Pablo Durá: «El cómic es un arte tan válido como la danza, el teatro o la poesía» - Jot Down Cultural Magazine

Pablo Durá: «El cómic es un arte tan válido como la danza, el teatro o la poesía»

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Fotografía: Alberto Gamazo

Pablo Durá saltó a los titulares cuando consiguió, junto a su colega David Abadía, la inhabitual hazaña de escribir para Marvel siendo un guionista español. En la actualidad prepara el lanzamiento de un cómic sobre la Brigada Lincoln, los voluntarios estadounidenses que lucharon junto al bando republicano en la Guerra Civil española. Hablamos sobre la llamativa historia de aquellos voluntarios, y de la maquinaria Marvel, pero también de otros asuntos relacionados con el mundillo: el estereotipo del fan de los cómics como individuo inadaptado o extraño, la relación entre cómic y cine, la diferencia entre la industria estadounidense y la europea, los arrebatos cascarrabias de Alan Moore, lo que sucedería si Pérez-Reverte escribiese un tebeo, la peculiarísima costumbre de los autores españoles de incluir a Chiquito de la Calzada o Marhuenda en cómics estadounidenses, el Nobel de Bob Dylan… de todo un poco.

La Brigada Lincoln estaba formada por voluntarios estadounidenses que combatieron en la Guerra Civil española. ¿Por qué precisamente esa historia?

Yo no les conocía. Sí, conocía cosas como Por quién doblan las campanas, de Hemingway, pero creía que habían sido cuatro voluntarios estadounidenses. No sabía que habían sido tantos. Y sí, sabía lo de las Brigadas Internacionales, pero pensaba que se reducían más al ámbito europeo, por aquello de la vecindad. Pero cuando supe que había muchos voluntarios americanos decidí investigarlo un poco. Empecé a leer sobre el tema. Me gustó mucho el concepto de unos tíos que viven otro lado del mundo y que quieren venir a España para luchar contra el fascismo… me dejó fascinado. Pensé que era una historia buenísima para un cómic. Y ya cuando conocí la biografía del protagonista, Oliver Law, dije «¡Ahora sí, ahora lo tengo que hacer!». Su historia me pareció totalmente alucinante. El primer afroamericano al mando de un grupo de soldados estadounidenses de diferentes razas, algo que sucedía por primera vez en la historia, y pasó en España. ¿Cómo nadie ha hecho una película de esto? Pensé: mira, yo películas no sé hacer. Pero voy a intentar hacer lo que yo sí sé. De esto hace ya diez años, pero entonces no tenía interiorizado que quería escribir, lo tenía más como un hobby. Creo que fue a partir de lo de Marvel cuando pensé: «Esto es posible. Vamos allá».

El personaje que mencionas, Oliver Law, era bastante carismático y desde luego podría dar para una gran película: antes de venir a España ya había estado en el ejército estadounidense, había sido sindicalista, tenía madera de líder… pero no es un personaje demasiado conocido, ¿verdad?

¡Qué va! Y ese es otro motivo para escribir esta historia. Yo no tenía ni idea acerca de estos voluntarios ni de Oliver Law, y estoy convencido de que otra mucha gente tampoco la tiene. Probablemente en Estados Unidos tampoco. Me gusta publicarlo en España, pero donde de verdad me hace ilusión publicarlo es en Estados Unidos, solo por decirles: «¡Mirad, mirad! Son antepasados vuestros, ¡mirad lo que hicieron!». Por intentar mantener viva la memoria de esos voluntarios. Mi idea es hacer una edición en inglés y otra en español, y gracias a eso hay mucha gente de fuera de España que ha puesto dinero en el crowdfunding.

¿Te gustaría que alguien hiciese una película con esta historia?

Joder, me encantaría. Lo que pasa con el cine es que se pierden tantos detalles… una serie estilo Band of Brothers, eso sería perfecto para desarrollar los personajes. Cada vez que le explico a alguien de qué va este libro, les digo que si han visto Salvar al soldado Ryan y han visto Band of Brothers, es ese mismo rollo. Sobre todo tirando más a Band of Brothers. Porque esto no es un libro de historia. He intentado documentarme al máximo, pero lo que he querido contar es el lado humano. Evidentemente va a haber tiros y algo de acción, pero se trata de contar la historia de esos voluntarios en un contexto muy particular.

En ese proceso de documentación has llegado a hablar con sus descendientes.

Sí. La verdad es que yo no sabía cómo contactar con ellos. Claro, sabes quiénes eran los padres, los abuelos, pero no sabes cómo se llaman los actuales familiares. Pero en Estados Unidos hay una asociación, ALBA, Abraham Lincoln Brigade Archives, de familiares de veteranos de la Brigada Lincoln. Tienen una publicación que se llama The Volunteer y un miembro de la revista me dijo que había visto el tebeo, que le había gustado mucho la idea, y me preguntó si podían entrevistarme. Yo les dije: «¡Claro! ¡Si esto es para vosotros!». A partir de ahí otros familiares contactaron conmigo. De hecho, uno de ellos es la hija de uno de los personajes que sale en el tebeo, Joe Dallet. Cuando te llega un e-mail de la hija de Joe Dallett, es como «¿Un momento? ¡Cerrad las puertas, tengo que leer esto, que nadie me moleste!». Porque se lo podrían haber tomado a mal, pero no… todo lo contrario. Les gustó mucho el proyecto e incluso han colaborado. Ella me dijo que no me preocupase: «Mi padre estaría contento de que quieras mantener viva su memoria. Hubiera estado encantado de hablar contigo y responder a todas tus preguntas». Eso es como tener el permiso, básicamente. Ya puedes concentrarte en escribir la historia, porque quieres hacer justicia a esa memoria y no quieres traicionar esa confianza.

En la Brigada Lincoln hubo nada menos que noventa combatientes afroamericanos. ¿Qué sientes cuando ves que en Estados Unidos sigue habiendo tensiones raciales, o noticias de policías que tirotean a ciudadanos negros, etc.?

Es una cosa que me llena de horror, sobre todo porque hay que tener en cuenta que esos voluntarios afroamericanos vinieron a España para defender unos derechos de los que ni siquiera ellos podían disfrutar en su país. Se sentaban en una parte distinta de los autobuses, no podían entrar en el mismo cuarto de baño, no podían beber en la misma fuente. Y sin embargo vinieron aquí a defender esos derechos. Cada vez que veo que siguen existiendo tensiones raciales, que incluso se agravan en algunas partes de Estados Unidos, me produce horror.

Has elegido para la parte visual un equipo artístico formado por Antonio Rojo, Ester Salguero y David Antón «Puste». ¿Por qué ellos? ¿Cuando concibes la historia y escribes el guion, visualizas ya el tipo de imagen que vas a buscar?

Es difícil, porque a lo mejor lo imaginas con un estilo concreto, pero ves a otro dibujante y piensas que su estilo también estaría bien. En eso soy bastante indeciso. Lo que sí tenía claro es que quería a alguien con buena narrativa, que supiera contar una historia solamente con dibujos.

La filosofía Hitchcock, que decía que una película debería poder entenderse sin los diálogos.

Sí. De hecho es como se mide que un dibujante tenga buena narrativa: mirando los dibujos sin leer el texto. Hablé con David Antón porque es de aquí, de San Vicente, y nos conocemos hace muchos años. Él me habló de Antonio, me dijo que había trabajado con él y es muy profesional. Le pregunté: «¿Su narrativa es buena?». Me dijo: «Sí». Antonio me envió unas páginas suyas y me gustaron. También le pregunté por coloristas y me dijo que Ester Salguero trabajaba muy bien. Ahora, viendo las páginas, en mi opinión personal creo que hemos acertado. Es una narrativa clara; creo que aunque haga veinte años que no te hayas leído un tebeo, o aunque no te lo hayas leído nunca, no es farragoso de leer. Entra fácil por el ojo.

Tiene un estilo muy cinematográfico.

Esa es la idea. Sobre todo pensando más en el lector ajeno a los cómics, que quizá sepa algo de historia y le suene lo de la Brigada Lincoln. Creo que hemos acertado porque hay mucha gente que no ha leído un cómic en su vida y en la campaña de crowdfunding se lo ha comprado. Pablo Iglesias hizo retweet a la noticia de El País sobre este tebeo. Estoy seguro de que, entre toda la gente que lo ha comprado en la campaña, lee tebeos un porcentaje muy pequeño. No sabría decirte cuántos, pero cuando aportan al crowdfunding les envío un mensaje de agradecimiento y muchos me responden sin que la palabra «tebeo» aparezca en ningún momento. «Ah, sí, me gusta mucho el proyecto, lo de los voluntarios, yo es que soy muy del rollo republicano, etc.». Pero muchos no leen tebeos. Y los que sí los leen y además simpatizan ideológicamente con el tema han puesto dinero, no los veinticinco euros que costaba, sino más. Eso te pone un peso sobre los hombros. Una vez lo tienes publicado y la gente se lo compra, es como: vale, ha gustado. Pero que te den el dinero de antemano… hostia, ahora hay que cumplir. Eso, la verdad, asusta un poco. Lo ideal habría sido poder pagarlo yo, haberlo publicado y después intentar darle toda la publicidad posible. Pero la campaña ha ido bien. Quedaba una semana y parecía que íbamos a llegar al objetivo de los trece mil quinientos euros raspados, y que a lo mejor me tocaba poner unos cientos de euros, pero fue hacer Pablo Iglesias ese retweet y llegamos al objetivo en cuestión de horas. Fue increíble.

Puestos a imaginar una película, ¿hay algún actor concreto al que imagines en el papel de Oliver Law?

Sí. A veces te imaginas cómo habla un personaje, entonces es más fácil tenerlo en tu cabeza. Uno que me gusta como actúa y creo que hasta se parece físicamente es John Boyega, el de Star Wars [ríe]. Es que se parece un poco. Y es joven, para interpretar la parte de unos años antes de la guerra, cuando Oliver está en Chicago y se inicia en el movimiento obrero y comunista. También podría maquillarse para parecer más mayor. Otro que también me gusta es Anthony Mackie, el de Capitán América.

¿Tienes intención de intentar mover la historia en la industria cinematográfica, de contactar con estudios?

No. Estaría muy bien, pero mi única preocupación ahora mismo es terminar el cómic y terminarlo bien. Que la gente, cuando lo haya leído, sienta que ha sido entretenido y que se lo ha pasado bien. Lo del estudio es una cosa que estaría bien, pero hay tanto cantamañanas en esta industria…

¿En la del cómic o en la del cine?

En las dos. Yo sigo a El Torres en Facebook [Juan Antonio Torres, guionista y editor de Amigo Cómics, N. del R.], aparte de que lo conozco personalmente, y muchas veces ha comentado ideas que después otros le han afanado. Proyectos que se parecen mucho a un cómic suyo. Lo primero es lo primero… ahí voy a hacer, salvando las distancias, como Alan Moore. Yo a lo mío, y al que pagan por preocuparse del tema del cine ya se preocupará. Además, el problema aquí es que el argumento no es una idea original. Cualquiera podría hacer una película biográfica de la Brigada Lincoln y yo legalmente no podría reclamar nada. Es como hacer una película sobre la II Guerra Mundial. No es cosa mía. Yo hago lo que yo sé hacer.

