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Y todos nos convertimos en Forrest Gump

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Zatopek

Un corredor es como un anuncio de coches. Hoy lo ves por todas partes. Al igual que si enciendes el televisor o miras hacia una marquesina. Ahí estará el eslogan de un concesionario. “¿Te gusta conducir?” se ha transmutado en “¿te gusta correr?”. Ellos, los corredores, trotan por las aceras de las ciudades, llenan los parques, las zonas verdes. Y aparecen a cualquier hora del día sin importar la climatología. Hombres y mujeres que corren solos, de dos en dos o en grupos. De hecho, ya hay quedadas por las redes sociales. El footing, aquel hobby de los 80 al que después se le llamó jogging y hoy denominamos running ha regresado con fuerza. Incluso ya tiene su propia tragedia: los atentados del maratón de Boston en los que murieron dos personas por la deflagración de varias bombas caseras. La metralla iba directa a las piernas de los maratonianos. Al símbolo de la zancada, el motor de la superación, de querer llegar a la meta, sea esta cual sea.

La cuestión, no obstante, es, ¿por qué corremos? ¿Por qué nos hemos convertido en unos nuevos Forrest Gump? No nos hemos calado la visera y los shorts, pero sí salimos con mallas, camisetas que transpiran y múltiples aparatos para medir el kilometraje, la velocidad, las pulsaciones de nuestro corazón y las calorías que gastamos. El corredor del siglo XXI es mucho más biónico que aquel tipo ochentero, pero la esencia es la misma: un paso tras otro, sin descanso, hasta alcanzar el objetivo que cada uno tenga en la cabeza.

Varios escritores-corredores se han hecho la misma pregunta en los últimos años. Y desde perspectivas diferentes como la antropología, la política o la filosofía han intentado darle luz. Porque correr no es lo mismo que el boxeo. No tiene ese cariz de lucha contra el otro, de combate. No es una metáfora de la vida tan cristalina: ganador versus perdedor. Tampoco es un deporte de equipo. No apela a la colectividad ni a la solidaridad. Es la lucha contra uno mismo porque sí, contra el destino que cada uno se marque.

Christopher McDougall (EE. UU., 1962), periodista que ha cubierto varias guerras como la de Ruanda y Angola, y que ha participado en deportes extremos, tiene una buena historia con respecto a la filosófica cuestión del acto de correr. Todo comenzó hace unos años, a mediados de la década de los 2000, cuando después de algunas carreritas empezaron a dolerle los pies. Eran dolores intensos, como si un picahielos le estuviera perforando los tendones. No se había caído, no había tenido esguinces ni había dado un mal paso. Simplemente dolían. El diagnóstico del médico no pudo ser más elocuente: “Te duele el pie porque correr es malo para ti”. La respuesta, sin embargo, se quedó flotando en su cabeza. ¿Cómo alguien que había escalado montañas, practicado trekking y estado en guerras podía estar negado para dar zancadas? Indagando descubrió entonces a los tarahumaras, una tribu de Chihuahua (México) perdida en la Sierra Madre cuyos miembros solían correr unos 26 kilómetros al día. Y lo hacían descalzos. Corriendo por desfiladeros, por montes escarpados, entre la maleza, las ramas en la arena, las piedras. Comenzó a investigarles y para su sorpresa comprobó que jamás habían tenido lesiones. Y corrían y corrían, como forma de vida, como algo que formaba parte de su cultura. Aquel hecho lo narró en el libro Nacidos para correr en el que escribió: “Los tarahumaras quizá sean las personas más sanas y serenas del planeta, y los más grandes corredores de todos los tiempos (…) Cuando se trata de distancias enormes, nada puede vencer a un corredor tarahumara. Ni un caballo de carreras, ni un guepardo ni un maratonista olímpico. Pocas personas han visto a los tarahumaras en acción, pero a lo largo de los siglos han ido filtrándose desde las barrancas historias asombrosas acerca de su resistencia y tranquilidad sobrehumana. Un explorador jura haber visto a un tarahumara cazando un ciervo con sus propias manos”.

