El abuso de F5 en las noticias

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Fotografía: University of Oxford (CC).
Fotografía: University of Oxford (CC).

Como en un bucle sin final o como en una sala de espejos el periodismo se ha acostumbrado a verse a sí mismo, a buscarse a sí mismo para hablar de sí mismo. Sí, como decía Pascual Serrano: «El periodismo es noticia». Y parece encontrarse cómodo en esa dinámica. Se habla de las mil y una crisis que vive el oficio: falta de fondos, injerencia política y privada, falta de credibilidad, falta de tiempo para crear reportajes de interés, falta de adaptación a los nuevos soportes… Pero a pesar de todo se siguen produciendo noticias como churros. Todos los días salen hasta los quioscos periódicos con cuarenta o cincuenta páginas repletas de noticias; todos los días se emiten en televisión al menos tres informativos con sesenta minutos repletos de noticias; los portales informativos de internet se actualizan en tiempo real, haciendo incontables el número de noticias que aparecen a lo largo del día en la página web de los principales medios de comunicación.

A tenor de estos datos, evidentemente, no se puede decir que el periodismo esté en crisis. Es obvio, existirá periodismo mientras exista el mundo porque siempre habrá algo que contar. La realidad misma es la que crea al periodismo, que como profesión, sí es posible que no esté atravesando su mejor momento. La producción y elaboración de esa información se debe remunerar, y más si es de calidad. Lo contrario de lo que ocurre hoy en día. Ese es el problema que debe resolver el periodismo si no quiere convertirse —o permanecer— en un mero instrumento de las grandes corporaciones para ayudarlas a promocionarse o a vender sus productos. Pero eso es otro tema.

Eres, despidos, más despidos y cierres de cabeceras están provocando una masiva aparición de nuevos medios digitales —e impresos— por parte de todos esos periodistas que se han quedado de pronto en la calle sin saber dónde volcar aquello para lo que se han preparado durante toda su vida: contar historias. Estos medios, con más o menos acierto, vierten en la red otro incontable número diario de noticias llegando a saturar a los consumidores creando esa nueva «censura» por saturación que ya definió Ignacio Ramonet en su libro La tiranía de la comunicación.

Para los periodistas la sombra de la crisis es la de un monstruo que nos obliga a producir y producir cada día más con el objetivo ya no de vender más periódicos, sino de atraer más visitas que engorden las estadísticas de usuarios con las que llegarán más anunciantes y, con ellos, más fondos. Ese monstruo que persigue a los que conservan sus puestos de trabajo y a muchos de los que han creado uno nuevo les hace correr sin detenerse, temerosos de que les alcance de nuevo o por primera vez. Pero quizá esa huida hacia adelante, esa imperiosa necesidad de producción, sea el error. Quizá lo que se necesite para vencer a ese monstruo sea detenerse y hacerle frente con las armas de las que disponen los buenos periodistas: la paciencia, la constancia, la reflexión, la honestidad y esa palabra mágica que tanto cuesta encontrar: la verdad.

Desde mi punto de vista, la crisis del periodismo viene principalmente de la falta de credibilidad y, por lo tanto, de la falta de utilidad. El periodismo, según está formulado hoy día, no es útil porque nadie se cree lo que dicen o decimos los periodistas. El periodismo es un mero entretenimiento y un canal publicitario —no digo que años atrás no lo fuese del mismo modo, pero como complemento a su función informativa— que ha de competir en el metro, de igual a igual, con el Candy Crash, YouTube o lo último de Justin Bieber o Iron Maiden. El periodismo hoy no tiene peso específico porque no tiene una función específica. No es una necesidad básica del ciudadano. Hoy el periodismo no tiene señalado un momento en el día de la ciudadanía como lo podía tener antaño —a la hora del desayuno—, excepto para los que están, o estamos, implicados en él de forma directa —las redes sociales son muy útiles para que, especialmente los periodistas, nos miremos el ombligo—. Muchos de los que consumimos noticias lo hacemos por inercia donde siempre las hemos buscado y muchos otros apuestan por blogs especializados, pero con medios limitados.

Fotografía: Jon S (CC).
Fotografía: Jon S (CC).

La realidad sigue siendo interesante, de tal modo que el periodismo también lo puede ser. Pero además de interesante, debe ser útil para que se lo considere esencial. Creo que la necesidad de crear noticias diariamente influye de forma decisiva en la calidad de estas de forma directamente proporcional. Cuanta más cantidad, menor calidad. Y es que esa necesidad de rellenar páginas o minutos de telediario lleva a la búsqueda de cualquier tema, sea cual sea su provecho, sea cual sea el contenido. «No existe un criterio de calidad mínima. Entra cualquier imagen, cualquier directo, cualquier vídeo de YouTube. Damos noticias que no tienen ni interés para una tele local». «Hay un abuso de temas banales, ridículos, y conexiones absurdas en directo desde ferias o concursos. Los temas importantes, los que implican a la gente, no cuentan, no se abordan. No interesan Sanidad ni Educación, por ejemplo», denunciaba el Consejo de Informativos de TVE hace unos días a través de un informe.

Pero además de la influencia, más o menos evidente, en la calidad, existe otro factor más influyente, más grave y peligroso. Ese bombardeo automático de noticias provoca que sea imposible para los consumidores absorber y asimilar lo que se nos quiere decir. Por supuesto, mucho más difícil es poder hacerse una composición propia de la realidad a través de estas informaciones, porque lo que un día se nos dice, al día siguiente se desdice; lo que en unas horas es absolutamente real, al cabo de un rato pasa a ser rotundamente falso. El síndrome del F5 en el periodismo. En medio de ese desbarajuste, de ese caos informativo, es muy fácil que cualquier persona se pierda sin saber muy bien por dónde empezar a hacerse una idea general de lo que ocurre en el mundo, en su país o en su propia ciudad; de modo que su visión y compromiso ciudadano se vean condicionados.