Es notorio que David Abadía y tú llegasteis a escribir para Marvel. Esto es algo excepcional, porque apareciste prácticamente desde ninguna parte. La historia de cómo lo conseguisteis es bastante curiosa.

Hace unos años yo estaba trabajando de comercial inmobiliario, en el mundo de la construcción. Lo dejé y le dije a David que quería dedicarme a escribir, porque es lo que me gusta. Llevo toda la vida leyendo cómics y me quedaba esa espinita. Me respondió: «Cojonudo, si te apetece, podemos intentar trabajar juntos» y consideramos varias posibilidades. El problema de las grandes editoriales como Marvel o DC es que, si no has publicado en otro sitio antes, ellos tampoco te publican. «Si no tienes experiencia, no te contrato». ¿Cómo coño voy a coger experiencia si no me contratas? Pero así funcionan las grandes editoriales estadounidenses. Tienes que haber publicado antes en otro sitio y ni siquiera tiene por qué haber sido un tebeo: incluso novelas, teatro, o cualquier otro medio. Nos dijimos: «Vamos a hacer algo que llame su atención, vamos a hacer una falacia de tebeo Marvel, un tebeo que parezca de verdad pero que no lo sea». Cogimos un personaje de Marvel, que era desconocido [El Águila, N. del R.], e hicimos una historia de veintidós páginas. A simple vista era como un tebeo Marvel de verdad, le pusimos hasta los logos. El diseño era impecable, lo que pasa es que cuando lo abrías se veían los hilillos, porque era en blanco y negro. Pero esa era la única diferencia. Lo mandamos no solo a Marvel, sino a todas las editoriales. No nos contestaron de ningún sitio. Entonces lo colgamos online, y la gente lo leyó. Una página web estadounidense de noticias se hizo eco… por el hecho de que habíamos cogido un personaje de Marvel, que si hubiese sido un personaje nuestro no nos habrían hecho ni caso.

¿Qué sentisteis cuando lo visteis reseñado en Estados Unidos?

Fue genial, porque además los comentarios decían que no era mera fan fiction, como ellos llaman a la ficción hecha por aficionados. Decían que era un paso más allá: «Si a esto le pones el sello y lo publicas, la gente lo va a comprar». Fue como sentir el voto de confianza del público y eso nos gustó mucho. Pero de Marvel, cero patatero. Ni de ninguna otra editorial. Solo El Torres lo leyó y nos dijo: «Sois la hostia, me ha encantado. Tenéis muy buen ritmo para la comedia, me gusta la historia. Esto es algo que yo quería hacer desde hace años, enhorabuena». Nosotros le contestamos: «¡Ah, pues muchas gracias!». Y él, en vez de no responder más, nos dijo: «Normalmente no hago esto, pero si os apetece publicar una historia con un personaje creado por vosotros en Amigo Comics, tenéis barra libre». Nos pusimos a trabajar, aunque al final, por circunstancias, el acuerdo no salió. Y fue hace dos años, en el Salón del Cómic de Barcelona, cuando le enseñé aquel falso tebeo a un editor de Marvel, Nick Lowe. Nos dijo: «Ah, sí, me gusta mucho, está muy bien, pero me lo leeré en el viaje de vuelta». Yo pensé que lo dijo porque los americanos son muy cumplidos para todo, muy cordiales, aquello no iría a ningún sitio. Pero a los tres días llegó la llamada, diciéndonos que estaban publicando un gran evento que se llamaba Original Sin y que tenían un hueco para nosotros.

Alguna vez has comparado Marvel con una «maquinaria». ¿A qué te refieres exactamente?

Estoy convencido de que en España las editoriales que son más conocidas —Astiberri, Dibbuks, Norma— son superprofesionales. Pero creo que la percepción que la gente, en general, tiene del mercado español, es un poco la de «aquí te pillo, aquí te mato». El Rancho de la Pacheca. Que aquí las cosas salen porque tienen que salir.

Pues entonces sería como tantas otras cosas en España.

¡Que estoy convencido de que no es así! Son profesionales que están haciendo su trabajo, y si la cosa no va mejor es porque no se vende más el tebeo en España, simplemente. Pero, claro, cuando te metes en una editorial como Marvel… ahí sabes que si falla algo, se va todo a la mierda. Hay mucha pasta detrás que no puede dejarse al libre albedrío. Todo tiene que estar muy controlado.

De hecho Marvel ya tenía vendido el ejemplar a las librerías incluso antes de que hubierais escrito la historia que iba a incluirse en él.

Sí. Es la manera en que funciona el mercado estadounidense. Los tebeos se ponen a la venta antes de que estén en las estanterías de las tiendas. Allí no es como en España, porque allí lo que compras no lo puedes devolver, te lo tienes que comer. Así que las tiendas piden un catálogo enorme, así de gordo, de Previews, que básicamente es la gran distribuidora americana de tebeos. Cuando a nosotros nos dijeron «¿Queréis guionizar una historia para este ejemplar?», en ese mismo momento ya hacía dos meses que el ejemplar había salido anunciado en el Previews. Normalmente salen a tres meses vista de su publicación, y de esa manera las editoriales, según los pedidos que reciben, pueden ajustar mucho más el tiro a la hora de imprimir. Si les han pedido cinco mil o veinte mil ejemplares, ya saben cuántos tienen que imprimir. Normalmente imprimen algunos más, para tener un remanente, porque siempre hay algunos que se estropean durante el envío, etc.

En aquella pequeña historia para Marvel, «Catharsis», hacíais un guiño muy curioso a Marcel Proust. El protagonista, que es el Capitán América, muerde una magdalena de la marca «Proust Muffins» y recuerda su infancia.

Ahí la verdad es que no me puedo atribuir el mérito, eso es cosa de David. Para nosotros era como decir: solo tenemos dos páginas, ¡vamos a meter en ellas toda la información que podamos! Que al que pueda leer entre líneas, cuando termine no le queden ganas ni de cenar, de toda la información que vamos a incluir. A Marvel les propusimos cuatro historias distintas y esa fue la que eligieron, la que más les gustó, pero si hubieras visto las otras… eran de locura, con guiños a historias de Marvel de las que nadie se acordaba. Ellos nos daban un montón de cancha, nos permitían hacer lo que quisiéramos, lo único que nos dijeron es que determinados personajes no los podíamos usar porque estaban apareciendo en la colección principal. Para no crear incongruencias. El Capitán América estaba en esa lista. Nosotros, aun así, ¡patapam! Metimos al Capitán América [risas]. Pero como era un poco de soslayo, era un flashback, al final no nos pusieron problemas.

Mencionas los guiños a antiguas historias de Marvel y en «Catharsis» hacíais referencia, si no me equivoco, al ejemplar número cuatro de Vengadores, publicado en 1964. ¿Significa esto que tenéis un conocimiento enciclopédico del universo Marvel y su historia?

¡Esto también es cosa de David! Él sí que es como una enciclopedia de los tebeos. Me habló del concepto: en una localidad de Nueva York llamada Rutland se celebra todos los años una cabalgata de superhéroes. En los setenta, antes de que se produjeran los grandes crossovers de editoriales (como juntar a Superman de DC con Spider-Man de Marvel), había una especie de crossovers no oficiales. La gracia estaba en que metían a superhéroes de distintas editoriales en esa cabalgata a la que iban tíos disfrazados. Un crossover de tapadillo, algo que nunca se había hecho hasta entonces. Incluso dibujaban a autores y editores de la competencia, un guiño a ellos mismos porque nadie más sabía quién puñetas eran. David dijo «¡Podemos hacer algo así!» y se empezó a montar una película enorme. Yo le respondí: «David, solo son dos páginas» [risas]. Aun así, decidimos incluir la cabalgata en la primera viñeta. Cuando se lo comentamos al editor, sus palabras fueron: «Que el tratamiento sea correcto, porque Rutland existe y la cabalgata es real». Entonces lo que hicimos fue ambientar esa misma cabalgata en un pueblo ficticio llamado Alacantown [Risas]. Y así se la metemos doblada a Marvel. Fue una forma chorra de hacerlo, pero nos lo pasamos muy bien.

Lo de Alacantown recuerda a aquello de «Marhuender», aquel personaje que salió en un cómic del Capitán América.

¡Marhuender! ¿Por qué los españoles queremos meter chorradas de estas? [ríe] No recuerdo quién hizo aquello de Marhuender [fue Daniel Acuña, N. del R.], pero David López metió en un número a Chiquito de la Calzada. Cuatro años después, ¡se lo siguen recordando! Él dice: «¡Si lo llego a saber, no lo hago!». Una cosa que querías incluir como de tapadillo, te la acaban recordando siempre. Lo mismo le pasará al de Marhuender.

Es verdad que es una cosa muy de españoles. Carlos Moyá, el tenista, después de perder contra Pete Sampras en la final del Open de Australia, dijo una frase típica de Chiquito de la Calzada. ¿Has visto alguna vez el vídeo?

No.

Pronunció el discurso habitual en inglés y se despidió con un «¡Hasta luego, Lucas!». Los comentaristas extranjeros no entendían nada. Algunos incluso pensaban que estaba dedicándole el subcampeonato a algún amigo.

Sí, es como decir «¡eeehhh!». No sé, ¡cultura paleta de España! [risas]. Quieres meter ahí tu gracia.

Aparte de La Brigada Lincoln, hay un nuevo tebeo que queréis hacer David y tú, ¿de qué trata?

De un grupo de superhéroes. Es como si mezclas a superhéroes con Guy Ritchie. Un poco ese concepto, rollo gamberro, de comedia. Son básicamente un grupo de perdedores, supervillanos que nunca se comen un torrao, y sin comerlo ni beberlo se meten en un embolao que les viene muy grande. Aunque cada uno es de su padre y de su madre, al final tienen que trabajar juntos para resolver el problema. Así a grandes rasgos, ese es el tema.

¿Tiene ya título?

Sí, lo llamamos Superbuddies. Supercolegas. El título completo es Superbuddies, los villanos con peor suerte del mundo. También quisimos hacer un homenaje: en los setenta y principios de los ochenta, había una serie de dibujos de DC, La Liga de la Justicia, llamada Superamigos. Y los Vengadores eran los héroes más grandes de la Tierra, pues estos son los villanos con peor suerte del mundo.

¿Es difícil sacar un nuevo proyecto adelante? ¿Se quedan muchos en el tintero?

El problema, como en todo en esta vida, es la pasta. No es falta de imaginación, no es falta de talento: es falta de dinero. Por eso me he decidido a sacar La Brigada Lincoln mediante crowdfunding. Los dibujantes estaban dispuestos, yo estaba dispuesto, todos teníamos tiempo para hacerlo… lo único que faltaba era la pasta. Lo envié a editoriales en España y Estados Unidos; de la única que me contestaron fue de Panini. Les gustó y querían publicarlo, pero el problema fueron las condiciones, porque con el adelanto que me daban a mí no me llegaba para poder acabar el tebeo. Te estoy hablando sin cobrar yo, solo lo que necesitaba para pagar su trabajo al equipo artístico. Yo se lo expliqué: «Mirad, me encantaría, pero no puedo. Si voy a poner dinero y después no sé cómo lo recupero…». Paco Roca, por ejemplo, es un autor completo que se lo puede hacer todo él y que, si le debe dinero a alguien, es a sí mismo. En mi caso, como yo solo sé escribir, y no muy bien [risas] decidí tirar por el crowdfunding. Luego, una vez esté terminado, ya veremos. Lo puedo volver a enviar a editoriales para ver si alguna se interesa.