Christopher McDougall

Christopher McDougall

Ahí estaba también una de las respuestas al porqué de la cuestión: corremos porque nos da placer, porque nos gusta, como nos gusta comer, dormir o el sexo. “Hay algo tan universal en esa sensación, la forma en que correr reúne dos de nuestros impulsos más primarios: el miedo y el placer. Corremos cuando estamos asustados, corremos cuando estamos extasiados, corremos cuando huimos de nuestros problemas y correteamos en busca de diversión”, escribió McDougall. Es el impulso un tanto sadomasoquista que nos domina. Correr duele, porque nuestros músculos sufren, se cansan, se nos agarrotan, pero a la vez ese dolor nos proporciona bienestar y éxtasis. Y ahora, como modernos Forrest Gump que estamos más de ocho horas sentados delante de un ordenador para después coger nuestro coche e irnos a casa al salir de la oficina, buscamos resquicios en las horas del día para sacar nuestra parte de tarahumara que aún llevamos dentro. No necesitamos correr, pero realmente sí lo necesitamos.

Más allá de la antropología y la sociología, McDougall también se preguntó por qué hay épocas de la historia en la que el ser humano corre más que otras. Al hilo de su investigación llegó a una conclusión: cuando las cosas empeoran corremos más. Quizá porque las machaconas malas noticias nos hacen salir a buscar nuestro insaciable optimismo donde sea. McDougall dató las fechas en las que los estadounidenses más se habían lanzado a la calle a sudar kilómetros: el primer boom fue durante la Gran Depresión que trajo consigo el crack de 1929, cuando más de 200 corredores impusieron la tendencia corriendo 40 millas diarias a través del país en la denominada Great America Footrace; después volvió a ponerse de moda en los años 70, cuando la población intentaba sacudirse la amargura de la guerra de Vietnam, la Guerra Fría, las revueltas raciales —asesinato de Martin Luther King y Malcolm X y la dimisión de un presidente corrupto como Richard Nixon; el último impulso llegó tras el 11-S y el comienzo de las guerras en Afganistán e Irak. Fue en ese momento cuando las carreras de montaña comenzaron a aflorar por todo el país.

España. Año 2013. Más de seis millones de parados y una economía estancada. Movimientos de repulsa como el 15M. Manifestaciones. Gritos ante el Congreso de los Diputados. Y miles de corredores en las calles. Puede que McDougall tuviera razón: corremos cuando las cosas van de mal en peor.

Algo así debió pensar también el gran atleta checo Emil Zatopek. Nacido en Koprivnice en 1922, en una familia pobre, comenzó a trabajar en una fábrica para llevar dinero a casa. No le gustaba correr, a pesar de que cada año su empresa celebraba una carrera popular. Es más, odiaba participar en ella, como cuenta el escritor francés Jean Echenoz en su libro Correr, una especie de biografía novelada del corredor checo. Sin embargo, con la invasión nazi en 1938 otro acto de ignominia humanaempezó a correr por los bosques que circunvalaban su ciudad. Y así llegó a formar parte del equipo nacional que se presentó a los Juegos Olímpicos de Londres de 1948 donde ganó la medalla de oro en los 10.000 metros y la de plata en los 5.000. Ese rubio anguloso, con un estilo desgarbado alejado de cualquier tipo de esbeltez, se convirtió en un héroe en un país que recién terminada la Segunda Guerra Mundial e incluido dentro de la órbita comunista, los necesitaba más que nunca para rellenar sus pancartas propagandísticas. Zatopek fue el perfecto icono contra el fascismo. Y lo fue mucho más cuando en los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1952 consiguió la gran proeza de ganar las medallas de Oro en 5.000 metros, 10.000 metros y el maratón en tan solo una semana. El presidente checo y líder del Partido Comunista de Checoslovaquia, Klement Gottwald, no podía caber más en sí de gozo.

