2016 : una selección de tebeos - Jot Down Cultural Magazine

2016 : una selección de tebeos

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Clásicos inéditos populares y vanguardias alternativas. Familias corrientes y relaciones prohibidas. Manifiesto y tabú. Sinfonías que son testigo de la unión de culturas e imágenes que son testimonio de la separación de otras. Adolescentes lobo y adolescentes robot. Misterios en el futuro y misterios en el pasado. Tokio, con sus fantasmas por un lado y con sus zombis por otro. Alimentar el espíritu, alimentar el estómago. Hiperrealismo, clasicismo, expresionismo y minimalismo. Trazo firme, garabato, rayajo, mancha y borrón. Todo ello en estas quince propuestas para recordar lo mejor del año pasado en tebeos.

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La grieta, de Guillermo Abril y Carlos Spottorno (Astiberri)

Paradójicamente, el tebeo más relevante y revolucionario del año ha sido el que ha originado más debate respecto a si estábamos frente a un tebeo o no. El periodista Guillermo Abril y el fotógrafo Carlos Spottorno reunían el abundante material fotográfico acumulado tras un reportaje en las fronteras de Europa para contar el drama de los refugiados e inmigrantes a modo de (foto)novela gráfica. Con una selección puntillosa del material fotográfico y una composición estudiada, La grieta narra secuencialmente, pero también juega al mosaico visual. De igual forma, las inserciones de los textos en «voz en off» que acompañan a las imágenes se relacionan estrechamente con el material seleccionado. Guían al lector a través de la crónica visual, pero son mucho más, en tanto que acaban por ejercer un efecto potente de complicidad con el lector, que acaba inmerso en las experiencias vividas por los dos periodistas. Pero lo más significativo de esta obra es que lo que vemos en las páginas de La grieta no es la representación de unos hechos, sino los hechos en sí. Pese a que los trabajos periodísticos que han decidido narrar sus reportajes usando el lenguaje del cómic todavía son anecdóticos (no parece haber cánones estilísticos, tampoco hay editoriales de referencia, por ejemplo), sí que es destacable la inquietud de los primeros pioneros que van surgiendo —como Abril y Spottorno— y su capacidad de reflexionar e inventar a partir de los recursos narrativos del cómic para adaptarlo a sus necesidades, sin cortapisas aparentes. Justamente quizás como era el medio en su cuna.

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¿Quién es el undécimo pasajero?, de Moto Hagio (Ediciones Tomodomo)

Muy esperada en estos últimos años en los que nos han ido llegando grandes clásicos del manga y que aquí aún no habíamos tenido oportunidad de leer, la publicación de este manga capital de Moto Hagio ha sido harto celebrada. La autora japonesa fue la punta de lanza de un grupo de autoras que revolucionó el shojo en los setenta y nos llega con este volumen que recoge relatos de ciencia ficción protagonizados por un grupo de universitarios en el futuro. Estamos ante un cómic que marida ciencia ficción y shojo, sí. Y la primera historia del volumen es un fabuloso mistery in space en el que este grupo de once estudiantes deben resolver por qué son once en lugar de los diez que debieran, durante un viaje interplanetario que también es una prueba académica a superar. La segunda, ya con los personajes presentados, cuenta una intriga política con drama y conspiraciones a partes iguales. Preciosista en el dibujo, con arranques de caricatura en los momentos de humor y detallista en las referencias pseudocientíficas que deben estar siempre presentes en cualquier interesante fantaciencia, Moto Hagio construye un universo atrayente, tanto como cuida la profundidad de los personajes y las relaciones entre ellos. Completa a la perfección este manga la excelente edición de Tomodomo con cubierta a tintas plateadas, que hace de este libro un bellísimo objeto a atesorar.