Sí, es cierto que en internet se puede encontrar todo lo que uno quiera, incluso esa verdad que ansían encontrar los periodistas pero, ¿el usuario medio está dispuesto o tiene el tiempo suficiente como para ejercer también de periodista y limpiar el grano de la paja? Es solo mi opinión pero creo, sinceramente, que no.

El hecho de mostrar las noticias de forma semanal, quincenal e incluso mensual es muy posible que influyese de forma positiva en la percepción de la realidad por parte de la ciudadanía. Mucho más que la actualización en tiempo real de cualquier hecho noticioso. No creo que yo sea el único que haya escuchado de boca de familiares, amigos o allegados que después de estar varios días sin ver la televisión —o internet en algunos casos—, se encuentren más tranquilos, más limpios, más sosegados. A mí me ocurre y, en cierto modo, creo que después de ese periodo estoy mejor y más enterado de lo que pasa en la realidad.

El proceso de elaboración de una noticia requiere tiempo para que el producto tenga calidad. Pero es que el proceso de asimilación de la noticia también requiere su tiempo. El lector, el usuario, debe poder digerir la noticia y hacerse su propia idea sobre lo que acaba de leer. No entro en la intencionalidad de manipulación en esta forma de hacer periodismo, pero desde luego que nada aporta, en absoluto, que a las pocas horas de haber dado una noticia se den más datos insignificantes que ahoguen el dato central, o que contradigan lo dicho con anterioridad.

Afortunadamente, siempre hay islas en medio del océano donde poder refugiarse. Pero a esas islas no llegan muchos. Los medios que se dedican a hacer ese periodismo pausado y reflexivo son minoritarios —espero poder decir con acierto que todavía—. El común de la gente, de la ciudadanía, espera a informase a través de los medios habituales: la televisión y los grandes medios —también eligen a los últimos por internet—. Por lo tanto, son estos, empezando por RTVE, los que deberían tomar medidas para no saturar a sus usuarios y darnos tiempo para analizar por nosotros mismos los datos e informaciones, e incluso opiniones, que se nos dan. Al fin y al cabo, el periodismo ha de ser un medio, no un fin. Y un medio público, aún más.

En Inglaterra, el periódico The Times ha anunciado hace unas semanas que dejará de publicar noticias en tiempo real en su página web y aplicaciones para móviles y pasará a actualizar sus contenidos tres veces al día entre semana y en dos ocasiones los fines de semana. El motivo: «dotar de sentido al torrente de últimas noticias con los que bombardean a los lectores los medios digitales». Por algo se empieza, desde luego.

Después de leer este último párrafo es posible que muchos hayan pensado que una consecuencia añadida a esa decisión de The Times sea una posible reducción de personal. Y sí, creo que es muy posible que así sea pero esa, también, es otra historia. Lo que debe tratar de hacer el periodismo de forma inmediata —y con él los periodistas— es, antes de todo, recuperar la credibilidad y para ello no es suficiente con pulsar F5 una vez más.

Fotografía: Earl (CC).
Fotografía: Earl (CC).

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7 comentarios

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  2. Juan Carlos

    Al menos se pone el dedo en la llaga: La credibilidad. No es sólo que ese bombardeo sistemático de noticias, demasiadas veces insustanciales cuando no se vanaliza la realidad (noticias en directo explicando que en verano hace calor, hoyga), no enriquece al consumidor, sino que huye porque es consciente del papel que le asignan: Consumir. Pero no noticias, sino dogmas, mensajes, y publicidad. Y claro, al final uno lee o mira las noticias de los medios generalistas con gesto de desprecio (“¿pero de verdad piensan que engañan a alguien?”) y huye. Y no siente ninguna pena por el colectivo porque lo sabe cómplice de ese negocio (poca solidaridad despertaron los trabajadores de Canal 9 durante el cierre), y porque sabe que miente por un plato de lentejas. Ya no se le cree. Es tarde para los lamentos, para cada vez más ciudadanos se ha dado un paso sin marcha atrás en el que sabes lo que puedes esperar de la gran mayoría de medios: Nada

  3. viruela

    de acuerdo con Juan Carlos… pasados los sesenta y leyendo periódicos desde que sé leer, lo he dejado, ya solo me cabreo leyendo banalidades en los digitales, cuyo cutrerío editorial y abuso de las agencias de todo a 100, nos están acabando de fumigar… se decían el cuarto poder y se han convertido en una orden mendicante… se acabó

  4. “Creo que la necesidad de crear noticias diariamente influye de forma decisiva en la calidad de estas de forma directamente proporcional. Cuanta más cantidad, menor calidad”. En este caso la relación entre magnitudes sería inversamente proporcional, cuando una aumenta, la otra disminuye.

  5. También seria interesante analizar como ha cambiado el rol del “anunciante” en los periódicos. Desde un “rol” pasivo, donde un gran número de anunciantes aparecían en sus páginas a un rol totalmente activo. Mientras antes veiamos cientos o miles de distintas marcas siendo promocionadas en los periódicos tradicionales, ahora vemos un pequeño grupo que ya no solo busca llegar al consumidor sino controlar la información que a este le llega.
    Esto por supuesto no es culpa de los periodistas, más bien de los económistas que diseñan los modelos financieros de cada empresa. Y mientras mantener un periódico a flote mediante métodos tradicionales es díficil (calidad, inparcialidad, rigor, etc..), mantener un periódico basado en subvenciones y venta de imagen a grandes empresas es lo mas fácil y rentable que hay en la actualidad (y seguro, ya que el futuro no dependerá nunca de la calidad de este…).

    Creo que no hace falta dar ejemplos..

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