
Jan Morris, desde su pequeña casa de Gales, debe mirar la tele, asombrarse y sonreír —o lamentarse, quién sabe— al observar las cuitas de Maura Pfefferman, la protagonista transexual de la serie Transparent. Probablemente Jan sacude su blanca melena —tiene casi noventa años ya—, mira a su mujer, Elizabeth, y rememora por un instante, una vez más, su viaje alucinante, iniciado tantas décadas atrás. Un periplo extraordinario el suyo: el que va de un sexo a otro. De eso hace ya mucho tiempo, en el siglo pasado. Era cuando se llamaba James y solo tenía dos certezas absolutas: una era que quería ser escritor, y la otra era que en realidad era una mujer.
James Humphrey Morris, nacido en Somerset en 1926, fue una persona valiente: cruzó una de las más determinantes barreras de la biología, corrigió a la naturaleza y adoptó el sexo que le correspondía, transformándose en Jan Morris. Y, como escritora de abrumador talento que es, durante un tiempo centró su escritura en este viaje. El resultado fue Conundrum (publicado en 1974, editado recientemente por RBA como El enigma), un libro donde narra su metamorfosis. Uno de esos libros excepcionales que cambian la vida, de obligada lectura para entender lo que es la verdadera libertad y, a su vez, la urgente necesidad de respetar la libertad de los otros.
«Por favor, Dios, conviérteme en niña», rezaba James una y otra vez durante su infancia. En casa, en el barrio, en el colegio, veía a los demás enteros, de un trazo, mientras que su imagen le devolvía una mirada difusa e incompleta. En algún momento llegó a pensar que quizás lo que pasaba es que todos los chicos, en verdad, querían ser chicas. Durante años convivió con la ambición de escapar de la masculinidad y sumergirse en la feminidad, y en ese largo viaje hasta llegar a su verdadera identidad, la persona Morris cuenta momentos definitivos. Uno de ellos fue su paso por Oxford, una fortaleza contra la intolerancia que le formó como persona y le salvó de perder la cabeza. Allí se le grabaron a fuego dos grandes verdades: una es que no hay normas, y la otra es que todos somos diferentes. En esa etapa, formó parte de un coro y estuvo varios años visitando asiduamente la catedral de la ciudad. Allí descubrió que era un sitio perfecto —majestuoso y lleno de sombras— para envolver un enigma como el suyo. Fue allí donde se forjó su coraje para asumir que era un hombre en cuanto al sexo y una mujer en cuanto al género, y donde entendió que solo sería una persona completa cuando las dos entidades, por fin, se ajustaran. Un pensamiento que le mantendría ocupado las cuatro décadas siguientes.
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Estupendo artículo. Mi admiración a todas las personas que luchan para que la sociedad no sea tan déspota, ignorante e inhumana.
Qué gustazo entrar a Jot Down y encontrarse con esta joya de artículo el primer día del año. Jan Morris es una de las personas más sabias a las que se puede leer hoy. La valentía que exige ser transexual está al alcance de muy pocos. Bravo.
Estimada Mar, puedes explicar exactamente a qué te refieres cuando hablas de que «era un hombre en cuanto al sexo y una mujer en cuanto al género». Gracias.
Quiere decir que era mujer en cuanto al género. Se sentía mujer en un cuerpo de hombre. Pero sexualmente se sentía atraída atraída por las mujeres. Es decir que es lesbiana.
Una cosa es la identidad de género; sentirse hombrebre o mujer. Y otra la orientación sexual, sentirse atraído sexualmente por el mismo género, contrario o ambos. O sea ser heterosexual, homosexual, bisexual. Aunque eso es a rasgos generales ya que en la sexualidad humana hay muchos grises y matices.
Creo que a sexo se refiere a su biología (sus atributos físicos). Género se refiere a su identificación, femenina en este caso. La oerientación sexual sería un tercer componente de la totalidad de la sexualidad.
En realidad era una mujer en sexo, y supongo que sería femenina en género. Confundir el sexo con los genitales (o con lo que hacemos con ellos) es muy usual, y la autora de este artículo no se ha informado muy bien sobre la diversidad sexual. Apenas hay que llegar al segundo párrafo para que quienes vivimos de cerca la diversidad trans, lloremos de pena por el profundo cisexismo que demuestran tantas personas que creen hacerlo bien :(
Hay algunas creencias erradas que han trastornado la salud y la vida de las personas; como esta.
Algunos hombres creen que su hombría esta, en orinar de pie; ser un bocon, o mal hablado; y usar pantalones.
El pantalón fue utilizado para discriminar, y humillar a la mujer; (es la prenda mas exhibicionista y sexista que se haya utilizado; y en especial para el varon, pues la anatomía de la mujer es diferente, y un pantalón en la mujer no es tan INSINUANTE, ni tan exhibicionista como en el hombre. Lo mas decente, cómodo, y SALUDABLE para vestirse un varon es una falda o un vestido con falda.
Por tradición los hombres desde siempre se habían vestido con faldas, solo hace 300 años que los obligaron a usar pantalón.
El pantalón es la prenda menos adecuada para un hombre; el calzoncillo bóxer, hace las veces de férula en los genitales, (propiciando mal funcionamiento, y discapacidades), la costura central del pantalón maltrata, magulla e incomoda todo el tiempo los genitales; la correa o cinturón hace las veces de torniquete, y obliga al corazón a bombear la sangre con mayor esfuerzo, (para vencer la contracción que hace el torniquete), y por mala irrigacion sanguínea afecta: el aparato digestivo, el sistema urinario, el aparato reproductor. Ademas con el uso del pantalón el hombre ha terminado orinando de pie lo cual es totalmente antinatural. Las Faldas y los vestidos con faldas para los hombres son suprema-mente SALUDABLES, CÓMODOS Y CONFORTABLES. El pantalón, el calzoncillo ajustado, la costura central del pantalón, y la correa o cinturón, están promoviendo las enfermedades modernas de los hombres: IMPOTENCIA, ESTERILIDAD, PROBLEMAS DE LA PRÓSTATA Y POSIBLEMENTE CÁNCER DEL TESTÍCULO.
Ninguna parte del cuerpo del varon se maltrata mas que los genitales.
Por salud y comodidad mejor usar FALDAS O VESTIDOS CON FALDA
El artículo está más que increíble, la manera y la forma en cómo nos describe el sentir de Jan Morris me incita a querer leer el libro. Felicitaciones a la autora del artículo.
Genial retrato de esta realidad.
Mi granito de arena al hilo también de ‘la chica danesa’ http://www.uncontigoalreves.com/se-lo-que-quieras-ser-vive-como-quieras-vivir ojalá os guste.