Emil Zatopek

Emil Zatopek

Pero las cosas no siguieron un curso tan optimista. Pronto Zatopek se dio cuenta de que el régimen le estaba utilizando y en los años 60 dejó de correr para su país. Eso sí, él no abandonó su amor por las carreras, solo que correr se convirtió en una causa política, y no a favor de quienes le habían agasajado tras sus triunfos en 1948 y 1952, sino contra ellos. “El corría para huir de la dictadura, pero a la vez, para el régimen era un símbolo, un ejemplo y un rehén, todo junto. Además, está esa ambigüedad de un tipo obligado a obedecer al régimen que, al mismo tiempo, corre porque su carrera es una manera de luchar”, escribe Echenoz en su libro. Para Zatopek aquello se convirtió en una manera de decir basta. Por sus críticas al régimen participó también en la famosa Primavera de Praga de 1968 el corredor checo fue condenado a trabajar en una mina de uranio y después a recoger bolsas de basura. Malvivió durante años, pero siguió corriendo manifestándose así como un símbolo de la inocencia, de la belleza de un deporte y de la resistencia de un hombre frente al estalinismo, el fascismo y las crudas manipulaciones del poder. Nunca se trató de ganar o perder, sino de aguantar. Zancada tras zancada.

La metafísica de la resistencia. Esa es otra de las cualidades del arte de correr. No importa dónde esté la meta porque para los corredores suele estar en su propia cabeza. Hoy correré media hora, cinco kilómetros. Así es como funciona también la mente del escritor Haruki Murakami, que lleva corriendo diariamente desde 1982, cuando tenía 33 años de edad, y que a día de hoy ya ha participado en más de 20 maratones. Sus pensamientos y reflexiones las plasmó en el libro De qué hablo cuando hablo de correr, un título que parafrasea al Raymond Carver de De qué hablamos cuando hablamos de amor. Son nueve textos escritos entre el cinco de agosto de 2005 y el uno de octubre de 2006, más uno de junio de 1996. En ellos narra por qué empezó a correr y cómo este acto adquirió unas características similares a las de su relación con la escritura: todo tiene que ver con “el talento, la concentración y la resistencia”. Y con mucha disciplina: decidir vestirse con la ropa adecuada, salir de casa solo y lanzarse a sufrir. ¿Cuántos kilómetros correrás? ¿Cuántas palabras escribirás?

Correr es un tiempo en el que uno está solo, observa Murakami. Y eso es muy parecido al acto de escribir: estás en plena soledad con tus pensamientos, con tus ideas, con tu sufrimiento y con tus pesares. Al escritor no le importa. Es más, le provoca bienestar. Empezó a escribir y a correr cuando abandonó el bar de jazz que regentaba, por lo que decidió dejar el mundanal ruido para habitar el silencio, aunque, como señala en este libro, siempre corre con auriculares a través de los que suenan discos de Eric Clapton, Bryan Adams y Loving Spoonful.

Haruki Murakami

Haruki Murakami

Murakami contesta a las preguntas sobre el acto de correr desde la filosofía y la metafísica. Si bien McDougall se centraba en la sociología y la antropología, y Echenoz conminaba a la lucha política, el autor japonés está más cercano al mantra cartesiano: “corro, luego existo”. Cuando uno se lanza a la arena con sus deportivas, espera entrar en una especie de trance: los músculos comienzan a moverse y llega un momento en el que la mente y el cuerpo se han desgajado completamente. Los pasos continúan, pero los pensamientos están en otra parte, no en el dolor que provoca la falta de oxígeno en nuestras extremidades. Más o menos lo mismo que ocurre cuando uno le da a las teclas, según Murakami: “No se escribe con la cabeza o con las manos, sino con todo el cuerpo”. Otro mantra que nos lleva al filósofo Spinoza: “Uno no sabe lo que el cuerpo puede”. Teclea, teclea, teclea hasta que todo duela, una experiencia que tiene también algo de religiosidad y que alcanza al misticismo de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús.

Hay otra faceta en este acto atlético que revela el autor de Kafka en la orilla: la honestidad con uno mismo. “Escribir honestamente sobre el hecho de correr es también una manera de escribir honestamente sobre mí”, apunta. En ese desmembramiento entre cuerpo y mente pueden suceder muchas cosas y las sorpresas pueden ser múltiples. Cuando dejas al cuerpo irse, uno se obliga a conocerse a sí mismo, y de golpe llegan los miedos y las frustraciones.

