El síndrome de Boba Fett - Jot Down Cultural Magazine

El síndrome de Boba Fett

Publicado por

Stranger Things. Imagen: Netflix.

Stranger Things

Tras la fiebre por Stranger Things, la serie cimentada en la nostalgia de referentes añejos que todo el mundo quería de antemano que le gustase (aquí nos divirtió tanto como para desearle que no insistiese en una segunda vuelta), el fenómeno fan desenrolló su costado creativo y publicó en internet decenas de pósteres alternativos, camisetas majas, ilustraciones notables y un montón de pantallazos de juegos que no existieron nunca donde se reimaginaba el show en formato de ocho y dieciséis bits, como aventuras gráficas point’n click, rolazos o un arcade de tollinas firmado por el escultor del píxel Johan Vinet. Entre tanta riada de inventiva fandom una de las ocurrencias más simpáticas fue un falso cartel sobre la desaparición de una chica llamada Barb, un personaje menor de la serie. El aviso rezaba lo siguiente:

Desaparecida.

A su madre no le importa que haya desaparecido, nuestros amigos suponen que está estudiando en la biblioteca y yo ando demasiado ocupada con mi novio. Pero está desaparecida desde hace algún tiempo, así que supongo que va siendo hora de empezar a buscarla.

Conduce un Volkswagen, tiene el pelo rojo, gafas rojas y un vestuario que despierta simpatía.

Responde al nombre de Barb.

El papelito incluía unas tiras para arrancar que sustituían la clásica información de contacto por frases como «¿A quién le importa?» «¿Barb quién?» «Amo a Steve» o «Bla bla bla Barb». Y aunque no se especificaba en ningún sitio, cualquier espectador de la serie deducía que el texto simulaba haber sido redactado por Nancy, una de las principales protagonistas. Y más de uno entendía que la broma hacía cierta justicia a Barb, Barbara Holland, un personaje secundario que a pesar de no tener demasiada presencia a lo largo de la historia (promocionaba a merienda durante los primeros episodios) se convirtió en uno de los favoritos del público. Un éxito entre la audiencia que se debía probablemente a lo amable de su personalidad por un lado y a su llamativa presencia física por otro: pelirroja, pecosa, con gafas de nerd, vestuario inusual y un físico que pasaba olímpicamente de los estándares típicos de belleza televisivos, algo que desgraciadamente solo pueden permitirse los personajes secundarios. Se trataba de un rol desagradecido, porque en el fondo para el guion era más un mecanismo narrativo que una persona, pero se convirtió en el dark horse de la serie, el Boba Fett de Stranger Things.

El síndrome de Boba Fett

En la saga Star Wars Boba Fett era un cazarrecompensas espacial que aparecía en El Imperio contraataca con un par de líneas de diálogo, armadura fardona y pintas de futuro villano. Luego llegó El retorno del Jedi y Boba Fett la palmó de la manera más gilipollas posible cuando Han Solo lo mandó por accidente al estómago de un bicharraco del desierto. Es probable que en un principio George Lucas considerase que la vida útil del personaje acababa ahí mismo, pero los fans se encandilaron del misterioso cazarrecompensas de manera inexplicable y el director tomó nota de ello. Fett acabó protagonizando decenas de aventuras en ese universo expandido de Star Wars que se desplegaba entre libros, series y videojuegos. Nuevas aventuras donde se intentaba moldear la personalidad de Fett, en ocasiones provocando contradicciones entre las diferentes historias, y también explicar unos orígenes sobre los que nunca se pusieron de acuerdo los diferentes autores de los libros, hasta el punto de tener que justificar oficialmente el desmadre asegurando que Fett se inventaba los faroles en torno a su leyenda.

Entre las páginas el cazarrecompensas tuvo una vida muchísimo más completa y emocionante que entre los fotogramas: los cómics lo salvaron de morir permitiéndole escapar del monstruo del desierto y la literatura le metió en líos persiguiendo el culo de Han Solo, lo ascendió a líder de los mandalorianos (originarios del planeta Mandalore, un lugar que ni siquiera se mencionaba en las películas) y lo emparejó convirtiéndolo primero en padre de familia y después en viudo perseguido por una hija que planeaba vengar la muerte de su madre. Tramas enrevesadas con la pinta de culebrón barato galáctico tan clásica de Star Wars: en un momento dado Fett descubría que su mujer no estaba muerta sino congelada en carbonita.

