Ojalá no tengas segunda temporada, Stranger Things

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Imagen: Netflix.
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La primera temporada de Stranger Things es entretenidísima. Ojalá nunca se haga una segunda.

Es un deseo extraño y a estas alturas improbable porque Matt y Ross Duffer, esa pareja creadora del show que firma con el nombre artístico de The Duffer brothers, han expresado su intención de parir nuevos capítulos manteniendo intacto el reparto y continuando la historia a partir del último episodio de esta primera tanda. Y ahí está el problema: Stranger Things es redonda como entretenimiento televisivo en su estado actual y da la impresión de que su gracia podría tomarse unas vacaciones indefinidas si se opta por alargarla gratuitamente, o al menos si la idea es alargarla del modo en que han insinuado los hermanos al timón.

El bestial auge del formato serie ha reavivado el contenido episódico como medio narrativo y también ha logrado que los creadores de ficción descubran un nuevo terreno de juego sobre el que una audiencia, que estaba acostumbrada a masticar historias en un par de horas, se ha abalanzado con ilusión. De repente las entregas por capítulos permiten extender una historia seria más allá de los ciento veinte minutos sin riesgo de que el espectador se disecase en la butaca y resulta posible tomarse con calma la evolución de los personajes, regatear las elipsis y dedicarle su tiempo a retozar en las tramas secundarias. Los hábitos de consumo se han desplazado desde la sala de cine pública a la privacidad del salón de la casa donde anida la mantita del estado de Facebook. Y todo esto ha potenciado que por culpa del éxito muchas series no sean conscientes realmente de cuándo tienen que acabar, un problema que en el ámbito cinematográfico parecía menos dañino. Prison Break arrancó con la estupenda premisa de la fuga de una cárcel, pero se acabó ahogando en sí misma cuando la propia serie no supo qué hacer con los personajes y decidió volver a encarcelarlos para después enredarse en conspiraciones que hacían bostezar al público. En House los guionistas afrontaron las renovaciones cambiando el escenario y mutando del drama hospitalario hacia la teleserie sentimental. Y un show tan redondo como era Doctor en Alaska no pisó el freno cuando tocaba, en el momento en que su protagonista abandonó la serie, y pese a mantener un buen nivel hizo que aquello fuese forzado, innecesario y un poco incómodo para todos hasta que el propio programa acabó siendo consciente de que era más sano despedirse.

Stranger Things sin spoilers añadidos

Imagen: Netflix.
Imagen: Netflix.

Stranger Things es un cuento que viene moldeado siguiendo el patrón de las producciones ochenteras de ciencia ficción fantástica, aquellas que tenían ese halo oscuro que las emparentaba con el terror con solo cruzar una puerta. Es un producto que no oculta su cebo, sino que se dedica a azuzar dicho factor nostálgico ante los morros del espectador que nació al final de los setenta y consumió la cultura popular de la década de los ochenta, aquellas personas que merendaban con He-Man, se iban de aventuras con Steven Spielberg, Richard Donner o George Lucas y acampaban debajo de las sábanas con una linterna y la prosa sangrienta de Stephen King. Este último incluso se asomaría a Twitter para opinar sobre la producción de Netflix, vendiéndosela de manera instantánea a medio planeta al sentenciar que «Es como ver un grandes éxitos de Steve King. En el buen sentido». Razón no le faltaba, porque la serie estaba empapada por su obra, de It a Ojos de fuego, pasando por Cujo o El cuerpo.

En realidad la serie, apoyándose en la excusa de tener lugar durante el noviembre de 1983, es en su caparazón más visible una especie de greatest hits de la cultura pop ochentera. Una sensación que nace con el fabuloso póster pintado a mano de Kyle Lambert a modo de hermano bastardo de las creaciones de Drew Struzan (el otro tipo de material promocional también resulta más que digno), continúa con unos títulos de crédito de tipografía e iluminación exquisitamente añeja (imitando directamente las cubiertas de los libros de King) y se confirma del todo con el atrezo apilado en segundo plano: en la historia los personajes demuestran un sorprendente buen gusto cinematográfico a la hora de empapelar paredes con pósteres de películas que en el futuro gozarían de culto (Terrorificamente muertos de Sam Raimi, La cosa de John Carpenter o el Tiburón de Spielberg); las televisiones programan dibujos de Filmation; hay secundarios que matan el tiempo leyendo Cujo; el Halcón Milenario forma parte de los juguetes del momento; el uniforme de la policía del pueblo es un calco del que aparecía en Tiburón; los niños se reúnen en el sótano para sumergirse durante horas en el Dungeons & Dragons; y un puñado de éxitos musicales famosos de la época asoman la melodía a lo largo del metraje, y concretamente el imperecedero «Should I Stay or Should I Go» que cantaban The clash incluso llega a adoptar un papel importante en la trama.