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Sirio, de Martín López Lam (Fulgencio Pimentel)

Es bastante difícil explicar «de qué va» este cómic. O muy fácil, dado que su autor ya ha comentado en alguna ocasión que la historia se podría explicar en un par de frases. Sin embargo, Sirio va más allá de su historia para convertirse en una experiencia que atrapa al lector en cuanto abre el libro. Es, sin duda alguna, uno de los tebeos más atmosféricos que servidor haya podido leer jamás. Donde la gran mayoría de los autores buscan representar lugares, momentos o estaciones a base de acercarse a la realidad o al detallismo, Martín López Lam tira de expresionismo e inserciones de arte pop, para transportar al lector a un típico pueblo costero de veraneo, donde enseguida podemos sentir la humedad, el calor, la gravedad, el tedio de las tardes infinitas… pero también a recuerdos e impresiones compartidas generacionalmente. Los instantes que plasma el tebeo se suceden uno detrás de otro y enseguida la obra nos devora. Sirio es una trampa, pero una en la que dejarse caer como quien no quiere la cosa. Si acabado el libro quedan impresionados con su lectura, igualmente habría que incluir en esta recomendación sus trabajos posteriores. También publicados este año pasado Gialla y El título no corresponde en Ediciones Valientes, en ellos López Lam prosigue en la exploración de estas mismas técnicas y recursos visuales para contar historias de una forma muy poco común en el medio.

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La Visión; de Tom King, Gabriel Hernández Walta, Jordie Bellaire (Panini Cómics)

Este año, en cuestión de superhéroes, creo que el duelo entre «las grandes» lo gana claramente Marvel. Y por goleada. No solo ha contado con series de grapa tan interesantes y excelentes como Thor, diosa del trueno (Jason Aaron, Russell Dauterman y Esad Ribic) y Pantera Negra (Ta-Nehisi Coates, Brian Stelfreeze y Chris Sprouse), sino que hemos podido gozar de estupendos tomos como los de Spiderwoman (Dennis Hopeless, Javier Rodríguez) o la nueva serie de Moon Girl y dinosaurio diabólico (Amy Reeder, Brandon Montclare, Natacha Bustos). Pero si una serie ha brillado más que el resto —con la cantidad de buenas propuestas que ha ofrecido «la casa de las ideas»—, sin lugar a dudas esta ha sido La Visión de Tom King, Gabriel Hernández Walta y Jordie Bellaire.

Este equipo creativo se las ha arreglado para ahondar en las profundidades de la psique del androide Vengador contando el nuevo paso que este da en su búsqueda por volverse «más humano». En este caso, la Visión experimenta tratando de crearse una familia propia tanto a imagen y semejanza suya como a imagen y semejanza del imaginario canónico de la América de clase media televisiva, con esposa y pareja de hijos adolescentes. A pesar de esa premisa iniciática, los autores no se adentran en los lugares comunes de la sitcom. Al contrario, el resultado es un relato inquietante e intrigante en el que destaca el juego de paralelismos entre la narración en imágenes y la voz en off de los cuadros de texto, produciendo una voz narrativa global compleja y con muchos matices. La miniserie superheroica del año es amarga pero invita a la reflexión; algo no muy común en este género, pero sí presente en muchas de las que han pasado a la historia.

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Philémon, de Fred (ECC Cómics)

La obra maestra de la fantasía francobelga que a mediados de los sesenta empezó a publicarse en la revista francesa Pilote y que estaba inédita en España ha aterrizado por fin en 2016, en un integral de tres volúmenes. El imaginativo Fred creó a Philémon, un joven que vivía en el campo con su tío y que con su inseparable burro vivía disparatadas aventuras. El arranque de esta serie de álbumes juveniles, hay que reconocerlo, es bastante corriente, pero pronto su autor empieza a llevar a su personaje a terrenos inexplorados de fantasía, como islas con forma de letra o mares que se repliegan sobre sí mismos. Y pronto también Fred empieza a entender que, si su personaje puede viajar a lugares fantásticos donde las leyes físicas se cuestionan constantemente, entonces en el cómic también se pueden romper «las leyes» de la narración habituales. A partir del segundo volumen, los viajes de Philémon se convierten en una suerte de floridos experimentos narrativos y montajes gráficos que dejarían maravillados a los lectores de su época. Con el tiempo a sus espaldas y la cantidad de autores que han llevado la experimentación gráfica y narrativa al medio del cómic —desde Gianni de Luca a David Aja, por ejemplo—, creo que era necesario traer al público lector actual los trabajos de este pionero que se atrevió a desmontar cánones y jugar con la narración desde un medio popular, desde el tebeo juvenil. La cándida reverencia a la imaginación sin límites que es Philémon se merecía una edición completa como la presente.