El Imperio contraataca. Imagen: Disney.

Viendo el éxito entre la audiencia, Lucas reinventó el papel de Boba Fett en el cine y lo añadió fugazmente a La guerra de las galaxias aprovechando el estreno de una versión remasterizada. Después utilizó las precuelas para convertirlo a la fuerza en uno de los personajes principales del universo Star Wars: en la trama de la nueva trilogía sus genes clonados fueron la base de las contiendas de la película. Lucas declaró en alguna ocasión que de haber sabido que Boba Fett iba a tener tantos fans hubiese rodado una muerte más espectacular en su momento. Jonathan Rizler, historiador de Star Wars, juraría años más tarde que Lucas le había confirmado que Fett sobrevivía a El retorno del Jedi.

Boba Fett era un caso extraordinario de cadáver resucitado por las lágrimas de los fans. Un personaje cuyo creador no creía que fuese a generar la más mínima de las atenciones que acababa siendo moldeado por culpa del público. Un caballo oscuro por el que nadie había apostado en un principio.

Apostar por el dark horse

Dark horse es el término con el que se denomina en las apuestas ecuestres a ese caballo que no conoce ni dios y acaba ganando la carrera. Boba Fett es probablemente el ejemplo de caballo oscuro más famoso y su fama ha provocado que los fans demanden, de manera incansable durante décadas, un film o un videojuego protagonizado exclusivamente por el personaje. La Barb de Stranger Things tenía alma de dark horse incluso dentro de la ficción: en la trama ni la policía, ni sus amigos (exceptuando a Nancy) ni su propia madre se interesaban demasiado por la chica. A la audiencia le ocurría lo contrario: a todo el mundo parecía caerle bien.  

Bob The Goon en Batman. Imagen: Warner Bros.

El Batman de Tim Burton incluía en el equipo enemigo a un sicario que no destacaba por nada en especial más allá de llevar sombrero. Se trataba de Bob, apodado cariñosamente Bob The Goon, un secundario poco carismático, nada agraciado y que acababa siendo eliminado por el Joker de manera absurda, un personaje que a pesar de todo se convirtió en favorito del público. Años más tarde la frase que le dedicaba Jack Nicholson a Bob en Batman, «You are my number one, guy», inspiraría el estribillo del tema «Ready For the Floor» de Hot Chip (en un videoclip que incluía cosplay de Joker). Lo más curioso fue lo premonitorio de la remesa de juguetes que acompañaron de salida al film, porque solo se produjeron tres muñecos de acción: el de Batman, el de Joker y el de Bob. Aterriza como puedas encumbró a un personaje menor llamado Johnny a base de tonterías. En The Rocky Horror Picture Show el público se enamoró del personaje de Columbia y su voz aguda. Zara (Katie McGrath) en Jurassic World se ganó la condescendencia de los espectadores al morir estableciendo un récord: ser devorada dos veces por dos criaturas prehistóricas diferentes. En la misma película también brilló el «hombre margarita», el tío que se preocupaba de salvar un par de margaritas durante el ataque de los dinosaurios, un extra que tenía dos segundos en pantalla y un guiño fabuloso a sus espaldas: estaba interpretado por Jimmy Buffet, el músico famoso por «Margaritaville». Mad Max: furia en la carretera tenía clarísimo que el más pálido era el caballo más oscuro y Nux ya iba en cabeza para ocupar el puesto mucho antes de gritar «What a day! What a lovely day!».

