Jot Down Cultural Magazine – Paninaro: una revolución consumista

Paninaro: una revolución consumista

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Fotografía: Paninaro.

El capitalismo moderno es tan subversivo como el marxismo. (Julius Evola)

En 1980, Italia tenía una de las economías más fuertes del mundo. La lira, que por entonces aún era moneda nacional, se había asentado, y el llamado «milagro económico» se consumó por fin. Atrás quedaba una década marcada por gobiernos efímeros, protestas callejeras y lucha armada, que los partidos en el Gobierno zanjaron con un puñado de durísimas leyes antiterroristas que convirtieron a Italia en un Estado policial. Así acabaron los anni di piombo y empezó una nueva era de bonanza económica, estabilidad política y paz social. El clima que los Estados Unidos estaban esperando para acelerar el proceso de colonización cultural que venían desarrollando, sin prisa ni pausa, desde los años cincuenta.

No es casualidad que, también en 1980, eclosionara el proyecto televisivo que el magnate Silvio Berlusconi llevaba años gestando: Canale 5 se convirtió en la primera televisión privada italiana de alcance nacional, rompiendo el monopolio de la pública. Con la emisión de Dallas, Alf, Star Trek y otras series norteamericanas trufadas con decenas de spots publicitarios, el canal fue la principal puerta de entrada del american way of life a los hogares italianos, divulgando unos valores basados en el consumismo extremo y la autoafirmación a través de la adquisición de símbolos de estatus. No contento con esto, il Cavaliere abrió en 1982 otro canal, Italia 1, dirigido a un target de entre diez y veinticinco años, donde se emitían películas, series, dibujos animados, videoclips y telecomedias norteamericanas. Paralelamente, las pantallas de cine vomitaban películas propagandísticas para todos los públicos: por un lado, panfletos reaganianos como Rambo, Depredador o Top Gun, exhibían el poderío militar norteamericano. Por otro, teen movies como Todo en un día, Admiradora secreta o Papá Cadillac enseñaban a la juventud que no basta con ser: sobre todo, hay que tener.

Joven aunque sobradamente americanizado

Los paninari fueron una subcultura juvenil integrada por adolescentes de familias bien. Tenían unos quince o dieciséis años, estudiaban en colegios privados y recibían generosas pagas de sus padres, que en su mayoría eran profesionales acomodados. Vestidos con llamativas prendas de marca, los paninari empezaron a congregarse de forma espontánea en torno a Al Panino, una cafetería sita en el número 6 de la Via Agnello que dio nombre al movimiento. Pero, aunque despachaba sándwiches, el local era demasiado autóctono para estos cachorros hambrientos de todo lo que veían en las producciones audiovisuales yanquis. Así que en cuanto la cadena de comida rápida Burghy abrió su primer local, los paninari se trasladaron allí, donde podían emular a los ídolos zampando hamburguesas. Corría 1982 y, en Italia, comer genuina fast food no era ninguna guarrería, sino algo exótico y moderno. Casualidad o no, el Burghy estaba en la Piazza San Babila, tradicional lugar de encuentro de los grupos juveniles de extrema derecha desde los años sesenta. Otros céntricos locales frecuentados por los paninari fueron el gimnasio Doria y el salón de belleza Rino, símbolos del culto al cuerpo que profesaba esta subcultura.

Para diferenciarse aún más de «la masa», los paninari tenían su propio slang, construido con palabras sacadas del dialecto del norte de Italia, pero también del español, del latín y, por supuesto, del inglés. Por ejemplo, un gallo era un tío guay; una sfitinzia, una tía guay; un cucador era un tío guay que se ligaba a muchas tías guays; y los sapiens eran los viejos, o sea, los padres. También se estilaba mucho el italish, con frases tipo «Very original, il mio boy». Claro está que las conversaciones paninaras eran más dialécticas que sustanciales, evitando siempre temas políticos, sociales, filosóficos o culturales serios. Según un seminal manifiesto de la tribu publicado en la revista Paninaro, «el gallo debe manejar con soltura un amplio abanico de módulos expresivos divertidos e inmediatos». Así, en lugar de «mangiare avidamente un panino» (o sea, «zamparse un sándwich con gula») el paninaro de pro diría «sparare un paninzzo nel gargarozzo». Capisci?

