El último concierto de Allen Toussaint - Jot Down Cultural Magazine

El último concierto de Allen Toussaint

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Allen Toussaint en el concierto del día 9 en Madrid. Foto: Corbis.

Allen Toussaint en el concierto del día 9 en Madrid. Foto: Corbis.

¡Qué fantástico lugar! Antes del concierto he visto a una pareja besándose durante treinta minutos a la puerta del teatro. Me ha encantado. (Allen Toussaint durante su último concierto en Madrid el pasado 9 de noviembre)

Allen Toussaint falleció a primera hora de este martes en una ambulancia camino de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid. Sufrió un paro cardíaco en su hotel apenas una hora después de pasearse por el patio de butacas del Teatro Lara para recibir de primera mano el calor y felicitaciones de quienes nos hemos encontrado de sopetón con el extraño privilegio de haber asistido a su último concierto. Minutos antes del final del recital y de su paseo de homenaje entre la concurrencia, el legendario músico de Nueva Orleans se había entregado a un intermezzo irónico de gran virtuosismo en el que jugueteó con el piano insertando en un medio tiempo fragmentos de Caruso, de este «Baiao de Anna» de Silvana Mangano y hasta de la «Marcha fúnebre» de Chopin, lo cual toma ahora un sombrío tono premonitorio. Porque resulta ya imposible abstraerse de la repentina muerte del músico ante cualquier acercamiento a lo que vimos el lunes. Pese a ello, lo que sigue pretende ser la imposible reseña objetiva de ese último concierto.

Vaya por delante lo más importante de cuanto sucedió en el Lara: Toussaint se divirtió como un niño, disfrutó de lo lindo y se despidió entre el clamor entregado de una audiencia foránea que le hizo sentirse como en casa. El pianista cerraría el círculo: «Sois maravillosos, me gustaría llevaros a todos a Nueva Orleans conmigo».

Varias crónicas apresuradas en la prensa nacional prestan más atención a la curiosa anécdota de una muerte que acechaba tras la última nota que al impresionante legado de un artista que hasta hoy había vivido algo a la sombra por estos lares. Si esas reseñas morbosas de clicado fácil le han permitido saber de un gigante al que usted no conocía, bien está. Sepa en ese caso que la mejor manera de familiarizarse rápidamente con su biografía musical es leer de cabo a rabo el impecable artículo que hoy le dedica el Times-Picayune de Nueva Orleans. También conviene echar un vistazo a este sentido post del blog de David Simon, en el que el creador de The Wire y Tremé rememora sus días de colaboración con el músico.

Ya hubo ocasión de hablar brevemente de Toussaint en Jot Down hace unos meses, pero volvemos a recordar lo esencial: sus himnos compuestos para otros artistas («Mother-in-law», «Working in the Coal Mine», «Fortune Teller», «It’s raining» y muchos más) su virtuosismo al piano en la mejor tradición de los piano professors de Nueva Orleans y su característica de puente entre el jazz, el rhythm & blues, el funk y el blues de la capital musical de los Estados Unidos. Porque en los años sesenta Toussaint heredó el trono de Dave Bartholomew como centro neurálgico de la escena musical local, iniciando una deslumbrante carrera como productor y arreglista de buena parte de la mejor música parida en Louisiana en el último medio siglo, lo que atraería a su estudio a varias figuras mundiales. El currículum abruma: colaboraciones con Rolling Stones, Paul McCartney, The Band, Paul Simon, Irma Thomas, Otis Redding y muchos más. Toussaint es también el responsable de la mágica unión entre Dr. John y The Meters en un par de discos memorables. Por si todo eso no bastara, un ejemplo a desmano basta para poner en valor la extensión de su legado: es el productor y cerebro a los mandos de un tema que conocemos usted, yo, su abuela y mi sobrina: «Lady Marmalade», de Labelle.

Pero todo acercamiento a su calidad de mago en la sombra e impulsor del legado creativo de Nueva Orleans de los sesenta a esta parte tiende a soslayar una discografía en solitario que por sí misma le reservaría un hueco entre los grandes, con joyas como Life, love and faith o el maravilloso Southern nights. Ya lo escribí hace unos meses en el otro artículo pero no está de más insistir: su casa no será un hogar hasta que no amenice las más cálidas y misteriosas noches de verano en su salón con esta pieza maestra:

En años recientes el músico ironizaría sobre el impacto del Katrina en su vida, asegurando que el huracán se había convertido paradójicamente en el mánager ideal de los artistas que, como él, apenas se habían aventurado fuera de Nueva Orleans y a los que la consecuente ola de solidaridad alcanzó en forma de varias ofertas para tocar a lo largo del país y del extranjero. Toussaint podía permitirse frivolizar sobre la tragedia porque el huracán le arrebató casi todas sus posesiones. Sus días de exilio forzado en Nueva York trajeron la buena nueva de su feliz unión con Elvis Costello para entregar el impecable The River in Reverse, disco de refundación y primer acorde triunfal de una ciudad que iniciaba entonces su reconstrucción. Desde entonces había revitalizado su carrera y disfrutaba del largamente merecido reconocimiento a sus logros. Barack Obama le hizo entrega de la Medalla de las Artes en 2013.