¿El haber trabajado para Marvel no te abre más puertas?

Por lo menos te da la audiencia, eso sí. Pero tampoco suelo usar esa tarjeta de presentación en plan «Oye, he trabajado en Marvel, te traigo esto, publícame».

Pero sería una tarjeta de presentación totalmente legítima, ¿no?

Hace poco fue el Salón del Cómic de Alicante, hablé con un editor y esa vez sí fue lo primero que le espolsé. «Hola, mira, he escrito para Marvel y te traigo esto». «¿Marvel? ¿Un guionista? ¿Y español?». No es algo que se haya dado mucho.

Los dibujantes lo tienen un poco menos difícil porque el dibujo es un lenguaje universal, pero un guionista…

Es jodido. Que yo tenga constancia, antes que nosotros únicamente había guionizado en Marvel Rafa Marín, de la mano de Carlos Pacheco. Creo que son los únicos. El resto tiende a ser angloparlante: estadounidense, británico, irlandés, australiano, neozelandés o canadiense. Tienen ese chip de que si el inglés no es tu primer idioma, no vas a entender muy bien el rollo. Hombre, evidentemente no puedes tener el lenguaje de la calle, a no ser que hayas vivido allí. Eso es muy difícil. Pero vamos, no es imposible.

Te puedes hacer asesorar.

Y en internet lo tienes todo.

Dices que solamente sabes escribir. ¿Nunca dibujas nada, ni aunque sea para ti mismo?

No. Solo garabatos. Además, cualquier intento mío de dibujo sería un insulto para cualquier profesional. [Risas]

¿Cuáles son los cómics con los que creciste?

Superhéroes. De Marvel, que era lo que leíamos siempre en el colegio. Patrulla X. Siempre me flipó Spider-Man. Y luego, con los años, Batman. Con diecisiete o dieciocho años conocí a David, que era muy fan de DC, y empezó a meterme en ese mundillo. Sobre todo Vértigo. También empecé a leer cosas independientes. De La Cúpula tengo un montón de cosas; muchas ni siquiera me gustaban, pero solo el hecho de que no fueran superhéroes me atraía mucho. Supongo que por la edad era una época en la que ya no quería leer nada de superhéroes. Sin City me impactó un montón.

¿Cómo le explicarías a un profano eso que se discute tanto dentro del mundo del cómic, la diferencia entre Marvel y DC? ¿La hay?

Sí, la hay. No sé cómo explicarlo. Los personajes de DC son como los dioses del tebeo, mientras los de Marvel son más como la gente común. Supongo que Stan Lee lo hizo aposta, para que los chavales pudieran identificarse con Peter Parker, que tenía sus problemas cotidianos, y a pesar de que se ponía la máscara, esos problemas seguían ahí. Quizá a la gente le cuesta más conectar a nivel emocional con los personajes de DC que con los de Marvel. Los personajes de DC son maravillosos, me encantan, pero Marvel tiene un no sé qué… te encariñas más con ellos.

Son más humanos.

Sí. Los de DC tienden a ser dioses, los de Marvel son más humanos. Creo que es la mejor definición que se puede dar.

Me gustaría tratar el tema de la respetabilidad del cómic como forma de arte. Con el cómic quizá termine sucediendo lo mismo que con la ciencia ficción hace décadas: el camino a la respetabilidad empieza cuando la gente que leía cómics en la niñez o adolescencia crece y los ha seguido leyendo, mostrando su influencia en sus respectivas actividades profesionales. ¿Crees que el cómic, y sobre todo el de superhéroes, ha logrado ya ese estatus «respetable» dentro del ámbito cultural, ese estatus del que ya goza la ciencia ficción hace mucho tiempo, o todavía es visto por muchos como algo pueril?

No sé si respetabilidad… el hecho de que el cómic de superhéroes tenga ese estatus comercial hace que cuando la gente ajena piensa en tebeos, ¿qué es en lo primero en que piensan? En superhéroes. Pero no tiene esa respetabilidad. Creo que para eso queda mucho tiempo. Por ejemplo, quien solo lee cómic europeo puro y duro, que no sea de superhéroes, creo que sigue mirando todo lo demás por encima del hombro. Pero bueno, por lo menos cuando la gente oye la palabra «cómic» ya pone la oreja. Ya se ha ganado algo, no está toda la batalla perdida. Incluso se han hecho adaptaciones a cine de cosas que venían del cómic y mucha gente no lo sabe, como Camino a la perdición, con un cast potente: Paul Newman y Tom Hanks. O Scott Pilgrim, una película que me encanta pero que en España, no sé por qué, no ha funcionado. Si se supiera más que son adaptaciones de cómics, quizá eso le daría más respetabilidad. El cómic, como medio, todavía no tiene ese respeto… pero estamos trabajando en ello.

Alan Moore hizo hace unos años unas declaraciones bastante llamativas, diciendo que los superhéroes nacieron a mediados del siglo XX como entretenimiento para niños y adolescentes, pero que ahora los leen adultos que prefieren analizar el universo finito de Marvel o DC antes que enfrentarse a las complejidades del universo real, lo cual le parecía potencialmente «catastrófico» desde el punto de vista cultural. También decía que los superhéroes, o el culto hacia ellos, le parecen una «abominación». ¿Entiendes estas declaraciones o crees que es una de las salidas de tono típicas de Moore?

[Ríe con ganas al escuchar las declaraciones, N. del R.] Entiendo lo que quiere decir. Lo que pasa es que muchas veces da la impresión de que Alan Moore es un eremita, que vive en su cueva y que una vez al año aparece con su bastón diciendo: «¡Malditos críos, salid de mi jardín!»

Es una gran descripción.

Evidentemente, algo le tienen que gustar los superhéroes. Supongo que pensará que eso ya lo ha hecho, que no solo hace superhéroes, que puede hacer otras cosas. Es cierto que los superhéroes son algo que estaba pensado para ser un entretenimiento infantil, y que cuando esos niños han seguido creciendo, el medio sigue orientado básicamente hacia el mismo tipo de público. Además, muchos lectores de cómics de hace veinte años se decantan hacia la industria del cine, y ya no son meros ayudantes, sino que están cada vez más cerca de los jefes de los estudios. Se han dado cuenta de que ahí tienen un filón, de que una adaptación de superhéroes bien hecha puede ser muy rentable. Muchos, supongo, están escarmentados a causa de aquellas adaptaciones mediocres —por usar una palabra amable— que se hicieron en los noventa. Ahora se han dado cuenta de que poniéndote las pilas pueden llegar muy lejos.

Ese sí es un proceso parecido al que siguió la ciencia ficción. Cuando la ciencia ficción se popularizó en el cine, aunque hubo algunas muy buenas adaptaciones desde el principio, mucha gente adulta la seguía despreciando como un entretenimiento pueril. Hasta que llegó 2001: Una odisea del espacio y los cinéfilos, incluso gente ajena a la ciencia ficción, empezaron a ver el género como algo adulto y respetable. ¿Crees que el mundo de los superhéroes ha tenido su 2001? Pienso en Watchmen, por ejemplo.

Quiero pensar que aún no. Watchmen supongo que debe de estar todavía en las listas de los más vendidos en las librerías estadounidenses, pero para lo que dices se necesitaría un escritor que tuviera ya cierta notoriedad previa fuera del mundo de los cómics. Iba a poner el ejemplo de Neil Gaiman, pero él ya había hecho cómic antes de ser novelista, para luego volver al cómic, y otra vez novelista, y después hizo adaptaciones al cine, etc. Esto es algo que Marvel ya intentaba hace años y ahora sigue intentando: buscar a novelistas. Incluso contrataron a Joss Whedon para guionizar X-Men, por darles a los tebeos esa notoriedad que necesitaban. El problema de esa gente famosa es que, escribiendo cualquier otra cosita, aunque sea una chorrada, ganan mucho más dinero de lo que ganarían con el tebeo. Joss Whedon es de los que más aguantó en los cómics, yo creo que por amor a los personajes. Pero ni siquiera Kevin Smith, que también guionizó algún tebeo, aguantó demasiado tiempo. Es como «si hago una película me lleva tres o cuatro meses y gano cien veces más de lo que me podéis pagar vosotros». Que sí, que puedes dedicar algunos meses a hacer algún cómic, pero ya está, una vez lo has hecho no es algo en lo que puedes permanecer mucho tiempo si tienes cierta notoriedad. Pero bueno, quiero pensar que el 2001 de los tebeos aún está por venir. [Piensa] No es de superhéroes, pero yo creo que Maus, de Art Spiegelman, aunque tiene ya unos años, hizo un poco eso. Joder, le dieron el Premio Pulitzer.

Es verdad que Maus fue un punto de inflexión para la percepción de mucha gente sobre el cómic, pero no parece haber tenido un efecto universal y duradero. Sigue siendo recurrente lo de asociar el tebeo con la puerilidad, con la inmadurez. Aunque de manera amable, lo podemos ver en una serie tan popular como The Big Bang Theory.

¡Mala publicidad! [Ríe]

También en Los Simpson. Cada vez que aparece el dueño de una tienda de cómics es un perdedor, un individuo raro. ¿Es esto un estereotipo?

Sí. Aunque estoy convencido de que todos conocemos a alguien que es así. Si los tebeos pagaran como pagan otras cosas, como se le paga a un banquero, probablemente tendría un nivel de respetabilidad similar. Pero como es una cosa que no se paga casi nunca —cero, o menos que cero— es como que cualquiera puede hacerlo. Como es gratis… hay chavales, lectores habituales, que luego se han semiprofesionalizado. Hay mucho amateur, pero coño, todos hemos empezado por ahí en algún momento. No hay que ser Alan Moore a la primera, ni te va a publicar Marvel a la primera. Aunque yo creo que soy la excepción [ríe].

¿De dónde vienen esos lugares comunes? Por ejemplo, a casi todo el mundo le gusta Star Wars, es incluso cool que te guste Star Wars, y sin embargo persiste la broma recurrente de asociar al fan de Star Trek, el trekkie, con la imagen de un friki inadaptado, lo que en América llaman nerds. Cuando en el fondo Star Wars y Star Trek no son tan distintos, hasta en la mencionada The Big Bang Theory hacen un chiste sobre ello: le preguntan a uno de los personajes, Penny, cuál es la diferencia entre ambas sagas, y ella responde: «¡No hay absolutamente ninguna diferencia!».

