Jot Down Cultural Magazine – Sketch Down: enero

Sketch Down: enero

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Una habitación sin ventanas con dos sofás orejeros flanqueados por sendas mesitas con lámparas de lectura de dudoso gusto no era lo que nos esperábamos cuando los mandamases de Jot Down nos anunciaron que habían fabricado un departamento dedicado a las viñetas a nuestra medida. No tenemos dónde colgar las chisteras y nadie nos ha dicho en qué esquina podemos aliviar las necesidades fisiológicas. Pero en el fondo tampoco nosotros tenemos tiempo para tonterías: hemos venido aquí a hablar de tebeos.

¿Será la grapa el nuevo rock’n’roll?

Pues no lo sabríamos decir con seguridad, pero sí que es cierto que algunas editoriales están probando suerte con el tebeo publicado en su formato más humilde pero cuidado como si del libro más precioso se tratara. El formato que más ha respondido a las necesidades del cómic publicado en masa (revistas de cómic, cuadernos de aventura, colecciones de superhéroes, tebeo humorístico) está viendo su puesta de gala en algunas publicaciones algo más fuera de los circuitos comerciales y cercanos al concepto artístico y el diseño, apadrinando al “relato breve gráfico” autoconclusivo. La No Brow londinense en el 2010 lanzaba la colección 17×23, de apenas palmo por medio palmo de tamaño y tres o cuatro colores en la mayoría de casos, historias contadas en apenas 24 páginas. Otro caso británico interesante aparecía al año siguiente, el de la colección Chalk Marks de Blank Slate Books, inspiradas a su vez en las series Ignatz de Fantagraphics: historietas con tamaño de revista y una cubierta blanda adicional con solapas, una suerte de corazón de tebeo y armadura de libro. The Survivalist de Box Brown y el Dinopopolous de Nick Edwards son dos ejemplos recomendables de esta iniciativa.

La cuestión es cómo llamaremos ahora a esto: ¿Prozines? ¿Fanzinovelas gráficas? ¿Neocomic? ¿POST-TBO? Por si no teníamos ya suficiente con decidir si llamarlos tebeos, cómics, novelas gráficas o historietas.

La respuesta a ese fenómeno en nuestro país viene de la mano de ¡Caramba! La editorial de Manuel Bartual y Alba Diethelm, quienes llevan ya unos meses bombardeando el mercado con la colección Jaimito: unas historias autoconclusivas en formato 24 páginas de curiosos y variados autores.

El otro caso local a mencionar ya lo hemos comentado por aquí, y viene muy relacionado con la facilidad de este tipo formato para la autoedición. El Usted de Esteban Hernández es un extraño y valiente “a medio camino”, el fanzine de autor vestido de etiqueta. No dejen de echarle un ojo a su séptimo número.

Y a colación de la cuestión de la autoedición, les reseñamos el evento de este mes. O el evento en proyecto en este caso para mediados de marzo. Las jornadas culturales de cómic y autoedición KBOOM son el esfuerzo de un grupo de noveles dibujantes de la Ciudad Condal que andan montando su propio salón del tebeo con autores invitados, exposiciones, colaboradores varios y algún concierto para amenizar el encuentro. Su proyecto en Verkami cierra en breve, así que si se sienten afines a su objetivo, toda ayuda y colaboración será recibida con alegría.

Lecturas:

Los entusiastas
Brecht Evens
Ediciones SinsEntido, 2012
216 págs. 19,5×24 cm
Rústica con solapas, Color

los entusiastasBrecht Evens es el chico prodigio que el año pasado situó su obra Un lugar equivocado en la mirilla de los Eisner y con la que empuñó un merecido premio a la audacia en el prestigioso Angulema. En aquel volumen demostraba un talento innato para arrasar a golpe de pinceladas los espacios, límites y convenciones de la página de tebeo tradicional, y por eso resultaba bastante lógico esperar con ansia nerviosa su próximo trabajo. En Los entusiastas se acomoda en un escenario más orgánico, en una trama menos diluida y presenta un elenco coloreado más amplio que el de su anterior obra. Propone una sátira social de clases que cuestiona las inquietudes, percepciones y valoraciones del arte y las personas.

