Sergi Roberto, el «elegido» que puede haber salvado la temporada del Barcelona

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Sergi Roberto marca frente al Bayern Leverkusen. Foto: Cordon Press.
Sergi Roberto marca frente al Bayern Leverkusen. Foto: Cordon Press.

Es 29 de septiembre de 2015 y Messi lleva solo tres días lesionado, los suficientes como para alimentar al pesimista que todo buen aficionado blaugrana lleva dentro. No se puede hablar de un inicio de temporada soñado, más bien algo parecido a un letargo que se prolonga partido a partido y que impide al Barcelona controlar por completo el juego: ya en agosto, en la final de la Supercopa de Europa, el equipo de Luis Enrique fue incapaz de aguantar una ventaja de tres goles contra el Sevilla, teniendo que recurrir al transferible Pedro para llevarse el título en la prórroga.

Apenas días después, era goleado 4-0 en la Supercopa española frente al Athletic de Bilbao, diferencia que nunca estuvo cerca de igualar en el partido de vuelta.

Solo un buen inicio de liga, al menos en lo que a resultados se refiere, evita que la crisis se desate. Real Madrid y Barcelona son clubes dados al histerismo: Ancelotti era campeón de Europa y del mundo en enero y estaba fuera del equipo en mayo. Luis Enrique tenía los días contados en febrero y en junio podía presumir de haber logrado el segundo triplete en la historia del Barça. Hay quien lo lleva mejor y quien lo lleva peor: el propio Luis Enrique, por ejemplo, se ve que lo lleva bien, como si disfrutase de esa presión. A Ancelotti le pasaba lo mismo, pero su paciencia no bastó para convencer a la directiva blanca.

En fin, es 29 de septiembre de 2015 y el Barcelona juega el segundo partido de la liguilla previa de la Champions League contra el Bayer Leverkusen, uno de los clásicos de la competición, siempre competitivo en la liga alemana. Las cosas, sin embargo, no van bien. Vuelven a no ir bien, vaya. Tras cuatro victorias consecutivas en liga, el Barça viene de perder 4-1 ante el Celta de Vigo, en un nuevo desparrame defensivo y de ganarle con serios apuros al Las Palmas en casa. En Europa, los resultados no son mejores: el primer partido, jugado en Roma, acaba en empate. El segundo, precisamente este del que hablamos ante el Bayer, va 0-1 y quedan diez minutos para acabar.

Es, sin duda, un momento clave. La ausencia de Messi provoca que primero Sandro y luego Munir intenten suplirle sin éxito alguno. Al Barcelona se le ven las costuras demasiado pronto y la grave lesión de Rafinha no ayuda en absoluto: a la espera de que se incorporen Arda Turán y Aleix Vidal, los dos fichajes de verano que no pueden debutar hasta enero de 2016, la plantilla parece demasiado corta y con demasiadas carencias, especialmente en el centro del campo.

La marcha de Xavi ha provocado un boquete enorme en la zona desde la que el Barcelona acostumbra a dominar los partidos. Sí, por supuesto, quedan Busquets e Iniesta, pero cuando Rakitic estornuda, el estadio entero tiembla. Solo queda un centrocampista más en la plantilla y Luis Enrique lo pone como lateral derecho. Se llama Sergi Roberto, tiene veintitrés años y la afición lleva ya cuatro años esperándolo sin que acabe de llegar nunca: su presencia en el filial ha destacado por una cierta irregularidad y no acaba de hacerse con un sitio en el primer equipo. Solo la imposibilidad de contar ya con Vidal y la manifiesta incapacidad de Douglas le han dejado un lugar en el costado derecho desde el que se ha empeñado en crecer.

