Jot Down Cultural Magazine – Una palmera en Soria

Una palmera en Soria

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Fotografía: PMR Maeyaert (CC).

Sí, en pleno páramo soriano, a unos mil metros de altura y con una temperatura media de unos once grados centígrados, hay una palmera. Una palmera majestuosa que lleva allí casi nueve siglos. Nadie diría que una palmera pueda vivir en lugar tan inhóspito. Las palmeras nos traen a la mente playas paradisiacas, oasis y climas suaves pero nuestra palmera soriana no es una palmera al uso, nuestra palmera es de piedra y lleva casi mil años sujetando la bóveda de una iglesia. Bienvenidos a San Baudelio de Berlanga.

San Baudelio se encuentra en el término municipal de Casillas de Berlanga, hoy dependiente de Caltojar y a unos ocho kilómetros de Berlanga de Duero. Hasta allí se llega por carreteras solitarias y estrechas, de esas carreteras que parecen dibujadas, no construidas, y en las que si pilla el anochecer uno espera ver un ovni aterrizar y vivir un encuentro en la tercera fase con algún humanoide soltando un «pues parece que refresca».

Tengan cuidado al llegar, pues la iglesia está entre Casillas y Caltojar sobre una ladera y su aspecto exterior no es nada llamativo. Y cuando digo nada, es nada. San Baudelio visto desde fuera no es más que un edificio formado por dos cubos adosados en el que únicamente destaca un arco de herradura enmarcando la puerta. Así visto, San Baudelio podría pasar por una cabaña para ganado y justo, justo para eso se utilizó el edificio desde 1893, para guardar ovejas trashumantes. Pero no, esto no es lo peor que le ha pasado a San Baudelio, no crean.

Tomen aire, crucen la puerta: acaban de entrar ustedes en el paraíso, un paraíso mozárabe. Ahí tienen la palmera soriana, ahí tienen ochenta metros cuadrados de iglesia, una iglesia que no parece tal, la iglesia más «mahometana» de todas, en palabras de Gómez Moreno. Nuestra palmera es un pilar central en el que se apoyan ocho arcos de herradura y que sirven para sustentar una bóveda esquifada. Ocho arcos, justo ocho, el número del octógono, el que representaba el paso del cuadrado al círculo y por tanto el paso de la tierra al cielo. Y donde nacen los arcos, una linternita, un hueco extraño. Algunos dicen que servía para alojar las reliquias del santo Baudelio, otros que para poner los tesoros a buen recaudo, como los camarines del prerrománico asturiano. Nadie lo sabe a ciencia cierta.

Fotografía: Miguel Ángel García (CC).

A los pies de la nave se encuentra una tribuna elevada (no visitable) y bajo esta una zona de columnillas y arquerías que recuerda a una mezquita en miniatura o a una cisterna bizantina. Y al fondo, en un rincón, se abre la entrada a la gruta que se cree sirvió de primer eremitorio.

La cabecera del templo está a la izquierda de la entrada y la conforma el segundo cubo que se ve desde el exterior. En el interior la zona más sagrada de la iglesia se encuentra separada por un muro en el que se abre un vano doblado. La zona reservada a los fieles está de este modo claramente delimitada.

Fotografía: Miguel Ángel García (CC).

A estas alturas ya se habrán dado cuenta, San Baudelio estuvo totalmente pintada, hasta el último de sus huecos. Todavía se ven grecas, animales y restos de escenas aquí y allá. Cierren los ojos e imaginen todo ese espacio con sus pinturas. La estampa es casi obscena viendo el lugar en el que nos encontramos. Esa explosión de color en la extremum duuri soriana, en un lugar de frontera móvil durante todo el siglo XI y parte del XII asemeja verdaderamente el paraíso en la tierra. ¿Y qué ocurrió con las pinturas que faltan? ¿Dónde están? ¿Se perdieron? No, o al menos no todas. Pero empecemos por el principio. La primera publicación de la ermita la hicieron Manuel Aníbal Álvarez Amoroso y José Ramón Mélida Alinari en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, en un número de 1907, «Un monumento desconocido. La Ermita de San Baudelio en término de Casillas de Berlanga (Provincia de Soria)». Y tan desconocido, estaba siendo usado como refugio de ovejas y pertenecía, por avatares de herencias a varios vecinos de Casillas y Caltojar. Tras los primeros estudios el templo es declarado en 1917 Monumento Nacional. Hasta aquí todo bien pero en 1922 aparece en Casillas un marchante de arte, León Leví, que ofrece a los dueños de la ermita setenta y cinco mil pesetas por las pinturas. Y los vecinos venden, claro que venden. De repente alguien se percató de que la declaración de San Baudelio como Monumento Nacional no se había comunicado jamás a nadie. Era Monumento Nacional sí, pero esto se lo debió decir un funcionario a otro una mañana tomando café. El obispado de Sigüenza y el cabildo catedralicio pusieron el grito en el cielo, la Comisión Provincial de Monumentos de Soria denunció la venta y en 1923 esta quedó en suspenso. El problema es que las pinturas ya habían sido arrancadas. Un tropel de expertos italianos se había afanado en hacerlo. Así que se les llamó: había que recolocarlo todo y este momento se aprovecha para hacer copias de los murales. Y llegamos a 1925, año en el que el Tribunal Supremo da por buena la venta, ¡la venta de Patrimonio Nacional! Así que León Leví vuelve a arrancar las pinturas, las mete en un barco y sale rumbo a Nueva York. Allí el estilo románico no estaba de moda entre los grandes coleccionistas y los murales se repartieron entre el MET (The Cloisters), el Museo de Bellas Artes de Boston y el Museo de Arte de Indianápolis. Y así, San Baudelio quedó desnuda y la palmera sola. Hubo mucho revuelo en la época entre expertos e intelectuales pero quizá este poema de Gerardo Diego es el que mejor resume la rocambolesca historia:

