Humor sin palabras y viceversa

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¿Quién no ha sentido alguna vez ganas de hacer el gesto de calzarle una hostia a un mimo? Solo el gesto, eh. Para interactuar.

Probablemente hay mucha gente que no ha sentido este impulso,  soy consciente de que es una manía personal, pero me hace ilusión pensar que siendo asertiva los lectores empatizaréis con mis cosas. A los monologuistas les funciona, con un simple “¿a que sí?” obtienen la connivencia del respetable, capaz de afirmar al unísono y entre risas que siempre que van a echar mano del papel higiénico en el baño de un bar después de haber ingerido un chocolate con churros y un vaso de agua resulta que se ha acabado el rollo. Nunca hay un espectador que se levante y diga: «pues no, a mí no me ha pasado, y muy tonto hay que ser para confiar en que haya papel higiénico en un baño público. Y más a esas horas”.

Yo aspiro a contagiaros de la misma forma mi aversión por los mimos, con entusiasmo y convicción en mi discurso.

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«…pero más triste es de robar».

El principal estigma de los mimos es su aspecto físico. El mimo es  delgado, famélico me atrevería a decir. No se ha conocido mimo gordo. Se ve que no hacen camisetas ajustadas de rayas en tallas grandes y en caso de coger kilos pasan a ser payasos. Todos sabemos que las personas gordas son más afables y felices —¿a que sí?— mientras que los delgados son mala gente que tiene montado un lobby para hacer a la gente que usa una talla grande vestirse como payasos. No contentos con la falta de fibra muscular, los mimos se regodean en su aspecto demacrado pintándose la cara de blanco y unas cruces en los ojos. ¿Es necesario profundizar en este asunto para entender que un mimo no puede traer nada bueno?

Por otra parte está su actitud. Hay dos tipos de mimos: el activo y el pasivo. El pasivo, el que solo se mueve por dinero. Reconozco que despierta cierta simpatía en mí; alguien que cobra por cambiar de postura merece todo mi respeto. Donde digo “simpatía” pienso “envidia”. El activo por el contrario es ese tipo de mimo con el que sientes la necesidad  de tener dos palabras, con la ventaja de decir tú las dos. Es ese mimo que persigue a la gente imitando sus andares, ese mimo que toca, es mimo que invade tu espacio ofreciéndote una flor. ¿No ves que me estás dejando en ridículo delante de toda esta gente? Estate ahí quieto hasta que te echen un euro.

Por último está su aptitud. ¿Lo de la pared invisible es asignatura obligatoria en mímica? ¿Para qué tocas la pared? ¿Además de mudo estás ciego? ¿Estás intentando hacer como que eres una salamandra? ¿Tú has visto a alguien acariciar el gotelé?  Solo cabe esperar que si se trata de la cuarta pared, no encuentre el hueco para atravesarla.

Sé que puedo estar siendo subjetiva, cabe esa remota posibilidad, y que tal vez me esté remitiendo a tópicos, que es bien posible que haya mimos gordos, mimos negros e incluso alguno que ponga una nota de color en su vestuario (si es rojo tendremos a Freddy Krueger ) y que además de la pared invisible la mímica ofrece un rico abanico de matices interpretativos; se me ocurre a bote pronto el gesto de la maleta pesada que, despojada de los prejuicios que me hacen pensar  que un tipo con ese aspecto no puede llevar en la maleta otra cosa que no sea un cadáver, es un alarde de expresividad. ¿A que sí?

Por poner la nota positiva señalaré que hay algo más turbador que un mimo detrás de una pared transparente, su antagónico: el charlatán delante de la pared de ladrillo. ¿A que sí?

Nota: Ningún mimo resultó herido durante la redacción de este artículo. Pero ahora ya tengo las manos libres.

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13 comentarios

  1. Hagarculo

    ¡Pero que poco alcance! No existen los mimos gordos porque cuando se apoyan en la pared invisible la acaban rompiendo …

  2. El Mimo se denomina tambien «Arte del Silencio», porque a menudo escapa a la idioncia de los individuos. Forma parte de la lengua comun; aquella que hablamos, o hemos hablado todos en alguna ocasión. No es un lenguaje o un idioma. Tampoco se expresa en categorias, y no inventarón la cuarta pared, la invento Velazquez, y luego Stanilauski, la elevo a categoría de principio estético. Los Mimos son artistas silenciados, unas veces por las incoveniencias del poder, otras por la torre de Babel; que hicierón de su silencio, un Arte Universalmente reconocido. Cosa que no ocurre con la ignorancia, que se atreve a opinar con palabras, aquello de lo que no sabe. Alto, bajo, gordo o flaco, son categorias que se expresan, según un comportamiento, o una actitud. En el Mimo hay movimiento y también quietud, rara vez, mentiras.

    • Sacrebleu

      Estimado Marcelo, desde la admiración que profeso por el silencio, he de decirle que el diseño de la página web de Mimoarte ( empresa de mimo que tan amablemente usted nos facilita junto a su nombre) no ayuda en nada a desterrar del imaginario al mimo digamos… inquietante, como usted mismo define en dicha web.

  3. Estoy con usted, amiga; los mimos dan cosica. No lo digo en público porque siempre hay quien se lo toma por la tremenda y te echa speeches y filípicas solemnes aunque intercalando palabras como idioncia y Stanilauski. Pero lo pienso.

    Y es que no se puede decir, ¿verdad que no? Porque se te echan encima las asociaciones de. Le diré, como nota ilustrativa, que hace poco hubo un spot (excelente, por cierto) de Carrefour en el que mentaban la poca vigencia de los títeres, y ¿a que no sabe qué? Que se les quejaron los de la asociación española de títiriteros profesionales (o algo así) por vejar con tan poco miramiento su muy respetable gremio. Yo, de verdad, nunca entendí que gente dedicada al humor tenga, de hecho, tan poco sentido del.

  4. Oswald

    La peineta de Aznar si fue un lenguaje universal. Mimos no, nuclear tampoco.

  5. Oswald

    ¡Blanquito! ¡SOS VOS!

  6. Gándalf

    Uno de los cortos de la película Paris, je t’aime está protagonizado por una familia de mimos. Es uno de los mejores cortos de la película y el padre-mimo es gordo y la madre-mima también. Son simpáticos y risueños en general.

    Quizá si ves ese corto, se te quite la aversión a los mimos, que son algo muy fácil de odiar, sí.

    Cinco minutitos:
    http://www.youtube.com/watch?v=IY3gD85JZLY

  7. Corle

    El odio al mimo se lleva en el ADN: no hay crema con radicales libres y retinol que pueda llevarse por delante un odio tan enraizado.

  8. Pingback: Humor sin palabras y viceversa

  9. ODIO A LAS PESIMAS ESCRITORAS

    Verdad que no todo el mundo sabe escribir artículos en revistas sin hacer burla barata ??

    Un mimo te puede gusta o no, pero de hay a que quieras pegarle… sabes que ? Hitler mato a mucha gente por que no le gustaba su aspecto….

    » ¿Lo de la pared invisible es asignatura obligatoria en mímica? ¿Para qué tocas la pared? ¿Además de mudo estás ciego? » ja. ja. ja.

    Retírate del humor

    Nota: espero no verte por la calle, que ahora tengo las manos libres.

    • Rantanplán

      Sí señor, un Godwin de libro, ya no se ven muchos así. Por no mencionar lo mal que queda hablar de «pésimas escritoras» y luego confundir «hay» con «ahí», entre otras muchas patadas al diccionario, la ortografía y la gramática.

  10. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Arsenal imposible (I)

  11. Pingback: En las tripas del monstruo: los actores invisibles

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