Correr, en definitiva, es placer y es lucha, pero, sobre todo, es un cara a cara con el diablo encarnado en la persona que menos imaginábamos. Y eso es un acto de valentía.

45 comentarios

  • Coincido totalmente con la opinión de Christopher McDougall, con la crisis los gimnasios DIR y cya han visto caer sus socios, que salen a la calle, a mi me parece perfecto pero lo que no soporto es el fardar y postureo que hay en correr, colgar en twitter y en facebook cada dos por tres lo que has corrido hoy, como si de eso se tratará.
    Ahora mismo, creó que es de los mejores momentos para estudiar podología ya que en unos años las consultas estarán llenas de personas con los píes machacados.

    • efectivamente, como oi hace no mucho por ahi, “me gustaria ver cuanta gente correria una media o un maraton si tuviesen que firmar una clausula de confidencialidad”

      • Y tú, J? Habrías escrito tu brillante comentario si supieras que nadie va a leerlo?

      • Las alegrias están para compartirlas, acaso no llamas a tu familia o amigos ante una buena noticia?
        Estás carreras suponen un gran esfuerzo durante muchos meses o años y, como he dicho antes, las alegrias están para compartirlas.
        Otro cantar es compartir absolutamente todo lo que haces, no estoy nada de acuerdo, pero eso es harina de otro costal.

      • No creo que los corredores publiquen sus entrenamientos y carreras por “postureo”. Además de compartir las alegrías, como ya han apuntado, estas publicaciones son muy útiles para mantener la disciplina que se necesita para cumplir con tu programa de entrenamientos.

    • Ya ha salido el típico al que no le molesta lo que hagan los demás, le molesta saberlo (que se lo digan). Invariablemente, suelen ser los peores y más insufribles una vez se ponen ellos a hacer algo que piensan es de mérito.

      Pues no lo leas o no lo mires o si lo lees y lo miras, ignóralo. Y si no eres capaz, el problema es tuyo.

      Y da gracias a dios que lo que no te cuentan es que follan, porque si no te tirarías por una ventana.

      Cuánto amargado hay por ahí suelto, mi madre.

    • El artículo, que es lo importante, me ha encantado. Tener esa perspectiva histórica y sociológica me ha parecido muy interesante. El libro de Murakami me pareció un poco reiterativo cuando lo leí. Con respecto a lo que dice marc yo estoy en parte de acuerdo con él, si bien apuntais la disciplina o las alegrías como elementos motivadores creo que hay ciertos deportes que son y deben ser muy introspectivos, y el mero hecho de tener pasión por ellos son tu disciplina. Entiendo que alguien que termine un marathon o una media haga menciones y lo comparta, pero demasiada gente hoy en dia se atavía con sus medias largas, el ipod nano, los cascos gigantes, el reloj, la cinta de las pulsaciones y va corriendo a por el pan y lo cuelga en FB con el Endomondo. Yo hago más de 2000 km anuales en bici que son como 60 salidas y no tengo la necesidad de compartirlo más que conmigo y con quien me acompaña, y sigo saliendo. Un saludo.

    • Esta claro que es un fenómeno social e importante en los cambios de vida y estilo de vida. Como por aquí se dice, postureo, publicar y publicar en redes…., pero hay algo importante en este asunto. Los corredores salen a correr por una motivación, ¿prestigio, grupo social, afan de superación, destacar?. Tarde o temprano si esa motivación va dirigida a esos conceptos, dejaran de correr o buscaran refugio en otras disciplinas deportivas. Las modas terminan pasando, el que lela 15 años corriendo, ese no dejará de recorrer…

  • Enhorabuena por el artículo, Paula. Buena selección de escritores, de libros sobre running y unas reflexiones acertadas. Si es de tu interés, enlazo un artículo de hace unos meses en que también se unen literatura y running, y coinciden las tres obras de la selección.
    http://runningdv.wordpress.com/2012/06/02/feria-del-libro-2012-running-y-libros/

  • El libro de Murakami es uno de los que mejor explica lo que supone correr aunque también hay otros libros muy recomendables sobre el tema. http://deporadictos.com/correr-no-es-de-cobardes/

  • Me gustaría saber cuánta gente es capaz de saber lo que supone correr más de 42 kilometros. Como para no contarlo. Creánme, es un motivo de orgullo, poder completar una carrera así.

