Chema Caballero: “No interesa que África cambie, interesa que la podamos seguir manejando”

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Chema Caballero para Jot Down 1

Chema Caballero (Castuera, Badajoz) dirigió uno de los escasos programas de éxito para la recuperación de niños soldado. Su vida y su pasión es Sierra Leona, el país de los diamantes de sangre y las manos cortadas. Testificó en La Haya en el juicio contra Charles Taylor, ex presidente de Liberia y responsable de decenas de miles de muertos en las guerras de los años noventa. Fue misionero javeriano hasta que las trabas y envidias de algunos de sus superiores le expulsaron de la vida religiosa, pero no de la lucha por la vida.

En realidad eras una ONG que decía misa.

La labor social siempre ha sido fundamental. Cuando llegas a un lugar como Sierra Leona en 1992, con la guerra recién comenzada, las circunstancias te empujan a hacer cosas, no a predicar. Si la gente está muriendo, vive en campos de refugiados, si se producen matanzas a tu alrededor… ¿Qué vas a hacer? Lo urgente es atender al ser humano; lo demás, viene después.

¿Es este cambio general en los misioneros que llegan a África? ¿Se mantiene el objetivo de evangelizar?

No todo el mundo lo hace. En los últimos años está llegando gente muy sacramental: lo suyo es convertir y bautizar. Cuando tienes delante a una persona sedienta, hambrienta, herida, que huye o en cualquier forma de esclavitud o prisión… ¿Vas a decirle que Dios es amor y le ama? ¿Dónde se refleja lo que le estás contando? Hay que crear las condiciones para que esa persona se dé cuenta de que las cosas pueden ser distintas, y entonces quizá se puede hablar de amor, paz y libertad.

A los viajeros-turistas, a los periodistas que estamos un rato y nos marchamos, la realidad nos acaba modificando, pero a los que os quedáis mucho tiempo, ¿cómo os cambia ver ese horror y dolor constante, saber que tus limitaciones son grandes?

Yo era una persona preparada: había estudiado, sabía idiomas, pero cuando llegué a Sierra Leona me di cuenta de que el inglés no me servía de nada, tenía que aprender el krio [el idioma local]. Su forma de comprender el mundo y la vida eran muy distintas. Mis estudios no servían prácticamente de nada. Darte cuenta de que eres un extranjero que no entiende la cultura ni lo que está sucediendo a tu alrededor te obliga a recolocarte. Es la primera cura de humildad. Crees que vienes a salvar y te das cuenta que al primero que tienes que ayudar y salvar es a ti mismo. Me di cuenta de que no podía imponer nada, tenía que ser uno más, vivir con ellos en la medida de lo posible y compartir su vida. Luego, saber que lo que haces es una gota en el océano. Construyes una escuela, un hospital, cambias la realidad de una aldea, pero alrededor hay otras 20 aldeas que siguen igual.

Me recuerda a El antropólogo inocente, el libro de Nigel Barley. Convive con una tribu del norte de Camerún, pasa todo tipo de penurias y enfermedades, estudia sus costumbres y cuando regresa a Inglaterra se da cuenta de que lo único que ha aprendido son las preguntas que no ha hecho y tiene que regresar para hacerlas. Comentabas antes de la entrevista que una de las situaciones que más risa producen en África es que un blanco se proclame ateo. Les resulta inconcebible. ¿Por qué les choca tanto?

En las ciudades empieza a darse el caso de jóvenes que se plantean cosas. Alejados del mundo tradicional se hacen más preguntas que quien vive en un medio más rural donde depende del ritmo de la naturaleza; tienen mucho miedo y la magia negra está presente por todos lados. Allí, la necesidad de creer es más fuerte. He visto a blancos decir que Dios no existe y la gente se desternillaba. Lo mismo pasó en Europa durante siglos: naces en una cultura, y la religión es parte de ella; todo aquello que es distinto produce extrañeza. En África se está produciendo una evolución grande, sobre todo en las ciudades: los jóvenes estudian, se conectan a las redes sociales, ven todo tipo de canales de televisión, leen. Entonces surgen este tipo de preguntas.

¿Cómo modificó tu visión de la religión el paso por África y el contacto con otras culturas?

He pasado por un proceso grande. Llegas ingenuo con la idea de un Dios grande, Padre. Lo ves como un liberador de todas las opresiones, influido quizá por la Teología de la Liberación, que también está surgiendo en África. Después te das cuenta de que la idea de la bondad innata del ser humano no existe, igual que no existe aquí. Cuando me encuentro en medio de la guerra, cruzo el frente y veo a gente atrapada en aldeas que quedaron entre los rebeldes y el Ejército… Cuando escucho a los menores-soldados, niños maltratados y usados en la lucha, a las niñas que fueron violadas … Surge un momento muy fuerte de rebeldía. Este Dios es bueno, Padre, cuidadoso, pero… ¿Dónde coño está?

Una vez me dijiste en Sierra Leona que a veces, en medio de tanta barbarie, no veías a Dios. Te contesté que no te podía ayudar demasiado porque no creo en él.

Has conocido Sierra Leona en 1999, los años duros de la guerra. Hay maldad y violencia por todas partes y yo voy a predicar un Dios bueno y fuerte, les digo que deben rezar para que les proteja… Eso rechinaba; me obligó a hacerme preguntas. ¿Dónde coño estabas cuando violaban a estas niñas? Si eres un Dios bueno, ¿cómo permites estas cosas? ¿Por qué siempre ganan los malos y los que están más jodidos son los buenos?