En general hasta la rutina de la vida diaria reflejada en la pantalla apunta a la morriña al mostrar televisiones rebeldes a la hora de sintonizar canales, walkie talkies, gente que fuma mucho en cualquier lado y bicicletas como vehículo de aventuras vespertinas infantiles. Todo este revival excesivo tiene en realidad poco de novedoso, porque la glorificación de los ochenta lleva ocurriendo desde 1991 por lo menos, y la cosa parece haberse agravado en fechas recientes. La propuesta de Stranger Things es además muy similar a lo que intentó en 2011 esa máquina de fabricar billetes que es J. J. Abrams con su película Super 8, una cinta que también se centraba en fotocopiar el cine fantástico ochentero, y que tuvo el detalle de tener también su propio cartel handmade creado por Kyle Lambert. Pero la obra de Abrams se quedaba a medio camino de la meta; el director se diluía en el largometraje y no funcionaba con demasiada precisión al emperrarse tanto en copiar al Spielberg pretérito como para olvidarse de aportar una visión propia o insuflar cierta personalidad que superase el legado.

Stranger things y la ensalada de referencias.

Los hermanos Duffer han sido bastante más mañosos. Para empezar, por saber configurar un casting que encaja de manera admirable: una pandilla de niños (Finn Wolfhard, Caleb McLaughlin, Gaten Matarazzo y Noah Schnapp) que realmente parecen carne de bullying escolar, una Winona Ryder estupenda pese a jugar con el botón de pánico pulsado en todo momento, un David Harbour sólido (que se da un aire a Lluís Homar con una década menos a la espalda) y la fabulosa revelación de Millie Bobby Brown, la británica de doce años que apuntala de manera contundente el papel más difícil de la serie. También figura un ligeramente momificado Matthew Modine, pero al tener que lidiar con el personaje más tópico parece que simplemente pasa por ahí porque le pilla cerca. Reparto aparte, lo que quizá sea el mejor logro de Stranger Things es haber sabido agarrar toda esa ensalada de referencias y asimilarla en capas más profundas: más allá de las menciones a Atari y al número 134 de los X-Men, e incluso más lejos de las reverencias más sutiles, como lo de hacerle ojitos a Cuenta conmigo al bautizar un capítulo como «The body» y mostrar a los niños caminando por una vía de tren, los creadores han sabido escarbar hasta localizar e imitar los recursos narrativos de los ochenta en este cine de género. Y por eso mismo Stranger Things no es exactamente una rendición a una década, sino al cine que se hacía en esa década, algo muy distinto y que inevitablemente arrastra consigo sus propias cosas buenas y malas.

A los Duffer se les ha dado sorprendentemente bien agarrar engranajes y sensaciones para lograr ese tono Amblin Entertainment: la ocurrencia del personaje de Winona Ryder de construir un escenario insólito —una casa repleta de luces de navidad— para salvar un escollo fantástico no desentonaría en ese universo Spielberg donde sus habitantes utilizaban de manera ingeniosa elementos comunes en situaciones poco comunes. Y tampoco estaría fuera de lugar la escena en la que los personajes presentan una teoría sobre lo que está ocurriendo utilizando un tablero de rol volteado. Son detalles, y secuencias reveladoras, que persiguen la primera ley del género de la época: relatos de personas ordinarias a las que suceden cosas extraordinarias. Y este es parte de su auténtico encanto, porque si el resultado recuerda a aquellos largometrajes no es solo porque la introducción recicle un cobertizo como aquel que visitaba E.T. el extraterrestre, sino por saber leer los recursos originales y adaptarlos con alguna concesión moderna estética camuflada que pasa desapercibida, como por ejemplo con unas transiciones entre escenas menos toscas que en sus referentes, y con el proceso de adaptación al formato serie que introduce el cliffhanger como táctica. El detalle de optar por una banda sonora, creada por Kyle Dixon y Michael Stein, que imita los sintetizadores ochenteros también es encantador y parece conveniente, aunque hay cierto sector de la audiencia que ya debe de estar cansando de tanto revival sonoro, de tanta música magenta.