  • Genial artículo. Estamos de acuerdo con lo que corremos por placer. Pero también es cierto que cuando peor van las cosas, más gente hay corriendo.

    Enhorabuena. Lo compartimos ;))

  • Yo recomendaría también “La soledad del corredor de fondo” de Alan Sillitoe. También se hizo una película que, para mi gusto, era un poco lenta. El libro mola mais.

  • Totalmente de acuerdo en la ansiedad liberada a la hora de correr, me imagino que habrá estudios fisiológicos sobre ello. Y efectivamente España esta saliendo a correr…
    Articulo muy bueno.

  • Vivimos en el momento mas social e interconectado de nuestra existencia.

    Compartir tus vivencias al correr, en forma de números, de palabras o de sensaciones es normal, te sientes bien, te cambia el estado de ánimo y quieres que otros los sientan.

    De hecho, es probable que el éxito del mundo runner y otros deportes extremos vengan de la mano de la apertura y la socialización de sus atletas.

    Otros deportes estarían encantados de tener ese mismo éxito.

  • Quiero comentar un error frecuente:
    Correr no es un deporte, es una actividad física.
    Atletismo es un deporte.

    • Gran comentario. Finalmente alguien que sabe de que habla en este despropósito de artículo. Correr “no tiene ese cariz de lucha contra el otro, de combate” pero el atletismo lo ha de tener. Zatopek era atleta (con una vida difícil) y practicaba el atletismo. Murakami es un corredor (lento) y practica la literatura: llamar atletismo a correr un maratón en tres horas es una chorrada. Y allá cada uno con sus razones, sus lesiones, sus motivos y sus rodillas. Y sí, soy un snob que intenta ser atleta desde hace 40 años, que está delgado y sano y que corre de forma natural, como muchos otros animales.

  • “Corro por el placer que supone dejar de correr, corro por el placer de pararme” Marcelo Bielsa.

  • Creo que ya va siendo hora de que alguien diga la verdad sobre estas barbaridades de las maratones y del deporte llevado al límite. Que sepan l@s que practican el tema, que prácticamente tod@s, van a tener grandes problemas con sus articulaciones cuando lleguen a los cincuenta, y en algunos casos, mucho antes. Una cosa es hacer deporte para tener buena salud (aunque correr nunca lo aconsejaría, mucho mejor andar) , y otra muy distinta forzar los límites por una cuestión de moda social. Ya está bien de tanta tontería con la tolerancia al sufrimiento, la superación personal y gilipolleces varias, con las que se pretende lavar el cerebro del indivíduo, como siempre se ha hecho por otra parte.
    Ah, y que a nadie se le ocurra correr si tiene sobrepeso. Primero hay que perderlo con dieta adecuada y largas caminatas que se irán haciendo más rápidas conforme se adquiera forma y estilización.Ya es bastante malo que que las articulaciones reboten en el suelo (¡nunca en asfalto, por favor!) como para que además, se vean sobrecargadas por kilos de más.

    • ¡Hombre, Sostres, cómo tú por aquí!

    • Llevo 32 años corriendo fondo. He corrido 15 maratones. Llevo 27 años compitiendo. Lo mejor, estoy en perfecta forma y sigo dando guerra, haciendo podiums y experimentando nuevas técnicas de correr como el barefoot. El problema es de los resentidos que nos contemplan con envidia desde el sillón de su desidiosa pereza. El problema es de ellos no nuestro XD

  • El complejo de Testigo de Jehová que existe al correr está ahí, es innegable. El hecho que vivamos en una sociedad interconectada también ha tenido algo que ver con esta generalización del acto de correr. Y la crisis puede que haya sido el último arreón (aunque yo lo vincularía a un despertar tardío en el sur de Europa). Pero por encima de cuestionamientos generales hay tantos motivos por los que uno sale como gente se patea las calles. Al fin y al cabo correr es encontrarse a uno mismo.