Con todo, no deja de ser una mota en el firmamento de estrellas que es el Barcelona. El chico que lo pudo ser todo y que ha acabado como carrilero. El mismo que en el minuto ochenta de partido, después de salir desde el banquillo por las molestias de Rakitic, coge el balón, ordena, dirige, reactiva el juego ofensivo y es capaz de culminar con un gol de delantero centro una jugada que él mismo había iniciado cuarenta metros atrás. Es un puñetazo en la mesa y es la salvación a un momento más que crítico para el Barcelona. Una derrota en casa ante el Bayer colocaría al campeón de Europa demasiado cerca de la eliminación en la previa. Con el marcador empatado a uno, sin embargo, todo vuelve a ser posible y, de hecho, un minuto después, Luis Suárez se saca de la nada un golazo que vale el 2-1 y los tres puntos.

La crisis se apaga y las sonrisas vuelven. Nadie se acordará de este momento ni de esta angustia ni de este 0-1 sin remedio con los alemanes amenazando al voluble Ter Stegen en las contras. Con todo, puede ser el momento que defina la temporada.

El bautismo del Santiago Bernabéu

No, probablemente nadie se acuerde de este momento estelar en la carrera de Sergi Roberto, la primera vez en la que consigue dar el paso adelante y decidir un partido por sí mismo, pero sin duda todos recuerdan la primera vez que le vieron jugar a este nivel, su debut europeo con el Barcelona. Eran los tiempos de esplendor del relato de La Masía, los tiempos del toque y el triángulo ofensivo de Phil Jackson reconvertido en apisonadora táctica para dominar todos los partidos desde el juego de posición. Xavi, Iniesta y Messi venían de ser finalistas del Balón de Oro en 2010 y todo el mundo andaba con un ojo puesto en los que venían detrás: los Thiago, Romeu, Rafinha…

El equipo lideraba la liga sin demasiados apuros e iba camino de la final de la Copa del Rey, que disputaría y perdería en la prórroga ante el Real Madrid de Mourinho y Cristiano Ronaldo. Como ya hemos hablado del tradicional pesimismo culé, no vamos a insistir, pero aquella derrota y cierta sensación de cansancio en los jugadores hicieron que buena parte de los aficionados del Barcelona vieran el partido de ida de las semifinales de la Champions League, a jugarse en el Bernabéu, con cierto pánico. El Madrid parecía haber dado con la tecla, había llegado mejor a final de temporada, celebraba su primer título en tres años… y una de las piezas clave del equipo, Andrés Iniesta, se tendría que perder el partido por una lesión muscular.

De hecho, la rueda de prensa de Guardiola antes del encuentro, la famosa rueda de prensa del «José aquí es el puto amo», tenía algo de tirita antes de la herida o, si se prefiere, de «si vamos a caer, al menos vamos a quedarnos a gusto antes». Lo que sucedió en el partido todos lo recuerdan y cada uno, probablemente, a su manera. Quedémonos con los hechos: el Madrid se quedó con diez en la segunda parte después de haber desperdiciado su ventaja mental en la primera y Leo Messi se encargó de sentenciar la eliminatoria con dos goles en los últimos quince minutos, uno en soberbia jugada individual y otro a pase de Affelay, el efímero extremo holandés.

Guardiola, amigo de los gestos, decidió retirar del campo a David Villa en el minuto noventa y uno. La sorpresa llegó cuando el cuarto árbitro mostró el número del sustituto, el 28, correspondiente a un chaval de diecinueve años llamado Sergi Roberto. El centrocampista ya había debutado a lo largo del año con el Barcelona después de dos años con el filial procedente del Reus, pero ese cambio en ese momento, con el partido en el descuento, solo podía querer decir una cosa: el entrenador le estaba señalando como el elegido para el futuro igual que lo hiciera con Pedro en la final de la Champions de 2009 o con Jeffrén en el Mundialito de Clubes de ese mismo año.

A veces uno acierta con sus intuiciones y a veces se equivoca por completo.

El caso es que la expectativa probablemente pudo con Sergi Roberto. Fijo en las selecciones inferiores, no siempre se mostró como el líder que todos esperaban. En cuanto al primer equipo del Barcelona, como decíamos, las puertas se fueron cerrando: ni Guardiola en la 2011/2012, ni Vilanova y Roura en la 2012/13 ni el Tata Martino en la 2013/14 (aunque fue el que más empeño le puso) contaron demasiado con el jugador pese al claro envejecimiento de Xavi, la marcha de Thiago al Bayern de Munich y la cesión de su hermano Rafinha al Celta.