Inicialmente Sylar (Zachary Quinto) la palmaba durante el desenlace de la primera temporada de Héroes, pero el villano gozó de tanta popularidad entre los fans como para que los guionistas le arrojasen el salvavidas. Horton tenía a una secundaria, con una sola frase y una presencia total en pantalla de poco más de un minuto, que conquistó corazones por culpa de esto. Frank Oz explicó con símiles de volumen como concibió el carácter de algunos de sus Muppets: la cerdita Peggy era un personaje de tres dimensiones, el oso Fozzie tenía dos y Animal cero. Este último, un personaje cafre y gritón cuya mayor virtud era saber aporrear una batería, se convirtió en uno de los favoritos del público y por extensión de la cultura pop. En Power Rangers los personajes de Bulk y Skull que ejercían de alivio cómico, villanos Hacendado y embajadores de la vergüenza ajena, gozaron de un abultado grupo de seguidores. Por Scrubs cabalgaron unos cuantos caballos oscuros, algunos de los cuales amenazaron con convertirse en algo importante desde el primer capítulo, pero el más gracioso y autoconsciente fue el interno Snoop Dogg, un personaje que nació como un chiste de una línea y con el tiempo escaló en la jerarquía evolucionando a residente Snoop Dogg y posteriormente a asistente Snoop Dogg.

Hedonismbot en Futurama. Imagen: FOX

En ciertas ocasiones era posible avistar rebaños enteros de dark horses. Ocurría en aquellos programas donde casi todos los secundarios ofrecían potencial suficiente como para promocionar a estrellas. En Futurama la figura obvia era Zoidberg, pero el show atesoraba una hilera de personajes dignos de culto: el hipnosapo, los integrantes de la robo-mafia, Calculón, Zapp Brannigann, este robot de aquí, el presentador de telediarios Morbo, URL el robot policía, el pequeño Tim, el robot diablo o aquel Santa Claus psicópata. Mordisquitos también podría ser considerado un caballo oscuro, aunque su transformación de mascota a personaje indispensable estaba premeditada por los guionistas. Y Scruffy Scruffington, el conserje bigotudo aficionado al porno, comenzó a aparecer con más frecuencia en la serie solo porque era reverenciado por una horda de internautas. En Padre de familia personajes como el pollo gigante, la Muerte o el mono malvado eran gags fugaces sin demasiado futuro pero acabaron convertidos en secundarios recurrentes. Hora de aventuras gozaba de un reparto de no-protagonistas de los que era demasiado fácil encariñarse: Marceline pasó de secundaria a coprotagonizar capítulos, y otros personajes como la Princesa del Espacio Bultos, el Señor Magdalena, BMO, Trompi, Gunter, Roltas, Linch, Ricardio, la Princesa Llama, el Mayordomo Menta o el Conde Limoncio se ganaron simpatías variadas. En realidad, en Hora de aventuras todo el reparto era carne de merchandishing: ojo a la línea de juguetes para McDonald’s donde más de la mitad de personajes son secundarios del programa. Un caso especial era el de Marshall Lee, la versión masculina de Marceline en los capítulos donde el género de los personajes estaba invertido, porque apareció sin decir una palabra y se convirtió en una obsesión de los fans.

Ha nacido una estrella

Gru, mi villano favorito, llegó acompañado de una tropa de esbirros amarillos que, tras dos películas haciendo de sherpas, acabaron protagonizaron su propio largometraje y arrasando en los cines gracias a una bestial campaña publicitaria. Su película, Los minions, resultó mucho más taquillera que Gru, mi villano favorito o su secuela, y los amarillos se convirtieron en el ejemplo más rentable de una práctica común en el cine de animación, la de convertir a los papeles menores más graciosos en estrellas: los pingüinos que actuaban en segundo plano en las entregas de Madagascar acabaron teniendo película propia (Los pingüinos de Madagascar) y los porrazos de la ardirrata Scrat que salteaban las películas de Ice Age fueron tan festejados que el personaje ganó minutos de metraje en cada secuela, protagonizó sus propios cortometrajes y se convirtió en la mascota oficial del estudio de animación Blue Sky.