  • Recomiendo “Running with the pack” de Mark Rowlands.

  • Muchos dicen que los deportistas son estúpidos, ejemplo los corredores: mientras corren no se preguntan porque corren, luego no es de extrañar que sean igual de idiotas en la meta.

    • ¡Menuda chorrada! Entre los corredores hay tantos tontos o tantos listos como entre los melómanos, los colombófilos o los torneros fresadores. A ver si te crees que los corredores no hacen otra cosa en su vida que correr. Será que no tiene horas el día para preguntarse cosas.

      Y yo, personalmente, nunca me pregunto por qué corro mientras estoy corriendo, pero sí en otros momentos. Y una de las respuestas es que corro justamente para poder no pensa en nada durante unas cuantas horas cada semana.

  • Es interesante el estudio de McDoublas en el sentido de que correr parece ser una gran herramienta contra el sufrimiento humano. Pero yo me pregunto si no sería mejor utilizarlo como preventivo y no esperar a estar en una situación de crisis para adquirir el hábito de “correr”.
    La historia de Zapotek nos introduce en unas complejidades sociales y políticas del simple acto de correr que creo que van más allá de las aspiraciones de la gran mayoría de personas que practicamos este deporte.
    El Murakami me gusta un montón, me encantaría leerme su libro, supongo que me sentiría muy identificado, palabras como soledad, pensamientos, sufrimiento, lejos del mundanal ruido, Erick Clapton…me llegó.

    • ¡Tonterías! Es mucho mejor el hábito de correr… se.
      ¿”Zapotek”? ¡No lo conozco! Ni tampoco a “Erick” Clapton.

  • Pues yo si se porque corro:

    corro para huir de toda esta panda de pedantes que creen que saben mas que nadie, que dicen que correr es malo, que correr es una pose social, que correr es para poner la foto corriendo en facebook, que correr es de tontos…

    seguid, seguid opinando, que yo voy a calzarme las zapas…

    • Usted puede correr lo que quiera, ¡faltaría más! Ya luego irán a visitarle al geriátrico antes de cumplir los 60, sus hijos y nietos. Usted estará allí presa de la artrosis, los espolones en el talón, los uñeros, incluso de las hemorroides. ¡Corra, corra, insensato! ¡Dilapide su juventud en esas tonterías si le place! ¡Ah, pero luego no me venga suplicando, porque entonces ya no habrá nada que hacer, se lo advierto!
      ¡Si os vais no volvais! ¡Noooo volvais!

  • Correr es de “Zapoteks”. Pues eso, que te duele todo de viejo y ya te acordarás de los kms que podías haber hecho andando o durmiendo.

  • El de la foto no es Chris McDougall, y los Tarahumaras no corren 26 km diarios sin lesionarse, corren cientos (+100) al día, y muchos de ellos descalzos.

    “Si no creemos que hemos nacido para correr, no sólo estamos negando nuestra historia, si no lo que somos.” Born to Run

  • Pues yo corro solito, sin que nadie se entere (excepto mi mujer y mis hijas). Corro poquito porque estoy regordete, me duelen mucho las piernas, me falta la respiracion. Voy despacio, casi andando, me paro, me arrepiento de correr. Pero sigo. Lo que puedo. Al dia siguiente, si puedo, vuelvo a salir, 10, 15 minutos, he llegado hasta 40′. Dejo de correr unas semanas por trabajo, y vuelta a empezar. Y no se porque corro. Pero me siento mejor. Solo se eso. Y no tengo ni idea ni me importa porque corren los demas. Desde luego, preferiria jugar en la NBA o ser campeon del sexo, pero correr si que lo puedo hacer. Por ahora.