Ni siquiera cuando llegó Luis Enrique, quien fuera su entrenador en el Barcelona B, y decidió vender a Cesc Fábregas después de tres temporadas mejorables, pudo Sergi Roberto demostrar su valía. En el año del triplete jugó dieciocho partidos, menos de un tercio de los que jugó el equipo, y la mayoría incompletos. Se decía de él que no tenía el físico de Busquets, la visión de juego de Xavi, el regate de Iniesta ni la llegada de Rakitic. Pasaban los años y el elegido amenazaba con quedarse en tierra de nadie, convirtiéndose así en carne de traspaso, lo que probablemente habría ocurrido de no ser por la marcha de Xavi y la sanción de la UEFA. Quedarse con solo cinco centrocampistas en toda la plantilla ya era arriesgado. Hacerlo con cuatro, temerario.

El hombre con el que ya nadie contaba

¿Qué cambió en el verano de 2015? No lo sabemos. Se puede apelar a algo así como el instinto de supervivencia, al «ahora o nunca». Luis Enrique le empezó a dar minutos en el lateral derecho y resultó que el chico lo hacía bien. Tenía la potencia para subir y bajar la banda, la inteligencia para defender adelantándose a la jugada y ofrecía una excelente alternativa a la salida del balón en ataque. Pese a los altibajos del equipo, el jugador de repente se sintió valorado. Lo hacía bien, el entrenador lo reconocía y la prensa se entusiasmaba.

Puede que Luis Enrique pensara realmente en Sergi Roberto como alternativa a Alves para el lateral o puede simplemente que fuera una maniobra para cambiar el chip al jugador. El asunto es que funcionó y funcionó a lo grande. Desde entonces, Sergi Roberto ha participado en varios de los momentos clave de la temporada del Barça. Por supuesto, en los veinte minutos de vendaval ante el Bayer Leverkusen que mencionaba al principio del artículo pero también en el 0-4 del Bernabéu, donde no solo fue titular sino que dio a Luis Suárez el pase del primer gol en otra jugada de confianza, de dejar la posición y atreverse a irse adelante, al espacio, donde se forjan las estrellas.

Decir así, de repente, que Sergi Roberto va a ser una estrella es precipitado. Igual de precipitado que anunciarlo cuando tenía diecinueve años o que darle por perdido a finales de la pasada temporada. Lo que sí parece claro es que por fin es un fiable jugador de élite y eso de por sí no es sencillo. La temporada del Barcelona a partir de ahora puede acabar muy bien o muy mal. El año pasado todo apuntaba a lo segundo y acabó siendo lo primero. Las carencias, especialmente las defensivas, siguen ahí, pero hay un cierto sentimiento entre la afición de que lo peor —la lesión de Messi, las ausencias de Arda y Vidal, un calendario atroz ha pasado.

En estos tres meses, Sergi Roberto ya ha jugado un partido más que el año pasado entero, acercándose a los veintisiete que disputó el año de Martino. Sus problemas con el gol siguen siendo evidentes el del Bayer no es solo el más importante sino que es el único pero al menos ha dado cuatro asistencias, lo que habla muy bien de su participación en el juego ofensivo. Si el barco de Luis Enrique acaba hundiéndose en otro despiste de Mascherano, Piqué o Mathieu, los esfuerzos de Roberto en esta parte de la temporada caerán en saco roto. Si tira hacia adelante como hizo el año pasado, habrá que recordar por siempre ese gol cuando incluso los octavos de final empezaban a parecer una quimera.

El hombre con el que ya nadie contaba está aprovechando con creces su enésima oportunidad. Solo falta que en estos meses las lesiones y los refuerzos no mermen su papel en el equipo.

