asunto del anillo, llegue cuando llegue, se espera que el tiempo lo haga un gigante sonriente y feroz, un fenómeno de la zona y una feliz irrupción en un baloncesto de asalariados sin afecto.

10 Comments

  1. Me ha gustado mucho este retrato del gran Ibaka, que poco a poco va creciendo en el gran circo NBA.

    Gracias, Sr. Zúmer.

  2. Granjefeindio

    Las sensaciones con Ibaka son inmejorables. Cada vez aporta más cosas dentro de los Thunder, y entre él y Kevin Martin han conseguido hacer olvidar (al menos hasta las batallas de playoffs) a un jugadorazo como James Harden.
    A ver hasta dónde llegan este año.

    Buen artículo.

  3. Brancaleone

    Yo los veo como principales candidatos al anillo, por encima de Heat, Knicks, Spurs o Clippers. Han madurado, siguen siendo jóvenes y atléticos pero con la experiencia de años anteriores. Saben a qué juegan, las rotaciones funcionan, todos aceptan su papel y lo cumplen (incluso el tronco de Perkins). Durant y Westbrook, a lo suyo: jugar para ellos y para el equipo. Martin suple con creces la ausencia de Harden. En fin, un equipazo.

    En cuanto a Ibaka, firme candidato a jugador con mayor progresión de la Liga. Es increíble lo que ha mejorado en tiros libres y lanzamiento desde 15 pies. Se podría decir que ya incluso ataca mejor que defiende, y en esto último sigue siendo un portento. Respecto a incrementar las asistencias, lo tiene difícil: de eso se encarga Westbrook, la función de Ibaka es de finalizador o tiro abierto. Está en el equipo ideal para triunfar, la gente le adora y tiene todo el futuro por delante. Me alegro muchísimo por él. Se sigue hablando machaconamente de Pau, Ricky y Calderón pero los buenos a estas alturas de la película son Marc y Serge.

  4. Aún bastante margen de mejora por delante. Debe atacar más el aro aunque es complicado teniendo a Durant y Westbrook en su equipo.

    Muy fan de este tipo que parece siempre eso, un tipo normal.

  5. Fernando el ateo

    El artículo me gusta, pero la mención desagradable de lo madridista (creo que es lo único negativo del artículo además de tendencioso en mi opinión) me provoca recelos del artículo. Todo es tan bonito, pero lo madridista siempre desagradable. Te hace dudar. ¿La integración en la selección de Ibaka ha sido favorecida por la tensa relación de Mirotic? Permitidme que lo dude. En la selección según nos cuentan, es bienvenido todo el mundo e Ibaka se habrá adaptado como se adaptan tantos jugadores. ¿por qué le va a favorecer en su integración la tensa relación de Mirotic, que por cierto, fue posterior a la integración de Ibaka en la selección? La tensa relación de Mirotic con la selección es la naturaleza abriéndose camino: quiere jugar en selecciones y lucha por hacerlo con España. Me gusta esta web, pero veo tufillo antimadridista y antiespañol. Sectarismo, en resumen. Suena a fabula catalana, y lo mismo es cierto. Me gusta que se reconozcan los méritos y las historias de superación, pero ya te hace dudar tanta buena onda cuando por el otro lado no se reconocen nunca las buenas intenciones.

    • Fernando el ateo

      Y Mirotic no va contra Ibaka. Simplemente está intentando que se amplíe el cupo de nacionalizados para jugar también con España.

    • Ignatius

      Honestamente, yo no veo antimadridismo por ningún lado. Con lo que lamento no compartir su óptica. Tal vez, acostumbrado a medios nacionales, donde los deportes son (Vea los deportes de Cuatro o Antena 3), un pasteleo constante e infumable acerca de las andanzas de Mou, CR7, o las tetas de Irina, despreciando e ignorando el resto de equipos y deportes (menos al FC Barcelona), encontrar un medio donde se hable de deportes sin ensalzar constantemente al Real Madrid, puede parecer que por ello, sean antimadridistas. Supongo que el que aquí escriban periodistas que hacen buenos y en ocasiones malos artículos, pero periodistas, al fin y al cabo, y no hayan Ronceros, Siro López, Roberto Gómez, claros casos de imparcialidad y ética periodística (estoy en modo irónico, entiendaseme), tampoco ayuda a que su percepción sea otra.

  6. …buen artículo, y mejor web!

    …Fernando…se lo haga mirar. Es grave.

  7. Miguel

    No se si habéis visto el Informe Robinson de Ibaka pero sin duda merece la pena, solo por ver cuanto se lo ha currado este tio para llegar a la NBA.
    Comenta que cada día se levantaba a las 5 de la mañana a subir una montaña corriendo, despues a tirar a canasta y despues a la escuela…tremendo. Y sus vecinos del Congo se reían de el y le llamaban loco, vaya par que tiene el tio…

  8. SergiusBG

    Lo que esta claro es que demuestra que el talento es necesario para triunfar, pero no menos importante es el trabajo para reforzar ese talento, y eso es lo que esta haciendo Ibaka, trabajar trabajar y trabajar. Un gran ejemplo a seguir.

    En cuanto a Mirotic no veo yo por donde esta enfadado con la FEB, este tío es otro talentazo y se merece tanto como Ibaka ir a la selección. Ya nos dejo como campeones de Europa sub 20 hace dos veranos, con Orenga por cierto…el llama a la puerta y si no le abren se ira a otra casa. Esperemos que el Sr. Sáez se lo curre con los organismos internacionales para favorecer a Mirotic como español per se y no como nacionalizado, de modo que puedan ir los dos.

    saludos.

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