Imagen: Paninaro.

Pero pese a la relativa complejidad de sus códigos, la rivoluzione paninari era tremendamente simple. Consistía, básicamente, en vestir ropa de marca, comer hamburguesas, escuchar música pop y salir por ahí. Una vez forrado el estómago con comida basura, se iban de discotecas a bordo de sus lustrosas motos alemanas, modelo Zündapp 175. Los estudiantes de los sesenta y los setenta habían militado en la izquierda (o en la derecha), pero en los paninari el compromiso político brillaba por su ausencia. Como apunta el expaninaro Remo Ruffini, «en aquella época todo era colorista y feliz. La política ni se nos pasaba por la cabeza. Solo estaba el sueño de América y de un estilo de vida que pasaba por ir a hacer surf a California o visitar Nueva York». Pero ese apoliticismo reflejaba en el fondo una absoluta comunión con los intereses del Nuevo Orden Mundial. Recordemos que en 1981 los países anglosajones más importantes estaban regidos con mano de hierro por dos titanes del neoliberalismo: en Inglaterra, Margaret Thatcher llevaba más de dos años de demoledor mandato y, en los Estados Unidos, Ronald Reagan acababa de llegar a la Casa Blanca y ya hablaba de instalar escudos en el espacio para proteger a América de ataques nucleares. A los paninari todo esto les sonaba a chino: para ellos, el único escudo que existía era el del águila de Emporio Armani. Y mientras vivían una narcisista juventud que parecía eterna, el Gobierno italiano se sumía en unas cotas de corrupción que no se destaparían hasta 1993, año en el que se llevó a cabo la Operación Manos Limpias.

Enamorados de la moda juvenil

El principal signo de identidad del paninaro era, sin duda, su atuendo, que no dejaba de ser una versión italiana del estilo preppy yanqui. Enrico Pirondi, expaninaro e hijo del fundador de la firma Best Company, recuerda que «la ropa de los paninari era como un uniforme. Prendas muy brillantes, de muchos colores y cada una con su etiqueta, con la marca bien visible». Los elementos fundamentales que componían el look paninaro eran los jeans de marcas como Armani o El Charro, las botas Timberland y las bambas Superga, las camisas y polos de Best Company, los cinturones de hebilla grande de Levi’s, los relojes Swacht, mochilas Mistral, gafas de sol Ray-Ban Wayfarer (popularizadas por Tom Cruise en Risky Business), cazadoras de Stone Island, calcetines Burlington… Pero la prenda estrella de todo paninaro que se vistiera por los pies era un flamante plumas Moncler. Según Remo Ruffini, capo de la casa Moncler, «a mediados de los ochenta se vendieron unos cuarenta mil plumas en todo el mundo y, de ellos, treinta mil se despacharon en la ciudad de Milán». Y eso que el plumas no era una prenda precisamente cómoda: al estar diseñada para protegerse de la nieve, se empapaba cuando llovía, pudiendo llegar a pesar hasta diez kilos con el peso del agua. Pero molaba, y había que llevarlo aunque cayeran chuzos de punta.

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Imagen: Paninaro.

En un momento en el que la industria de la moda italiana estaba en pleno auge, la aparición de los paninari dio lugar a decenas de colecciones de ropa deportiva juvenil. La artista plástica Ludovica Gioscia, responsable de una serie de collages y artefactos elaborados con parafernalia paninaro, explica que «los nombres de las marcas, por ejemplo CP Company, reflejaban una procedencia americana, pero la mitad de las prendas estaban fabricadas en pequeñas fábricas alrededor de Mantova, en el norte de Italia. Cualquiera que mirara con atención esas prendas se daría cuenta de que no podían estar producidas en un país de habla inglesa, porque tenían en sus etiquetas un montón de errores gramaticales».