En España también siempre ganan los malos.

Sí, pero eso es otro tema.

Los malos de guante blanco…

Lo que sucede en África no es independiente de lo que sucede en Europa, es la consecuencia. Ahora, de repente, Francia entra en Mali: todos los intereses económicos, geopolíticos… En África son marionetas de lo que pasa aquí. Eso también hace que me plantee cosas. ¿Qué puedes hacer para cambiar la situación de la gente? ¿Cómo les consuelas? Es verdad que con el tiempo, tras darle muchas vueltas y recordar lo vivido, vas descubriendo un Dios distinto. No es el Dios todopoderoso y omnipotente, sino que es el dios pequeñito, el de las pequeñas cosas. Él está dentro; me he dado cuenta de que siempre ha estado ahí, me ha estado guiando y empujando a hacer cosas.

¿Ahora vives la religión con más o menos fuerza?

Creo que cada vez soy más fuerte. La fe en Jesús es fuerte, no se tambalea. Es cierto que se ha producido una gran desilusión con la jerarquía, sobre todo al llegar a España y ver lo que está pasando: en España hay una jerarquía que se dedica a buscar privilegios, prebendas, inciensos y ceremonias y se despreocupa de lo que realmente está pasando en la sociedad.

Un amigo, excorresponsal en Roma, sostiene que hay Papas y cardenales que no creen en Dios. Después encuentras a monjas que reparten preservativos en Ruanda y cuando les dices que está prohibido por el Vaticano, se ríen y responden que si hay un conflicto entre el Vaticano y Dios, ellas han elegido a Dios y obedecer el quinto mandamiento, el no matarás. ¿Por qué las jerarquías están tan alejadas de la realidad?

Es fortísimo. La Iglesia soy tanto yo como el señor Rouco Varela; hay otros ámbitos de la Iglesia donde se vive más en comunidad. En España siempre encuentras cristianos de base donde hay paro, sida, pobreza y menores abandonados. En el 15-M ha habido mucho cristiano de base. Cuando hay mareas hay mucho cristiano de base. Eso quiere decir que la Iglesia está dando la cara en muchos sitios.

¿Creen en Dios aquellos que deciden sentarse en la mesa del poder?

Dudo mucho que realmente crean en Dios, o en el dios católico. Si lo hicieran no estarían todo el día en la calle pidiendo que todos hagan lo que ellos dicen. Por lo menos serían capaces de amar, perdonar y dialogar.

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¿Cómo compite esa Iglesia católica tan distante con el islam y los telepredicadores educados en Estados Unidos?

El gran fenómeno de África son las neopentecostales. Son muy difíciles las conversiones del islam al cristianismo o del cristianismo al islam, pero es muy fácil que se pasen del catolicismo a estas sectas. A pesar de que África es el continente en el que más crece la Iglesia católica, porque se bautizan en masa, es también donde más gente abandona la Iglesia.

Lo que este tipo de sectas venden es esperanza, milagros, y lo que hacen es quitarles la esperanza, lo único que tienen.

El asunto tiene dos vertientes. Una positiva. Estos grupos están en la base del surgimiento de la clase media en África; predican un Jesús rico, a diferencia de la Iglesia católica donde Jesús siempre es pobre, a pesar de que los obispos vayan llenos de oro. Ellos no; si eres rico es que Dios te ama. Están en línea con la teología judía y el Antiguo testamento. Por eso en Nigeria y Ghana se ven pastores que se mueven en limusinas, visten a la última moda y viven en casas impresionantes; es símbolo de que Dios te ama. Favorecen el enriquecimiento personal. Estas iglesias son pequeños bancos que ayudan, en forma de negocios piramidales, promocionan a la gente para que ascienda de categoría social. Al mismo tiempo, para enriquecerse, cortan los lazos con la familia tradicional. En África, cuando alguien tiene algo de dinero debe ayudar a la familia del pueblo, y esa costumbre dificulta que la gente ahorre. Al romper estos lazos con la familia tradicional se permite que la gente prospere. Eso es positivo. El lado negativo es que se trata de una religión sin ningún compromiso social o político. Igual que pasó en Latinoamérica con la CIA, que financió sectas para romper la hegemonía de la Iglesia católica, sospecho que EE. UU. y otros países están detrás de ese tipo de grupos. Para frenar el avance del islam y para que no haya problemas políticos e imponer gobiernos sin que haya protestas.

Se te conoce sobre todo por tu trabajo con los niños-soldado en Sierra Leona. Muchos de los programas que han fracasado en Congo y Uganda se desarrollaron en medio de la guerra. En Sierra Leona se firmó la paz en julio de 1999, una paz en la que nadie creía, pero que permitió la desmovilización de cientos de niños-soldado. Tu orden religiosa, los javerianos, te envía a Lakka, al sur de Freetown, para trabajar con esos niños. Unicef financia un programa de ocho semanas. En ese tiempo esperan el milagro: el niño se da una ducha, deja de ser soldado y retorna a la sociedad en la que ha cometido crímenes. Descubres que esto es imposible.

Se necesitan seis meses para que un niño empiece a hablar de su pasado.