Pieterjan, artista profesional de discreto éxito, es invitado a la ficticia localidad belga de Beerpoele donde un grupo de entusiastas artistas amateurs pretenden celebrar una bienal de arte. El recién llegado es recogido con adoración por estos habitantes locales que se pelean con la naturaleza indómita del proyecto. Pieterjan asumirá las riendas de la muestra y la misma se acabará erigiendo como una gigantesca e insólita estatua de papel maché. Evens firma el grueso narrativo girando alrededor de las relaciones humanas, centrándose en la naturaleza del arte y la contraposición áspera del artista técnico y el artista amateur. Y lo hace de manera correcta, sin desentonar ni salirse del margen, algo que aunque compacta el resultado también le hace perder cierta frescura: el camino y la propuesta de Los entusiastas ya había sido emprendido con anterioridad por otros. El relato y sus personajes funcionan y no cometen ningún error de renombre, pero tiende a apoyarse en convencionalismos que nos pueden ser conocidos.

Y entonces viene la parte técnica.

Y aquí es donde el autor arrasa: el belga es una maquina apisonadora de lo visual. Machaca y atrapa al lector utilizando pinceles como anzuelo. Evens demuestra que no proviene tanto de la cultura del cómic contemporáneo como de la educación pictórica clásica y eso resulta irónicamente novedoso: sabe beber del paisaje de Charles E. Burchfield, del cubismo urbano de George Grosz, de la tridimensionalidad plana de David Hockney, del uso del color de Blexbolex e incluso de esos tapices medievales de unicornios en cautividad. Su acuarela le sirve para canalizar estados a través del color, para caracterizar a los personajes y simplificarlos en rasgos (unas manos grandes, una cara de payaso) sin que pierdan personalidad en el proceso, para experimentar todo lo que se le ocurre (ignora la viñeta y la secuenciación clásica) y mostrarnos un escarceo sexual sobre una página casi en blanco que explota a la vuelta de la hoja con una estampa enorme de agua y esperma. Evens superpone las tintas, juega con la silueta translúcida y con la acuarela imperfecta, insinúa los contornos necesarios y acaba por componer la escena de manera magistral. En ese sentido el Evens visual es enorme, superlativo, virtuoso y desbocado.

Quizás da igual que la historia, pese a no pecar en nada grave, no aspire más alto y se diluya ligeramente como los cuerpos de los personajes que la forman. Quizás Evens es la joven promesa a tener en cuenta que en algún momento lo dinamitará todo. Quizás Los entusiastas, a pesar de que su autor parezca ser capaz de redondear más lo que nos muestra, sea una de las obras más cautivadoras con las que podemos encontrarnos hoy.

Brassens, la libertad
Joann Sfar
Fulgencio Pimentel, 2012
120 páginas, 22 x 29 cm
Rústica con sobrecubierta. Color

brassens“—A todo esto, ¿cómo lleva papá los dibujos? —Los vamos a hacer nosotros. Nadie notará la diferencia.”

Érase una vez que Joann Sfar recibiera el encargo de comisionar una exposición sobre el chansonniere Georges Brassens. El dibujante aceptó con alegría en tanto que el célebre trovador galo era uno de sus autores favoritos y se propuso, para la especial ocasión, hacer lo que mejor se le da: lo que le dio la gana.

Fulgencio Pimentel edita en nuestro país el libro que recoge los trabajos elaborados para aquel evento, entre páginas de cómic, numerosos retratos a diversos estilos e ilustraciones con textos (cartas y escritos del poeta-músico). Para la ocasión, a Sfar se le ocurre fabular sin límite. Se autoparodia a sí mismo sin vergüenza alguna como un adulto en gayumbos enganchado a la consola cuyo encargo de investigar sobre el artista caerá en manos de sus hijos que viajarán a lugares ficticios, buscando el paradero del cantautor francés. Hallado este, Brassens cobrará vida en el marco de la historieta, celebrando su forma de entender la vida, narrando algunos pasajes suyos o explicando cómo elaborar unos deliciosos canelones. Efectivamente, un Sfar desencadenado imaginará a su admirado artista en el mundo contemporáneo disfrutando de placeres actuales como los videojuegos o los hoteles japoneses, todo ello de forma coherente y continuadora de la personalidad del trovador. Igualmente aprovechará la circunstancia para imaginar el imposible encuentro de los dos, entrañables e irremediables pícaros, entre charlas y copas. Sfar consigue llegar de esta forma, si no al retrato histórico preciso, sí a la representación del espíritu libre que subyace en la figura de Brassens a través de su imparable imaginación.

