Ciencias

La tragedia de Ortuella: el peligro de las corrientes vagabundas

Durante el verano de 2013 fallecieron en España, víctimas de accidente de tráfico, unas doscientas treinta y cinco personas. Habituados a estas cifras o incluso superiores (de hecho ha sido el número más bajo desde que hay registros), es raro que alguien coja miedo a realizar un trayecto en coche. En cambio, si se hubiera estrellado un avión en, supongamos, Brasil, con el mismo número de víctimas mortales, a nadie extrañaría que las ventas de pasajes de avión en nuestro país descendieran significativamente durante un tiempo. Es evidente que hay cierto tipo de accidentes que generan alarma social. El descarrilamiento el mismo verano en Santiago de un tren de alta velocidad (en un tramo que no era de alta velocidad) también se puede englobar dentro de ese saco. Con setenta y nueve fallecidos a los que buscar responsable, a parte de la opinión pública y la prensa les faltó tiempo para cargar las tintas sobre un individuo, el maquinista. Un poco más adelante, con los ánimos algo más fríos y más datos sobre la mesa, el Ministerio de Fomento, responsable último de la línea y su explotación, convocó una rueda de prensa en la que anunció cambios en las medidas de seguridad para evitar que se repitiera un accidente de esas características.

Portada del diario El País del día 24 de octubre de 1980
Portada del diario El País del día 24 de octubre de 1980

Parece que las medidas de seguridad con sangre entran. Esto no es nuevo, puesto que hace más de treinta años sucedió algo parecido en la tragedia del colegio Marcelino Ugalde de Ortuella, Vizcaya, donde murieron cuarenta y nueve niños y tres adultos. Fue un suceso que impactó profundamente a la sociedad; la Reina Sofía realizó su primer viaje oficial al País Vasco (donde el clima socio-político no era precisamente una balsa de aceite) aquella misma tarde para visitar a los heridos y, al día siguiente, las clases en los centros públicos de educación no universitaria se suspendieron en todo el Estado. A los funerales asistieron unas siete mil personas, debiendo ser oficiados en unas naves industriales por la gran afluencia. Aún hoy muchos recuerdan lo que ocurrió y tienen grabadas las imágenes de cuerpos desmadejados sobre el patio del colegio, pero la gran mayoría no saben la causa con exactitud.

Una explosión en un colegio

El veintitrés de octubre de 1980, poco antes del mediodía, volaba por los aires la planta baja del colegio Marcelino Ugalde, precisamente donde se encontraban las aulas de 1º de EGB. En un primer momento, mientras se sacaban de los escombros decenas de cadáveres, en su mayoría niños de seis años, las causas de la explosión eran confusas aunque ya hubo quien con mayor o menor repercusión y dado que había ocurrido en Vizcaya, insinuó la autoría de ETA. En aquella época, donde morían al año casi cien personas a manos de grupos terroristas de distinto pelaje (sin ir más lejos, ese mismo día fueron asesinados un político de UCD, un trabajador de Telefónica y un profesor de formación profesional), puede entenderse que no fuera una hipótesis tan descabellada como en 2003 y aquellas «montañas lejanas», aunque en el caso de Ortuella rápidamente el Ministerio de Interior desechó esa vía de investigación.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

14 comentarios

  1. Pingback: La tragedia de Ortuella: el peligro de las corrientes vagabundas

  2. Pingback: Bitacoras.com

  3. Fantástico artículo!.

    • Carlos Casanueva

      Soy estudiante de cuarto curso de Ing. Civil (antigua ing de caminos-itop) y arquitecto de profesión desde hace 10 años. Estoy preparando mi examen de ferrocarriles de cuarto ahora mismo. Este artículo debería aparecer grabado a fuego en los techos, paredes y suelos de las escuelas de ingenieria y arquitectura por lo que concierne a ferrocarriles y edificios, a acometidas de gas y otras acometidas publicas o privadas.
      Es sencillamente un artículo FORMIDABLE y una desgracia imperdonable que en mi caso no pienso olvidar nunca. Enhorabuena al redactor, humildes condolencias a los padres. Un beso para esas 48 almas inocentes. Prometo revisar las acometidas próximas a vías férreas en mis proyectos como si me fuera la vida en ello.

      • JMG Díaz-de-Villegas

        Desde hace más de 30 años, en cada examen fina,l que como catedrático de la asignatura de FFCC en la ETS.de Ingenieros de Caminos de Santander , he puesto la pregunta » Incidencias de las líneas electrificadas en las canalizaciones próximas» como forma que ninguno de mis alumnos olvidara este trágico accidente , que podía haberse evitado con las medidas preventivas que expongo en clase y describo en mis » Apuntes de Ferrocarriles»

  4. Pero al soldador lo apalearon. Porque lo importante ante una catástrofe no es encontrar una solución, sino un culpable.

  5. Yo soy de Ortuella, y aunque en el momento del accidente aun no habia nacido, siempre me dijeron que el accidente habia sido causado por el trabajador, que habia ido a arreglar un escape de gas y no se le ocurrio otra cosa que encender un cigarrillo.

    • Aquí dicen que fue al tratar de encender la candileja. La cuestión es la misma: todo estalló al hacer fuego. Pero es que el trabajador no olió el gas. Si se hubiese dado cuenta no habría hecho fuego, que casi se deja la vida él también.

  6. Una corrección: No es Martín Ugalde sino Marcelino Ugalde.

  7. granjefeindio

    Magnífico artículo.

  8. de Ortuella

    Una autentica pena, mi hermano pudo ir a ese colegio debido a esa desgracia nacieron muchos niños después, una forma no de «reparar» las terribles perdidas sino tratar de recuperar y demostrar que aquello no era el fin y que mejor modo que naciendo nuevos niños. Una pena lo que pasó y que pusieran las medidas de seguridad, después de que pasará un desastre.
    Aconsejo que si alguien quiere ver información que vea la caja negra de eitb en el que tienen un video de este desastre. Un salud

  9. Pingback: Las muertes de Alcalá de Guadaira y la sociedad Lemming | Almogrote Para la Salud

  10. personas empleadas de aquel colegio avisaron tanto al ayuntamiento del pueblo como al hojalatero de olor a gas en las cocinas, antes de llegar las vacaciones de verano.durante todo el verano no se subio a revisar, cuando hubo suficiente tiempo para evitar esta catastrofe.el hojalatero despues de estar avisado de la situacion, bajo al sotano a reparar una de las tuverias del desague que era por donde circulaba el gas y en el que estaba afectada y encendio un soplete para calentar un tubo para reparar la averia, quiero decir con esto que aqui ahi dos cosas mal, la primera encender un soplete donde se encontraban las calderas y la otra es que si vas a reparar una de las tuberias afectadas por el gas, evidentemente no se podra encender nada

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*