¿Cómo es la experiencia? Llegas a Saint Michael en Lakka, un antiguo hotel, un lugar idílico junto al mar, lejos de la guerra. En el programa entran niños de todas las edades, desde los seis a los 18 años, cada uno con sus heridas. ¿Qué haces?

Primero no sabíamos qué hacer. Fue un proyecto pionero. Otros proyectos que tomaron como referencia Saint Michael fracasaron porque no había dinero suficiente. Unicef decía que en seis u ocho semanas los niños tenían que irse del centro. Ha sucedido en Liberia, Uganda y, sobre todo, en la República Democrática de Congo. Los niños pasan por un centro y a las seis u ocho semanas regresan a sus aldeas y en poco tiempo se unen a una guerrilla o al ejército porque no tienen nada. El grupo les da protección y les da de comer. No han tenido la oportunidad de sacar fuera lo vivido, de cambiar la violencia por algo que les permita sobrevivir. Al principio llegó mucho dinero a Saint Michael; los niños-soldado estaban de moda. Después empezó a reducirse y surgió lo de las seis u ocho semanas. Nosotros teníamos la experiencia de que un niño necesita seis meses para empezar a hablar de lo que ha hecho, de sus miedos. Una vez que se produce la catarsis, se puede empezar a trabajar con él.

Algunos de tus ayudantes en Saint Michel eran exguerrilleros con dotes de mando.

En cierto momento tuvimos que contratar a tres exguerrilleros para mantener la disciplina. Cuando yo, blanquito, castigaba sin jugar a fútbol a uno que se había pegado con otro se descojonaban de mí. Eran chavales que venían de una vida en la que por cualquier tontería los fusilaban o los azotaban; así que necesitábamos gente que supiera cómo imponer disciplina.

Cuando llegaba un grupo al centro podías saber, solo con observarles, quién era el jefe. Muchos pertenecían a una unidad militar donde el jefe era un niño de 12 años al que los de nueve le cedían el sitio. Tu primera misión fue romper ese grupo, romper la cadena de autoridad.

Había que romper el grupo. Si te llegaba un grupo guerrillero que había trabajado junto…

Matando…

Matando, sí. Lo primero era identificar a los líderes para dejarles claro que allí ya no existían los mandos militares, que todos éramos iguales. Después había que separarlos y hacer un seguimiento de los líderes. Seguían demandando a escondidas que los miembros de su grupo hicieran cosas por ellos: “Lávame la ropa”, “lava tú por mí”… Utilizábamos castigos que afectaban a su autoridad. Que un jefecillo tuviera que barrer mientras los demás jugaban a fútbol era bastante humillante para él.

¿Cómo se controla la violencia interna para que ese acto de educación no provoque un estallido, que el niño vaya aceptando la disciplina?

Había broncas fortísimas con chavales violentos que ante cualquier confrontación respondían con violencia. Lo primero es no tener miedo, no amedrentarte, no bajar la mirada. Jugábamos con una ventaja: como yo dirigía el centro me veían como jefe, y tenían miedo de enfrentarse al jefe. Cuando el pueblo vecino quería matar a los chavales quien dio la cara fui yo. Eso ayuda a que se sientan protegidos, a tener autoridad. Te vas ganando su confianza en el día a día, en el diálogo, en el trato. Una gran diferencia con otros programas: yo vivía con ellos las 24 horas. También tenía a Shaka Falay, un exguerrillero que era mi guardaespaldas. Siempre estaba detrás por si había cualquier problema.

¿Te has sentido en peligro?

Varias veces.

Por parte de ellos y de los vecinos.

Es verdad que por parte de ellos ha habido reacciones muy violentas. Recuerdo un chaval que cogió un hacha. Eso ha pasado varias veces, pero en seguida los demás hicieron un círculo, algo instintivo. He sentido el peligro pero no me he sentido amenazado. Las peores amenazas vinieron de fuera, cuando la gente que vivía cerca de Saint Michael —desplazados, refugiados, gente que había sufrido y perdido a familiares a manos de niños como estos— vieron que ellos estaban bien jodidos en campamentos y sin atención mientras que los niños comían tres veces al día, jugaban al fútbol, tenían ropa limpia… Eso crea muchos recelos.

¿Cómo te ganas a los vecinos?

Una vez me secuestraron cuando volvía de Freetown. Me sacaron del coche y me encerraron. Entonces unos chavales salieron del centro, me rescataron en volandas y quemaron cuatro o cinco casas. Estuvimos seis días rodeados por gente del pueblo. Tuvimos que negociar con los jefes de las aldeas. Ellos no sabían que los niños eran niños-soldado. Los del pueblo venían con machetes, pero los chicos podían hacer mucho más con una piedra que ellos con sus cuchillos. Negociamos y los fuimos implicando poco a poco en el programa. Les hicimos entender que era por el bien de todos, que si mañana los chavales salían del centro cabreados podían arrasarlo todo. Conseguimos que Unicef nos diese dinero para la comunidad. Los chiringuitos que montamos en la playa los llevaban personas de los pueblos. Les conseguimos barcas para los pescadores. Fuimos trabajando con ellos y haciéndoles ver que también eran responsables. En mayo del 2000 se presentó en el centro Foday Sankoh, el jefe de la guerrilla. Pensábamos que nos iban a atacar porque los rebeldes estaban a dos kilómetros. Los vecinos se ofrecieron a esconder a los chicos es sus casas para protegerlos de la guerrilla. En un año y medio había cambiado por completo la actitud de la población local.