El pop os hará libres

Si la base del Imperio romano era «pan y circo», el imperio anglosajón narcotizó a la juventud italiana con «burgers y videoclips». Eso sí, los paninari preferían los sofisticados hits del new pop británico a los más mostrencos soniquetes del pop-rock yanqui; y por encima de todo aborrecían la música italiana, de la que solo salvaban un puñado de canciones de Gazebo, Tracy Spencer o Taffy chapurreadas, cómo no, en inglés. Formaron parte de la banda sonora paninari éxitos como «Word up» de Cameo, «The edge of heaven» de Wham!, «Each time you break my heart» de Nick Kamen, «Don’t leave me this way» de los Communards, «Big in Japan» de Alphaville, «Der Kommissar» de Falco, «True» de Spandau Ballet y, muy especialmente, «Wild Boys» de Duran Duran, que se convirtió en su himno. Los paninari se volvían locos con estas canciones, cuyos videoclips eran repetidos ad nauseam en el programa Deejay Television de la cadena Italia 1 y en Videomusic, el primer canal europeo especializado en contenidos musicales.

La comunión de los paninari con el novísimo pop británico fue tan intensa que, en un momento dado, recibieron un inesperado feedback. En 1986, los Pet Shop Boys lanzaron una canción titulada, precisamente, «Paninaro», que celebraba el movimiento con no poca ironía. Al parecer, el dúo británico de techno-pop visitó Italia en 1986 para promocionar Please, su debut discográfico, y quedó profundamente fascinado con los paninari. Según confesó Neil Tennant, voz cantante del dúo, «lo que nos gustó de esa cultura juvenil es que era mainstream, en oposición a los góticos, que eran más underground. Los paninari se ponían pantalones remangados por el tobillo y jerseys de Armani. Era todo muy fashion». «Paninaro», la canción, es un disparo de synth pop hipnótico, lacónico, flemático y casi industrial que se editó como single de edición limitada para el mercado italiano, mientras en el resto del mundo se imprimió en la cara B de del eurohit «Suburbia». Promocionada por un videoclip en el que aparecían auténticos paninari, la canción fue un éxito a pesar de que no es Neil Tennant, sino Chris Lowe, quien canta o, mejor dicho, quien recita una serie de palabras y marcas, a modo de mantra posmoderno. Traduzco: «Pasión, amor, sexo, dinero, violencia, injusticia, muerte. Chicos, chicas, artes, placer. Comida, coches, viajes, comida, coches, viajes, viajes. Nueva York, Nueva York, Nueva York. Armani, Armani, Armani, Versace, Cinque». Como toda la obra de los Pet Shop Boys, «Paninaro» es muy ambigua: podría parecer una apología del consumismo juvenil, pero la inclusión de palabras como «violencia», «injusticia» o «muerte», de alguna manera, era como una advertencia de que ese inmenso mall en el que se estaba convirtiendo Italia llevaba implícita la semilla de su propia destrucción.

Morir de éxito

Fotografía: Paninaro.

A partir de 1986, los paninari brotaron como setas por toda Italia. Dada la variedad dialéctica del país, en cada localidad recibieron un apelativo diferente: en Bolonia, zanari; en Verona, bondolari; en Roma, tozzi; en Nápoles, chiatilli. La cosa se salía de madre. Y si hasta ahora los paninari habían imitado a la tele, ahora la tele empezaba a imitarlos a ellos. No en vano, en el programa Italian Fast Food, el cómico Enzo Braschi se hizo famoso gracias a su parodia de un paninaro. Fue el principio del fin: si todo el mundo llevaba plumas y comía hamburguesas, eso de ser paninaro ya no tenía ninguna gracia.

A rebufo de la masificación, salió de debajo de las piedras todo tipo de merchandising paninaro. Por ejemplo, Il Paninaro, un videojuego para Commodore 64, donde podías manejar muñequitos con plumas a bordo de motocicletas. O revistas como Zippo Sandwich, Wild Boys y, sobre todo, Paninaro, en cuyas viñetas se produjo un disparatado enfrentamiento entre punkis y paninaris. En 1987, un número de esta publicación llegó a despachar cien mil ejemplares. En ese momento, la tendencia explotó y, poco a poco, los paninari empezaron a desaparecer como por arte de birlibirloque. La mayoría, se reciclaron en fighettos, es decir, pijos corrientes y molientes, y tras moderar su look, se dejaron de gaitas y se embarcaron en prometedoras carreras.