Si Star Trek hubiese tenido la misma cantidad de público que Star Wars, supongo que otro gallo les cantaría a los trekkies. En Estados Unidos no tanto, pero creo que el hecho de que en España Star Trek tenga un seguimiento de culto es porque no se ha prodigado mucho aquí. Yo soy trekkie, fui miembro fundador del Club Star Trek de Alicante, con eso te lo digo todo. Recuerdo que, cuando empezamos, mi única referencia eran las películas. Espacio Profundo 9, que habían emitido en Antena 3, y algo de Star Trek: la nueva generación que emitieron en Canal Nou. Y ya está. Comprábamos las cintas VHS de Inglaterra, a palo seco, en inglés, sin subtítulos ni nada. Yo tenía un inglés raspadito, raspadito. Gracias a Dios, con los años he mejorado bastante, pero entonces tenía un inglés chunguísimo. Pues era esa dificultad… como les pasa ahora a muchos hipsters: «Hay un grupo que me gusta, pero nunca habéis oído hablar de él» [risas]. Como dándose importancia por el hecho de que al grupo que le gusta no lo conoce nadie. Creo que a Star Trek le ha pasado lo mismo y creo que ha sido contraproducente. Con los cómics pasa un poco lo mismo, el que en España sea algo minoritario comparado con el cine o las novelas. Coño, si te gusta leer, te gustará leer de todo, ¿no? Pero a muchos les gusta leer novelas o ensayos, y cuando les enseñas un tebeo dicen: «No, es que a mí no me gustan los tebeos». Ya, pero ¿te has leído este tebeo? Es un poco como la gastronomía. «Es que los guisantes no me gustan». Ya, pero ¿has probado estos guisantes?

Es curioso, porque en España casi todo el mundo, al menos de ciertas generaciones, ha crecido leyendo Mortadelo y Filemón, Astérix o Tintín.

Sí, pero en España pasa con el cómic lo que en Estados Unidos con el tema del género. Allí se confunde el género con el medio. «Ah, esto está basado en un cómic, entonces es de superhéroes». No. Dentro del cómic hay muchas cosas. Aquí pasa lo mismo, con el género de los superhéroes y también con el género de la comedia: un cómic es Mortadelo, o Zipi y Zape, o es de superhéroes.

Sin embargo, hay cosas muy populares y muy oscuras que están basadas en cómics. Mencionabas Maus, que ya tiene años, pero ahora mismo está la serie The Walking Dead, que trata algunos asuntos bastante adultos, contiene mucha violencia, mensajes duros, etc., y está basada en un cómic. La ve mucha, mucha gente. ¿Esto tiene algún efecto positivo?

Conozco muchísima gente de mi entorno que no ha visto un tebeo ni de lejos pero les flipa The Walking Dead. Cuando les digo que está basada en un tebeo, dicen: «¿Ah, sí?». [imita una expresión de sorpresa, N. del R.]

¿No lo saben?

No. Supongo que si los títulos de crédito estuviesen en español… porque en los títulos lo pone: «Basado en el cómic de Robert Kirkman, Charlie Adlard y Tony Moore». Pero se necesita gente más notoria, como te decía antes. Imagina si a Arturo Pérez-Reverte le diese por escribir un tebeo, no me digas tú que no lo iba a petar… se lo compraba hasta el más detractor de los tebeos. Lo que hace falta es alguien que tenga tirón. Pero volvemos a lo mismo: si no hay dinero para pagar a los que lo hacen casi gratis, cómo vas a pagar a Pérez-Reverte. En España, un cómic promedio ya sabes lo que va a vender. Los lectores están contados. Puedes vender, con suerte, entre quinientos y mil quinientos ejemplares. A no ser que seas Paco Roca, o que seas Ibáñez, etc. Si eres Pérez Reverte y le das publicidad, puedes vender diez mil, fácil. Estoy convencido. Sobre todo si son temas que tocan a la gente. No he leído ningún libro de Pérez-Reverte, pero me gusta cuando cuenta de qué van sus libros, me digo: «Este libro tiene pinta de molar».

Tú eres guionista de cómics por vocación, eso queda claro, pero ¿te gustaría escribir para cine o televisión?

Estaría muy bien. El lenguaje es parecido. Pero lo bueno del tebeo es que, como se vende poco, nadie espera nada de ti y puedes hacer lo que te salga de las narices. Tienes total libertad, y más aún en un proyecto que ¡es tuyo! No tengo a nadie por encima de mí diciéndome «lo tienes que hacer así». En el cine tienes a cien mil por encima de ti. Te queda un guion que te parece la mar de bonito, pero te empiezan a pedir un cambio aquí, un cambio allá… «No, esto no, que no vende». Es algo que me gustaría pero a la vez me da fatiga. Entiendo que te lo tendrían que compensar de alguna manera. No sé lo que se paga a los guionistas en el cine; en España, probablemente, una miseria. Pero si te están pagando pasta, entonces pasas por el aro. El que paga, manda. Desde luego, si se llegaran a vender los derechos para hacer una adaptación, a mí me gustaría estar muy involucrado. Le preguntaría a Alan Moore si estoy en lo correcto o no, porque Moore es de los de «te vendo los derechos y a mí me dejas en paz, no quiero ni que aparezca mi nombre». Pero si me dieran la oportunidad de escribir un guion para una serie o película, o de coescribirlo con alguien que tenga más experiencia que yo, haría todo lo contrario que Moore. Intentaría involucrarme, por verlo todo de cerca, y sobre todo por aprender. Al final, el secreto de esto es «haz y mejora». La frase no es mía, es de alguien que conozco, pero no podría ser más cierta. Hazlo, termínalo, aprende de los errores y empieza con lo siguiente. Hay cosas, como lo que hicimos para Marvel, o aquel tebeo que colgamos en la red, que las veo con la perspectiva del tiempo y las cambiaría, pero sirven para más adelante solventar problemas parecidos. Si te empiezas a recrear en lo que estás haciendo, no lo acabas nunca. Es algo que les dicen a los novelistas: termínalo, aunque sea una mierda. Creo que lo dijo Stephen King: a veces te da la sensación de que no haces más que dar paladas de mierda, pero no importa: tú sigue adelante. Acábalo. Y una vez lo terminas, entonces reescribe. No recuerdo quién decía que puedes arreglar lo que ya está escrito, pero sobre una página en blanco no puedes arreglar nada.

Bueno, puestos a especular, si tuvieras que escribir desde cero una serie de televisión o una película, ¿qué tema elegirías?

Joder, si me dieran la oportunidad de escribir un capítulo de El ministerio del tiempo, me encantaría.

No la he visto, ¿está bien?

Está muy bien. No sé si es la mejor serie de España, no será perfecta, tiene cosas que no me gustan, pero yo me lo paso bien viéndola.

¿Cuáles son tus series favoritas? Además de Star Trek, claro.

Me gusta mucho Star Trek, sobre todo la nueva generación. Excepto la primera temporada, que es una mierda.

Por cierto, ya que eres especialista en el tema, ¿cuál es la película de Star Trek que más te gusta?

Esto es difícil, Creo que las películas no reflejan el espíritu de la serie. Tienen que ser más comerciales, claro. Las nuevas, por ejemplo, me entretienen y me parecen muy divertidas, pero del espíritu Trek hay poco. De las clásicas me gusta mucho la sexta, Aquel país desconocido, en la que el Imperio Klingon se va a la mierda y tienen que firmar un acuerdo de paz. Me gusta mucho porque refleja muy bien el clima político de entonces, con la caída del Muro de Berlín. Era básicamente una extrapolación al universo Star Trek de lo que estaba pasando en la vida real. En cuanto a otras series, me encantan Los Soprano, The Wire, Band of Brothers. De ahora, estoy viendo Juego de Tronos, The Walking Dead. Y Luke Cage, porque las series de Netflix… si Netflix fuese una mujer, probablemente me casaría con ella. Conmigo han dado en medio.

Entonces supongo que te gustó Stranger Things.

Sí, me encantó. Me gustó mucho. Pero no tengo tanto tiempo. Entre vida personal, padre, esposo, tebeos, trabajo… leer casi ni leo ya.

Hablando de leer, ¿cuáles han sido tus guionistas de referencia?

Si pudiera escribir como alguien en concreto, diría que Aaron Sorkin, el de El ala oeste de la Casa Blanca y The Newsroom. Escribe unos diálogos… yo me veo totalmente incapaz. Sabe reflejar muy bien el conflicto entre los personajes, sin que parezca raro. Tiene una chispa especial, sus diálogos están llenos de vida. En cómic me encanta Grant Morrison, aunque creo que tampoco podría escribir como él. No sé cómo lo hace, me encanta leerlo pero la manera en que enfoca el tebeo se me hace muy difícil. Hay gente que dice que siempre escribe estando drogado, y es posible que en algún momento haya abusado de sustancias. Hay partes de sus historias, como en Los Invisibles, que son más raras que un perro verde, muy psicotrópicas. A mí eso se me daría fatal, no sabría cómo hacerlo, pero Los Invisibles o All Star Superman me parecen obras brutales, sobre todo si te gustan los superhéroes. All Star Superman, en mi opinión, tendría que estar junto a Watchmen.

¿Te gusta escribir prosa?

Me gustaría intentarlo pero, como no lo he hecho nunca, creo que no se me daría bien.

Te lo pregunto de otro modo: ¿hay alguna novela, algún libro que te haga decir «ojalá esto lo hubiese escrito yo»?

Sé que va a sonar chorra, pero de crío siempre me encantó La historia interminable. Una novela de aventuras de ese tipo. O La isla del tesoro. A lo mejor la gente piensa más en libros de Kafka o algo así.

Bueno, La isla del tesoro es maravillosa, escritores como Borges o Marcel Proust la tenían como una novela de referencia.

Sí, sí. Y aunque tiene ya más de cien años, sigue vigente. ¡Si las mejores ideas de Piratas del Caribe están robadas de ahí! Y también del videojuego Monkey Island.

¿Te gustan los videojuegos?

Sí. Por falta de tiempo ya no juego tanto como antes, pero me gustan. Para mí, Monkey Island es el juego estrella. Ninguna aventura gráfica va a ser mejor que Monkey Island, jamás.

Es un videojuego al que he visto jugar a gente que nunca más ha jugado a videojuegos. Pero una vez lo prueban, se enganchan y lo terminan.

Me rompió los esquemas. La única referencia que tenía sobre aventuras gráficas eran los videojuegos conversacionales, pero ese me rompió los esquemas.

Volviendo a la literatura, y ya que el asunto está reciente, ¿qué pensaste cuando anunciaron la concesión del Nobel de Literatura para Bob Dylan? Fue bastante controvertido.

No me parece mala idea, pero cuando vi la noticia lo primero que pensé no era si el premio era adecuado o no. Lo que pensé fue: «Este tío no les va a coger el teléfono, seguro». Y días después no podían contactar con él. No soy muy seguidor de su trabajo, pero he leído sobre él y tiene pinta de ser el Alan Moore de la música. Un tío que vive en su cueva, un eremita. Cada cierto tiempo sale con su guitarra y canta algo. En cuanto al premio, no me parece mal. Creo que no es literatura, pero si se han querido ir un poco por la tangente, bueno, ellos sabrán: es su dinero.

Me gusta la definición de Dylan como «el Alan Moore de la música». El otro día hablaba con alguien que lo había visto en directo y describía su actitud de total desgana con la frase «solo le faltó escupir al público».