¿Cómo vivieron ese día los niños en el que tú, jefe blanco, se enfrenta al jefe de la guerrilla?

Fue un momento muy tenso. Sankoh los reunió y les hizo cantar el himno de la guerrilla. Les dijo que se los iba a llevar. Entonces me enfrenté. Le dije que de allí no se movía nadie, que el responsable era yo. Me contestó que no sabía con quién estaba hablando, que volvería porque los niños eran suyos. Cuando se marchó dije a los chavales que se fueran a la playa a jugar, que no pasaba nada. Subí a mi habitación, me encerré y lloré, me vino un ataque de miedo. A los cinco minutos convoqué una asamblea y les expliqué la situación con los rebeldes a las puertas de la ciudad. Les dije: quien quiera marcharse se puede ir, la puerta está abierta. También dije que a quien se quedara no le iba a pasar nada. Ni un solo chaval se movió. Se quedaron todos.

Quizá tu primer gran éxito.

Posiblemente. O el primero fue cuando negociamos con la comunidad y no pasó nada y el segundo sea este. Y eso te da mucha autoridad.

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Cuando los niños te cuentan sus historias, cómo han matado, cómo han violado, cómo les han obligado a comer carne humana… Llegan con heridas muy profundas, les han robado la infancia. ¿Cómo les ayudas? A menudo has utilizado su mundo mágico para deshacer miedos y fantasmas, porque los muertos se les aparecen, a veces disfrazados de animales. ¿Cómo entras en contacto con ellos a través de ese mundo mágico?

Se ha utilizado mucho la magia negra y los ritos para fidelizar a estos niños, el miedo está muy presente. Todos llevan su yuyu, un amuleto; puede ser un anillo, la calavera del primer hombre que mataron, cualquier cosa que les protege. Cuando les obligas a quitarse el anillo pierden su seguridad, empiezan a tener miedo a las posesiones de los espíritus, a los muertos… En el fondo es solo miedo a la venganza.

¿Cómo lo manejas?

Primero racionalizándolo. Haciéndoles ver que no les va a pasar nada. Si ha hecho algo malo vamos a ver cómo hace el bien… Después aprovechando el poder de la religión: “Si te fías de mí te voy a dar una bendición y no te va a pasar nada; esos muertos o espíritus que te llaman no te van a hacer nada”. En el caso de posesión de un espíritu, llamaba a Mary, la curandera del pueblo. Ella hacía su conjuro y el chaval se quedaba genial, perdía el miedo.

¿A qué le tienen más miedo, a los muertos o a los vivos?

En África el mundo espiritual y el real conviven constantemente, pero el momento más duro para los chavales era cuando tenían que salir, tenían miedo de ser reconocidos, de encontrarse con una víctima. Por eso hablaban muchas veces de que habían matado o violado, pero muy pocas de que habían cortado manos, porque sabían que los amputados estaban por las calles de Freetown y cualquier día podían ser reconocidos.

¿Ha habido casos de reconocimiento, de perdón?

En las aldeas ha habido casos de gentes que se han pedido perdón porque se han encontrado. Empecé el trabajo a través de la radio, mediante campañas, para intentar que la gente viese a estos chavales no solo como verdugos, que lo eran, sino también como víctimas que habían sido manipuladas. Conozco el caso de uno chico que estaba en uno de los pisos tutelados que teníamos —donde los vecinos no sabían quiénes eran esos chicos, pensaban que eran de las familias de acogida—. Un día le llamó un vecino y le preguntó si se acordaba de él. Le contestó que no se acordaba. “Pues un día estábamos mi mujer y yo cocinando para nuestros cinco hijos y solo teníamos arroz, llegasteis tú y tu grupo, os reísteis de nosotros, tirasteis el arroz y lo pisoteasteis. Era la única comida que teníamos y tuvimos que caminar dos o tres días por el bosque hasta llegar a una ciudad sin nada que comer. Sé que no eres culpable, que te obligaron, y quiero que sepas que te hemos perdonado”. El chaval cuando me lo contaba estaba asustado. Ahora se ha hecho muy amigo del vecino y está todo el tiempo comiendo en casa con ellos. Se han dado este tipo de historias. En 1999, cuando los rebeldes abandonaran la ciudad, quemaron a muchos usando neumáticos, hubo muchas venganzas, pero de los que han salido del centro no he conocido ningún caso.

El centro ha tenido varios éxitos: niños que han llegado a la universidad y la han terminado.

Sí; hay varios, que incluso están trabajando. Hay un abogado, gente que ha hecho Magisterio; tenemos 25 chavalillos que están en la universidad o en escuelas técnicas…

¿Cuántos niños y niñas pasaron por el centro?

Por mi centro fueron más de 3000. Las estadísticas son siempre un poco raras porque había chavales que se iban y volvían, pero más de 3000.

Supongo que con las niñas era diferente; habían sido esclavas sexuales y sus historias eran más difíciles de contar.