La impronta de los paninari, sin embargo, se extendió por toda Europa, inspirando tendencias globales que han llegado hasta nuestros días: desde formas de ocio nocturno (y diurno) hasta colecciones casual. Como ocurre con todo lo referente a la dichosa década de los ochenta, cada cierto tiempo hay pequeños flashbacks paninari. ¿Algunos ejemplos? En 1995, los Pet Shop Boys sacaron una nueva remezcla y un nuevo videoclip de «Paninaro», ambos mucho más flojos que los originales. En 1996, McDonald’s compró todos los establecimientos de la cadena de fast food Burghy, incluido el antiguo cuartel general de los paninari. En 2005 se volvieron a reunir en Milán gran parte de los expaninari para celebrar el vigésimo aniversario de la extinta subcultura. Desde 2009, Princide Shop vende discos y accesorios vintage para nostálgicos de lo paninari. Y de un tiempo a esta parte, revistas como GQ, Vogue o Vanity Fair han anunciado varias veces el regreso del estilo paninaro. Sí, claro, su estilo podrá volver una y otra vez, pero, como subcultura, los paninari serían inviables en un país devastado por la crisis, con una tasa de paro juvenil que supera el 40 %. En los últimos tiempos, el clima en Italia se empieza a parecer al de los anni di piombo: disturbios juveniles, violencia política, fuego en las calles. Lo único que podría tomar la actual juventud italiana de los despreocupados y flamboyantes paninari es cierta frase del himno «Wild Boys» de Duran Duran: «Los chicos salvajes, temerarios y hambrientos, han caído lejos de la gloria».

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21 comentarios

  1. ¿Depredador como exhibición del poderío militar norteamericano? ¡Exhibición del poderío militar de los predators en tal caso!

  2. Es cierto, que asco de generación despolitizada y consumista la de los ochenta en Italia, comiendo hamburguesas, viendo alf, llevando plumas, y en general siendo meras marionetas de los poderes fácticos del NOM tacheristas y reganistas en vez de tener conciencia de clase y luchar por la justicia y la libertad, uniéndose a las Brigadas Rojas para asesinar empresarios o al Orden Nuevo para masacrar a ciudadanos que pasaban por allí. Si. Una completa vergüenza la de estos pijos.

    • Eres ese tipo de gente para el cual todo aquello que no es sumisión y obediencia al sistema es ETA. Y LO SABES

      • Curioso, yo no infiero eso del comentario de Isismoking pero el suyo si que resulta cerril caballero.
        El sistema? Por favor.

  3. ¡qué! ¡puta! ¡mierda! y yo que tenía esa edad en esa época…

    • No sé que tiene que ver una cosa con la otra. Pero siguiendo el tono de tu discurso… ¡Tienes razón, viva el capitalismo, que es inofensivo!

    • “a las Brigadas Rojas para asesinar empresarios”

      empresarios?

  4. O sea, los pijos de la vespino de los 80 de aquí. Nada distinto bajo el sol.

  5. Algunos sostienen que el hombre es un animal gregario, pero, ¿es necesario serlo tanto? No comprendo el ansia por sentirse identificado y formar parte de un grupo o movimiento. La supuesta rebeldía de los jóvenes de todas las épocas, se contradice con ese afán entusiasta por fundirse en ese magma – esmegma le llamaría yo – de naturaleza gremial que hace que los jóvenes que tan listos se creen, acaben conformando una masa para nada distinta de la que, según ellos,
    forman parte sus mayores.

  6. ¿Flamboyante?

  7. No deja de parecerme curioso que en la misma frase hagais referencia a “un estado policial” y a la “paz social” que este ha traído… me hace pensar en el sentido de la palabra “paz” y en ese otro gran italiano que era Gramsci y su discurso sobre la hegemonía ideológica, de como medios se transforman de maneras mas o menos sutiles en prepetuadores de los valores del poder… sobretodo en el uso de la palabra

  8. Flamboyante??

  9. Mirando el dibujo de arriba me ha recordado a un hipster que vi ayer en el metro sólo que en vez de mullet llevaba barba y los calcetines eran aún más “coloridos” (bueno, y que en vez de plumas llevaba una especie de gabardina corta, pero los colores son correspondientes).
    “No es casualidad que, también en 1980, eclosionara el proyecto televisivo que el magnate Silvio Berlusconi llevaba años gestando: Canale 5 se convirtió en la primera televisión privada italiana de alcance nacional, rompiendo el monopolio de la pública. Con la emisión de Dallas, Alf, Star Trek y otras series norteamericanas trufadas con decenas de spots publicitarios, el canal fue la principal puerta de entrada del american way of life a los hogares italianos, divulgando unos valores basados en el consumismo extremo y la autoafirmación a través de la adquisición de símbolos de estatus (…) enseñaban a la juventud que no basta con ser: sobre todo, hay que tener”.
    A Dios gracias aquí nos lo enseñaba televisión española o las autonómicas.