    • Igual es mejor cuidarte la alimentación que sufrir corriendo, mashote. Y algún vecino también se habrá enterado, no te creas…

    • ¡Hablemos claro de una puta vez! ¡Correr es algo antinatural, si es que lo notan hasta los más lerdos! ¡Otra cosa, es que lo reconozcan en alta voz! Antes, se dejarían despellejar vivos, ¡aunque pedirían poder hacer previamente unos estiramientos, esos torticeros! Si ya se ve, tú vas caminando tranquilo y todo va como la seda. Empiezas a cambiar el paso acelerando, y ya la cosa empieza a nublarse. ¡Pero es que ya si corres, la has defecado totalmente, mozalbete! ¿Tú no ves que empiezas a respirar peor, a sudar como un gorrino y a ver que los árboles pasan demasiado deprisa?
      ¡Creédme, yo era uno de vosotros, un Apolo en mallas surcando como una flecha los caminos! Las mujeres caían rendidas a mi paso, algunas me lanzaban, sin que nadie se lo pidiera, claveles, e incluso algún teléfono particular. Todo eso me indujo a creer que iba por el buen camino, pero ahora me encuentro con 32 años y una apariencia de 58, mal llevados. Las rodillas me crujen como al romper nueces y estoy a punto de ir con bastón.
      ¡FUI UN ILUSO! ¡Pero vosotros, hijos de mi alma, no tenéis por qué acabar como yo!

  • Yo llevo ya casi 10 años corriendo y corro como entrenamiento para el deporte principal: FOLLAR.

    El secreto para tirarse veinteañeras pasando los 40 es tener tanta o más energía que ellas. No hay otro.

    • Pues mire hijo de mi vida, precisamente de follar sé yo un rato largo, porque no paro de hacerlo más que para dormir. Y es que a pesar de aparentar 58 años teniendo 32, mi imagen recuerda bastante al Warren Beatty de finales de los ochenta. El AUTÉNTICO secreto para tirarse a veinteañeras, a sus madres y si se tercia, a sus abuelas, siempre que estén como Kim Bassinger está ahora.
      ¡Abur!

  • Caramba, que odio se le tiene al correr entre los lectores de Jot Down. Beber es malo, fumar es malo, comer ciertos alimentos es malo, comer poco o mucho es malo, sentarse frente al ordenador o a la tele durante un número determinado de horas es malo, leer con poca luz es malo, escuchar música con un volumen alto es malo… Prácticamente todo lo que uno hace “es malo”. Y ahora resulta que hay como un colectivo de antirunners con mil motivos para que uno deje de correr, pero que fumarán, beberán y tendrán mil y un vícios que no son nada perjudiciales para la salud de uno.

    Correr te mantiene en forma, correr te hace sentir vivo, correr te despeja la mente y las ideas, te permite relajarte y descubrir nuevos rincones de la ciudad que jamás conocerías si no hubiera sido por “correr 10 minutos de más”, te permite estar en contacto con la naturaleza, crear nuevas amistades y un nuevo tema en las conversaciones en el bar.

    Amigos míos, si os quejáis de los corredores, es que no tenéis ni puta idea de lo que es correr. No tenéis ni idea de lo que es sentirse vivo.

    • Los que no hacen ejercicio no saben lo que es levantarse con agilidad del sofá, ni acelerar el paso sin que el corazón se desboque. Son los que tropiezan y automáticamente les sale un hematoma. Los que sudan más de la cuenta sin saber por qué. Los que muchas veces tienen la cabeza pesada, la vista cansada, y no encuentran un remedio. Los que tienen una pena, o una preocupación, y no pueden sacársela de la cabeza quemando energía.

      No les gusta. Vale. Lo denigrarán. Vale. Pero no saben lo que se pierden.

      Y en el futuro se pueden tener dolores, o secuelas, por supuesto. Ttampoco es seguro tener arterioesclerosis o sobrepeso por culpa del sedentarismo. Nada es seguro.

      Todos sabemos estar parados. Pero solamente los que se mueven saben lo que es moverse.

  • Excelente el artículo, correr es una de las formas de la libertad….

  • ¿Cómo que “No nos hemos calado la visera y los shorts”?
    ¡¡Yo sí!!

  • Yo no sé con exactitud por qué corro, pero en mi caso este hecho no tiene mucha relevancia, dado que yo (saber, lo que se dice saber, así, en mayúsculas) sé pocas cosas. Sin embargo, me esfuerzo por salir de la ignorancia.

    Un gran artículo.

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