Mi gran espina son las niñas; nos costaba mucho más llegar a ellas. A pesar de que teníamos trabajadoras sociales era muy difícil que contasen su historia. Al principio no nos dimos cuenta. Conseguíamos que los chicos contasen su historia, pero las chicas solo hablaban de su parte de mujer-soldado. La otra, la de los abusos sexuales, era muy difícil que la explicaran, por cultura y vergüenza. Cuando daban síntomas de normalidad regresaban con sus familias. A los pocos meses de llegar al centro iban desapareciendo. Es posible que tuvieran la autoestima muy baja y muchas heridas que no habíamos acabado de curar; muchas terminaron en la prostitución. Era una salida fácil: había mucha demanda con 17.500 cascos azules en Sierra Leona. Hay una chica llamada Aicha, que hemos intentando sacarla muchas veces, darle una oportunidad. Me decía: “Si me voy con un blanco gano 100 dólares en una noche, y trabajando en la peluquería que me ayudaste a montar, para ganar 100 dólares tengo que trabajar años”. En el fondo tiene razón; no puedes competir. También es cierto que hemos conseguido rescatar a muchas de estas chicas cuando ya estaban cansadas o no eran tan bonitas.

¿Cómo afrontabas las relaciones sexuales entre los jóvenes en Saint Michael? ¿Estaban prohibidas, mirabas para otro lado?

Son chavales que desde muy pequeños están acostumbrados a tener relaciones. Tuvimos que trabajar mucho el respeto a la mujer, porque sus relaciones eran de una forma muy violenta. Había una norma que prohibía tener relaciones sexuales en el centro, pero ¿hasta dónde puedes controlar? Al final terminamos repartiendo preservativos porque ¿cómo vas a cortar eso? No tienes ningún derecho a cortar ese tipo de relaciones. Simplemente hablar, formarles e intentar que funcione el respeto.

¿La postura oficial de la Iglesia sobre el preservativo está muy alejada de la realidad?

He tenido gente —y no quiero dar nombres porque quizá los conoces— que me ha dicho “mientras yo no lo sepa… porque oficialmente no lo puedo permitir”. En el fondo están dándose cuenta. Es una hipocresía.

¿Por qué es tan difícil para un cardenal o un papa decir que el preservativo evita muertes?

Sobre todo en África es un instrumento de vida. No lo sé; como viven en su mundo, con sus palacios, no tienen estos problemas.

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José Ricardo de Prada, un juez español que trabajó en el Tribunal de Derechos Humanos de Sarajevo, sostiene que donde ha habido violación masiva de derechos humanos es imposible la justicia, pero que es posible conseguir una cantidad suficiente de ella para que las víctimas sientan que se ha hecho justicia. ¿Hay una cantidad de justicia suficiente en Sierra Leona con el Tribunal Especial de la ONU?

No. Se sabía que el Tribunal Especial no iba a poder hacer gran cosa. Se ha juzgado a los jefes, pero la gente no los veía en el día a día. Fui a testificar en el juicio contra Charles Taylor en La Haya y al volver a Sierra Leona mucha gente me decía que estaba muy bien que hubiera ido hasta allí para contar esas cosas, pero también decían que ese señor no les había hecho nada. Es verdad; quien se lo ha hecho es el coronel Sidi que sigue viviendo en Madina, al norte de Sierra Leona, donde es entrenador de fútbol, vende los viernes en el mercado y nunca le ha pasado nada. La gente lo ve todos los días y sabe que es responsable de muchas de las cosas que han sucedido en la zona: violaciones, niños-soldados. No ha habido ningún acto de perdón ni de reconciliación.

Los amputados son el recordatorio permanente de la guerra, del horror.

Muchos amputados preguntan qué pasa con ellos. Les han fabricado unas casitas en medio de guetos, fuera de las ciudades, lejos y aislados, invisibles. Ellos se han rebelado y se han ido a vivir a Freetown. No ha habido justicia. La Comisión por la Verdad y la Reconciliación era un instrumento que podría haber suplido lo que el Tribunal Especial no podía cubrir. No funcionó por falta de medios. Recorrió diferentes distritos para hacer su ceremonia de la reconciliación. Cuando llegó a Kambia, la capital de mi distrito, pregunté a maestros que habían sufrido o sido testigos por qué no iban a dar su testimonio ante la comisión, y me decían: “Mira, tengo que andar un día entero desde mi pueblo hasta Madina, coger el transporte para Kambia y al llegar allí tengo que dormir; además no sé si cuando llegue a Kambia me van a escuchar. ¿Quién me va a dar el dinero para ir y volver?”. No hubo una intención real de escuchar todos los casos, y a pesar de eso se hicieron unos informes muy buenos. Lo mejor de la comisión es su informe final. También dieron unas recomendaciones que nunca se han puesto en práctica. No se logró la reconciliación pero hizo un documento histórico excelente para entender la guerra.

La gente se conforma con poder contar su historia.

Exacto. Esa debería haber sido la función de la comisión.

Hablamos de decenas de miles de víctimas.

Sí, pero es todo tan relativo… Cuando hablan de niños-soldado, las cifras oficiales son de 7000, pero ¿y todos los que se han quedado por el camino? Realmente no lo sabemos.

Y los desplazados.

Se ha hablado de dos millones y medio o tres millones de desplazados.

No tenemos tiempo para escuchar a millones de personas, aunque para ellos es esencial contar su historia.

La clave es que todos hubieran podido contar su historia. Lo dice la gente; no quiere que a ese pobre hombre, el coronel Sidi, le pase nada, lo que quiere es contar su historia. Ha faltado eso. En Liberia aún se ha hecho mucho menos; no ha tenido ni tribunal especial ni dinero para una comisión. No ha habido un trabajo de reconciliación nacional.