Tengo una amiga que lo vio hace unos años. Me dijo que sí, que es Bob Dylan, que lo estás viendo, que qué bien… pero que no es un gran comunicador ni se relaciona con el público. Interacción cero. El otro día leí una anécdota: Dylan hizo la banda sonora de la película Pat Garrett y Billy el Niño, y llegaba a salir en un pequeño papel. Por lo visto, el director, Sam Peckimpah, después de trabajar con él, dijo: «Mai més de la vida!» [«Nunca más en la vida» en valenciano, N. del R.]. Insisto, el premio no me parece mal pero es verdad que podrían haber creado un galardón nuevo y haberlo llamado Premio Nobel de la Música o algo así. Como sus canciones son casi como poesías, han utilizado la excusa para salirse por la tangente. Pues chico, ¡haz otro premio! Que serà per diners? [«¿Será por dinero?», N. del R.] Y el de literatura se lo das a alguien que sea novelista, o ensayista, etc. El hecho de que lo llamen «Nobel de Literatura» hace que esté más encasillado, es mucho más difícil dárselo a algo que esté fuera de ese ámbito. Algunos dicen que los Nobel ya no son lo que eran, y por otro lado están quienes dicen: «Este premio sí lo criticáis, pero el de química no… como no tenéis ni puta idea de química». Que probablemente mucha gente que lo critica tampoco tenga idea de música.

Te preguntaba lo de Dylan porque a raíz de esto se ha comentado que también se podría considerar a un autor de cómics para el Nobel —mencionando a Alan Moore más que a nadie—, ¿te parecería también un poco forzado?

Desde mi lado de la barrera se ve genial, claro. Hace años hubo una campaña para que se le diera el premio Príncipe de Asturias a Carlos Giménez. Se hizo bastante campaña, se recogieron firmas. Al final aquello no salió, pero creo que muchos nos hemos quedado con la espinita. Si alguien lo merecía en España, es Carlos Giménez. Pues bueno, si le quisieran dar el Nobel a Alan Moore, por mí perfecto. A pesar de la poca respetabilidad del cómic, o de la mala fama, o como lo quieras llamar, yo lo considero un arte tan válido como pueda ser la danza, el teatro, la poesía o lo que tú quieras. Coño, Hamlet no es una novela, es teatro. Lo que pasa es que la gente no lo ve representado casi nunca. Lo leen.

Ya que hablamos de superhéroes, te voy a nombrar a un par de personajes de la política y tú me dices cuál crees que sería su superpoder. Uno es Mariano Rajoy.

Diría —porque lo ha dicho él, no me estoy inventando nada— que es la persona que más rápido puede leerse el Marca.

¿Cómo salvaría el mundo con ese superpoder?

No creo que pudiera. Es como esta gente que no puede aspirar a nada más en la vida pero quiere salir en el libro Guinness de los récords. Comerse el mayor número de judías por minuto, o algo así. Pues esto es un poco lo mismo: «leerse más rápido el Marca»… pero, claro, mirando solo las fotos tampoco es muy difícil.

Creí que dirías que tiene el superpoder de que, sin hacer prácticamente nada, van cayendo sus rivales. Es como la kriptonita hecho persona.

Hay un ensayo que me gusta mucho que se llama Gangs, Bandas, de Tony Thompson. Habla del mundo del hampa, desde el robo a mano armada hasta los grandes traficantes, de cómo funcionan esos negocios. Pues mencionaba a un jefe del hampa al que llamaban «el hombre de teflón».

John Gotti.

Sí. No le podías pegar nada, nada se le quedaba pegado, todo se le caía. ¿Caso de asesinato? Se le cae. ¿Caso de soborno? Se le cae. Era imposible. Con Rajoy pasa lo mismo, es el hombre de teflón. No le puedes pegar nada, todo le resbala.

¿Y el superpoder de Pablo Iglesias?

Hombre, no sé si considerarlo un superhéroe, pero en mi caso ha sido mi salvador [risas]. Sin él, a la campaña de Kickstarter le habría costado bastante más llegar al objetivo. Habríamos llegado, pero habría sido muy raspadito.

Siempre comentas que le regaló a Obama un libro que trataba precisamente sobre la Brigada Lincoln.

Sí. Sobre todo lo uso como regla mnemotécnica: «Ah, esto de la Brigada Lincoln me suena de algo y no sé de qué». Yo menciono lo de Iglesias porque a lo mejor a la gente le suena más. Lo de la Brigada Lincoln es un asunto que en los medios no se comenta casi nada. De hecho me enteré que este pasado fin de semana homenajearon a familiares y herederos en Valencia, creo que en el Palau de la Música. Si lo hubiera sabido, me hubiera ido a Valencia.

Bueno, por si te sirve de algo, yo soy de Valencia y tampoco me enteré.

El enlace me lo envió un amigo. Me dijo: «Estate tranquilo, aquí tampoco lo sabíamos nadie».

Volviendo a los superhéroes, ¿qué superpoder tendría Donald Trump?

Iba a ser muy vulgar y decir que tiene la capacidad de convertir en mierda todo lo que toca. Pero es que no se aleja mucho de la realidad. Si la Fox quisiera meter en las películas a un político que implante lo del «Acta de Registro Mutante», Donald Trump sería perfecto.

Y ya que estamos, tu opinión sobre algunos personajes, relacionados o no con el cómic. De Alan Moore ya hemos hablado y era inevitable.

Si no el mejor, de los mejores guionistas de cómics que ha habido. Estoy convencido de que es un tío adorable. He visto charlas suyas donde da consejos a los chavales que quieren escribir y se le ve muy afable, pero él mismo se ha creado esa imagen de señor cascarrabias… y en mí ha conseguido el efecto contrario, ¡creo que eso lo hace todavía más entrañable! Pero sí, uno de los talentos más grandes del cómic.

¿Cómo resumirías lo que ha aportado?

¡Joder, todo! El cómic moderno no se conocería si no fuera por él. Entre otros nombres, pero creo que él llevó ese estandarte. Muchos han venido detrás, incluso coetáneos suyos, por ejemplo Grant Morrison. Le han quitado a los cómics ese polvo que venían arrastrando desde los años cuarenta.

¿Una de sus aportaciones es haber introducido más oscuridad en las historias de superhéroes?

Sí que es verdad que dicen que a partir de Alan Moore los tebeos se han vuelto más oscuros, más violentos. Sí, supongo que algo de verdad hay en eso. Es cierto que creó una tendencia. Luego, por ejemplo, vino Frank Miller y lo mismo: El regreso del caballero de la noche, Daredevil… que no me parecen tan oscuros con la perspectiva del tiempo, pero que a lo mejor en aquella época sí lo eran. Quizá Alan Moore creó esa tendencia, pero no sé si esa era su intención. Si lees La cosa del pantano, ese rollo tétrico es lo que le pega a ese personaje. En el caso de Watchmen se reflejaba un mundo hecho polvo, al borde del cataclismo nuclear, y los personajes distaban mucho de ser unos ideales de comportamiento. Era de lo que iba ese tebeo, y de la luz de esperanza que iban buscando. No creo que fuese su intención, pero sí, Alan Moore creó esa tendencia.

¿Te gusta el cine de los hermanos Coen?

Me gusta mucho. No me gustan todas sus películas, pero me gusta mucho su lenguaje cinematográfico.

Te pregunto por ellos porque con algunas de sus películas, sobre todo al principio, se decía que mostraban mucha influencia del cómic.

Quizá del cómic más independiente, rollo Robert Crumb, es posible. Está claro que los Coen trajeron sus influencias de otra parte y las trajeron al cine.

¿Qué te parece Robert Crumb, por cierto?

No soy fan suyo. No es que me disguste Tengo un libro en casa: él se va a cualquier lado y se pone a dibujar, y todo eso lo recopilaron y lo publicaron. Como dibujante me parece soberbio. Refleja el momento en que vivía el cómic independiente: no era de superhéroes, no era de comedia. Creo que junto a Harvey Pekar, el de American Splendor, llegaron al cómic en el momento adecuado y las historias que querían contar cayeron en gracia. Es lo mejor que te puede pasar, hacer lo que te salga de los huevos y que encima guste.

Crumb, con independencia de su trabajo, es todo un personaje. Se fue a Francia, casi como un exiliado, a dibujar cromos de bluesmen antiguos…

Sí. He visto un documental sobre él. Sale su hermano, que se traga un trozo de cuerda para «limpiar los intestinos», eso se me quedó grabado. No me extraña que Crumb hiciese lo que hizo, porque se había creado en ese entorno. Pero me parece fantástico que haya hecho algo que le gusta y eso le haya ofrecido independencia económica para seguir haciendo lo que le dé la gana. Es el caso de Grant Morrison, por ejemplo. Publica Arkham Asylum justo cuando sale la película de Batman dirigida por Tim Burton, en 1989. Se vendió como puñeteras rosquillas… creo que en torno a los cien o ciento veinte mil ejemplares. Una burrada, algo que no se ha vuelto a ver en los cómics, salvo con Watchmen. Hoy, si tienes suerte, un tebeo que vale tres o cuatro dólares vende cien mil ejemplares, y hablo de los que cuestan cuatro dólares, aquello costaba quince o veinte. El porcentaje de beneficio que le tocaba era de un dólar por cada tebeo vendido: ciento veinte mil dólares. Y él dijo: pues ahora voy a hacer lo que me salga de las narices. Cogió y se puso a dar la vuelta al mundo. Se fue a la India, se perdió por ahí. Como lo de Robert Crumb, que se fue a Francia a hacer lo que daba la gana. Y a tomar por culo.

«Y no quiero saber nada de nadie».

[Risas] Exacto. Eso merece todos mis respetos, la verdad.

Otra figura por la que te quería preguntar, que además ha ido ganando cada vez más importancia incluso fuera del mundillo del cómic, es Moebius.

Me dio pena cuando murió porque pensé: a este tío le quedan un montón de cosas por hacer. Miras sus tebeos de hace veinte o treinta años, y es como si se acabasen de publicar. Podrías ponerlos en las estanterías hoy y se venderían igual. No pasan de moda.

¿Se mantiene vigente aquello que llamaban «cómic adulto europeo» de los años setenta y ochenta?

En el caso de Moebius, sí. Él publicaba ese tebeo muy europeo, de ciencia ficción, pero siempre admitió que le flipaban los superhéroes. Cuando lo ficharon de Marvel para hacer Estela Plateada fue una cosa rompedora. Que un tío europeo, que tenía ese estilo tan europeo, esa narrativa tan europea, se metiera a hacer superhéroes… nunca se había hecho. Ahora parecería lo más normal del mundo, ya que hoy Marvel quiere buscar talento en cualquier sitio. Yo era muy pequeño cuando sucedió y no me acuerdo, lo supe después, pero en aquella época debió de parecer una cosa muy marciana.

Haciendo eso, además, Moebius se salía de la esfera de respetabilidad de la que hablábamos y de la que él sí gozaba, al menos hasta cierto punto, gracias a su trabajo más rompedor. Pero él estaba encantado de trabajar con Marvel, ¿no?

Es que era lo que le gustaba. Estoy convencido de que cuando Moebius hizo aquello, muchos que miraban el cómic de superhéroes por encima del hombro dijeron: «Hmmm… voy a echar un vistacillo, a ver qué es esto». Eso es lo que le hace falta al cómic de superhéroes y al cómic en general. La industria del tebeo es tan de mirarse el ombligo… pero, bueno, en ese caso de Moebius, solo por el hecho de haber dado ese salto, sí creo que supuso un antes y un después.