Un acierto pues, por parte de la edición de Fulgencio Pimentel, completar el trabajo del francés con cuatro excelentes textos periodísticos: una introducción del artista por parte de Juan de Pablos, un entretenido relato biográfico por Dildo de Congost, un análisis de la lírica de Brassens de Patricia Godes y un artículo sobre el peso del mismo en nuestro país, de la mano de Vicente Fabuel. La edición se remata con una afinada encarnación material: híbrido triple de tebeo, texto e ilustración con textos por dentro impreso en papel de dibujo y unas relucientes cubiertas que le dan un aire de libro o revista de música que convierten el producto final en un bello objeto.

De este libro, para concluir, se podría recurrir a la coletilla fácil y un tanto estúpida de “para fans del autor y/o del autor objeto del autor”. Pero no. Este es un libro excelente que pueden disfrutar tanto los conocedores como los desconocedores —de haberlos— de cualquiera de los dos.

La niña de sus ojos
Mary M. Talbot y Bryan Talbot
Ediciones La Cúpula, 2012
104 páginas, 17 x 24 cm
Cartoné, Color

la niña de sus ojosAlgunos dicen que hasta se parecía a Joyce. Siempre musitaba frases de Joyce. Me parecían tonterías. Pero él parecía disfrutarlo”.

La de los Talbot es una interesante doble pirueta: supone una vuelta de tuerca del relato autobiográfico en clave de memorias al combinarlo equilibradamente con el relato de una biografía ajena; y a la vez —en esta última— aporta una nueva perspectiva de la vida del irlandés universal ofreciéndonos gráficamente la historia de su hija, Lucía Joyce.

El relato se inicia una mañana en la que Mary M. Talbot encuentra un viejo carné de su padre, James S. Atherton, filólogo experto en la obra de James Joyce. Este fortuito hallazgo sirve para provocar toda una serie de recuerdos de la infancia sobre su progenitor, un hombre de difícil trato que media buena parte de la relación con su familia —y en particular con su hija— a través de citas del escritor irlandés. Junto a su historia personal, Mary también nos va intercalando momentos de la vida de Lucía Joyce. Esta aproximación diacrónica le permite exponer paralelamente las vidas de las dos mujeres a través de su infancia, juventud y madurez, mostrando las discriminaciones de género a las que se enfrentaron, ilustrando sus frustraciones y victorias, siempre con las sombras de sus respectivos padres y sus carreras, muy cercanas. La autora narra las dos vivencias, nos cuenta coincidencias curiosas (nombres de los progenitores y fechas), similitudes y diferencias vitales, pero no emite juicio comparativo alguno al respecto, dejándolo en todo caso a la reflexión personal del lector.

Por su parte Bryan Talbot ya nos mostró en su portentoso Alice in Sunderland su talento para tomar un estilo gráfico sencillo con un punto naïf y transmutarlo —sin perder la conexión con el estilo raíz— según le convenga a cada narración contenida en el libro mayor. Repite en esta obra: si en La niña de sus ojos se desarrollan tres tiempos, también se ejecutan tres variantes de un mismo estilo diferenciadas, en este caso, por el uso del color. La historia de Mary queda narrada en tonos cálidos y claros, dejando trazas de lápiz en la página y dando algunos apuntes de color muy específicos que remiten a la virtud mnemotécnica de este; en estas páginas se respira la materia de un viejo cuaderno, personal e íntimo. En contraste, el salto a las escenas de la vida de Lucía nos lleva a una acuarela fotolítica de tonos oscuros y fríos, marcando simbólicamente la distancia temporal y personal con el primer relato. Finalmente, el momento de la vida de Mary en el tiempo presente —que ocupa pocas páginas, pero que encuadran el libro en su principio y final— está elaborado en un tono neutro, pero donde cada lugar, objeto y persona tiene los colores que percibiríamos al instante y quedan enmarcados en las viñetas transmitiéndonos la tangibilidad del ahora. El resultado final de este trabajo estilístico no solo es útil como guía visual del lector a través de los diferentes momentos e historias, sino que además resulta visualmente agradable y armonioso, dándole cuerpo y coherencia a la obra en su totalidad.