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Intrusos, de Adrian Tomine (Sapristi Cómics)

¿Qué pasa cuando algo se instala en nuestras vidas y altera completamente la rutinaria «normalidad» de las mismas? ¿Una persona? ¿Una idea? ¿La idea de una persona? ¿Una ausencia? Adrian Tomine ha publicado este año en España su último trabajo, Intrusos —originalmente titulada Killing and Dying—, una novela gráfica de historias cortas que son el retrato de una clase media-baja norteamericana deprimida por la frustración de unas aspiraciones no alcanzadas. Tomine, autor que ya había dejado una buena impresión con otras obras como Rubia de verano o Shortcomings, ha afinado sus lápices hasta un minimalismo pulcro y elegante. Pero también afina la crónica dibujada de esta generación de americanos con una narración visual que varía a su antojo en cada historieta sin perder un mínimo común denominador gráfico. Así, tanto nos puede contar una historia usando el formato de las clásicas tiras de prensa, introduciendo una cierta comicidad amarga, como nos puede contar un relato con una voz en off y escenas silenciosas, para instalarnos en una cierta melancolía. El poso que deja su lectura es importante: la cercanía de sus temas difícilmente provocará indiferencia.

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Lamia, de Rayco Pulido (Astiberri)

La intriga de Lamia empieza cuando su autor, Rayco Pulido, en el momento de la publicación solicita a los medios que en las reseñas de la obra revelen lo mínimo posible de su contenido a los posibles lectores. Independientemente de que se vea esto como un sano intento de garantizar al lector la satisfactoria lectura de la novela gráfica  o como gancho para atraerlo a esta, la verdad es que esta era una de las obras más esperadas de 2016, al menos por quien firma este artículo. Dos años atrás Nela, una adaptación de la Marianela de Galdós, había causado muy buena impresión. Lamia es una intriga ambientada en la Barcelona de los años cuarenta, protagonizada por una misteriosa mujer que trabaja en la radio, en un programa del estilo del Consultorio de Elena Francis de antaño. Rayco despliega con paciencia la trama ante los ojos del lector, como quien va descubriendo las interioridades de una matrioska hasta que, al final, todas las incógnitas se despejan y todo lo mostrado cobra sentido. En el aspecto gráfico hay que destacar las bellísimas secuencias y composiciones del tebeo, a las que el silencio textual dota del halo de misterio prometido. Igualmente, destaca el uso de algunas convenciones visuales del tebeo de humor juvenil que el autor adapta a esta historia —estando en las antípodas de las primeras— como ya había hecho también en Nela.

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El piano oriental, de Zeina Abirached (Salamandra Graphic)

Una de los trabajos biográficos más interesantes de este año —me disculpo de antemano por haber dejado fuera de esta selección la imprescindible El ala rota de Antonio Altarriba y Kim, que, de todas formas, ha sido difundida también ampliamente— nos lo trajo Zeina Abirached, autora libanesa, con la historia de Abdalah Kamanja, un alter ego del que fuera su bisabuelo, Abdalah Chahine. Músico y afinador de pianos, Abdalah inventó en los años cincuenta un piano único, un instrumento que permitía tocar los cuartos de tono típicos de las melodías orientales, pero que hasta la creación del «piano oriental» eran imposibles de ejecutar en los pianos convencionales. Con el eje del relato puesto en el desarrollo de esta invención, Abirached convierte la historia en una reflexión sobre conceptos más elevados y abstractos como son la belleza de la música, el equilibrio entre opuestos o los procesos mentales que provocan la inspiración y la imaginación. Para ello, nutre el relato de numerosas metáforas visuales que buscan aportar comprensión sobre esos fenómenos. La autora da incluso un paso más allá, usando sus propias experiencias para investigar cómo serían las de su antepasado y las incluye en la historia, jugando a la alternación de biografías como ya lo había hecho Spiegelman en Maus o Mary Talbot y Bryan Talbot en La niña de sus ojos. La autora libanesa sale más que airosa y firma una novela gráfica con un ritmo estudiado, repleta de realismo mágico, con la que todos podemos conectar.