Los puntos más oscuros de la serie derivan de todo lo anterior, y es que al ceñirse tanto a un esquema preestablecido se le ve con facilidad todo el esqueleto. Esa estructura añeja que advierte de antemano que no intentará romper con nada ni aventurarse por nuevos caminos. Es un mal menor porque está bien claro que el objetivo de la serie es entretener y en ocho capítulos, donde solo cojea al final con minutos que rellenan más que aportar cuando todas las piezas están sobre el trablero, lo logra sobradamente.

Stranger Things y un puñado de SPOILERS

Imagen: Netflix.
Imagen: Netflix.

(A partir de aquí hay, evidentemente, SPOILERS)

El problema de crear una secuela directa es que no existe razón para hacerlo. La primera temporada de Stranger Things cierra el misterio que la iniciaba, la desaparición de Will Byers, y explora lo necesario las tramas que lo acompañan: los poderes de Once, la dimensión alternativa y el monstruo que vive en ella. Y si bien lo de juguetear con mundos paralelos no es novedoso —cientos de novelas y juegos ya han visitado reversos oscuros antes— en este caso casi funciona como si lo fuese al apañárselas para construir un llamativo mundo tenebroso, rodeado de una ceniza flotante eterna y construido como un eco contaminado del plano real, inspirado en terrores de culto como el videojuego Silent Hill o el largometraje Alien. El monstruo del espectáculo luce menos, porque a pesar de que los directores aseguran que su intención era crear una criatura con recursos clásicos, imitando a las películas que sembraron pesadillas en su infancia, las apariciones del monstruo acaban arruinadas por los efectos digitales contemporáneos. Y es que, aunque la empresa de efectos especiales Spectral Motion (que trabaja habitualmente con Guillermo del Toro) diseñó un robot animatrónico bastante majo, los directores se vieron obligados a tirar de CGI en algunas secuencias y aquello acaba chafando ligeramente la atmósfera. Porque cuando estás jugando a calcar los ochenta lo lógico es ceñirse a sus medios y aceptar que un bichejo de látex incluso asusta más —y encaja mucho mejor— que un justito efecto especial por ordenador. En el fondo a día de hoy el auténtico espectáculo son los efectos prácticos y el FX digital difícilmente sorprende al público.

Matt y Ross comentan que tienen en la mesita de noche un documento de una treintena de páginas sobre el mundo oscuro y sus reglas, un texto que utilizarán como biblia para diseñar la secuela de la historia. Pero lo cierto es que el público no necesita saber más de lo que se cuenta aquí, y zambullirse en investigar puede acabar resultando más decepcionante que simplemente insinuar. Se empieza con un misterioso edificio del gobierno situado en medio de la nada y se acaba rellenando media temporada de Expediente X con capítulos enteros sobre conspiraciones que hacen que el espectador pase ante ellos con los ojos en blanco. Se intuye más grave que los Duffer hayan revelado que Once no solo no está muerta (algo que sugería pero no confirmaba el episodio final) sino que además es posible que regrese para acabar haciendo equipo con Jim Hopper en futuros capítulos, una posibilidad frente a la que es fácil comenzar a sospechar que se está removiendo demasiado el asunto. La niña ha desaparecido sacrificándose al final de la primera temporada y está bien así: ni la audiencia necesita saber si está atrapada en el limbo de la dimensión alternativa o en la playa tomándose un helado, ni lo de emparejarla con otro personaje en plan buddy-movie parece que vaya a aportar algo interesante. A veces es mucho mejor dejar que la imaginación del espectador se encargue de decidir el destino de los personajes.