Dices que la industria estadounidense del cómic ahora sí busca talento europeo.

Español, desde luego.

¿Crees que ahora esa industria estadounidense muestra influencia del cómic europeo, o ha seguido funcionando por sus propios cauces?

Tienen su manera de hacer las cosas, pero es innegable que cada dibujante que llega de fuera, cada guionista que llega, trae su propio bagaje. En el caso de los guionistas, cuando trajeron británicos —los que comentábamos: Alan Moore, Grant Morrison—, estos tenían su propio bagaje, de las revistas de ciencia ficción y terror, etc. Aportaron una frescura que no existía en los tebeos estadounidenses, que estaban anquilosados en su estilo. Su llegada supuso un golpe de aire fresco. Pero también es verdad que en DC y en Marvel tienen sus patrones, de los que no te puedes salir mucho. Aun así, algo hay. Y si no es en el cómic de superhéroes, es en el independiente. Ken Niimura dibujó un cómic llamado Soy una matagigantes, guionizado por Joe Kelly. Fue un bombazo, tanto que va a ser llevado a la pantalla, se está preparando la adaptación al cine. Pues Ken Niimura tiene un estilo que no casa para nada con el estilo americano. Es un estilo… no raro, pero atípico. No es manga, no es estadounidense, es algo que está como en el medio de todo. Y lo genial de Niimura es que puede publicar un álbum europeo, puede publicar manga en Japón, o puede publicar en Estados Unidos. Es atípico, pero encaja en muchos sitios. Al final, si no es en el cómic de superhéroes estadounidense, porque ya te digo que tienen unos ejes muy definidos, esa influencia les llega a través del cómic independiente. Pasa en los cómics, pasa en Hollywood y pasa en todas partes: los editores terminan copiando lo que ha funcionado. El problema es que, como nadie sabe qué es lo próximo que va a funcionar, casi nadie apuesta por lo nuevo. «Traigo La Brigada Lincoln». «Bfff, si fueras Paco Roca, te lo publicaría». Claro, es que Paco Roca vende la hostia. Yo, como soy un don nadie… a la gente le cuesta mucho apostar por ti.

¿Tiene el cómic español actual algún rasgo distintivo general? ¿Se podría hablar de una escuela española?

Quizá antes sí. En los años setenta, la quinta de Carlos Giménez, sí tenían su estilo muy particular, sus historias que contar. Hoy no sé si se puede hablar de una escuela española como tal, porque no hay un solo género, ni un solo estilo. El talento es tan variado que no puedes decir «el estilo español es esto». Es imposible. Lo mejor que le ha pasado al mercado español es que muchos han podido ganarse el pan fuera. Que haya gente como David López o Javi Rodríguez que están en Marvel o han pasado por DC. O que haya gente como Juan Díaz Canales y Juanjo Guarnido, autores de Blacksad, que en Francia, en Estados Unidos y en la Conchinchina sepan quién es Blacksad… dices, joder, por lo menos el talento español se mueve fuera y gusta. Es hacer patria chica. Como cuando la gente se pone muy contenta porque gana la selección española de fútbol. A mí el fútbol me toca un pie, me importa una mierda, no me gusta nada, pero en el caso de los tebeos también me alegro.

Lo hemos mencionado de pasada, pero no hemos hablado de la influencia casi universal que ha alcanzado el manga japonés.

No soy lector de manga, si te soy sincero. En la época en que empezó a pegar fuerte en España no me enganché y ya he ido un poco como a rebufo. Tengo Akira en casa, pero no la versión original, sino la que se publicó en Estados Unidos, coloreada. Porque me encantaba el color y me la compré. Pero de manga no leo nada. Es un lenguaje tan diferente, una narrativa tan distinta, que me cuesta engancharme.

Tampoco soy un conocedor de manga, pero algo que llama la atención es que parece más uniforme visualmente, ¿esto es así?

Ellos diferencian los estilos por edades. Es decir, si tienes de trece a diecisiete años y eres una chica, lo que te gusta es el shōjo. O por ejemplo, Dragon Ball, o Bola de Drac, es el estilo shōnen

Como pasaba aquí en los años sesenta, que había tebeos para niños y para niñas.

Sí, algo así. Va por edades y por estilos de dibujo, que son muy parecidos. Ahora tienen un estilo que está pegando fuerte, no recuerdo cómo se llama, que es «feo-bonito». Es como lo que yo dibujaba cuando tenía ocho años, pero que ha caído en gracia —en esta vida es mejor caer en gracia que ser gracioso— y en Japón es superventas. El otro día me enseñaron uno y pensé «Pero ¿qué es esta mierda? ¡Esto es lo que dibujo yo!» [risas]. Lo genial que tiene Japón, y en esto sí me quito el sombrero ante ellos, es que tienen tebeos para niños de seis años y para señores de ochenta años. Sea cual sea tu rango de edad o tus gustos, sabes que hay un manga para ti. Eso me parece fantástico. Otra cosa que me parece genial del manga es que muchos que empezaron leyéndolo se hicieron profesionales y terminaron incorporándolo a sus respectivos estilos. Cuando nosotros hicimos aquel primer tebeo, metimos un chiste de Mortadelo y Filemón. Los lectores españoles se daban cuenta, pero el resto no. O meter cosas del cine de Berlanga, ese humor tan surrealista. Supongo que todos los de mi generación somos de ese mismo palo. De Amanece que no es poco, otra película que me gusta. Al final es con lo que has crecido, tienes esas influencias que no te puedes quitar de encima. Meter ese tipo de humor, poder meterles ese golazo a los americanos… es lo mejor.

Hablando de Japón y humor surrealista, las series de animación japonesas son muy divertidas.

Me encantaba Dr. Slump.

Sí, esa te iba a decir. O Musculman. Tienen un humor muy efectivo.

Sí. Me partía. Me da miedo verlas otra vez porque no sé si me harían la misma gracia que cuando era chaval.

Antes hablábamos de los cómics que ha leído una generación entera en España. ¿Qué te parece Hergé, por ejemplo?

Me encantaba Tintín. Me flipaba, y de hecho tengo esa espinita de que me gustaría tener la colección completa en una edición bonita de tapa dura. Como tebeo de aventuras estaba muy bien. Hombre, hay alguno que levantó un poco de polémica, sobre todo en Estados Unidos, como el de Tintín en el Congo… pero supongo que habrá que ver cada cosa en su contexto histórico. También es verdad que lo leí de niño; a lo mejor lo leo ahora y digo: este mejor no lo pongo en la estantería. O a lo mejor digo: bueno, es un producto de su época.

Es verdad que siempre se comenta lo del presunto racismo de Hergé.

En El loto Azul, Tintín hablaba con otro personaje y decía «He oído que los chinos hacéis tal cosa», pero el personaje chino le respondía que no, que eso era una leyenda. Con la perspectiva del tiempo veo que Hergé estaba denunciando esos topicazos que podemos tener sobre las culturas de otros, y que no son ciertos. Hergé lo estaba denunciando, a pesar de que en alguna ocasión se le ha acusado de racista.

Como dibujante, en el plano visual, Hergé sí parece haber tenido muchísima influencia incluso en Estados Unidos. El «toque Hergé», esa sencillez de líneas, los colores planos, ¿crees que es así?

Sí, estoy convencido. En Europa. Y en Estados Unidos se ha vendido Tintín quizá no tanto como en Europa, pero desde luego es conocido, o no se hubiese hecho la película.

Lo que nunca terminó de triunfar en Estados Unidos fue Astérix y Obélix.

Lo desconozco… dicen que eras de los Beatles o eras de los Stones, pues yo era de Tintín, no de Astérix [risas]. No sé por qué. Quizá porque las historias de Tintín eran más realistas, yo conectaba más con ellas. Los de Astérix los he leído, me parece que están bien, me gustan. Pero ser fan, lo soy de Tintín.

Antes hablábamos de un posible 2001 del cómic, ¿qué te parece el cine de Kubrick?

Joder, me flipa. Una cosa que me parece genial de Kubrick es que, como era fotógrafo antes de dedicarse al cine, visualmente todas sus películas son la hostia. Es uno de mis directores favoritos. Si yo fuera dibujante, probablemente intentaría dibujar como Kubrick filma.

¿Y Alfred Hitchcock? También tiene ese toque visual muy de viñeta, lo que comentabas de narrar sin palabras.

Joder, ¡otro genio! ¿Qué se puede decir que no se haya dicho ya? Lo que tú decías antes: si Kubrick fue una revolución para la ciencia ficción, porque le dio total respetabilidad, creo que Hitchcock hizo lo mismo con el tema del suspense.

Es verdad. Pero ¿no le costó demasiado ser respetado? Era un director muy, muy exitoso, pero hasta que llegaron los franceses de Cahiers du Cinéma, Truffaut y compañía, para ensalzarlo, la crítica lo tenía un poco despreciado.

Sí, es verdad. Pero otras películas de suspense de la época solían estar a años luz de lo que hacía él. Lo grande de este tipo de personas es que hacen algo bueno, que es difícil, pero consiguiendo que parezca fácil. Por ejemplo, Psicosis. Una película que empieza de una manera, que crees que va por un sitio y de repente… ¿Eeeeehh? [finge cara de asombro, N. del R.]

¡De repente muere la protagonista!

«¡Un momento! ¿De qué puñetas va esta película?» [risas] Tuvo que romper muchos esquemas en su época. Cito Psicosis porque creo que es el ejemplo más radical. Creo que es una película moderna. Es de principios de los sesenta, es en blanco y negro, pero es muy moderna. A lo mejor veo otras, como Con la muerte en los talones o El hombre que sabía demasiado, y sí me parecen más clásicas. Pero Psicosis podrías estrenarla hoy mismo y no ha pasado de moda.

¿Crees que llegará un momento en que algún nombre importante empiece a hablar del cómic como lo hacía Truffaut de Hitchcock, y que eso cambie la percepción de mucha gente?

Ese momento a lo mejor todavía no ha llegado, pero es evidente que llegará. Como te decía, los que están cerca de la cúpula son los que han leído cómics toda la vida. Son fans que han llegado a un cargo. Eso va a pasar tarde o temprano. Muchos fans de los cómics acabarán siendo críticos, y algunos de ellos serán críticos muy respetados, ya sea porque tiran por el cine, o por la novela. Sucederá. A lo mejor no en los próximos diez años, a lo mejor no en mi generación, a lo mejor será en la generación de mi hija. Pero estarán ahí, como estaba José Luis Balbín en La Clave, con la pipa [risas], y se hablará de cómics.

Ya que mencionas La Clave, ¿qué te parece la televisión actual?

Es como todo. Depende de dónde te metas. Si te soy sincero, no recuerdo la última vez que puse la televisión. Desde que tengo Netflix, muy pocas veces. Creo que Telecinco hasta la voy a quitar. Mi entretenimiento de pantalla es Netflix y YouTube. Si tuviera que poner algún programa de televisión, probablemente sería Salvados o algo así, pero ya no me queda tiempo ni para eso. Tengo que racionar el tiempo. La gente me dice: «pues he visto no sé qué, he leído tal novela». ¿De dónde sacan el tiempo? O yo me organizo fatal, o la gente tiene mucho más tiempo. Probablemente sea lo primero, que me organizo mal.

