Jot Down Cultural Magazine – Ser actor y ser actor de moda: apuntes sobre Oscar Isaac

Ser actor y ser actor de moda: apuntes sobre Oscar Isaac

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Drive (2011). Imagen: Walt Disney Studios

Drive (2011). Imagen: Walt Disney Studios

Primero cambió su nombre. Un pequeño anticipo de una profesión camaleónica y forzosamente impostora. «Ser Óscar Hernández en Miami es como ser John Smith en cualquier sitio. Hay quince páginas en el listín telefónico con tu nombre». Así que el tal Óscar Hernández pasó a ser Oscar Isaac (Guatemala, 1979) con cierta premeditación pero como peaje natural para cualquier hispano con ambiciones de amplio recorrido en la industria del cine. Años después, llegó el éxito, frágil como una cerilla. «Hay unos pocos genios que son astros en el cielo, como Shakespeare o Dylan. Para el resto de nosotros, hay que tener talento y trabajar, pero tienes que tener suerte para que ocurra».

Un tópico, pero no reñido con la realidad. La fama es un capricho. Una conjunción de casualidades…. especialmente gratas para el público cuando cierto tipo de talento evidente, brillante, incluso seductor, encuentra la recompensa del reconocimiento más o menos masivo. El termómetro es claro: una filmografía que engorda de repente y una exposición en ascenso exponencial. El que no conozca a Oscar Isaac terminará por hacerlo a no ser que sea espectador único de gran mainstream. Y ya ni eso. Porque en Navidad podremos verle en la nueva de Star Wars, y en 2016, en la próxima de X Men. No hay mejor prueba de su irrupción.

El hombre que no pudo ser Bob Dylan… o sí

«No se me escapa la ironía —confiesa Isaac a la periodista de The Guardian Catherine Shoard— de triunfar gracias a alguien que no lo consigue». Se refiere a su primer personaje protagonista, ese sucio y fracasado cantante de folk (trasunto de Dave Van Ronk) llamado Llewyn Davis que intriga tan solo por un sofá donde pasar la noche. En Inside Llewyn Davis (2013), otra de esas discretas maravillas de los hermanos Coen, Isaac asume el peso de la película con total soltura y presencia rotunda. Uno de esos papeles de horma, como hecho a medida. Y no es ninguna frase hecha: «Estábamos bien jodidos hasta que apareció Oscar», confiesa Ethan Coen. Temían haber escrito un papel uncastable. «No sé por qué dimos por hecho que encontraríamos a alguien, o que simplemente alguien así existía».

Quién iba a decir a Isaac cuando hacía gorgoritos y tocaba la guitarra capitaneando la banda de punk-ska Blinking Underdogs (pese a que llegaron a ser teloneros de Green Day, el actor no se siente muy orgulloso de su pasado musical) que todo aquel intenso aprendizaje sería fundamental para el papel que catapultaría su carrera. La distancia que separa y diferencia sus primeras y pequeñas apariciones en la bíblica Natividad (2006), Che: El argentino (2008), Ágora (2009) de Amenábar, el Robin Hood (2010) de Ridley Scott o incluso la pop-noir Drive (2011) de Nicolas Winding Refn —todos papeles apoyados en su potente presencia física, su etnicidad y un cierto aspecto exótico— de su trabajo con los hermanos Coen es, precisamente, la asunción desacomplejada del protagonismo, de encarnar a un personaje importante sin relación evidente con su perfil superficial como actor. La primera gran oportunidad para ponerse en la piel de un protagonista desde cero. Y a su manera.

El desafío para los Coen era, en efecto, dar con alguien dramática y musicalmente solvente para un papel por exigencia versátil. Isaac lo consiguió. De paso, fue un aldabonazo para romper el estrecho espacio asignado a la mayoría de actores hispanos, una forma de encasillamiento prácticamente racial que es, primero de todo, un estereotipo y una aburrida simplificación para el público, además de una absurda limitación. Es fácil ser latino en la industria, pero lo difícil es optar a todo tipo de papeles.

A propósito de Llewyn Davis (2013). Imagen: CBS Films / StudioCanal

A propósito de Llewyn Davis (2013). Imagen: CBS Films / StudioCanal

De madre guatemalteca y padre cubano, Óscar se crió en Florida. La música y las gamberradas en clase fueron combustible común para un carácter introvertido, pero fogoso. Una pasión inefable que empezó a tomar forma en la muy prestigiosa escuela dramática de Juilliard, ya en Nueva York, donde coincidió con una Jessica Chastain con la que años después compartiría películas y a la que le une un cierto paralelismo de fama tibia pero imparable a edades similares y en parecidos niveles y circuitos comerciales.