«Si no fuese por el Katrina yo no estaría en España hoy, porque nunca hubiera empezado a tocar en directo ni a hacer giras», dijo a El País en una entrevista concedida hace pocos días. El lunes desgranó por última vez buena parte de su legado en el Teatro Lara, a donde trajo su piano acompañado de un batería, un bajo y un guitarrista. Fue una hora y media en la que hubo espacio para varias cosas: ventiló himnos como «Fortune Teller», «Working in the Coal Mine» y «Mother-in-Law» en un vibrante medley con acompañamiento vocal de parte del público, aunque las mayores cotas de intensidad y coordinación con su banda llegaron con «Sneakin’ Sally Through The Alley» o «Get out of My Life Woman». Hubo momentos algo más irregulares, como un «With you in Mind» que no acabó de cuajar, y puede decirse que la banda de acompañamiento tuvo más de oficio y eficacia que de excelencia y brillantez, con una batería invasiva que ahogó el piano del maestro en varias ocasiones, por ejemplo. Quizá por ello el hechizo llegó con una inolvidable revisión de «St. James Infirmary» que nos regaló a un Toussaint pletórico, entregando irrefrenables píldoras de sabiduría acumulada a lo largo de los años y acompañado por la brillante percusión ejecutada por su batería, que se sirvió aquí exclusivamente de palmas, dedos y golpes en piernas y muslos. Magia absoluta.

Tampoco faltó el recuerdo a Professor Longhair, con «Big Chief» y «Tipitina» enlazadas en el que ha terminado siendo el último de muchos homenajes del músico al más querido y admirado piano professor de Nueva Orleans. Un consejo: echen un vistazo al imprescindible documental Piano Players Rarely Ever Play Together para indagar en la admiración rendida de Toussaint por el estrafalario maestro, cuyo revolucionario estilo explica (a partir del minuto 1:10) en este fragmento:

Tras el gozoso derroche del más alegre y reconocible sonido de Nueva Orleans llegaría el acercamiento excelente a «Who’s Gonna Help Brother Get Further», antigua joya recuperada para The River in Reverse que sonó anticipando el último tramo, que llegó inevitablemente con una larga versión de «Southern Nights» para la que uno habría preferido la intimidad de Toussaint solo ante el piano al acompañamiento de la banda. El tema sonó pese a todo a brillante despedida. El artista bajó entonces a las primeras filas para recibir el abrazo del público entregado antes de desaparecer entre bambalinas, de donde volvería ante la insistencia del respetable para tocar por última vez: «Brickyard Blues». «Se limitó a cantar todas las notas que había que cantar y tocar todas las notas que había que tocar, con un estilo puro y bohemio, y ahora ya está tocando entre nubes de algodón», me ha dicho hoy Andrés Calamaro, que también estuvo allí. Sirva como perfecto resumen del concierto.

Con «Brickyard Blues» terminó todo en una noche en la que Toussaint estuvo alegre, exultante, con una voz que siempre ha sonado extrañamente joven, simpático, en forma y lleno de vida poco antes de irse para siempre. Se despidió con el sabor dulce de la misión cumplida, de una carrera para enmarcar y de noventa minutos de dignísimo derroche, venerable oficio y maestría a sus setenta y siete años. El público del Teatro Lara supo aplaudir la magnificencia, ese bien escaso que conviene alabar a tiempo y en vida, pues solo está al alcance de gigantes que nunca están ahí para siempre, como por desgracia ha quedado demostrado.

Descanse en paz.

3 comentarios

  1. Saber que has sido una de las últimas personas que han estrechado su mano es algo que me voy a llevar a la tumba. Vaya sensación más extraña que tengo estos días… Dejando todo esto a un lado, se va un auténtico grande, uno de los pocos músicos de los que estoy casi seguro que jamás dejaré de escuchar por muy viejales y cascarrabias que me vuelva.

  2. Fantástico artículo y buen homenaje al genio musical que nos deja. Y una suerte verlo en directo por última vez.

  3. Este sí que es el artículo que el último concierto del Sr. Toussaint se merecía, Sr. Zabala. Le hace justicia y estoy totalmente de acuerdo con todo lo que ud. cuenta, yo lo ví exactamente igual excepto la batería del “St. James Infirmary Blues” que la tapaba la cola del piano (mi butaca estaba muy a la izquierda del escenario) y comentarle que el medley de temas viejos comenzó y terminó con “A certain girl” que cantaba Ernie K Doe y que también versioneó Warren Zevon.

    Un lujo haberlo visto tan de cerca y una pena que no podamos volver a disfrutar de su arte.

    Noche feliz pero por desgracia inolvidable.

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