—Que no.
—Que sí madre, que sí.
Que yo los vi.
Cuatro elefantes
a la sombra de una palma.
Los elefantes, gigantes.
—¿Y la palma?
—Pequeñita.
—¿Y qué más?
¿Un quiosco de malaquita?
—Y una ermita.
—Una patraña,
Tu ermita y tus elefantes.
Ya sería una cabaña
con ovejas trashumantes.
—No, más bien una mezquita,
Tan chiquitita.
La palma
me llevó el alma.
—Fue solo un sueño, hijo mío.
—Que no, que estaban allí,
Yo los vi,
los elefantes.
Ya no están y estaban antes.
(Y se los llevó un judío,
perfil de maravedí).

En San Baudelio los expertos consideran que trabajaron tres maestros: el de Maderuelo, que debió de encargarse de las escenas bíblicas, el de San Baudelio al que se atribuyen las escenas de caza de la parte inferior y un tercer maestro que se encargó del coro. Hoy las tres Marías están en Boston, la curación del ciego y la resurrección de Lázaro en el MET, las bodas de Caná en Indianápolis… ¿ y la cacería del ciervo? ¿Y la cacería de las liebres? ¿y el elefante de Gerardo Diego? Esas pinturas están en el Museo del Prado. Seis son en total las que tiene este museo procedentes de San Baudelio. Cedidas. Cecidas por el MET indefinidamente. ¿Cedidas? Y esta es otra curiosa historia. En 1957 el MET estaba buscando piedras para ampliar su sección de arte medieval en The Cloisters. Algo faltaba, pensaron, y lo que les faltaba era un ábside románico. Dicho y hecho, eligieron el ábside de la parroquial de Fuentidueña en Segovia que ya era Monumento Nacional y ofrecieron al Estado español un intercambio: la reja de la catedral de Valladolid, un Greco o seis de los murales «menores» de San Baudelio. Y eligieron las pinturas. Y ahí están, cedidas indefinidamente mientras el ábside de Fuentidueña se levanta majestuoso en Nueva York.

Fotografía: Julio Prieto (DP).

Ya no están y estaban antes, los elefantes, las liebres, los ciervos, los cazadores, la palmas, el halconero, las escenas del Antiguo y Nuevo Testamento. Algunas pinturas quedaron en San Baudelio sí, pero las más importantes no están. Todavía se pueden ver sobre los muros las improntas que quedaron al ser arrancadas. Están ahí, como espectros de lo que un día fueron y dejando una amarga sensación de nostalgia. Para sacarse de encima las penas pueden acercarse a Rello, a unos diecisiete kilómetros, que es un precioso pueblo amurallado en la cima de un risco. Muy cerca la leyenda sitúa el lugar donde murió Almanzor después de «perder el tambor» en Calatañazor cuando iba camino de Medinaceli. Y por supuesto han de ir a Berlanga de Duero, capital de esta comarca, las Tierras de Berlanga. Con unos mil habitantes es la población más grande de la zona y el mejor lugar para el descanso. Una impresionante colegiata del XVI sobresale entre el caserío. Y quedó inacabada, o al menos el proyecto inicial inconcluso por problemas económicos. Cuando la vean entenderán perfectamente el porqué. Visiten también el castillo del siglo XV, que se levantó sobre las ruinas del primero que a su vez se levantó sobre una alcazaba musulmana. Es lo que tienen las tierras de frontera. Y coman en Casa Vallecas, sobre todo si van en otoño, cuando durante las jornadas micológicas ofrecen un menú con todos los platos a base de setas y hongos. La caza es otra de sus especialidades. Una delicia. El propio restaurante dispone de un hotelito de dos estrellas muy correcto y económico donde podremos pasar la noche soñando con los elefantes, ciervos y halcones que ya no están, que estaban antes.

