El silencio tras el disparo

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Los jóvenes europeos que alcanzaron la mayoría de edad en los años 70, hijos del Welfare State, bien alimentados, cultos y ociosos, se subieron en marcha al refulgente tren del ideal en busca de peligro, adrenalina y justicia aboluta. El marxismo les pertrechó de respuestas ante cualquier inquietud y, sobre todo, puso en la diana al enemigo absoluto que creaba injusticias, hambre, pobreza, desigualdades: el capitalismo. Al comienzo de El silencio tras el disparo (Volker Schlöndorff, 1999), una célula de la RAF comete atentados en Berlín y en París, se esconde de las autoridades, discute acerca de la lucha de clases, vive peligrosamente. Perseguida por la policía de media Europa, ha de buscar refugio en la otra media: el bloque comunista. El servicio secreto de la República Democrática Alemana da cobijo a los jóvenes y les proporciona nuevas identidades. Pero el grupo de separa: una de ellos, Rita Vogt (Bibiana Beglau), quiere abandonar la lucha armada (vulgo terrorismo), por lo que decide permanecer en la RDA. Los demás marchan al Líbano.

Paradójicamente, es en el paraíso del socialismo real donde Rita lleva una vida más burguesa. De los días a salto de mata, montando bombas y con una pistola en la cintura, pasa a un apartamento como había millones al otro lado del telón de acero, a un trabajo repetitivo y alienante, a salir de fiesta y emborracharse los fines de semana. Las orejeras de la ideología, tanto más eficaces por cuanto responden al convencimiento propio y no a condicionamiento externo alguno, le impiden ver la aplastante grisura de la vida en un país socialista, la carencia de espectativas, el estrangulamiento de las libertades, la omnipotencia de los servicios secretos. Los nuevos compatriotas de Rita no comparten su optimismo: han vivido desde siempre en las entrañas del comunismo y tienen claro que, si no es el infierno en la tierra, se le parece bastante. Muy ilustrativa a este respecto es la escena de la colecta: el Estado organiza una recaudación de fondos, para alguna causa revolucionaria en Latinoamérica, en la fábrica donde Rita trabaja. Las donaciones son escasas o nulas excepto por Rita, quien aporta una cantidad bastante elevada. Sus compañeras la miran como a una idiota. ¿Acaso no sabe que ese dinero no llegará nunca a su destino, que la colecta es otra burda maniobra del Estado para recaudar dinero? Rita se escandaliza: ¿realmente dudan sus compañeras de la honestidad del gobierno comunista?

El tiempo pasa y Rita cambia de nombre y de trabajo cuando su verdadera identidad corre peligro de ser revelada. Se reencuentra con antiguos compañeros de lucha pero no tienen nada que decirse. Llega el año de 1989 y se derrumba el comunismo. Rita sigue en busca y captura por terrorismo y ya no hay nadie que la proteja y esconda. El final de la película, a pesar de su dureza, se me antoja lleno de optimismo: poco a poco caen los regímenes dictatoriales y los criminales se quedan sin países a los que huir. Una justicia común va imponiéndose a trancas y barrancas.

A pesar de la caída del socialismo real, lo que no parece caer es el izquierdismo trasnochado que movía a Rita (aunque mucho más consecuente que el que se observa hoy, todo hay que decirlo). Como colofón de la película propongo una escena de la excelente Irma Vep (Olivier Assayas, 1996) en la que un grupo de cineastas de izquierda, ya talluditos, observan las imágenes de un film “comprometido” a golpe de La era está pariendo un corazón, de Silvio Rodríguez. Un viaje en el tiempo sin Delorean ni nada.

http://espitolas.blogspot.com/

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One Comment

  1. Buenas. Creo que no has entendido la media hora final de la película. En tu artículo hablas de blancos y negros, pero la película muestra como pocas los grises a la hora de comparar la ideología y la realidad.

    En ese sentido, no es más crítica con el bloque oriental que con el occidental, pues en todo caso enseña las miserias desde dentro pero también habla de lo diferente que es valorar lo que tienes cuando estas aislado de lo opuesto, y esta última reflexión la hace en ambas direcciones a través del contraste entre Rita y sus compañeras de trabajo.

    De todas formas veo que defines tu posición ideológica al comienzo de tu última párrafo, siendo además peyorativo con la opción contraria, así que es normal que la ideología no te haya dejado analizar correctamente la película, quedándote solo con las cosas que refuerzan tu opinión. Aunque eso sí, ello no deja de ser irónico, puesto que de eso trata la primera hora y pico del film, de como la ideología puede nublarte la vista.

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