8 comentarios

  1. paciencia, madre de la

  2. Totalmente de acuerdo con el análisis. Ya casi nadie se acuerda del partido del Leverkusen pero estuvo más cerca de perder que nada y sacó los 3 puntos gracias a Sergi Roberto sobre todo.
    A mi personalmente me ha sorprendido mucho Sergi Roberto. De las primeras veces que le vi me pareció con poco carácter y del montón, pero ha demostrado la calidad que tiene y lo importante que es y que puede llegar a ser.

  3. Quien es ese Sergio Roberto?No veo que sea ningun crack

  4. Excelente artículo.
    Permítaseme una muy subjetiva apreciación:
    A pesar de lo tentador de identificar la variante de la Princeton que El Maestro Zensunni ha elevado a la categoría de arte, con la constante generación de triángulos que caracteriza el Fútbol Posicional de Guardiola… tal identificación me parece puro paralelismo geométrico.
    En mi pedante opinión, las mejores traducciones al idioma del baloncesto que se pueden hacer son el “Everybody is a point-guard!” de Popovich en el nuevo modelo Extra-Passer que él y el Trío de Los Que Desafían al Tiempo se sacaron de la maga hace ya unos cuatro/cinco años… o incluso la circulación de balón asesina que demostraron los Indiana Pacers la pasada temporada, coincidiendo con los momentos de claridad mental de Teague y Schröeder. Mención especial a Ojos de Sociópata Snyder, que está intentando hacer algo parecido en Utah… ¡con Gobert de titular!; que sería algo así como intentar poner a Cristiano a cumplir las funciones de Busquets.
    Lo de Warriors es otra cosa… se podría comparar a Bielsa, quizás, pero con mucha menor mecanización de movimientos.
    P.D: Dejo a discreción del lector ocasional, a quien pido disculpas anticipadas por haber tenido que soportar hesto, el decidir cuánto de trolleo y cuánto de honesta opinión hay en mi comentario.
    P.P.D.: Llamo la atención del citado lector respecto a que no creo que exista una incompatibilidad esencial entre ambas cosas.
    P.P.P.D: Aplaudo a quien haya llegado a leer hasta aquí y le reitero mis disculpas.

  5. Juan82

    Algo tiene este chico que a todos les gusta.. primero fue Guardiola, después el
    fallecido Tito Vilanova, siguió el Tata Martino y por ultimo Luis Enrique, nadie lo descarto, nadie quiso ni siquiera cederlo..en un medio campo plagado de estrellas
    como Xavi, Iniesta, Thiago, Cesc, Raquitic, Rafinha y cia.. recuerdo el primer partido de liga precisamente en San Mames con Alves en la enfermería, como culé que soy y tras perder 4-0 en la Supercopa, no voy a mentir..” de lateral derecho Sergi Roberto!!” pensé en voz alta., y si para sorpresa de todos, se
    convirtió en el jugador numero 12 de la plantilla.

  6. No procede del reus, sino del Nàstic de Tarragona . Santes Creus, ReusCF y finalmente Nàstic para llegar al FCB

  7. HÉROE DE LA REMONTADA!!

    Me he acordado de este artículo y hoy creo que es un día como recuperarlo, es posible que hay salvado la temporada otra vez en la Champions.

    No estaba en su mejor momento y sólo la desgracia de la lesión de Aleix Vidal le ha podido devolver algo de protagonismo perdido tras un buen inicio de temporada. Incluso se ha cambiado el sistema para que deje de jugar en defensa para pasar al centro del campo.

    Aún así nunca se ha quejado por no jugar y ha respondido en el campo con buenas actuaciones, con las limitaciones defensivas obvias al no ser defensa natural.

    No es un crack pero siempre cumple y no debería dejar el Barça.

    PD: La eliminatoria la ha perdido Emery, no la ha ganado el Barça, que con cierta polémica arbitral, todo hay que decirlo (va por las manos no pitadas en el Calderón en la vuelta de cuartos del año pasado, que hubiesen dado la opción de prórroga) ha hecho historia al remontar un 4-0.

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