No hubo una figura como Desmond Tutu. Aunque su comisión no llegó a todas las víctimas en Sudáfrica, la fuerza y carisma del personaje suplió el déficit. Es curioso; hablamos de unas comisiones de la verdad para África cuando nunca han existido en España. Aquí no hablamos de la guerra civil, sigue prohibido.

Y así estamos: las heridas siguen abiertas y hay mucha gente que aún no ha visto justicia. En el fondo nos ha pasado lo mismo.

¿Se puede avanzar sin resolver ese pasado?

¿Cuándo termina una guerra? ¿El día que se firma la paz o cuando realmente se hace justicia a todas las víctimas? Un conflicto se cierra cuando hay una reconciliación nacional, porque la historia la cuentan los vencedores, y la visión que tenemos es la suya. Pasó en Sierra Leona: gran parte de los que están en el poder son los que estaban antes de la guerra, o los que se han enriquecido durante la guerra..

Existe un informe del Banco Mundial sobre Sierra Leona y Liberia que llega a la conclusión de que a pesar de haber enviado miles de cascos azules y millones de dólares no se han modificado las causas que provocaron la guerra. Sucede en Bosnia-Herzegovina, candidato a entrar en la Unión Europea. ¿Por qué lo hacemos tan mal?

No lo sé; creo que no interesa. Es más fácil mandar dinero porque en el fondo es un beneficio. ¿Quién ha mandado dinero a un país como Sierra Leona o Bosnia? Los que después se están beneficiando de ese país. Ahora mismo Reino Unido es el dueño de Sierra Leona.

Los diamantes de sangre…

Los diamantes, el petróleo, el coltan, las minas de hierro, que es lo que está dando más dinero al país… Siempre hay un interés y no interesa que África cambie, lo que interesa es que la podamos seguir manejando.

Mucha gente que se ducha por las mañana consigue agua caliente con solo abrir el grifo. Ese agua tiene un precio. Alguien la está consiguiendo en tu nombre saltándose los derechos humanos y las leyes.

Me puedes grabar con este móvil gracias al coltan de la República Democrática del Congo, o lo que están haciendo ahora los franceses en Mali.

¿Qué hacen allí?

El uranio. ¿De dónde lo sacan? Mali es una zona clave para controlar el sur del Magreb. El enunciado es simple: “Las materias primas son escasas, están en África y yo las necesito”.

¿Y el papel de China?

China está comportándose igual. Está metiendo muchísimo dinero, hay chinos por todos lados. Desde hace años hay un restaurante chino en Kono, la capital de los diamantes de Sierra Leona. Las grandes infraestructuras de África las construyen los chinos. Algo tan simbólico como el edificio de la Unión Africana, en Addis Abeba, lo han construido los chinos. Además se lo han regalado a la Unión Africana.

Una inversión…

Una inversión. Hemos regalado el edificio, pero nos lo estamos cobrando. China necesita tantas materias primas como Occidente. Lo bueno es que China ha encontrado en África un mercado donde vender productos. Todo lo que se compre en un mercadillo de África es chino: zapatillas, ropa, pilas, plásticos… Todo viene de China, para ellos es un mercado potente.

Antes una diferencia de clase social era los que tenían chanclas y los que no, luego los que tenían bicicleta y los que no, y ahora los que tienen moto y los que no.

Ahora empiezas a ver todoterrenos por todos lados.

Quizá nos estemos quedando con el cliché del África pobre cuando existe una eclosión de la clase media. Mucha gente que antes se iba, se queda; mucha que se había ido, regresa.

Estaba en Maputo, en un café precioso en la avenida Mao-Tse-Tung, tomándome un café con una bola de nata, algo muy portugués, junto a unos amigos mozambiqueños. Llegó una española y me dijo que estaba harta de eso, que quería conocer la verdadera África. ¿Qué es el África verdadera? ¿El negrito medio desnudo tocando el tam-tam? El África verdadera también está en las ciudades donde puedes encontrar de todo, con discotecas y centros comerciales. No nos olvidemos de que África está creciendo mucho económicamente. Se calcula que en 2013 puede crecer entre un 7% y un 9%, con algunos países en el 30%; mientras que Europa probablemente decrezca un 0,5%.

¿Cuál es la gran revolución en África?

La gran revolución de África son los móviles. Están llegando a cualquier lado.

Porque no existen las líneas terrestres; los europeos no las dejaron tras las independencias. El móvil ha suplido esos tendidos y permiten conectarse a las redes sociales.

Hay chavales en Madina que me mandan fotos por Facebook a través del móvil. Hace cuatro años en Madina no teníamos teléfono ni móvil; había que ir a la ciudad para llamar. Ahora la aldea más perdida tiene móvil, una televisión con antena por satélite, un pequeño generador con grupo electrógeno y la gente sigue los partidos de fútbol; están al día de la Liga española mejor que tú. Hace poco estaba en Chad, en una ciudad que se llama Bongó, y había dos cines: uno se llamaba “Pep Guardiola” y el otro “José Mourinho”. En uno se juntaban los seguidores del Barça y en otro los del Real Madrid. Ahora han abierto uno que se llama “Josep Guardiola & José Mourinho”, para hacer las paces. Se sigue muchísimo el fútbol y la música. ¡La gente en cualquier aldea sabe qué está pasando en cualquier momento!