Para mayor reconocimiento, La niña de sus ojos ha recibido recientemente un Costa Book Award, prestigioso premio literario británico, en la categoría de biografías, sentando un precedente al convertirse en la primera novela gráfica que recibe un galardón en este certamen.

Apocalipsis según San Juan
Varios autores
Editores de Tebeos, 2012
96 páginas. 16,6×23 cm
Cartoné con lomo redondo. B/N.

apocalipsisProbablemente el lector se haya topado con el Génesis de Robert Crumb en las librerías. De hecho en algunas hasta es posible que lo utilicen como mostrador. Aquel tomazo de 200 y pico páginas fue una locura en la que el dibujante (agnóstico y bastante alejado de instituciones religiosas) se dedicó a ilustrar todos y cada uno de los pasajes del génesis bíblico con un anunciado respeto por el contenido original. Funcionó porque Crumb podría ilustrar las instrucciones de una lavadora y aun así nos resultaría interesante asomarnos a contemplar eso a través de los cristales de sus gafas, y porque su editor probablemente recibiría sin muchas pegas cualquier cosa que el hombre decidiera parir. Por estas tierras otros Editores De Tebeos arriesgan con una excentricidad comunal similar pero antagónica en alma: ilustrar el apocalipsis.

Cuenta José Luis Forte que todo surgió en un improvisado brainstorming durante un repostaje gástrico en la II Salita de Cómic de Granada. Dario Adanti, Antonia Santolaya, Fermín Solís, Lluïsot, Borja González Hoyos, Ed Caroisa, Fidel Martínez y Enrique Flores discutían sobre los cimientos para fabricar un libro compuesto por un pedacito de cada uno de ellos. “El Apocalipsis de San Juan. Lo tiene todo: ángeles que anuncian desastres, plagas, horrores, muertes por doquier, pecadores a mansalva, serpientes gigantes y fuego celestial. Si Crumb ha contado el Génesis, el principio de todas las cosas, ¿por qué no podéis contar vosotros el Apocalipsis, el final de todas ellas?” se espetó en aquella mesa. Y aquel sería el comienzo de la gestación. Al grupo inicial se unirían Luis Pérez Ortiz, Victoria Martos y Javier Márquez, y el trabajo sería dividido en ocho páginas (repletas de fuego, putas de Babilonia y monstruos con un número poco común de cabezas) por cada uno de los artistas.

Apocalipsis según San Juan es exactamente eso, una versión ilustrada del texto en la que varios artistas fuerzan al relato a una gymkana que le hace saltar continuamente de un estilo a otro: los monigotes underground de Adanti, la ilustración laboriosa a página completa de González Hoyos, las pinceladas de Martínez, la admirable geometría estilística de Mr Ed o la curiosísima reinterpretación del escrito que nos propone Vázquez a través de un montón deimágenes contemporáneas y ajenas. Es bastante cierto que el Apocalipsis como lectura casual no es lo más ameno del mundo a pesar de toda la ira celestial que derrama, y por eso mismo es muy probable que alguno se pueda atragantar. Pero aquí la propuesta está en la forma y no tanto en el fondo. Y la forma es la de una alienación de dibujantes remodelando el Armagedón y anunciados con las trompetas de un ilustrado prólogo de Juan Gabriel Lopez Guix.

jaimitoColección Jaimito
¡Caramba!, 2012
24 páginas. 17 x 24 cm.
Cuaderno grapado con solapas. Color.

Infame
Néstor F.