Leontxo García, el periodista especializado en ajedrez, nos dijo que a la telebasura habría que llamarla «telemierda».

No es que la gente diga: «Yo pongo esto, y a ver qué tal funciona». La gente puede informarse, tiene internet, tiene televisión, puede leer. No es como hace cien años, que la cultura no estaba disponible para mucha gente, solamente para cuatro privilegiados. Hoy, el que ve Sálvame en lugar de Salvados es porque quiere hacerlo. Hay gente que lo ve y pone la excusa de que «No, es que lo tengo puesto por tener algo de compañía». ¡Lo tengo puesto de compañía, unas narices! ¡Estás ahí desde que empieza hasta que termina! Lo ven, igual que la gente que ve Gran Hermano, porque les gusta el caldo, la rapiña. A mí es una cosa que me da fatiga. No me gusta nada, no me entretiene. Puedo reconocer aquí que vi el primer Gran Hermano por pura curiosidad, a ver eso qué puñetas era. Y dije: vale, puedo decir que lo he visto y ahora podré criticar a gusto, pero no me van a pillar más. Pero bueno, en la tele, en general, me parece casi todo una mierda. Se salvan cuatro cosas. Lo bueno es que las cosas que te gustan las puedes encontrar en la red. Incluso la TV3, que en la Comunidad Valenciana nos la quitaron cuando estaba el PP; me encanta el programa APM, pero como no lo emiten aquí, lo veo por YouTube.

Es muy divertido, el montaje está muy bien hecho, ¿no?

Y se caga en todo ese tipo de televisión. Es con las redes no hace falta encender la tele para nada, podría tener un cuadro en vez del televisor, la verdad, si no fuera porque la necesito para ver Netflix.

Ya que mencionas el entretenimiento en las redes y que somos de la misma generación, no me resisto a preguntarte: ¿conectas con el fenómeno de los youtubers, lo entiendes?

Lo entiendo, pero aun así… por ponerte un ejemplo que conoce todo el mundo, el Rubius. Me gusta como fenómeno, lo que pasa es que no me interesa. El Rubius le habla a un público que no soy yo. No me está hablando a mí. Tiene millones de seguidores, pero yo no lo entiendo. Hay youtubers que cuelgan un juego y lo comentan, y yo pienso: «Eso, ¿por qué es divertido?». Supongo que es como lo de ver el fútbol, que te puede gustar jugarlo pero no verlo. Yo personalmente prefiero jugar a un videojuego que ver a alguien jugando. Recuerdo de más joven, hace mil años, cuando te ibas con los amigos a jugar a la Mega Drive o lo que fuese, y cuando le tocaba jugar a otro y tú te quedabas mirando, ¡era el momento más aburrido de la tarde! Para mí es eso. Pero bueno, a quien le guste me parece superrespetable. Es genial que YouTube y los podcasts hayan dado voz a esos comunicadores natos que antes no hubiesen podido hacerlo jamás; como mucho, a lo mejor, hubiesen podido hablar en uno de esos pequeños programas de radio de pueblo. Han surgido comunicadores que se han creado su fama, tienen su sueldo, no necesitan la televisión absolutamente para nada, y qué coño, ¡bien por ellos!

Por lo menos son más independientes.

Sí, pueden contar lo que les salga de las narices. Y encima les están pagando. Tengo unos conocidos que tienen un piso y se lo tienen alquilado a una youtuber. No es rollo Rubius, es más de crochet, cosas de decoración, etc. Yo no entiendo sus vídeos, pero tiene su público. Es como esto [señala el cómic de La Brigada Lincoln, N. del R.]. A lo mejor hay gente interesada solamente por los superhéroes a quienes no les interesará. Esto está más encajonado, pero habrá otros más interesados por la historia y tendrá su público. Sí, a lo mejor son diez en lugar de cien, pero son diez que sabes que van a estar ahí. Lo genial de YouTube o de internet en general es que puedes poner tu micrófono, soltar tu rollo, y el que quiera, que venga a verlo. Yo sigo a algunos youtubers con los que conecto más. El fenómeno youtuber adolescente no me dice nada, pero claro, es que yo no soy su público.

Esto hace pensar en las «revoluciones» culturales juveniles, aquellas que siempre iban asociadas a una corriente musical. Las hubo periódicamente desde los años cincuenta: el rock & roll, la beatlemanía, los hippies, el punk, el hip-hop, etc. Pero la última realmente grande fue el grunge, y eso supone remontarnos ya hasta principios de los años noventa. Sí ha habido movimientos de protesta política, como Occupy Wall Street o el 15M, pero no con el mismo componente artístico. ¿Quizá es que jóvenes que ahora buscan identificarse con un icono cultural lo encuentran en internet y ya no necesitan aquellos iconos musicales generacionales?

Tú como espectador ya no necesitas ir a los programas de música o la radio. Vas a internet y encuentras lo que quieras. Eso no quiere decir que no haya talento o que no vaya a emerger. A lo mejor pasa más desapercibido, porque no llega a los grandes medios. No se puede equiparar al grunge, pero está el movimiento DJ, ahora los DJ son lo más. A fin de cuentas es un tío que pone discos, pero no se puede negar que tiene su público. Probablemente sea el gran movimiento musical más reciente.

Pero quizá no tiene ese componente de rebeldía, estético, de actitud, de una manera de ver las cosas, hasta el punto de que los grandes medios y los sociólogos se ponen a intentar diseccionarlo, ¿no?

No, eso no. Entiendo lo que quieres decir. Quizá la próxima revolución esté por venir. No sé en qué formato llegará, pero es verdad que desde el grunge no recuerdo nada parecido. Bueno, a mitad de los noventa estuvo ese giro hacia los grupos británicos, pero a día de hoy no se me ocurre nada. Supongo que la gente ha encontrado otro canal. Hace algunos años los Arctic Monkeys se hicieron famosos gracias a MySpace. Y Justin Bieber se hizo famoso por un vídeo de YouTube que colgó su madre, ¿no? Es verdad que los grandes medios no se hacen tanto eco de los nuevos artistas, pero es que esos nuevos artistas tampoco lo necesitan. Tienen a su público a un solo clic. Una revolución musical con tanta repercusión social es verdad que, por ahora, no parece que la vaya a haber. Pero prefiero pensar que de momento está durmiendo. «Estamos trabajando en ello».

Decías que no eres muy fan de Bob Dylan, ¿qué tipo de música te gusta escuchar?

Soy un poco ecléctico, pero sí es verdad que lo que me gusta más es el rock. Aunque luego se dice por ahí que me han sorprendido cantando Rihanna [ríe]. Me gustan grupos como Weezer, Queens of the Stone Age. Si me empiezas a mentar grupos te diré: «Sí, sí, ese me gusta». Me gusta escuchar de todo. Desde maravillas de antaño hasta auténtica bazofia de hoy en día.

Pero sobre todo de los noventa hacia aquí, deduzco.

Sí. Porque si me voy hacia los ochenta, ya pienso en grupos de pop como A-Ha… ¡Eh! ¡Te gusta lo que te gusta!

26 comentarios

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  3. Otra vez más se repite el estereotipo alimentado por el español que trabaja en Estados Unidos y acaba hablando de paletismo, de la súper profesionalidad estadounidense y tantos otros tópicos.

    El caso es que yo soy ingeniero en Estados Unidos, en una de las zonas más supermegachachi tecnológicamente hablando (Seattle), en proyectos de miles de millones de dólares y no reconozco el país que otros españoles gustan tanto de describirnos constantemente. Al final como dice el refrán, nadie tiene dos cabezas, y en este país veo cutreces, chapuzas, improvisaciones, incompetentes, “por mis cojones” y tantas cosas tan asociadas a España que mucha gente no las creería.

    Voy a poner un pequeño ejemplo. En un proyecto en el que trabajé se necesitaba una grúa y el contratista pidió información para mover la grúa por tal calle en la que había un puente. La respuesta oficial fue un folio escrito a boli escaneado en el que se indicaban 4 cálculos del peso de la grúa y terminaba diciendo “Se puede pasar, pero que no haya coches aparcados”. Y se quedaron tan panchos.

    PD. Aquí tambien los del ADSL tardan 3 semanas en instalarlo y te informan de que lo harán entre las 9 y las 2.

    • ¡Por fin alguien lo dice! A mí también me fastidia el malinchismo del español a lo propio y la adoración ciega a lo ajeno.

      • ¿Qué me estás diciendo?. Llevo viajando 150 días al año fuera de casa (en EEUU) desde 1995 y sólo te digo que los americanos son los más prácticos del mundo con diferencia. Preséntate a una licitación en EEUU y haz lo propio en España y te darás cuenta de las diferencias (o léete un BOE español y ya tendrás que llamar a un amigo “que sabe” para que te explique lo que a veces se quiere decir). Sólo un ejemplo: aterriza en Barajas, coge tus maletas de la cinta (tras 40 minutos de espera), ponlas sobre el carrito y veta al baño del aeropuerto. Ya te darás cuenta que habrás llegado a España: el carro no entra en el baño a no ser que hagas viguerías…..Si es que el año que hice la mili, en España hubo casi 200 muertos en el ejército entre suicidios, accidentes de coche y maniobras militares (que eso lo arregló Narcís Serra, quitando para empezar, el fuego real) y en la I guerra del golfo, que lo viví muy de cerca, los americanos desplazaron al otro lado del mundo 500.000 soldados en 6 meses y hubo -creo recordar-150 muertos en toda la guerra de los cuales 55 fue un accidente de una barcaza con un golpe de mar. No, por desgracia hay un buen trecho entre los EEUU y España, al menos en practicidad diaria. En plan chiste suelo decir: EEUU tiene, de 100 cosas, 95 buenas y 5 malas y España, de 100 cosas, tiene 5 buenas y 95 malas. Lo que pasa que las 5 buenas españolas son muy buenas, y las 5 malas americanas son muy malas. Un saludo.

    • En realidad hablaba más de percepciones que de realidad. Dibbuks, Norma, Panini, Aleta, Astiberri, … Son todas grandes editoriales de cómic español. De lo mejorcito y muy profesionales, pero siempre se tiene la percepción de que aquí somos muy del ir a salto de mata aunque difiera de la realidad. Marvel Comics tampoco se libra de metidas de pata. Yo sin ir más lejos tuve un problema con ellos del que no hablaré aquí, pero los problemas sólo son problemas si no se ponen los medios y la voluntad para solventarlos y, en este caso, Marvel hizo todo lo posible por arreglarlo. Por lo que, en mi experiencia, estoy muy satisfecho. Pero sí, estoy muy de acuerdo en que en todos sitios cuecen habas. De eso no hay duda.

  4. Acabo de enterarme del proyecto de cómic sobre La brigada Licoln y estoy muy interesado. He visto que la campaña de crowfunding cerró en Octubre. ¿Hay alguna posibilidad de adquirir el cómic todavía? ¿Alguna alternativa? Gracias

    • Hola Enrique,

      Sí, es posible adquirir el cómic aún. Envíame un mensaje a través de la página de la campaña de Kickstarter y te pongo en la lista de la pre-venta.

      Muchas gracias por tu interés.

      Un saludo

  5. ¿Y Carlos Giménez, Josep Maria Bea, Jorge Bernet? ¿No han existido?