  10. “A los paninari todo esto les sonaba a chino: para ellos, el único escudo que existía era el del águila de Emporio Armani. Y mientras vivían una narcisista juventud que parecía eterna, el Gobierno italiano se sumía en unas cotas de corrupción que no se destaparían hasta 1993, año en el que se llevó a cabo la Operación Manos Limpias”.

    Lo cual habla maravillas de las generaciones anteriores a la suya, más compro-metidas (guiño, guiño) con todo lo público y con las grandes causas, como se desprende de estas palabras.

  11. Es cierto, la influencia extranjerizante del pop destruyó las almas, los corazones y los cuerpos de una generación. Blandos, despolitizdos, colonizados por el capitalismo y corrompidos por el marxismo cultural. ¡Jóven! ¡Lee los libros del Movimiento! ¡Los libros son armas, aprende a usarlas! ¡Entrena, quiero brazos fuertes para sostener el estandarte del Pueblo! ¡Aquí no tendrás amigos, tendrás camaradas! ¡Compañeros en la lucha! ¡Soldados de una idea!

    ¡Mein Fuhrer!… ¡PUEDO ANDAR!

    En serio: Julius Evola, “colonización cultural”, Nuevo Orden Mundial… ¿De donde habéis sacado este artículo?¿De infonacional?

    • En realidad es una deconstrucción de la obra de Guy Debord sobre el guión de un programa de Arguiñano.
      Aqui no se puede pelear! Es la sala de la Guerra!

  12. Cierto. Lo mismo que los pijos en España. Quizá la única diferencia sea que los pijos eran claramente de derechas. Lo cual tampoco era tan malo. Al menos, era más fácil distinguirlos. Ahora ya no está de moda ser de derechas ni de izquierdas, como siempre ha querido la derecha. Otro tanto pa ellos.

  13. Acertadisimo articulo…eso si parece que a algunos les ha molestado y se han sonorojado cual plumas rojo fosforito como el que llevaban en sus años 80 :D

    Luis Landeira te voy mandar deberes p´a la proxima haz un articulo sobre el movimiento LOLIFE, estoy seguro que sabes muy bien lo que es …ya veras como flipan algunos :D

  14. Y ahora se empezará a ver por los sitios guays gente vistiendo similar…

  15. [Sorry, I don’t speak Spanish]

    Italy here! Just some observations

    1) ALL the (ex?) paninari will say that they didn’t have any social/political/ethical idea just because “we were young and only interested about fun and fashion”

    2) ALL the (ex?) paninari grown up developing right-wing sympathy

    3) The paninari were openly racist against people from southern Italy (calling them “terroni”: southern douchebag), against every kind of left-ish movement (calling them “china”: chinese communist) and people with un-fashioned clothing and lower economic opportunities (calling them “truzzi”: roughs). If you can read italian language you will easily recognize these features in all the paninari-comicbooks [one example here: http://docmanhattan.blogspot.it/2011/03/ledonismo-violento-dei-fumetti-del.html ] where usually a cool, rich and stylish north-italian guy, subdues and humiliates some south-italian Carabiniere or a bunch of un-fashioned socialists (both portrayed as idiotic losers and cheaters) and ends up conquering a beautiful easy girl.

    4) The paninaro style came up in couple of posh High-Schools in Milano, but the media seized it immediately, shaping it trough commercial advertising

    5) It’s quite impossible to separate a “paninaro” movement/style/fashion from the commercial brands with which is linked. If you remove Moncler, El Charro, Timberland, Burghy and so on, what remains are only class discrimination and racism. The fact that many (ex?) paninaro still refuse to admit it is because of hypocrisy or because they are still unaware of their true nature

  16. Pingback: Paninaro. Denudado. | / ca gi zero /

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