José Antonio Montano: El formato es el mensaje

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Con los depósitos audiovisuales de la red uno puede montarse historias instructivas en un rato. Historias a las que podría haber asistido en su tempo normal, de haber estado pendiente, pero que la compresión refuerza. Yo el jueves me armé una, con piezas que se emitieron el lunes. El protagonista fue Javier Sardá, uno de los individuos que más ha contribuido al envilecimiento de este país (con gran satisfacción de este país). Ahora escribe libros. El nuevo se titula Mierda de infancia y en él refiere los difíciles primeros años de su vida, creo que hasta los treinta. Me enteré por el primero de los dos elementos audiovisuales de esta historia: la entrevista que le hicieron en la SER Gemma Nierga y Juan Carlos Ortega (este último, por cierto, no un envilecedor, sino un ennoblecedor de todo lo que toca: no hay hoy humorista más fino —ni más culto— que él; su descubrimiento por Sardá hay que restárselo a la tarea envilecedora de Sardá). La entrevista es emocionante. Sardá, cobijado por Nierga y Ortega, y por el formato tranquilo, cuenta sus desgracias infantiles, que fueron muchas; aunque sin caer en el lamento: destacando también lo bueno que hubo, sobreponiéndose. Ortega lee un párrafo del libro, cuya escritura es flojita pero que describe una imagen impresionante: el niño Sardá está en un tiovivo; ha perdido a su madre a los ocho años y siente angustia de perder también a su padre; el tiovivo da vueltas y a cada vuelta el niño piensa que el padre no va a estar… Bien, la entrevista termina. Nosotros, oyentes, estamos conmovidos (al fin y al cabo, la historia es verdadera; al fin y al cabo, Sardá es «un gran comunicador»). Sabemos lo importante que este libro es para Sardá. En el curso de la entrevista, este ha contado que se encuentra en Madrid porque esa noche va a estar en la tele, en El hormiguero. Así que después del podcast radiofónico me busco el YouTube televisivo.

Ni Sardá ni el libro son tomados en serio en ningún momento. Dominan el estruendo, el grito, la crispación lumínica, el vaivén. Domina, exactamente, el envilecimiento que entre nosotros hizo triunfar Sardá (tras el pionerismo algo patético, y chapucero, de Pepe Navarro). El resultado es algo así como cuando a un terrorista le explota la bomba que llevaba: de pronto Sardá se da de bruces con su formato. Acude con su libro emotivo y el formato lo tritura. Motos enseña la portada, con la carita del niño Sardá, y el público se ríe. Luego hablan de pedos. Sardá, naturalmente, no se deja apabullar: conoce (¡cómo no!) el medio y se pone gallito, trata de autoironizar, se muestra dinámico, sport; se enrolla. Pero como acabamos de escucharlo en la radio sabemos cuál es en ese instante su realidad: la del payaso triste que cuenta sus desgracias y el público se descojona. Mierda de formato.

 

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20 Comentarios

  1. Muy bueno. Artículo corto pero que demuestra muy bien hasta dónde son capaces de arrastrarse determinadas personas para una autopromoción que además, en el caso de Sardá, no necesitan.
    Esto no hace sino demostrar el respeto que algunos tienen de sí mismos.

  2. Está claro que Sardá se equivoca llevando su libro al Hormiguero. Pero a la vez, ese remedo de lo que le pasó a Umbral-Milá, es un buen reclamo. Motos necesita del espectáculo y la risa y como no había gran cosa se agarró al pedo, que es una cosa que suele animar bastante las sobremesas familiares cuando decaen.
    Como siempre, Jose Antonio, de lo más brillante de la red. Su entrada del blog «es lo mismo el PSOE que el PP» debería estudiarse en las escuelas de periodismo. O qué digo; en las escuelas.

  3. Buen articulo Sr. Montano. Este Sarda está en el origen del envilecimiento de la TV. Será estudiado y puesto en su sitio con el tiempo. ¿Para cuando una novela porno, que es de lo que verdaderamente usted sabe?