Jesús Quintana (John Turturro) en El gran Lebowski era un dark horse relativo porque, aunque su personaje apenas ocupaba cinco minutos del metraje, estaba claro que sería diana del fenómeno fan entrando en escena de aquella manera tan perversa como espectacular. El reflejo de su éxito es la alegría con la que ha sido recibida la idea de repescar al personaje hoy en día (dieciocho años después de su aparición) para protagonizar Going Places, una historia ajena a la trama de Lebowski y dirigida por el propio Turturro donde Quintana compite contra un ladronzuelo (Bobby Cannavale) en la aventura de proporcionarle el primer orgasmo a una mujer (Audrey Tatou).

Jesús Quintana en El gran Lebowski. Imagen: Gramercy Pictures.

Los roedores de laboratorio Pinky y Cerebro nacieron como secundarios de la serie Animaniacs, pero su insistencia por conquistar el mundo a través de planes disparatados acabó convirtiéndolos en predilectos de los espectadores y otorgándoles serie propia (Pinky y Cerebro). Aguantaron por su cuenta bastante bien durante cuatro temporadas, hasta que los productores, que consideraban que la serie tenía un humor demasiado adulto, tomaron la peor decisión posible e impusieron a su propio dark horse con el fin de infantilizar el programa: agarraron a un personaje de Tiny Toons, Elvira (Elmyra en el original), que ni siquiera caía bien entre los fans, y lo colaron en el universo de los ratones reinventando la serie como Pinky, Elmyra y Cerebro. El nuevo show era más tontorrón y la audiencia le enseñó las espaldas: tan solo se emitieron cinco episodios antes de que alguien optase por esconderlo en un armario.

Reese Wilkerson (Justin Berfield) sisó tanto protagonismo en Malcom que en algunos capítulos el personaje que daba título a la serie parecía estar de visita. Barney en Cómo conocí a vuestra madre acabó acaparando tramas para sí mismo. En la longeva Días felices el personaje de Arthur Fonzarelli (conocido en la ficción como the Fonz o Fonzie) que interpretaba Henry Winkler empezó como secundario, pasó a vivir junto a uno de los protagonistas y acabó convertido en estrella total a niveles disparatados: cuando los guionistas consideraron bonito enfatizar la lectura entre los espectadores más jóvenes metieron a Fonzie en una biblioteca con la excusa de ojear un libro y en el mundo real la demanda de carnets de biblioteca aumentó a lo bestia, en Milwaukee se construyó una estatua de bronce en honor al personaje y en una ocasión un adolescente que planeaba suicidarse telefoneó al estudio para «hablar con Fonzie» y acabar recibiendo los consejos de Winkler. Los ejecutivos consideraron cambiar el título de la serie a Los días felices de Fonzie, o Fonzie y el propio Henry Winkler, agobiado por la celebridad del personaje y su condición de salvavidas del show, rechazó protagonizar un spin-off. Fonzie fue también el protagonista uno de los momentos más recordados de la televisión americana: la extravagante secuencia de brinco sobre escualo que instauró la expresión «Jumping the shark» para indicar el momento en el que una serie había perdido el rumbo.

El caso de Johnny Depp es especial porque el hombre funciona como un caballo oscuro que intenta camuflarse con neones. Piratas del Caribe se insinuaba protagonizada por una Keira Knightley acompañada de un Orlando Bloom que venía de El Señor de los Anillos y a quien querían transmutar en un nuevo Errol Flynn. Pero el personaje de Jack Sparrow, interpretado por Depp como un pirata rockstar con mucha línea improvisada, usurpó todo el protagonismo hasta el punto de que en las secuelas Knightley y Bloom pasaban a segundo plano o directamente desaparecían. Los responsables eran conscientes de esto aunque intentaran disimularlo y Depp era un dark horse con alevosía, tanto como para que la operación se exportase a otras películas donde el actor podía pasear nuevo armario y maquillaje extravagante: la Alicia en el país de las maravillas que rodó con Burton se promocionaba anunciando a su Sombrerero Loco y olvidándose de la Alicia del título. Y en El Lanero Solitario el propio Llanero Solitario parecía ejercer de side-kick del personaje de Depp, un indio llamado Toro que se distinguía de Jack Sparrow gracias a llevar un pájaro reseco en la cabeza.