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Días más largos que longanizas, de Gabriel Corbera (Fulgencio Pimentel)

Dos hombres recorren un castillo tratando de escapar de él, con un trasfondo posapocalíptico. No sabemos mucho más. Los hombres parecen fuertes, curtidos, pero al mismo tiempo transmiten una cierta fragilidad. Todo parece haber acabado, bien podrían ser los últimos habitantes de la existencia. Lo único que les queda es la huida de algo inevitable, que se les echa encima y que parece ser el punto y final definitivo. Gabriel Corbera, punta de lanza del tebeo experimental defendido en autoediciones y fanzines, publica con Fulgencio Pimentel un tebeo oscuro y desesperanzador, que transmite la soledad y el desasosiego de quien sabe a ciencia cierta que los días que le quedan son los últimos; y esa conciencia es la que provoca precisamente la sensación de la prolongación del tiempo. La obra está defendida desde un estilo «roto», un estilo que parece aspirar a un canon gráfico pero que deriva irremediablemente al fallo, a la línea sucia, al borrón, colocando esa aspiración al canon en una utopía gráfica lejana, pero buscada así por su autor. De alguna forma, quizás, este estilo imperfecto buscado por Corbera es una metáfora de lo que les sucede a los personajes y por eso acompaña tan bien la historia: un dibujo roto para un mundo roto, a punto de desaparecer. Y algo similar pasa también con la edición de Fulgencio Pimentel, que ha empacado el libro en una publicación de tela metalizada que remite a la fortaleza pero también a la vulnerabilidad de sus protagonistas.

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Insecto, de María Llovet (Norma Editorial)

¿Qué ha sucedido con el cómic erótico? Desaparecidas las revistas de papel y existiendo material de este género en su versión explícita al alcance de un clic, el tebeo sicalíptico parece haber quedado al margen o haber perdido el interés del público. Sí que se mantienen algunos de los autores de siempre, con alguna publicación puntual, pero no parece haber una escuela de autores o un recambio generacional para lo que era una temática que arrastraba a lectores a millares.

María Llovet, una joven autora catalana con una carrera ya consistente a sus espaldas, ha provocado curiosidad con su Insecto, una historia de deseo prohibida; su título escondía el tema de la misma con una anagrama argumentado de una forma tremendamente ingeniosa. Llovet, cuyo estilo gráfico parte del manga y en cuyas influencias iniciales constan autoras como Kiriko Nananan, con esta su última obra muestra una incorporación de referencias más occidentales. A su fondo de recursos artísticos se suman aspectos compositivos que recuerdan a la Valentina de Crepax o la atención a las acciones en segundo plano que ejecutaba con un gran sentido de la morbosidad el maestro Altuna. Todo ello Llovet lo encauza hacia un estilo propio que claramente la está haciendo despuntar como una de las autoras a seguir en el futuro.

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Tokyo Ghost, de Rick Remender y Sean Murphy (Norma Editorial)

En un momento en el que la ciencia ficción está dejando cómics y series excelentes por todo el globo, se hace difícil elegir solo una obra de este género. Igualmente, si nos centráramos solamente en uno de sus guionistas más prolíficos, Rick Remender, tendríamos serios problemas para quedarnos solo con una. Ciencia oscura, Fear Agent, Low… todas son entretenidísimas series de ciencia ficción, que toman algún elemento o tema tratado en los clásicos del género para luego revisarlo y/o modernizarlo. Tokyo Ghost aborda el tema del refugio, frecuentemente tratado en obras de trasfondo posapocalípitco en las que el protagonista se topa con una comunidad aislada, en la que con estructuras sociales y filosofías espirituales radicales y/u olvidadas consiguen construir un pequeño oasis utópico en un mundo predominantemente distópico. Remender recupera esta «vieja» historia en Tokyo Ghost, pero siembra el trasfondo de la distopía reinante de numerosos detalles muy presentes en nuestro mundo actual. El lector sentirá severos escalofríos al detectarlos. A partes iguales, la obra maneja una reflexión sobre el mundo actual, pero no abandona las cuestiones del género, abundando en el romance, la aventura y la acción. Los amantes de discriminar en la ciencia ficción entre obras escapistas y de compromiso se quedarán aquí sin coordenadas. A destacar también el trabajo de Sean Murphy, dibujante de prestigio ascendente en los últimos años, que pone toda la carne en el asador en una serie de la que ya tenemos ganas de leer más.