Para dormir y comer:

Hotel Fray Tomás y Restaurante Casa Vallecas
Berlanga de Duero, Soria
Travesía del Real 16 tfno. 975 34 30 33

Horarios e información de apertura de San Baudelio:
Tfno. 975 221428
Del 1 octubre al 31 marzo: abierta de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 18:00 horas
Del 1 abril al 30 septiembre: abierta de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00 horas
Domingos y festivos: abierta de 10:00 a 14:00 horas

31 comentarios

  1. Pingback: Una palmera en Soria: la venta de Patrimonio Nacional

  2. En un pequeño librillo sobre el expolio Felix González (Flas) realizó una reconstrucción pictorica muy recomendable para ver cómo se vería el original. (Tengo un enlace pero respetando los derechos del autor mejor sería ponerse en contacto con él, aunque no me resisto a mostrar la maravilla que debió ser) http://dicodicasdicat.blogspot.com.es/search/label/San%20Baudelio%20de%20Berlanga

  3. Buen artículo, pero os recomendaría que actualizaseis la información sobre los talleres que realizaron las pinturas, puesto que actualmente está aceptado que es obra de un único taller. La diferencia está en que las pinturas altas son temas religiosos, lo que implica modelos conocidos, mientras que las bajas, son temas nuevos, desconocidos en cierta medida para sus hacedores, pero si se estudian con detalle elementos como las arquitecturas, rostros, ropajes se aprecia que son obra de un mismo taller por sus semejanzas. Hay que tener en cuenta además, que las pinturas bajas han perdido muchos pigmentos. En definitiva, son pinturas de un mismo taller. Recomiendo el artículo sobre el tema de Marta Poza Yagüe y la obra de Milagros Guardia Pons. Un saludo.

    • Mil gracias por la info, Cristina. Lo buscaré. Y lo que dices tiene mucho sentido. De nuevo, gracias.

  4. Pingback: Bitacoras.com

  5. Cuando uno lee eso de “en medio del páramo soriano” dan ganas de no seguir leyendo. Que leche será eso del páramo soriano. Los sorianos, que vivimos en la provincia más montañosa de España todavía no lo sabemos. Después dice que la iglesia exteriormente no tiene nada llamativo como si uno fuera por la calle viendo arcos de herradura puerta si puerta no.
    En fin, unos pocos tópicos que los de aqui tenemos que sufrir siempre que se habla de San Baudelio. Eso si, las fotos son muy buenas.

    • Muchas gracias, Amigos del Coborrón por el comentario. La intención del artículo es que la gente visite San Baudelio y lo disfrute tanto como yo lo disfruto cuando lo visito.
      Respecto a su comentario sobre los arcos de herradura en puertas y demás, “como si uno fuera por la calle viendo arcos de herradura puerta si puerta no.”

      hago referencia a que si uno va por la carretera en coche y se despista puede pasarse la ermita de largo fácilmente, cosa que a mí me pasó la primera vez. Pero yo suelo perderme y despistarme en coche. Qué le voy a hacer. La intención era remarcar la sencillez del exterior para fijar contraste con lo que el visitante encontrará en el interior.
      Un saludo.

    • “Un páramo es una gran extensión de terreno yermo y plano situado a cierta altitud, muchas veces superior a 1000 metros”.
      http://es.wikipedia.org/wiki/P%C3%A1ramo_(geomorfolog%C3%ADa)
      Creo que eso explica bastante bien que pueda haber páramos en Soria, sin entrar a valorar que te haya gustado (mucho, en mi caso) o no el artículo.

    • Holi, Amigos. Me he pasado por vuestro blog y he visto una foto que no sé qué leches será.

      http://1.bp.blogspot.com/-A0ckCLyGbWA/UuLrWKCvCnI/AAAAAAAABjY/oVAEYK6OInI/s1600/cruzcoborr.JPG

  6. Una delicia de artículo Sra. Castellanos. Iré a la palmera por su culpa.

    (y un fuerte abrazo a los amigos sorianos que viven en Ávila, la provincia más montañosa de España)

  7. lo que parece los vestigios de una antigua whisquería en el páramo… antes con los neones de colores, se dejaba ver… ahora, esos cubos semiruinosos son desapercibidos al paso… puritita decadencia, los americanos se llevaros los tapizados, la barra forrada de eskay y la bola giratoria, dejando la palmera desconchada… país asolado!

    • no me gustaría pasarme de lista, pero ese párrafo se parece muchísimo a uno de Las muertas, de Jorje Ibargüengoitia.

    • Agggggg, perdón, se me ha escapado una errata. Quería poner Jorge!