Steve Urkel es el Alfa y el Omega de todos los Boba Fetts posibles. Una criatura concebida en la comedia Cosas de casa, la serie que nació como un spin-off de Primos lejanos cuando la cadena ABC decidió agarrar al personaje de Harriette, la ascensorista del periódico donde trabajaban Larry Appleton y Balki Bartokomous, y construir una sitcom alrededor de ella y su matrimonio con Carl Winslow.

El objetivo de Cosas de casa era atrapar a audiencia negra a través de las aventuras de una familia afroamericana, pero el show entró renqueando en la programación televisiva y sus episodios iniciales no lograron pescar buenas audiencias. Hasta que apareció el personaje de Urkel, un secundario (interpretado por Jaleel White) de voz chillona, pantalones de cintura incierta, tirantes y todos los defectos del estereotipo nerd multiplicados de cara a la comedia. Durante el rodaje de aquel capítulo donde Urkel entraba en escena el público en directo enloqueció con lo desmadrado del personaje y cuando el episodio se emitió por televisión ocurrió lo mismo en los hogares estadounidenses. Los ejecutivos intuyeron una gallina a punto de convertirse en un surtidor de oro y comenzaron a reescribir capítulos, tramas e incluso reimaginar la cabecera para asentar a Urkel en el programa. En el episodio posterior a su aparición el personaje ya se había convertido en vecino de los Winslow para dar más juego a los guiones. La sitcom sobrevivió arrasando en audiencia gracias a la realineación y aquel personaje cargante que comenzó como un secundario casual acabó convertido en protagonista absoluto con el paso de las temporadas.

Llegados a cierto punto los episodios comenzaron a saltar el tiburón con doble tirabuzón y los guionistas convirtieron el disparate en norma y a Urkel en científico loco: sus inventos le permitieron crear clones de sí mismo o juguetear con el ADN para mutar en un doble de Bruce Lee o en un gigoló llamado Steffan Urquelle, aparecieron en escena muñecos diabólicos, se abrazó la destrucción a gran escala y la serie se convirtió en una impresora de dinero para la cadena ABC. Urkel se apuntaló como icono de los noventa y la cultura pop tuvo que dejarse meter mano: se coló a modo de cameo en Padres forzosos y Paso a paso, tuvo sus propios cereales e incluso participó en un vídeo educativo sobre cómo se forman las leyes junto a un caballero llamado Bill Clinton y un puñado de secundarios con cara de políticos como Robert Dole, Tom Foley o Cleo Fields que como actores de comedia tenían un futuro demasiado incierto.

19 comentarios

  1. ¿Y el Dr. Spock?

  2. Muy buen artículo, entretenido e informativo. Todo un fenómeno sin duda lo de los secundarios que terminan acaparando la serie. Yo hubiese mencionado también el extraterrestre de American Dad que termina siendo la estrella del show.

  3. He visto los dos primeros capítulos de Stranger Things y me solidarizo con la causa: “No os carguéis un secundario hoy, que podáis necesitar mañana”.

  4. Los Vigilantes de la Playa: Newman. Un vigilante calvo y con bigotón que sobrevivió a cada cambio de reparto durante temporadas y parecía el único que se tomaba en serio que estaba allí para salvar vidas como actividad principal. Mi hermana y yo le adorabamos.

  5. La verdad es que me encanta Star Wars y Bobba Fett siempre me pareció un personaje de lo más cutre. Me pareció que su muerte era la que merecía un personaje tan triste y gris, y nunca entendí esa obsesión de unos cuantos flipaos con él. Para mi debería haber seguido muerto, en el estómago del Sarlacc.

    • Nadie que se haya limitado a ver la saga de Star Wars entiende la popularidad del tal Fett. No es un personaje de tercera o cuarta, es poco más que un extra. Y comparto el veredicto. El tal Boba merecía haber muerto en las fauces del bicho. Un final sin gloria y bastante bobo para un personaje a la altura del mismo.