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Iker Casillas fue a Sierra Leona, a verte hasta Madina…

Fue como si bajase Dios del cielo. Fue increíble. En el pueblo no se lo creían hasta que lo vieron llegar. Los chavales se quitaron la camiseta y la tiraron al suelo para que Iker no pisase barro… Estuvo tres o cuatro días con ellos. Fue algo muy bonito.

No lo olvidarán en la vida.

Nunca. Las fotos que se hicieron con él son como el gran trofeo.

Un acontecimiento que marca el calendario: “Dos años antes de que viniera Casillas”.

Posiblemente. Ahora los niños se llaman Iker como antes los niños se llamaban David Bisbal cuando vino a Sierra Leona.

¿Sirve para algo que los famosos se impliquen en este tipo de acciones?

Llegas a gente que de otro modo no llegarías. Puedes estar todo el día hablando de menores soldados, pero hasta que Bisbal no hizo la canción no tuvo un gran impacto en España. Que Iker Casillas viniera a Madina supuso que mucha gente después quisiese implicarse en el programa de educación en las escuelas. Da a conocer realidades que de otra forma no se pueden conocer. Aunque también ha habido famosos que están aprovechándose de esto, los que necesitan fama. “Si me hago unas fotos con cuatro niñitos negros a mi alrededor quizá consiga salir en una revista”. Como todo, puede ser muy bueno o malo, según se utilice.

¿Has vuelto a ver a Casillas?

No.

Pero él sigue yendo a sitios. Estuvo en Perú, me parece. Se dedica a hacer viajes solidarios.

Creo que fue su primer viaje de este tipo, y si después ha seguido quiere decir que, de alguna forma, le impactó. Un año más tarde la fundación del Real Madrid invitó a Madrid a doce chavales y Casillas se acordaba de ellos y de sus nombres. Es decir, se implicó.

Tú, que eres muy del Real Madrid; llegaste a mantener en Sierra Leona a dos equipos que se llamaban Real Madrid. ¿Cómo es eso?

Llegamos a una zona que había sufrido mucho con la guerra y quería ayudar a los jóvenes, que habían sido niños-soldado y víctimas, y la única forma era el fútbol. Además era un lugar muy hosco, desconfiado de los que vienen de fuera, y los primeros que se apuntan a estas cosas son los más jóvenes. Empezamos con un equipo de pequeños, el Real Madrid de Madina. Luego, esos chavales acababan el instituto y volvían a sus aldeas pero querían seguir jugando al fútbol. El pueblo rival de Madina, que es Kukuna, también quería llamarse Real Madrid, no iban a ser menos, y entonces hubo el Real Madrid de Madina y el Real Madrid de Kukuna. Y luego los más grandes, que formaron otro equipo, dijeron que si esos se llamaban Real Madrid ellos se iban a llamar Barça, para tener la rivalidad. Entonces, teníamos dos Real Madrid y un Barça. Bueno, y un par de Real Valladolid.

¿Valladolid también?

Sí, porque nos mandaron bastantes camisetas del Valladolid e hicimos varios equipos. Pero sobre todo chicas, porque conseguimos que empezaran a jugar justo en ese momento, y les dimos las camisetas del Valladolid.

En Kabul me sorprendió que la mayoría de los niños de un barrio quisieran ser médicos. Me explicaron que veían una serie india de médicos, una especie de Doctor House. Ramazan Bashardost, candidato presidencial en 2009,me dijo que habíamos mandado todo lo que ya les sobraba, soldados y armas, que hubiera bastado con series de televisión.

No creo en la ayuda de Estado a Estado, porque está muy condicionada. Más allá de lo que se hace materialmente están los valores. Hablar con unos chavales y hacerles ver que las cosas pueden ser distintas, que estudiar tiene un significado, que existe una cultura del esfuerzo, el respeto a una chica. Estos valores son más importantes que construir una escuela. Algo bueno de la crisis económica, que afecta a la cooperación, es que mucha gente se está dando cuenta de que a lo mejor no hace falta que haya tanto blanco allí porque a lo mejor no hace falta construir tantos pozos. A lo mejor los africanos pueden hacerlo y tienen los medios. Nosotros deberíamos ayudarles a ser conscientes de esa fuerza que tienen para que las cosas sean distintas. El retorno de africanos a sus países, gente muy formada, que ha visto otros mundos, conseguirá que cada vez haga menos falta este tipo de cooperación. La cooperación siempre es necesaria y positiva, pero tendríamos que repensarla. Creo más en la transmisión de valores que en la transmisión de dinero.

Has sido cura. ¿Tienes derecho a desempleo? ¿Te pagaban la Seguridad Social?

No; yo cuando salí, salí sin nada, sin Seguridad Social ni paro.

¿No os pagan la Seguridad Social?

No; nada. Menos mal que tenía amigos…

¿Ni Seguridad Social, ni IBI…?

En mi caso, al menos, no.

¿Y cómo te apañas? ¿Qué haces ahora?

¿Estudias o trabajas? [Risas] Doy algunas clases, hago alguna asesoría para ONG, escribo lo que puedo en el blog de El País, en alguna otra revista… y con eso llego a final de mes. Arañando de aquí y de allá.

Bienvenido al Primer Mundo.