Néstor F. escribe y dibuja un eslais of laif o algo en clave de humor negro-absurdo-chanante (sí, ya sé que lo segundo que he dicho prácticamente anula lo primero) sobre la vida de un crítico de tebeos fantasma, gafapasta y pagafantas a partes iguales, muy en la línea con las historias que nos contaba en Moowiloo/Woomiloo junto con Molg H. Incluye viajes iniciáticos a dimensiones paralelas, violencia callejera, espíritus totémicos y caninos repelentes. Buen material de guarnición y complemento en la antecubierta y solapas.

Ser un hombre. Cómo y por qué.
Albert Monteys

A Albert Monteys lo conocéis de sobra. Y quizás por eso mismo os temáis que el título de su Jaimito parezca insinuar una versión extendida del famoso Para ti que eres joven. No andaríais muy equivocados, pero hay un pequeño matiz: Ser un hombre es un Monteys desbocado, hilarante y en estado de gracia. En sus grapas El Sargento nos guiará a través del arduo sendero de la masculinidad. Aplausos para el Mapa del Sexo y para el conjunto general, y aquí un extracto como botón de muestra de su excelencia didáctica: “Guía de animales comestibles: TODOS”.

La muerte en los ojos
David Sánchez

No lo hemos entendido. Ninguno de los dos. Pero tiene una virtud esencial: mola. Digamos algo más: este es un corto en viñetas de espíritu setentero, lynchiano y castizo en el que el autor nos deja ver la progresión de la historia y la evolución del personaje, con unas elipsis del tamaño de un elefante rosa. David Sánchez nos da la opción de leer este delirio como viene o tanto como nos da la opción de rellenar los huecos de información con nuestros propios razonamientos lógicos y/o palomiteros.

CosmicDragon
Carlos Vermut

Carlos Vermut y su pasión por pervertir y remezclar los universos de géneros antagónicos. Fascinante es como poco el cachondeo de gesto muy serio que se trae el hombre cuando se dedica a cruzar la ficción con la realidad más cruda (y en su labor paralela como director esto es muy evidente, desde su corto Maquetas a su película Diamond Flash e incluyendo ese Don Pepe Popia a medias con Vengamonjas). Cosmic Dragon es lo que ocurriría si Goku tuviese que batirse contra la vileza del ser humano. Una broma gamberra a raíz de la famosa sentencia “porque puedo” que pronuncian tantos villanos de la ficción.

¡Noticias de última hora!

O de hace unos días, más bien. Ficomic celebró su presentación del 31 Salón del Cómic este pasado martes y Carles Santamaría con Toni Guiral al flanco nos anunció algunas características generales del evento de este año: el potencialmente interesante —habrá que ver su ejecución— género de fondo será el western. Los aniversarios de este año recaerán sobre Superman (75 años) y los Vengadores y la Patrulla X (50 años). Y nos confirman cuatro autores para ir abriendo boca: Guy Delisle (a ver si este año, sí), Manu Larcenet, Liniers y Lorena Canottiere. Por lo demás, se nos confirman las secciones habituales (talleres, clases magistrales, zona de editores, concursos,…), respecto a las cuales hay pocas novedades, si bien todavía queda bastante hasta las fechas del Salón —mediados de Abril— y alguna sorpresa o novedad estaría de agradecer. Se anunciaron también las exposiciones pertinentes hasta el momento: la gran exposición del tema de fondo, las de los premios del año pasado y las de los aniversarios. Quizás la que más nos ilusiona —y nos dio la impresión de que a Guiral, comisario de exposiciones de este año, también— sea la del gran premio del año pasado, la del maestro José Ortiz. Añadir significativamente que este año habrá subida de precio en la entrada y que se ha realizado una iniciativa para recuperar la presencia del sector de las librerías —siempre deseable— en el salón. En definitiva, nos espera un salón de tejanos y mallas a tutiplén con las acostumbradas presencias comerciales de lo audiovisual, lo videojueguil y lo mercadotécnico. Por lo pronto, nos quedamos con la imagen del fantástico cartel de este año, obra de Alfonso Zapico.

Ilustración: Diego Cuevas

 

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