Quizás hubiese sido más prometedor —y hubiera provocado menos desconfianza— anunciar una nueva temporada que dejase descansar a los personajes e historia de la primera pero respetase el tono de su hermana mayor. Que los creadores intentasen igualar el espíritu que tienen estos ocho capítulos con una nueva trama, marcándose un American horror story y reiniciándose en cada nueva tanda, fabricando un Cuentos asombrosos con relatos desarrollados a lo largo de temporadas completas, crear un universo (aprovechando que el título permitiría introducir cualquier cosa por fantástica que sea) en lugar de centrarse en un sector del mismo. Porque también hay que reconocer que el factor nostálgico, siendo su atractivo más visible y evidente, carece de capacidad de sorpresa en una secuela: la primera vez nos pilló desprevenidos, pero la segunda no puede provocarnos el mismo efecto.

Aunque a lo mejor The Duffer Brothers son, como lo es la serie que han parido, mucho más listos de lo que parecen y tienen abocetadas en la cabeza un montón de nuevas ideas brillantes que graparán la boca, tras obligarnos a engullir todos estos párrafos, a todos aquellos que ponemos en duda lo idóneo de una continuación. 

Ojalá, sinceramente.

Imagen: Netflix.
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44 comentarios

  1. Amblin

    ¿Hoy os dado a todos los magazines culturales por hablar de Stranger Things? Aquí la crítica de la revista La Soga que me ha molado más que este refrito de otros artículos:
    http://lasoga.org/stranger-things-me-gustan-los-ochenta-me-gustas/

  2. Os habéis olvidado de la serie de la que bebe directamente: Fringe.

  3. Nikki Fennel

    Excelente artículo. Sin embargo hay una cosa con la que no estoy de acuerdo. Las personas nacidas “a finales de los setenta” pasarían sin pena ni gloria por la década ochentera, ya que serían demasiado pequeños para disfrutar de la cultura de esos años. Que no os de miedo reconocer que los que añoramos esas épocas somos un poco más talluditos…

    • Daniel

      Naci en el 79 y me siento plenamente identificado con la serie y la atmosfera descrita. Estoy de acuerdo con toda la crítica.

    • Los principios de los noventa siguen mamando de su década anterior. Los cambios ocurren gradualmente, no porque termine una década la siguiente será radicalmente diferente al instante. Yo nací en el ’82 y he disfrutado de lo bueno de los ochenta.

    • Agapito

      Las personas nacidas en los 70 vivieron (vivimos), la mayor parte de la infancia en los 80, es decir, vivieron aquella época con la intensidad de un niño. A partir de los 14-15 años ya solo piensas en meterla en caliente, colocarte y demás entretenimientos para adultos, tendrías que pasarte las 24 h puesto de LSD para vivir los 80 con la intensidad con la que la vivimos los nacidos en los 70. No participamos en la movida ni nos metimos heroína (la mayoría), pero los 80 marcaron nuestros primeros pasos por la vida, nuestras primeras películas fueron Alien, los Goonies, ET, Indiana Jones, Star Wars…con los ojos de un niño, y eso deja más impronta que todas las juergas, conciertos y drogas que probáramos en los 90. Eso es lo que hay.

    • roedecker

      Aquí otro nacido en el 79 (y además, a falta de 34 días para que terminase ese año), y aunque no llegué a ver ninguna de esas películas en cine, mi infancia/adolescencia estuvo plagada de ET, Gremlins, Poltergeist… y un poco más tarde, Stephen King.
      PD: el año pasado fui a ver Los Goonies al cine con gente más joven que yo y que la adora igualmente.

  4. Asclepios

    Los hermanos Duffer ya han comentado que sólo seguirán con la serie si sienten que tienen algo más que contar. Si hacen una segunda temporada es porque les sigue apeteciendo explorar ese mundo. La desaparición de Eleven es lo suficiente enigmática como para seguir su pista. Lo que me llena de esperanza es que ya han declarado que el tono cambiará. No hay nada más aburrido que cuando uno intenta hacer lo mismo. Creo que uno de los grandes factores a la hora de ofrecer un buen producto artístico es la ilusión/motivación y estos chicos ya han dicho que cuando se cansen darán carpetazo (con la bendición de Netflix). Mi pronóstico es que la segunda temporada tendrá un nivel parecido y será la última. Ya veremos…

  5. De acuerdo ojalá no hicieran una segunda parte ya que es concluyente y si deja cabos sueltos es mejor que cada quien lo aborde a su modo, pero en síntesis es una serie que como otras de Netflix logro que me sentara por 8 horas verla de corrido, la disfrute de principio a fin.