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Tik Tok Cómics / Teen Wolf de V.V. A.A. (webcómic / Tik Tok + Fosfatina)

Una de las propuestas más interesantes y diferentes de webcómic que ha habido en nuestro país ha sido la fundada y coordinada por la historietista Ana Galvañ. Tik Tok Comics es una plataforma que recoge el talento de numerosas autoras y autores de estilos alternativos, bastante alejados de los cánones mainstream, con una voluntad clara de librar sus batallas en la vanguardia del medio, pero también de establecer una comunidad amplia de artistas cuyos esfuerzos se retroalimenten. Y, por qué no, seguramente detrás de todo ello también haya unas ganas de pasarlo bien en el proceso. En Tik Tok Cómics han tenido cabida desde los arriesgados ejercicios de hacer a la perspectiva del lector protagonista de un tebeo en El espectador de Begoña García-Alén hasta el slice of life callejero con ecos pop de María Medem en Kinki Onírica, por mencionar dos de una amplísima nómina de autoras y autores. Este 2016, además, ha visto la publicación en papel de su primer libro —a pachas con Fosfatina—, un cómic elaborado por varias de las autoras de la plataforma y algunas invitadas especiales. Teen Wolf es una reinterpretación libre del mito televisivo del hombre lobo adolescente que cada participante lleva a su terreno temático y estilístico con total libertad.

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Tokyo Zombie, de Yusaku Hanakuma (Autsaider Cómics)

En el maremágnum de shonen, shojo y seinen publicado este año, una obra «rara» venida de Japón ha destacado especialmente. Precursora del estilo que posteriormente se conoció como heta-uma —que significa algo así como ‘malo pero bueno’—, que hace referencia al dibujo que en apariencia es tosco, garabateado y fallido según cualquier tipo de canon, pero que, sin embargo, cumple con su función de representar lo que quiere representar y de contar la historia al lector. En este caso, la de Yusaku Hanakuma, dibujada en 1999, nos cuenta un advenimiento zombi sucedido en Japón y vivido desde el punto de vista de dos camioneros practicantes de jiu-jitsu. Con todo lo inundado que está el mundo del cómic y el mundo audiovisual de este subgénero, es un mérito que Tokyo Zombie funcione bien no solo a fecha de hoy, sino también con casi veinte años a sus espaldas. ¿Las claves? Seguramente lo son sus altas dosis de humor negro y absurdo, su persistencia en dejar de lado las posibles consecuencias realistas del cansino holocausto fantástico y un desenfado general que permite que su autor cuente lo que le venga en gana. Un añadido de la edición de Autsaider es que acariciar su portada produce un efecto relajante. Hagan la prueba.

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El día de Julio, de Beto Hernández (Ediciones La Cúpula)

Viene siendo una tradición que en estas listas anuales incluya alguna obra de los Hernández. No es casualidad. Ni favoritismo. O bueno, quizás sí, pero también hay razones de peso. Los Hernández no dejan de producir obras interesantes, ya sean de los universos que han ido desarrollando a lo largo de los años o en novelas gráficas autoconclusivas. Hace tres años Beto Hernández nos sorprendía con una entrañable y honda reflexión sobre la infancia en Tiempo de canicas. Hace dos años, Jaime Hernández nos hacía llegar su Chapuzas de amor, una continuación de las historias del universo de Hoppers que dejó a más de uno escondiendo la lagrimilla. Y este 2016 nos ha dejado El día de Julio, de Beto, una crónica de una vida —realmente de muchas, ya que las de los Hernández suelen ser historias corales— desde el principio hasta su fin. En ciento dieciséis páginas, el autor consigue comprimir lo esencial y lo pasajero, las decisiones que tomamos y las que preferimos no tomar, así como recordarnos, mostrarnos, la fugacidad de la existencia. Aunque —según dicen— Beto detesta que lo comparen con García Márquez, en El día de Julio, como el colombiano, demuestra controlar con maestría el flujo del tiempo —qué enseñarnos y qué no— y dejarnos un poso que inevitablemente nos hace pensar sobre nuestras propias vidas.