  6. Extrañado que haya faltado otro ejemplo tan claro, al menos para la legión de fans de Breaking Bad: ¿qué tal Saul?

  7. The Big Bang Theory tiene también algunos secundarios memorables. El más afortunado ha sido sin duda Stuart, que se ha convertido en un personaje recurrente, incluso protagonista, pero también han tenido grandes momentos el gran Barry Kripke, y el grandísimo Zack, que ojalá apareciera con más frecuencia. Mítico el momentazo con estos tres personajes cantando juntos el Walking on Sunshine.

    • ¿Y la madre de Howard a la que conocimos sólo por la voz?.
      Por cierto ¿dónde se metió la espectacular hermana de Sheldon?.
      En el cine el mayor caso de secundario que se come al actor principal, es Peter Sellers en La Pantera Rosa eclipsado a David Nivel y dando lugar a la saga del inspector Clouseau

  8. No sé si Frasier entraría en esa categoría, ya que en “Cheers” sí que era un personaje con peso, pero no creo que fuera el preferido del público. Pero, como es el protagonista de la mejor comedia televisiva de la historia, me gustaría citarlo :) Dentro de “Frasier”, hay enormes dark horses como Gil Chesterton, Bulldog o el gran trekkie Noel (imprescindible el capítulo “Star Mitzvah”); no sé si hasta el punto de crear grupos de fans, pero lo más importante para mí es que se trata de personajes que roban escenas y capítulos completos.

  9. Estoy de acuerdo con Andrés: no sólo son series fabulosas, sino que además parecen pensadas para que todos brillen. En Cheers no parecían muy prometedores de entrada Woody Harrelson (era el paleto sustituyendo al despistado, y qué tirón tuvo), ni Bebe Neuwirth, pero daba un contrapunto genial con esa antipatía excéntrica, estirada y sarcástica, ni siquiera Grammer (que yo pensaba que estaba ahí provisionalmente para prolongar la batalla Sam-Diana, pero nos enganchó a todos). Y en Frasier, ¿qué sería de la serie sin Hyde Pierce, sin Mahoney? Hasta Eddie. Y en Dos hombres y medio (mucho menos brillante), aunque los protagonistas pueden desaparecer y cambiar, sin Cryer no habría guión.

  10. A nadie le gusta Trompi, no cuenta como dark horse.

  11. Pingback: El síndrome de Boba Fett

  12. Yo fui al cine a ver La guerra de las Galaxias el mismo día que la estrenaban sin saber nada de la peli. Tenía 5 años. Puedo decir que todos mis amigos hemos sido una ínfinitesimal parte de los que hemos alimentado esta “cosa”, desde el principio, ojo. Recuerdo que ya en 1981, a uno de mi grupo le fascinaba Boba Fett, y estaba todo el día igual; Boba Fett esto, Boba Fett lo otro… En 1984 empezó a superar la muerte de su héroe y tuvo un momento histórico que no dudó en atribuir a la memoria y grandeza del cazarecompensas. Tal momento fue la inauguración de los JJOO olímpicos de Los Angeles, cuando aquel pavo voló en medio del estadio con una mochila retropropulsora (esto daría para otro artículo pq fue una de las cosas más alucinantes que he visto delante de la tele y pasó hace 32 años: un tío volando con una mochila ¿cuándo las pondrán a la venta y podremos ir al instituto con ellas? Menudo chasco amortiguado que fue que todo eso se haya olvidado. Yo me imaginaba el futuro de otra manera, con mochilas voladoras, para empezar)
    https://www.youtube.com/watch?v=9FPDVjid-4M

    En fin, lo de Boba Fett nunca lo entendí, mi amigo era un friki.

    • Boba Feet enganchaba porque era un personaje misterioso al que no veíamos el rostro, y tenía la profesión más oscura de la Galaxia, cazador de recompensas.
      Era como mezclar Darth Vader con un Blade Runner.
      Nos gusta la idea del cazador tras su presa: Predator, Alien, Terminator…

  13. Pingback: Enlaces Recomendados de la Semana (N°392)

  14. Pingback: El Sindrome de Boba Fett – Boba Fett Syndrome – Info – hotgirlandmore

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR