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Robar libros quizá no sea robar

Robar libros es algo importantísimo. No por el riesgo, la descarga adrenalínica del delito o el aura vagamente romántica del hurto intelectual. Lo es porque esos, los que un día camuflamos en el abrigo, deslizamos en un bolso o acomodamos en la cintura del pantalón, son los libros que vamos a recordar siempre. No el que nos empujó (o alejó) a la escritura, el que nos sacó y nos volvió a meter en el infierno, arrancó lágrimas o risas a dentadas, avergonzó o desveló más madrugadas. Ni siquiera el que nunca regresó o el que podríamos recitar sin resuello. Es el que robamos y con suerte, algún otro. De alguna forma esas páginas sustraídas llevan inoculado el antídoto contra el olvido, una impronta similar a la que nos dejan los amores turbulentos, que creíamos poseer aunque siempre supimos que nunca serían del todo nuestros. Y que se agarran en el subconsciente como garrapatas.

Cédula de excomunión expuesta en la Biblioteca Antigua de la Universidad de Salamanca. Imagen cortesía de la Universidad de Salamanca.
Cédula de excomunión expuesta en la Biblioteca Antigua de la Universidad de Salamanca. Imagen cortesía de la Universidad de Salamanca.

«Que el libro robado se transforme en un serpiente y te devore» apercibían algunas inscripciones en las bibliotecas eclesiásticas durante la Edad Media, tratando de disuadir a los amigos del descuento de los cinco dedos. Las cadenas herrumbrosas no desalentaban. Así las cosas, el papa Pío V no tuvo otra que echar mano de la siempre útil apelación del «ya verás después», instaurando en 1568 el decreto de excomunión para los afanadores. Desde entonces se popularizaron las inscripciones con este y otros anatemas —de un horror delicioso y gráfico—, que además de avisar al saqueador de que acababa de tomar el pasadizo directo al cálido averno, le susurraban que se llevaba puesta una suerte de maldición: este libro, amigo, lo leerás. Aunque ya lo hayas hecho. Y ese ofidio se va a quedar contigo, así que más vale que merezca la pena.

Por eso quien ha robado muchos libros sabe que este arte es como follar, que más vale no hacerlo a oscuras ni con premura. «Lo bueno de robar libros (y no cajas fuertes) es que uno puede examinar con detenimiento su contenido antes de perpetrar el delito», dijo Roberto Bolaño, de los mayores bibliocleptómanos del siglo que nos ha tocado. No era el chileno un tipo que hurtase por impulso o capricho, y lo de abandonar la librería de Cristal con un secreto rectangular apretándose en el abdomen no dependía de andar escaso de capital para motorizar su compulsión. Tampoco era un descaminado intento de democracia cultural, ya lo dicen sus detectives. Robaba porque —y esto es aventurar por aventurar y una expresión que le hurto, como procede, a Hernán Casciari— la pasión «acostumbra a entrar por las puertas del no». Lo que el escritor Rodrigo Rey Rosa llama «impulso libresco» lo sobrelleva no solo su Severina, también una miríada de escritores, alguno de ellos incluso con redaños para descubrirse y elevarlo a categoría de arte, como Rodrigo Fresán que se enfrenta con denuedo contra los que sostienen que «robar libros es la forma más egoísta de robo». Que los hay, no vayan a creer. «Cuando se roban libros, uno es persona y personaje» contraataca el argentino. «Robar libros es, en realidad, una forma deportiva de la literatura. Cuando escribimos o leemos estamos sentados o acostados, casi inmóviles. Cuando robamos libros, en cambio, el músculo de nuestro cerebro actúa en perfecta comunión con los músculos de nuestro cuerpo. Cuando se roban libros, uno piensa y actúa y, de algún modo, uno lee y escribe», sostiene.

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19 comentarios

  1. Pingback: Robar libros quizá no sea robar

  2. El primer libro que robe fue «La espuma de los días», de B. Vian. Me pillaron. Yo tenía 15 o 16 y no entendía que aquel hombre no me entendiera. Al final salí corriendo. Aún conservo ese libro.

  3. ¿y descargárselos de internet sin pagar?

  4. Laredo Martínez

    Espero que nadie te deje libros y no robes en bibliotecas públicas. Saludos

  5. pedro ramos

    Nunca he robado un libro. He leído varios miles de ellos, comprándolos o sacándolos de bibliotecas públicas, pero jamás he robado ninguno. No sabría hacerlo, aunque quisiera, que tampoco es el caso. ¿Es grave? ¿Tiene cura?

  6. Auntuán Labei

    A ver los intelectuales que han leído varios miles de libros. Pongamos que tenga 70 años. Que sepa leer desde los 4 años. 66 años leyendo. Varios miles. Pongamos 3.000. Eso es un libro a la semana; más o menos, de todas las semanas de su vida desde que tenía 4 años.

    En fin, bien podría haber escuchado algo de metal alemán en vez de darle tanto a la letra impresa

    • pedro ramos

      Tres mil entre 52 (el número de semanas que tiene un año) son exactamente 57,69, no 70. Por lo demás, yo debo leer entre dos y tres libros por semana, con lo que los 3000 que dice supondrían poco más de 23 años. Y sí es posible, aunque a usted le resulte tan raro.

  7. Auntuán Labei

    A mi me gusta robar biblias de las iglesias metodistas

  8. Todo el mundo sabe que robar en los grandes almacenes no es pecado, pero en las librerías está prohibido.

  9. “Todo ladrón de libros se siente un revolucionario. Un intelectual que no ha robado un libro es a la cultura lo que una virgen al sexo”, escribió Héctor Yánover, el gran librero de Buenos Aires, en sus memorias.

  10. Que poeticaaaaaaa !!! que bonitoooooo lo de robar libros.

    Ahora cuando uno se lo descarga, lo demonizan !!!
    como el Papa hizo en su excomunión !!!

    Chorradas !!!!!!! Pirateen todo lo que puedan !!! Información libre al poder

    • A mi no me interesa ahorrarme el dinero pirateando, me interesa directamente la pasta. «A Pirate» si te veo por la calle te robaré la cartera.

      Dinero libre para una sociedad capitalista ya!!!

  11. Contar un chiste que no has inventado tü, ¿es robar?
    ¿Y escucharlo sin pagar?

  12. Cuando hacía el servicio militar saqué, al azar, un libro de la biblioteca del cuartel. Era «Herzog», de Saul Bellow. Me gustó tanto, que lo robé. Podía haberlo comprado (o robado en una librería, ya que como supondréis robar en el cuartel se castigaba severamente), pero quería tener «ese» ejemplar, que me descubrió al que para mi es el mejor escritor del siglo XX.

  13. Yo solo robo libros de Bolaño, pero luego no consigo terminarme ninguno.

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