«Lo genial de Llewyn Davis es que me abrió la puerta a muchos otros personajes», explica Isaac a Adam Sternbergh en Vulture. «No ocurrió que de repente me pidieran que hiciera una sola cosa, cantar con barba». El periodista desarrolla este argumento con precisión: «Cuando un actor da su espaldarazo, de pronto esperas verle en todas partes. El gran logro de Oscar ha sido no verle nunca haciendo lo mismo dos veces». Escapar de Llewyn Davis no era sencillo, tal fue su impacto; por el cierto paralelismo de precariedad entre personaje y actor y por el gran éxito que supuso. Isaac no se dejó limitar. Sus siguientes papeles desmintieron cualquier tipo de especialización.

Violencia a punto de estallar

El protagonista se llama Abel Moreno. Leyendo superficialmente el guión de A most violent year (2014), quizá podría pensar algún actor hispano que le estaban ofreciendo un personaje condenado a la simplificación. Al cliché. Nada más lejos de la realidad.

«Nueva York, 1981: estadísticamente hablando, los doce meses más sangrientos en la historia de la ciudad, sin posibilidad para vivir respetablemente», enmarca Robbie Collins del Telegraph. Abel Morales posee una empresa de gasolina. Se ha hecho hueco con audacia entre una dura competencia que de un tiempo a esta parte le sabotea y roba a mano armada sus cargamentos y camiones. Abel medita. Abel espera. Abel desoye el clamor interno que le pide contraatacar, armarse literalmente para blindar la seguridad personal de vendedores y transportistas. Él insiste en el camino recto. También le aprieta su mujer (Jessica Chastain), que reclama métodos equivalentes a los de sus rivales. Abel medita. Abel espera. Abel aguanta. Toda la violencia que galopa a su alrededor a él no le mancha. La contiene. Si le corre por dentro, no podemos verla. Pero siempre parece a punto de estallar.

Este macabro desmontaje de cierto sueño de progreso —bruto sarcasmo del sueño americano; de la dificultad, incluso, de triunfar siendo hispano— encumbra a Isaac como una presencia inteligente y de alta intensidad. La palabra clave es contención. No tiene su tristeza, pero el actor recuerda al mejor John Cazale. Su misma fragilidad desde una presencia más potente. Su melancolía desde un semblante más vigoroso. Sus mismos ojos vagos, su mirada distraída. Idéntica profundidad pero con una versatilidad claramente mayor.

El año más violento (2014). Imagen: Vértigo Films

El año más violento (2014). Imagen: Vértigo Films

En Ex-Machina (2015), la distopía de Alex Garland tan Black Mirror (2011) y tan deudora, como tantas, de la fundacional 2001: Una odisea en el espacio (1968), el papel de Isaac no puede ser más distinto: un magnate informático, casi ciberpunk, de pelo rapado, barba poblada y gafas redondas que, aislado dentro de una casa domótica y vanguardista en algún paraje remoto, emplea su fortuna en lograr desarrollar la inteligencia artificial en androides, la temida singularidad tecnológica, sin escatimar en gastos ni escrúpulos éticos. Otro papel notable. Otro personaje de emociones latentes, sutiles, ambiguas. Más violencia a punto de estallar. Y esperen, que todavía hay más. Isaac puede hacer más cosas.

«No me importa decir que el proyecto estaba un poco en el limbo hasta que encontramos a un actor al que pudimos mirar y decir: “este tío puede hacerlo”. Isaac nos impactó desde el principio en las oficinas de la HBO. No podríamos haberlo hecho sin él». Al habla un tal David Simon, creador de The Wire (2002), Generation Kill (2008), Treme (2010) y la recientemente estrenada Show me a hero (2015), en la que Isaac encarna al alcalde de Yonkers, una ciudad de Nueva York con una descomunal cantidad de problemas raciales y políticos encima de la mesa. Tiene razón Toni García Ramón «(qué debe comer este chaval)»: Oscar vuelve a estar magnífico en este papel de alcalde atribulado, de gobernante joven sobrepasado por una comunidad rabiosa y una época desquiciada. Una miniserie sin un centímetro romo y de encaje perfecto con el registro templado y agudo del actor. Con el universo de David Simon.

A sus treinta y seis años, Isaac, tímido, cristiano creyente de prácticas relajadas, fenómeno joven del negocio sin limitación conocida, sirve en bandeja la hoja de ruta para los aspirantes: «Me acuerdo que cuando terminé mis estudios en la academia, pensaba: “si solo me dieran una oportunidad, una, sé que sería capaz…”», explica a Hermione Hoby de The Guardian. «Luego conseguí mi primera película y se acabó y dije “si me dieran otra oportunidad, solo otra…”. Entonces empecé a trabajar de verdad. Y me di cuenta de que no se trata de las oportunidades. Eso es ponerte mucha presión. Por qué no concentrarse más bien en ser mejor actor, quizá esa sea una mejor manera de emplear tus energías. Así que cuando me llegó la oportunidad de protagonizar una película, me sentí preparado».