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Chiisakobee, de Minetarô Mochizuki (ECC Cómics)

Una de las series de manga (cuatro volúmenes) más interesantes publicadas en 2016 ha sido esta adaptación de la novela de Shûgorô Yamamoto, con una factura gráfica impecable. El tema de la orfandad y el riesgo de la deriva posterior del individuo sin progenitores —un tema que otros mangaka de corte alternativo o seinen han desarrollado recientemente, como por ejemplo Taiyô Matsumoto en la también recomendable Sunny— se desarrolla aquí a través de la lucha de un joven carpintero, Shigeji, que tras la muerte de sus padres debe hacerse cargo de la empresa familiar. En esta tesitura, una joven ama de casa, Ritsu, también huérfana, entra a formar parte de la vida de Shigeji  junto con una pequeña horda de niños en la misma situación. La incertidumbre por el futuro y el salto a la madurez se tratan en esta obra y Mochizuki lo cuenta a través de las interacciones entre sus personajes, pero también de pequeños detalles, anecdóticos a primera vista, pero importantes en el conjunto global. Si el lenguaje corporal dice más que el discurso de las personas, entonces el autor se fija en todos ellos y es capaz de contarnos las interioridades de sus personajes, incluso ocultándonos sus caras constantemente, ya sea escondiendo sus rostros detrás del pelo o bien tirando de planos indirectos. Minetarô Mochizuki, que ya había convencido con otros géneros y estilos en obras como Dragon Head o Maiwai, sin lugar a dudas se ha ganado el corazón de los gafotakus con este drama intimista contado con trazo firme y elegante y enmarcado con unas composiciones de página equilibradas y medidas al milímetro.

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Todos somos cocinicas; de Xcar, Azagra y Revuelta (Editorial Cornoque)

Con el tercer libro de su serie de recetas en forma de cómic, «los cocinicas» firman el éxito y la consolidación de una obra que va camino de ser un clásico de la historieta contemporánea. Los autores por un lado toman el tebeo de temática gastronómica —que se ha vuelto popular estos últimos años con la proliferación de programas y realities culinarios— y lo fusionan con el tebeo de humor español de toda la vida con una cierta influencia de la casa Bruguera. De esta forma, Xcar, Azagra y Revuelta —junto con un buen montón de amigos invitados— no solo consiguen explicar el paso por paso de cómo se cocina un platillo determinado, sino también desarrollar un gag que termina con una resolución cómica bastante simpática. El resultado es un tebeo pedagógico y ameno, hecho en casa, para todas las casas. Y al mismo tiempo consiguen crear un libro que es un recurso a tener a mano, ya sea para sorprender a los invitados con un platazo de órdago como para resolver decentemente una cena solitaria con un bajo aprovisionamiento en la nevera. Cocina de olla, cocina de supervivencia, algunas especialidades extranjeras, postres… el repertorio es variado. Y a aquellos que dicen que, quitando los clásicos —Mortadelo y Superlópez—, ya no hay un tebeo de humor actual «de los de toda la vida» porque ya no se hace y porque ya no funciona en España hay que recomendarles inequívocamente esta serie. Quizás se lleven una sorpresa… y una alegría para el buche.

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Y además, Jot Down y la Asociación de Críticos y Divulgadores de Cómic de España, con la colaboración de diversos autores y autoras, repasamos los cien mejores cómics publicados este año en el Anuario de Cómics Esenciales de 2016, disponible ya en nuestra store.

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