  6. “reiniciándose en cada nueva tanda, fabricando un Cuentos asombrosos con relatos desarrollados a lo largo de temporadas completas”. Compro esta idea. Es lo que estaba pensando mientras veía el penúltimo capítulo

  7. Iván

    Yo digo sí a una segunda temporada. Pero que lo cambien todo. Que hagan otro rollo de los ochenta, de otras pelis, de otras referencias.

    Como en American Horror Story. Pero en bien.

  8. Javo vera

    Podrías haber comentado que la niña revelación es también española, no?. Pues si. Revisa bien tus fuentes. Por otro lado, de todos los que conozco que han visto la seria han quedado sedientos de una segunda temporada. Porqué no estas de acuerdo con ello y tiras tanto pesimismo emocional? Todos bias y con autoridad y derecho de hablar en nombre de todos?. Hay cosas de esta serie que son imposibles de replicar con la basura tele-reality lleno de efectos especiales y acartonada de hoy en día del cual la gente joven es lo único que conoce. Pará muchos de nosotros Stranger Things es lo mejorcito en muchísimos años. Bien a favor de una segunda. Estos seguro que The Duffer Brothers se lo van a currar muy bien. Disfruta del show.

    • Sergio

      Que haya nacido en España no quiere decir que sea española, revisa bien tus fuentes…

      • el otto

        Nacida en Barcelona, más concretamente

        • Pesao

          Sí, y más concretamente aún, en la calle Torrent de Can Mariner, en Horta…

          • Pues acabo de leer en otra fuente que nació en Marbella de padres británicos y vivió allí 4 años…

            • Andres

              Parece que nació en Marbella, de padres británicos, pero ha pasado la mayor parte de su vida en Barcelona.

        • Agapito

          Nacida en un caserío de Oiartzun según mis fuentes, de padre vasco y madre congoleña albina, pasó su infancia pastoreando y haciendo queso de oveja latxa en los montes guipuzcoanos.

    • ¿Y qué interés tiene que la niña sea española? A mí me da absolutamente igual que sea española, venezolana o de la república checa, la verdad

    • FerGer

      A ver, son españoles los nacidos de padre o madre español (art.17 Código Civil), así que si nació en Marbella, Barcelona o Coruña, pero de padres ingleses, la niña NO es española. Salvo en el supuesto hipotético que el padre o la madre inglesa (uno de los dos) también haya nacido en España.
      Y es que al contrario de lo que nos hacen creer las películas americanas, la inmensa mayoría de países otorga la nacionalidad de origen por la sangre (lo que son tus padres), no por la tierra (lugar donde naces); una de las poquísimas excepciones, efectivamente, son los EEUU, país de inmigrantes que decidió dar su nacionalidad al que nacía en su tierra como modo de hacer patria y aumentar la población nacional de lo que antes eran colonias inglesas.
      Sobre el artículo, me gusta casi tanto como la serie, y espero, confío y deseo que no hagan una segunda parte.

  9. Lazarov

    Ha tenido éxito luego hay una segunda. Si es al estilo que propone Iván puede ser interesante. Si intentan continuar la trama lo estropearán inevitablemente. Mientras haya sedientos habrá vendedores de refrescos de cola que no quitan la sed.

  10. javier

    Si hay una segunda temporada deberán de dejar un poco el cliché de homenajear a las series y pelis de los ochenta. En un principio tiene su gracia pero si quieren estirar el chicle tendrán que tomarse un poco más en serio la trama porque no lo neguemos en esta 1ª temporada ha sido un poco infantil. Aún así me ha gustado, ha sido entretenida siempre y cuando no vayas con muchas pretensiones.
    Me temo que habrá segunda temporada, dado el éxito obtenido y que el final lo han dejado abierto.

  11. Si hay otra temporada, por favor que busquen otros dobladores para Lucas y 11. O mejor aún, que no los doblen.

  12. Yo la he visto en inglés, con subtítulos también en inglés por si me perdía alguna palabra, y no tiene nada que ver. La angustia con un punto de locura de Joyce, el tono de seguridad de Hopper y los expresivos monosílabos de Eleven solo se aprecian en el idioma original.
    Mi mujer la ha visto doblada, y cuando vimos los 2 últimos episodios en inglés se sorprendió de los matices de los personajes.

    • Agapito

      El doblaje se carga las series. Por muy bien que intenten hacerlo los que doblan, los personajes pierden un porcentaje de intensidad y autenticidad bestial con el doblaje.

      • Javier

        Hay doblajes y doblajes… y el de esta serie en particular es nefasto, nefasto nefasto… horrible hasta conseguir cabrearte…

  13. Manuel

    El artículo esta bien pero incompleto. La serie coge muchas cosas del juego Dungeons & Dragons, no se queda solo en que al principio los crios esten echando una partida. Para empezar, el Demogorgon, es la portada del manual de monstruos 2 de la cuarta edición de D&D. De hecho el Demogorgon, es nada mas y nada menos que el principe de los Demonios, y ha sido una criatura icónica en D&D desde 1975 junto con Orcus, su rival y enemigo. En la última edición de D&D, la quinta, que salió en 2015, se puede encontrar una descripción de este demonio en las páginas 51-52, y una mención en el manual del Dungeon Master (página 62).

    El Valle de las sombras, o el mundo al revés, también sale del juego, el videojuego Silent Hill es muy posterior. No se llama así, se llama Shadowfell y está es la descripción tal y como aparece en el Manual de los planos de la cuarta edición (página 48):

    “El Shadowfell es el eco oscuro del mundo, un reino crepuscular que existe al “otro lado” del mundo…”

    Podría seguir, pero creo que esto es suficiente.

    • Criaturillas, se pensaban que a Demogorgon lo liquidaban de un solo sopapo…

      Por otro lado, qué clase de Páramo Sombrío es ese? No hay más criaturas que la única que vemos? A lo mejor fue una cuestión de trama (o presupuesto), pero me quedó esa duda picando.

  14. Lo de otra temporada tipo Cuentos Asombrosos fue exactamente lo mismo que yo pensé. Por un lado por eso de la sorpresa y por otro por los actores (algunos son maletes, y si les damos más tiempo en pantalla van a empezar a molestar).

  15. Joiser

    Concuerdo con bastantes puntos del desglose que realizaste de esta entretenidísima y bien lograda serie, y que como tal, en nada afectarán mis sgtes acotaciones sobre pequeños errores que logré encontrar, pero que en nada alteran la trama. Bueno aquí voy, y si quieren me corrigen:
    1)el monstruo secuestra o intenta comer a Will sin siquiera tener una herida (lo atrae la sangre)
    2)en la escena antes de que Eleven entrara al supermercado a robar los helados, estaba atardeciendo, pero cuando entra para cometer su fechoría, era bastante temprano
    3)en capítulos posteriores a que Winonna escribiera el ABCdario en la pared y le colocara las luces de Navidad, estas luego ya no calzaban en las letras, de hecho había como una luz para 4 letras
    4)como podía will acertarle a las letras, si en “el otro lado” ni las luces (ni las letras?) se logran divisar??
    Esas serían las que recuerdo en este momento, pero habían más. A algo tan bueno tenía que encontrarle algo malo jaja. Espero que salga una 2da temporada pero que se base en la época en que realizaban experimento con la madre de Eleven hasta su “nacimiento”, y que aborden también la época de felicidad del sheriff (aunque difícilmente haya algún monstruo maldito que matar)…y que la tercera temporada vuelvan nuevamente los protagonistas, pero ahora en su etapa de adolescentes. Saludos

  16. Pingback: Enganchado: Stranger Things |

  17. Buena, pero el nivel actoral muy pobre, empezando por Winona, muy sobreactuada

  18. Buena pero flojamente actuada, especialmente la sobreactuada Winona.

  19. Drurak

    Nadie conoce el videojuego Beyond Two Souls? casi toda la trama, sobretodo lo referente a Eleven, es calcadito a ese juego. Os recomiendo ver en Youtube referencias sobre eso.