Muchas gracias.

Chema Caballero para Jot Down 5

Fotografía: Guadalupe de la Vallina

22 comentarios

  • La mejor entrevista que he leído en esta página.

    Respuestas claras, contundentes, y sin tapujos, de alguien de quien entre líneas se extrae madurez y fortaleza, sin que ello se traduzca en una pérdida de la humanidad que todos deberíamos tener.

  • Excelente entrevista. La iglesia católica española mientras sigue queriendo vivir de la mantilla. Normal que haya tanta gente que les tenga tanto cariño.

  • Preciosa entrevista.

    Otra entrevista, en vídeo, a Chema Caballero:
    https://vimeo.com/36687888#

  • enhorabuena a entrevistado, entrevistador y a todos nosotros, por acceder al conocimiento en unas condiciones de solvencia, eficacia y objetividad como las que nos presta Jotdown en casi todos sus apartados

  • Es imposible no sentirse culpable

  • Esto es a lo que yo llamo tener cojones.

  • Magnifica entrevista.Es imposible, no sentirse “tocada” por algo que aunque pase lejos geográficamente hablando te hace sentir de alguna manera culpable y plantearte y yo ¡puedo hacer algo? . . . .

  • “Fue misionero javeriano hasta que las trabas y envidias de algunos de sus superiores le expulsaron de la vida religiosa.”
    Me parece que esta frase de la presentación está de más.

    • A mi me parece que esta frase es perfecta si refleja un hecho.
      ¿Mejor censura o autocensura?

      Va siendo hora de que sepamos quienes son los Reyes Magos…

      Maravillosa entrevista. Mis felicitaciones.

  • La primera vez que hablas con Chema Caballero te das cuenta de la fuerza y de la carga emocional de su discurso.

    Un discurso, por otra parte, totalmente espontáneo, pero robusto. Sus palabras sobre África y Sierra Leona se forman directamente en el corazón. En la experiencia del que ama su trabajo, dándolo todo por los más necesitados. Aquellos de los que nunca nos acordamos, en este mal llamado primer mundo y que son víctimas directas de él.

    Pero sobretodo, es la experiencia del que ha vivido como ellos, ha sufrido como ellos y ha sido capaz de amar tanto la vida y de creer en ella tanto como los propios niños soldados.

    Desde aquí Chema, mi más profunda admiración -una vez más- por tu pasado, por tu presente y por enseñarnos a creer en el futuro. Gracias a Jot Down, a Ramón Lobo y al propio Chema Caballero, por regalarnos esta magnífica entrevista.

    Un abrazo.

  • Impresionante entrevista, muy bien enfocada, muy interesante entrevistado. Muy bien, vamos.

  • Cuando entré en Jot Down y vi que Lobo había hecho una entrevista a Chema Caballero sentí una ilusión casi infantil. La dejé para después porque merecía su tiempo, pausa y disfrute. Al igual que Enric, Lobo es una mina en lo que a posibles entrevistados se refiere, así que espero que esta entrevista dé pie a muchas otras.

    Chema Caballero es una de esas personas imprescindibles de escuchar hoy en día, en un mundo lleno de retórica, autocomplacencia y narcisismo, donde todavía hay quien se atreve a decir sin despeinarse que quien tiene dinero es porque se lo ha ganado y el que no lo tiene es porque no ha sabido buscarse la vida. Con mucho gusto, les mandaba a Sierra Leona a empaparse de su historia, pasar un tiempo con Chema Caballero y volver a Occidente con los cojones para contarnos que el que no “progresa” en este sistema es porque no da para más.

    Gracias Jot Down por hacer posible esta entrevista, gracias Lobo por no dejar que te perdamos de vista y gracias Chema por tu coraje, tu lucha incansable y tus cristalinas palabras.

  • Una de las mejores entrevistas que he leido en mucho mucho tiempo. Gracias al entrevistador y al entrevistado. Espero que algun dia dejemos a Africa ser ella misma

  • Una señora entrevista, que por lo menos te hace un poco más consciente de lo que hay fuera de nuestra burbuja de cristal.

  • Magnífica entrevista. Gracias a gente como Chema Caballero y Ramón Lobo África está dejando de ser un continente desconocido.

  • Preciosa entrevista, nos hace mucha falta gente como Chema Caballero y Ramón Lobo. Despertando Conciencias y dando luz a los invisibles. Después de leer esto, te quedas sin palabras, te sientes ruin por lo fácil que nos resulta mirar a otro lado. GRACIAS.

  • Gracias Ramón y gracias Chema.
    Con la esperanza de que los Boy futuros algún día dejen de morir ante nuestra indiferencia como seres humanos.

  • ¡Joder, qué huevos tiene este tío!

  • Encantado y fascinado con todo lo que ha hablado Chema. Qué grande. Tanta verdad. Complicado trabajo ese el de la rehabilitación. Y sus palabra sobre la iglesia son unas verdades letales. Tremenda entrevista. Gracias a Ramón y Chema.

  • Estupenda entrevista.
    Gracias, Chema, una vez mas, por tu vida, tu experiencia, tu testimonio y tu valentía.

  • La mejor entrevista que he leído en esta web

  • Sin palabras,sabes que te tengo una gran admiración y me encanta tu trabajo,eres para mi un maestro.
    La entrevista es muy buena, viniendo de ti no se podia esperar otra cosa.

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