  8. Ese sitio tiene magia. Estaba por la zona y me acerqué a a verlo. Tantas veces lo había visto en los libros de arte que parecía que hubiera estado toda la vida allí.

  9. Ayyy que siempre tiene que haber algún quisquilloso fijándose en lo más nimio… ^^
    Independientemente de páramos y pedregales, tu artículo es fantástico Silvia. Me encanta tu recuperación historiografica del precioso lugar y ten puesto por seguro que lo visitaremos, con los ojos bien abiertos y la mente despierta para imaginarlo en todo su esplendor.
    Gracias!

  10. ¿Un edificio histórico expoliado en España? Lo que me extraña es que siga en pie. Éste fue un país lleno de patrimonio y hoy quedan más que algunas migajas. Sólo hay que darse una vuelta por nuestros centros históricos para ver el estado en el que quedaron tras el franquismo.

  11. Bueno y felicitar a la autora por el artículo. :)

    • Gracias por ese magnifivo relato, conozco el lugsr… y su historia. Trabaje en Soria como fotogrsfo en un periodico locsl.
      La primera vez que entre en San Baudelio tuve tres sensaciones muy intensas, la primera admiracion por lo que llego a ser, la segunda dolor por lo que es y la tercera verguenza.

  12. Lugar mágico donde los haya.

    Gracias por recuperar historias de la Historia como ésta.

  13. En Diciembre pasado fue la última vez que estuve. Y hago mío un comentario que no se en donde leí (creo que fue en esta pagina) sobre San Baudelio. “No sé si es la Iglesia Mozarabe más al Sur del Norte de España, o el Mozarabito islámico más al Norte del Sur de España” . Así que doy gracias a nuestros investigadores-historiadores por mantener eternamente nuestros orígenes en esta doble disyuntiva.

  14. Muchísimas gracias por el imprescindible artículo y también por el enlace a la MARAVILLOSA reconstrucción de Félix González, cuya secuencia completa se encuentra aquí: http://www.soriaturismoymas.com/2013/san-baudelio-de-berlanga-en-su-recreacion-pictorica-a-ordenador

    Aunque no sea muy interesante desde punto de vista artístico yo recomiendo adentrarse por la cuevecita del ermitaño. No apto para claustrofóbicos, pero toda una experiencia. Mejor si llevas tu linternita, aunque el guarda te deja una (como las que yo tenía de niño, tiempo ha -y ha mucho). Y también los nichos excavados en la roca del exterior.

    Además, yo creo que lo que vemos ahora es muy diferente de lo que veían los que habitaron estos parajes cuando se construyó. No me imagino un edificio como este a la vista de todos y en ese paso fronterizo. ¿Sería que había bosques donde ahora hay páramos?

    Pues a estudiarlo y a… imaginarlo. En este país ya no nos queda más.

  15. Maravilloso artículo que transmite la belleza de San Baudelio y las bondades de la zona (setas y hongos incluidos); visitaré la zona sin dudar y en breve.

    Gracias por ilustrarnos Silvia

  16. Pingback: Lo ví el año pasado | Mujerárbol Nueva

  17. Felicidades Silvia, por el artículo y las fotografías. No cabe duda, que hay magia en el lugar y en el espacio interior, explicar esa emoción resulta muy dificil, por eso, me pregunto cosas más prácticas e inmediatas, por qué una palmera ?, por qué una estructura resistente, como la palmera, se elige para sustentar la cubierta, si ésta se puede sustentar de manera más sencilla, fácil y por tanto más económica ?
    La suerte de estas obras de arte, es que nos provocan más preguntas que respuestas.
    Gracias Silvia por recordar algunas.

  18. Pingback: ¿Qué iglesia española es más hermosa e inspiradora? - Jot Down Cultural Magazine

  19. La verdad es que es increíble la naturaleza soriana, sobre todo los eternos bosques de pinos cerrados, un verdadero espectáculo su entorno rural. Visita totalmente recomendada la zona de la laguna negra. No nos olvidemos de descubrir esa gran olvidada que es Soria y su provincia. un lujo al alcance de todos.

  20. Estuvimos trabajando durante más de seis años en la restauración de San Baudelio
    No hubo un día en el cual yo no bebiese agua del manantial que brota en la ladera,humillando me ante su poderío a escala sobrecogedoramente humana.
    Hacia tanto frio que nos salieron sabañones en las manos y tuvimos que improvisar mitones, cortando los guantes.
    He trabajado en bastantes catedrales,monasterios y lugares contundentes pero el pequeño Baudel es el que mejor resume la grandeza del arte hispano y la vergüenza de los españoles al arrancarle la piel con el beneplácito de los señores diputados de la época. Para cuando una película? El guión es inmejorable

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