Confieso que llegué a descubrir Broadcast muy tarde. Es por eso que ni pretendo dar una lección de conocimiento respecto a la banda, ni a descubrirle el agua caliente a todos aquellos que llevaban mucho tiempo siguiendo al desparecido grupo. Simplemente sirvan estas líneas como homenaje a Trish Keenan en el primer aniversario de su muerte, ya que hace un año me hubiera gustado haber leído mucho más de esta formación que aún a día de hoy me siguen sorprendiendo como la primera vez que escuché algo suyo.
Meses antes de asistir a la primera edición del Sonariño da Coruña, un amigo me dijo que Broadcast serían las estrellas des festival aunque no fuesen cabeza de cartel. Yo, que jamás había oído hablar de ellos, me puse a buscar algo suyo y así fue como di con el Tender Buttons. Un disco de electrónica como nunca antes había escuchado, consiguiendo hits potentes con sonidos de lo más dispares y bizarros, sin llegar a resultar estridentes, sino totalmente lo contrario: puramente melódicos e incluso con un toque melancólico. Gemas a descubrir como I Found the F, Black Cat o America’s Boy.
Y fue el día del concierto y allí estaba ella, Trish Keenan, de riguroso blanco en un auditorio cerrado a cal y canto. En un primer pase, junto con su compañero de grupo, se dedicó a proyectar visuales en b/n y a jugar con las distorsiones creando atmósferas de sonido y tomándose su tiempo para tal tarea. Ni una sola luz en el resto de la sala, más allá de la pantalla y su vestido blanco en el que se reflejaban esas imágenes, como si ella formase parte de ese mismo entramado de luz y sonido, como si en realidad ella fuese otra proyección más que se esfumaría al volverse a encender las otras luces, las del auditorio.
Meses después prácticamente me pasaba el día escuchando el Tender Buttons y también el Haha Sound, sobre todo la preciosa melodía de Colour me in. Siempre sentí que esos álbumes eran algo que más que canciones en el iPod, como si desprendieran una energía que percibía pero no era capaz de comprender. Incluso llegué al punto de, cada vez que algo malo me ocurría, preguntarme si esas canciones únicas e irrepetibles podrían estar malditas, buscando los dobles sentidos en las letras de los últimos temas que había escuchado, una señal que confirmase la disparatada teoría del grupo que me obsesionaba desde el festival.
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Trish nos acompañaba en los últimos 90 pero nunca los ví en directo. Su anuncio para el Primavera fue un aliciente para no faltar a la cita un año más. La noticia me dejó entre la perplejidad, la tristeza y la frustración. Ya nunca más habría Broadcast, ya jamás podría verlos en directo. Se cerró de golpe una página de mi vida con sus canciones de fondo. Gracias por el artículo Jairo. Para algunos de nosotros fueron muy grandes, y lo siguen siendo.
Gracias a ti por el mensaje, Silvia. Lo siguen siendo y así seguirán. Un saludo.
Dolorosa pérdida y acertada crónica de una de las mejores voces del panorama moderno.
Para los que no hayan visto al grupo en concierto, corre por la red uno suyo en la radio francesa realmente delicioso. Busquen por «Black Session» y lo encontrarán fácil. Como documento sonoro, inmejorable
Su muerte me devastó…
Denle un vistazo a esto:
http://thedecibeltolls.com/trishs-mind-bending-motorway-mix-and-live-archive/
Hermosa evocación Jairo, yo los escuché en tiempo a partir de Noise made, gracias a causalidades de encuentros y fiestas de Bs As. Desde un primer momento me interpelaron de una manera muy fina y sensitiva. Las atmósferas, tan personales, las referencias sumamente tamizadas por un tiempo diferente, y ella con un hipnotismo bellísimo, único. Qué bueno que hayan editado todo en vinilo, ha sido algo así como aliviar un cierto ahogo. Tan pocos lo disfrutaban por aquí. Pero su música ya está entre nosotros, y sigue viajando por sí misma. Gracias Trish, y su compañero. Saludos