Será chocante ver a Llewyn Davis como piloto galáctico en la nueva de Star Wars, pero la diversidad de Isaac disipa cualquier duda. «Esta combinación de versatilidad y popularidad , escribe de nuevo Adam Sternbergh de Vulture le pone en la inusual posición de ser capaz de responder a preguntas tipo: “¿cómo es montar en un X-Wing?”. “Te mareas un poco. No recomiendo comer antes, pero es muy divertido”». Cuando se estrene y nos arrase como un tsunami su gigantesca campaña de promoción, cabrá envidiar pero también compadecerse de él: «He hecho películas de las que me siento muy orgulloso, pero siempre tienes esa impresión de: “¡Ven y mira este coche nuevo!”. La pregunta que más odio es: “¿Por qué la gente debería ver la película?” ¡Ni puta idea! No soy un vendedor».

12 comentarios

  1. Tiene una de esas presencias con la que siempre te quedas. Recuerdo cuando vi Drive en el cine, que no paraba de pensar en quien era el actor que interpretaba al marido de Carey Mulligan. Después de salir del cine me acordé de su papel en Ágora, que había visto por lo menos 3 o 4 años antes. Un tipo que no pasa desapercibido.

    • Exactamente igual que yo. Hay actores y actrices que salen en pantalla y sólo puedes fijarte en ellos, por encima de cualquier otra cosa. Este hombre es de esos.

  2. Tiene razón El Samurai. Con Drive me pasó igual. Pensé “este tipo tiene un papel

  3. Ha habido algún error técnico con mi mensaje :S En fin, lo que quería decir es que Isaac es de esos actores que te impregnan con sus interpretaciones. Es de los buenos, ya quisieran muchos tener esa calida.

  4. Está impresionante en The most violent year. Gran película, gran director.

  5. Es un actor fantástico. Llewyn Davis es uno de los personajes más memorables de los últimos años. Sería un gran villano.

  6. Uno de los actores del momento, junto con Jake Gyllenhaal. En mi casa decimos que se parece a Al Pacino.

    Personalmente, me gustó en A Most Violent Year (genial esta escena: https://www.youtube.com/watch?v=q3FHCB6X0v0 ) y Ex-Machina, que por otro lado son dos películas muy interesantes.

    • “Nightcrawler”. Lo mejor de 2015… Y en lo del estereotipo del latino fogoso, más propio de una porno que del cine convencional, hubo tipos en los noventa como “el malagueño universal” que bien poco hicieron por eludir el encasillamiento y proveer de un mejor futuro a sus “compañeros étnicos”, si es que un guatemalteco tiene algo que ver con un malacitano entrado en años. Y Simon lo ha vuelto a conseguir con “Show me a Hero”, otra bofetada de realidad, más fuego sibilino al componente racial, a la segregación urbana, al ghetto neoyorquino donde o cantas, juegas al baloncesto o de una u otra forma te ves envuelto en el circo de polvo y caballo…

  7. Bueno, de villano ya tiene un papel, y mainstream, en ese delirio de Zack Snyder llamado “Sucker Punch”. La versión extendida le da más peso al personaje.

    • Sucker Punch me pareció mala, hasta indigerible, pero concuerdo en que él actuó bien. Habrá que ver qué tal le quedará el Apocalipsis que la FOX querrá hacer

  8. Este actor es de esos que siempre ves, muchas veces han sido actores secundarios o de los que sólo aparecen en series o películas para TV, de los que siempre te preguntas “Quién es este tipo? actúa bien”; y sin embargo, nunca te has esmerado en googlearlo o investigarlo más, a tal punto que recién me entero que es guatemalteco! Yo, en lo personal, la primera vez en que lo vi fue en “Body Of Lies” y “Agora”, y juraría que era de Medio Oriente! Luego lo vi en Robin Hood y, si bien seguía creyendo que era de Medio Oriente, empecé a sospechar que era británico. En fin, son cosas que pasan, y en lo personal, creo que es un muy buen actor y dará mucho de qué hablar, aunque me da cierta desconfianza verlo en X-Men: Age of Apocalypsis, y no por él en sí, sino que no le tengo tanta confianza a cómo hacen a los villanos en las películas de cómics de Marvel, sean hechos por ellos mismos o por Fox

  9. Reconozco que nunca he sido muy comiquero más allá de Superlópez, Mortadelo, Anacleto (ahora en cines) o Calvin y Hobbes (ya, poco tiene que ver, pero me encantan), pero solo por el Magneto de Ian McKellen ya me merecen la pena las pelis de X-men (aunque la tercera… en fin…). Singer en la dirección ya es un punto a su favor (pese a que no llegue a la altura de Sospechosos habitales o Verano de corrupción, es infinitamente mejor director que Brett Ratner, dios, aunque Matthew Vaughn podría darle alguna que otra vuelta visualmente, no así en densidad emocional), y si consigue darle profundidad al personaje, pese a Simon Kinberg en el guión (el tándem Singer/Vaughn superó con nota las carencias de guión de la anterior cinta; faltaba un McQuarrie para darle solidez al conjunto), merecerá la pena. O eso espero…

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