    • Todos grandes autores de cómic españoles. De hecho menciono a Giménez en la entrevista. De lo mejorcito que le haya podido pasar al cómic español.

  6. ¿”Arte” tan válido como… ?
    Pregunto cuáles serfán los clásicos de ese género plástico-literario.
    (Tintin apenas me da(ba) para entretenimiento = ¿arte?) Es pregunta, conste

    • Todo depende de lo que a uno le guste. ¿Le gusta a usted la ciencia-ficción, el western, género negro, romance, aventuras, terror, drama, bélico, costumbrismo, superhéroes, comedia,… ? Por ejemplo, algunos cómics que a mi me encantan son: Los profesionales (comedia), 300 (histórico-bélico), Persépolis (drama-costumbrismo), Paracuellos (drama-postguerra), Maus (drama sobre el holocausto judío). Un pequeñísimo ejemplo de lo que se puede encontrar por ahí, pero todas grandes obras.

    • En el artículo tienes un montón de obras de referencia. El cómic es un medio de expresión a través del cual se pueden hacer grandes obras de arte y pura bazofia, como en todos los demás.

  7. Hola.
    ¿Que opinas de la obre de Enki Bilal?
    Y del nivel de prestigio que otorgan al cómic en Francia, ¿Es posible conseguir algo parecido aquí?

    • Hola,

      Me da un poco de vergüenza admitir que nunca he leído nada de Bilal. ¿Me recomiendas alguna obra en particular?

      En cuanto al prestigio del cómic en Francia y Bélgica, es indudable que nos llevan años. Pero aquí no nos hemos quedado cortos. Por ejemplo, un gran paso que se ha dado en ese sentido es el premio nacional del cómic. Un galardón de esta categoría te da una visibilidad que no podrías conseguir de otra manera.

      Lo ideal sería que no hiciera falta ser “fan” de cómics para leer cómics, es decir, uno no necesita ser cinéfilo para ir al cine. Pues tampoco se debería ser coleccionista y/o ávido lector de tebeos para disfrutar de su lectura.

      Aquí no hay secretos, hay que seguir trabajando para poder ofrecer el mejor producto posible. Como decían en la película Campo de sueños, “Si lo construyes, él vendrá”. Si hacemos cómics buenos, la gente acabará por comprarlos.

  8. Bueno, pues no viene mal recomendarte “Las falanges del orden negro” pues toca la guerra civil española y ya que estás con la Brigada Lincoln creo que te gustará.
    El otro gran cómic político suyo es “Partida de caza”. Muestra el derrumbe del poder soviético en Europa combinando pasado y presente. Posiblemente su obra más aclamada.
    Ya en la Ciencia Ficción la trilogía “Nikopol” con 1: La feria de los inmortales, 2: La mujer trampa y 3: Frío Ecuador.
    Distopías futuristas con mucho surrealismo y fantasía. Y una estética que podría recordar a cierto estilo Moebius.
    Para empezar es suficiente.
    Aunque como te he dicho, tal vez la primera, por la temática de la guerra civil.

  9. Me gustaría saber de qué depende el hecho de que la mayoría de los entrevistados no contesten a ninguna de las preguntas que los lectores se hacen y en cambio, usted las conteste todas. Gracias de antemano.

    • Hola. Pues no puedo hablar por el resto de entrevistados, pero es algo que me gusta hacer. Mantener ese contacto con los lectores. Y además siempre se puede aprender algo, como es el caso del comentario anterior. También pienso que es lo mínimo que puedo hacer después de que la gente se haya leído semejante entrevista tan larga en la que, la mayoría de las veces, no digo nada más que tacos y tonterías :-D

    • No puedo hablar por el resto de entrevistados, pero a mi personalmente es algo que me gusta hacer. Intento mantener el el contacto con los lectores en la medida de lo posible. Es una manera de tener buenos debates a la vez que siempre se puede aprender algo nuevo, como es es el caso del comentario anterior. Es lo mínimo que puedo hacer después de que la gente haya perdido 20 minutos de su vida leyendo mi entrevista en la que nada más que digo tacos y tonterías :-D

  10. Un lanza en favor de Astérix. En relación a ser más de Tintín que de Astérix, los dos son buenísimos en mi opinión. Ahora bien, Astérix tiene dos problemas, el primero es que pierde en la traducción. Goscinny es un genio y la sutilezas francesas que hace son fabulosas y aunque el Tintín no pierde, Astérix, en mi opinión, sí lo hace al traducirse (para empezar todos los nombres propios son juegos de palabras). Es una ventaja que tiene uno de haber sido nieto de republicano, que uno ha tenido Tintín y Astérix en ambos idiomas. Y el segundo problema es que hay cosas que hay que haber mamado de historia de Francia desde la infancia para captar ciertos matices que al menos mi generación estudió en Francia.
    Y no sé, cada vez que recuerdo Astérix en Córcega, el encuentro por primera vez entre Ocatarinetabelachitchix el corso, levantándose de la siesta, con Obélix (que está hostiando a todo el campamento romano) y se le acerca con dos romanos ko colgando bajo el brazo, y le pregunta al corso “¿y tú quién eres?” y el corso le contesta “yo soy Ocatarinetabelachitchix, y soy la pesadilla de los romanos…. gordo. ¿Y tú quién eres?” y Obélix le responde “yo soy Obélix y también soy la pesadilla de los romanos…y no soy gordo”. Y Ocataranibela….le contesta: “tú…..me gustas”…..pues hace 45 años que lo leí y cada vez que recuerdo esa escena me entra la risa floja durante 10 minutos.
    Y qué decir de La Cizaña, con Perfectus Detritus, que mira que si era bueno mezclando cizaña que el Senador que lo presenta al César le dice…”lo tiramos al circo con los leones y los leones se devoraron entre ellos”. Es que me saca la risa siempre.
    Nada, Tintín y Astérix son igual de grandes los dos.
    Por último, de la Brigada Lincon sólo conocía la canción Jarama Valley, imprescindible en el cancionero republicano de la guerra civil. Y no tenía ni idea que habían sido tantos. Lo que sí leí una vez es que no pudieron pelear en el IIGM porque el ejército americano no los quería porque no se fiaban de ellos por ser excesivamente rojos. (Lo leí en una novela de Frederik Forsyth, -creo recordar- y no sé si eso tiene mucho fundamento).
    Muy buena entrevista. Muy entretenida. Un saludo a todos.

    • Es totalmente cierto, a los combatientes de la brigada Lincoln se les consideró “antifascistas prematuros”, lo cual era un eufemismo para llamar a alguien comunista/socialista. Así que aquellos que desearon ir a luchar a la Segunda Guerra Mundial tuvieron que ocultar el hecho de que eran de izquierdas. Una pena.

  11. Muy interesante la entrevista, que es extensa pero no se hace larga. Me apetece leer el tebeo de la brigada Lincoln, pero es que desde hace unos años no soy el mismo. Me explico: yo he sido un comiquero de pro, de esos de comprarse los tebeos en inglés y guardarlos en bolsitas de plástico. De pequeñín ya les daba a mortadelos y zipizapes, luego vino Tintín. Después, mis gustos dentro de los superhéroes era fundamentalmente la Patrulla-X, aunque durante muchos años no le hice ascos a cualquier publicación de Fórum o Zinco, ya fuera serie regular o las novelas gráficas marvel, las series limitadas, el Dark Knight, Watchmen, Elektra Assessin, The Spirit, la cosa del pantano, The Killing Joke en inglés. Incluso leí mucho de lo que les gustaba a mis padres – y por ello me aficionaron al tebeo – Capitán Trueno y Jabato. La cosa es que hace unos cuantos años se me juntaron Persépolis y Paracuellos, y desde entonces ya no “me gusta el cómic”. O sea, esos dos tebeos me encantaron, son de los mejores que he leído, lo que me pasa desd entonces es que si me gusta la historia, prescindo prácticamente de los dibujos, y si no me gusta la historia, dejo de leer… ¿es grave?¿volveré a cogerle el gusto al arte secuencial?¿seré mutante y no lo sé? … Gracias y un saludo.

    • Max, pero eso es lo mismo que con el cine o la literatura, no? Que empieces una película o un libro y te aburra y te quedes dormido. Eso no significa que ya no te guste el cine o la literatura. Seguramente hayan muchos cómics muy buenos esperando a que los descubras. Ahora mismo las opciones son muchas.
      Un saludo, espero que te animes a seguir leyendo tebeos.

  12. Sin acritud, sr. Durá.

    Una entrevista en la que defiende usted que «El cómic es un arte tan válido como la danza, el teatro o la poesía» (con lo cual estoy plenamente de acuerdo) y luego sale usted muy purista al decir «Creo que no es literatura» sobre el trabajo de Dylan.

    Osea, que el cómic (lo que usted hace) merece respeto, pero escribir letras de canciones no es literatura. Un poco integrista y poco coherente, ¿no le parece?

    • ¿Por qué debe ser esa frase incoherente? Las canciones de Dylan son un arte tan válido como el cine, la pintura, la escultura o el cómic y eso el entrevistado no lo pone en duda. La cuestión es decidir si dentro de la categoría “literatura” como arte también se incluye la parte del letrista musical.

      Yo soy de la opinión que sí, que un premio literario global y genérico como los Nobel debería abarcar y valorar cualquier uso de las letras como medio de expresión; ya fuesen novelas, poesía, guiones o letras de canciones. Otra gente cree que las letras de una canción no son un arte por si mismo pues requieren del acompañamiento de la melodía y por tanto son un arte distinto al que no se le puede dar un Nobel de literatura. Opiniones para todos los gustos.

      Luego, claro está, te encuentras con los típicos que quieren montar polémica retorciendo cualquier detalle por que no se sienten realizados si no rajan de cualquier cosa y se hacen los ofendidos muy rápido. Mira lo que le pasó a Gaiman cuando ganó aquel premio con su adaptación del Sueño de una Noche de Verano de Sandman; que los muy rebotados cambiaron las reglas del premio para futuras ediciones. No fuese que otro “escritorzuelo de tebeuchos” los dejase en ridículo de nuevo.

      Por cierto, para los que van soltando la gracieta “pues que creen el Nobel de la Música”, que sepan que es un sinsentido. Los premios Nobel que existen son sólo esos por deseo expreso del filántropo que los instauró; no los añaden o quitan según sople el viento. La única excepción es el de ciencias económicas, que se debe a una enorme donación del banco de Suecia en conmemoración de su 300º aniversario a la fundación Nobel para tal efecto.

      Así que a quien no le guste que no haya un Nobel aparte de música para que no “ensucien” el prestigio del de literatura ya sabe lo que debe hacer: volverse muy relevante en Suecia de algún modo, esperar a la celebración de algún aniversario referente a un hito relevante y donar una morterada muy grande de millones a la fundación Nobel, así de sencillo. De mientras, calladitos están más majos.

      En cuanto a la entrevista, resumiendo para no enrollarme más, me ha gustado bastante leerla, larga pero amena y con muchos puntos de vista a muchas cosas bastante relevantes (aunque no tengan que ser trascendentes). Espero que el señor Durá tenga él éxito que se merece en esta empresa tan arriesgada a la par que loable y necesaria (y en otras futuras que le vayan saliendo).

      Saludos

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