  4. Magnífico artículo. No me resisto a un apunte sobre ese “exactamente” que usted emplea en el último párrafo a propósito de las respectivas derivas de Sardá y Motos; los términos “vil”, “envilecimiento”, tienen, quizá paradójicamente, cierto poder sugestivo que evoca realidades complejas, graves. Son perfectamente adecuados en el caso de Sardá, sin duda. Pero creo que le vienen muy grandes a un programa como “El Hormiguero”. No, no es exactamente igual. El de Sardá fue, por decirlo de algún modo, un envilecimiento adulto. El del Motos se ha quedado en la adolescencia. Siguiendo con su símil, me temo que “El Hormiguero” es a “Crónicas marcianas” lo mismo que los jarraitxus a sus mayores. Ni a viles llegamos ya.

  5. Amigo Montano, usted siempre escribiendo las cosas como a mí me gustaría. Es lo que tiene carecer de presupuesto intelectual.

  6. Pues el tal Ortega, partenaire ocasional de la Nierga, será un erudito en todas las materias habidas y por haber, un Aristóteles de nuestra era, y no negaré que ha tenido sus momentos brillantes, lo que Vd. quiera, pero plagia demasiado, se repite más que el ajo (lleva 20 años rotando 20 sketches y practicando el trasvase de una emisora a otra), se cree más genio que Groucho y normalmente es bastante gilipollas en el trato personal. Todo lo que dice de Sardà es la pura verdad, suscribo. Un mal bicho.

    Ahora Javierito nos cuenta sus desgracias de infancia para redimir sus muchos pecados? Qué ocurre en la taladrada conciencia de Javierito?

  7. Respecto al envilecimiento propagado desde la pantalla, Sardà y Arús se reparten las culpas.

    Se tienen un odio sarraceno, claro.

  8. Bien visto, Montano, bien visto. También le digo que estoy con Albert: El Hormiguero está, como envilecedor, a años luz de Crónicas Marcianas.

  9. Cuando expreso que $ardà y Arús se reparten las culpas, me refiero, claro está, a la primera hornada de infamias catódicas. Motos ha llevado a su terreno el formato de crónicas, poco más. Su estridente Hormiguero, por el horario de emisión, por el público al que va dirigido, es bastante más dañino que el engendro de los Trincos & Sardà.

  10. Gracias, amigos. Yo la verdad es que del Hormiguero solo he visto ese fragmento de Sardá y acabé mareado. Ese Motos me resultó cargante. Por otra parte, quisiera añadir que yo también me lo pasaba pipa con Crónicas, como todo el mundo. Insisto en que con eso de «con gran satisfacción de este país» quise descargar de culpa a Sardá: es responsable, pero no envileció a nadie que no se quisiera envilecer. En cuanto a Ortega: llevo bastantes años escuchándole los sketchs y siempre me sorprende. Claro que tiene un esquema: pero lo utiliza bien; con las variaciones adecuadas. Yo por otra parte, como bernhardiano, admiro el arte de la repetición.

  11. Totalmente de acuerdo con «Javier Sardá, uno de los individuos que más ha contribuido al envilecimiento de este país»

  12. Usted, Olga, es un tanto impertinente. De lo de «arte de la repetición» se ha fijado usted solo en lo segundo: pero olvida lo primero. La repetición mecánica, sin más, no vale: ha de ser llevaba a cabo con arte. Cosa que cumplen Ortega y Bernhard. (Y yo también, cuando me pongo.)

  13. Las fuentes que inspiran El Hormiguero están más cerca de las películas de Kusturica que de Crónicas Marcianas. Me parece.

  14. Juan Carlos Ortega es uno de los poquísimos cuerpos estelares con la densidad suficiente para atraerme a su campo gravitatorio. Naturalmente, como todos los «genios», tiene poco que hacer a nivel de triunfo masivo y popular; hay mucha gente que no entiende su humor e incluso lo encuentran antipático, como alguien más arriba ha comentado. Recuerdo su aportación como guionista y voz activa en «La Ventana», ese programa radiofónico en el que Sardá nos tenía a muchos engatusados todavía. Faltaba algún tiempo para llegar a ese horror televisivo de «Crónicas». Decía que la impronta de Ortega se manifestaba poderosa. Una tarde, estaba invitado Luis Eduardo Aute y se destesticulaba literalmente del guión y los chascarrillos en los que Juan Carlos y el Sr. Casamajor le involucraban. Como el chiste del náufrago en la isla con Claudia Schiffer. Se lo pasó en grande, Aute. Otro tío que me cae de maravilla, él y lo que hace; igual que Juan Carlos Ortega.

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