  20. Daniel

    Sobrevalorada, sí.
    Entretenida, sí.
    Por muchos momentos cursi, sí.
    La “niña” muy buena actriz, sí.
    Wynona sobreactuada, sí.
    ¿Es esto lo que tienen para ofrecer la industria americana como novedoso? Si?
    ¿Europa tiene para ofrecer algo de más calidad? Si. P. ej: “Mammon”, Segunda Temporada.

  21. Oppiano Licario

    Más que en Silent Hill, creo que el mundo oscuro paralelo se inspira en el videojuego Darkseed de 1992, también con estética de H.R.Giger.
    https://www.wikiwand.com/en/Dark_Seed_(video_game)

    Lo digo por los detalles “estilo Alien” como los huevos abiertos que encuentran el poli y la madre, y las victimas atrapadas en redes para ser parasitadas bucalmente como le ocurre al propio Will, etc.

  22. Pingback: El fenómeno ‘Stranger Things’ - MiradAlternativa

  23. K. V. Huganay

    Mi conclusión tras ver la serie es que, desde luego, “Stranger things” no es para tanto. Ha tenido la fortuna de que le ha ocurrido lo que a tantas creaciones famosas a lo largo de la Historia: que ha llegado en un momento en el que no había mejor competencia. No deseo con esto restarle méritos, pues tiene bastantes elementos de valor añadido, la ambientación está muy lograda y la historia muy dignamente narrada. Pero de ahí a que sea la serie del verano, bueno, será que no hay otra cosa.
    Estoy de acuerdo en el homenaje de revival ochentero que nos damos al verla, pero, por mucho que digan, el elemento Goonies no aparece ni de lejos. Aquí lo que hay es un homenaje a la cuidadísima estética de ET y a las inquietantes historias del primer Stephen King. Así es, de hecho, como la resumuiría: cóctel “ET-S.King”, agítese bien, y listo para servir. Disfrútese, paladéese en lo que proceda, pero una vez vista a por otra cosa, que ni es una obra maestra ni, en mi humilde opinión, figurará en mi filmoteca particular con derecho a copia de seguridad.
    Sólo dos detalles que añadir: por un lado, el doblaje es más que irregular, cayendo en lo espantoso en el caso de algún que otro personaje. Por otro, estoy seguro de que Millie Bobby Brown, la niña que interpreta a Once, dará que hablar en el futuro de la cinematografía.
    Saludos desde el infierno.

  24. Pingback: ¿Hay vida después de Stranger Things? | Ibero 90.9

  25. Pingback: ‘Stranger things’ se alza como la serie de los nostálgicos | uValencia.Info

  26. Bueno, ya veo que llego un poco tarde al hilo de la conversación, pero lo he leído y no quería irme sin dejar mi un poco mi opinión.
    Yo la verdad es que soy de las que siempre necesita más, es como si una temporada resultase poco, pero en verdad al mismo tiempo vivo con miedo desde que supe que habría segunda temporada, por que si, a mi esta primera temporada me ha parecido muy buena – se que algunos han dicho que no es para tanto, pero sinceramente yo si creo que es buena – pero temo que pase lo que tu dices, que se acabe volviendo en nuestra contra, y aquello que empezó como un gran fenómeno acabe siendo una de esas series que dejas de ver porque ya no te aporta nada.
    Yo creo que una segunda temporada quizá si pueda resuñtar buena, pues en muchos casos yo he preferido las segundas temporadas por encima de las demás, al verlas mejor estructuradas y más completas, pero si esto se alarga mucho en el tiempo puede ser contraproducente para la propia serie. Además que esos chavales crecreran, y si ahora tienen de 12 a 15 años, con pongamos 4 temporadas más se pondrían en los 16-19 años, y creo que es algo innecesario.
    Si Stranger Things hubiera sido una película, quizá me habría valido el final, pero es cierto que una serie la mayoría siempre queremos más. Pese al miedo que se tiene por decepcionarte, yo intentaré ser positiva y creer que podremos disfrutar de una buena segunda temporada.

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