30º Salón del Cómic de Barcelona

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Desde el pasado 3 al 6 de mayo, Fira de Barcelona abrió las puertas de su palacio más extenso, el octavo, para dar cabida al trigésimo salón dedicado al noveno arte en la ciudad condal.

Soy consciente de que con este despliegue numérico me arriesgo a dormir prematuramente al lector y con ello enterrar estas crónicas, dirigidas a hablar de los autores, obras y mesas de debate comprendidas en el evento. Pero parecía una buena forma de prepararlo para el baile de datos con el que se ilustran los méritos de esta edición del salón. O lo que podría llamarse las buenas noticias.

La primera cifra relevante a la que se acude para dictaminar el éxito o el fracaso de una edición es el número de asistentes. Según Ficómic, hasta 108.000 visitantes se han dejado caer este año, superando la cantidad del año anterior que rondaba los 100.000. El número de invitados desde el extranjero, entre autores, editores y figuras asociadas al mundo del cómic o a la cultura popular tampoco era escaso: rondaba la cincuentena. Además, hubo plena ocupación de los stands, con un total de 116 expositores. Eran numerosos los espacios dedicados a exposiciones, desde el pasillo central que divide el recinto ferial hasta sus cuatro esquinas. Destacaba también el número de actividades relacionadas de alguna manera, digamos sinérgicas, con el mundo del cómic: cine, videojuegos, música, merchandising, juguetería y similares quedaban allí representados. Todo ello acompañado de la habitual proyección en los medios de comunicación, que se hacían eco del buen devenir de los actos del salón.

Pero ¿hubo deméritos? Finalizado el evento, un número considerable de autores españoles y asistentes varios manifestaron una sensación de disconformidad recogida en blogs, webs y sus respectivas columnas de comentarios con algunos de los enfoques planteados por la organización, acompañándola de críticas específicas, algunas de ellas referidas no sólo a esta edición en particular, sino a la línea que ha ido adquiriendo el evento a lo largo del tiempo. Entre estas, destacaba notablemente la poca visibilidad e importancia otorgada a los autores españoles y sus obras, el exceso de comercialidad en los stands expositores particularmente en los que tenían una conexión muy lejana, si es que la había, con el mundo de la viñeta y, en general, el efecto invasivo de las mencionadas sinergias que, si bien podían llegar a hacer mucho salón, hacían más bien poco cómic.

En esta serie de artículos nos ocuparemos tanto de los puntos fuertes del salón como de los aspectos que merecerían una especial revisión. Pudimos asistir a 12 de las 19 mesas celebradas en la sala de actos, de las que reseñaremos las más interesantes, entre temáticas, metodologías y autorías de novela gráfica, desembarcos superheroicos, homenajes necesarios y aniversarios pertinentes; de estos últimos, este año estaban de celebración dos publicaciones referenciales como Cavall Fort (50) y El Jueves (35); y dos personajes de gran calibre, si bien de mundos diferentes, como Spiderman (50) y Torpedo (30). Igualmente, dedicaremos un espacio al mundo de la fanzinería y a algunas clases magistrales celebradas en el espacio de la Escola JOSO, y contaremos con una selección de obras recomendadas por varios de nuestros redactores.

Autores de tinta y papel, en carne y hueso

Un año más, Ibañez podía jactarse de tener la cola más larga del Salón

En las semanas previas al salón, Ficomic fue anunciando paulatinamente la participación de autores extranjeros. Con alguna baja relevante como la del canadiense Guy Delisle que de todas formas acabó por acercarse a otro acto en el Instituto Francés—, nos iban llegando los diversos nombres que acudirían al encuentro de este año. Fue cuando menos singular la noticia de la presencia de una comitiva de autores chinos, que daba lugar a la categoría de país invitado de forma destacada dentro de los espacios del salón. Más singular si cabe fue el anuncio de la asistencia de varios actores secundarios, más bien tirando a terciarios de la saga original de Star Wars, lo que hacía presagiar un desequilibrio en la naturaleza híbrida del salón barcelonés, que tiene voluntad de ser un tercer camino entre el modelo europeo y la Comic-Con americana. Finalmente, a unos 10 días de la apertura del evento se anunciaba un desembarco masivo de personalidades del mundo de la historieta.

Empezando por la sección europea, Italia y Francia traían variadas expediciones que incluían autores como Alessandro Barbucci, Max Frezzato, Tanino Liberatore, Enrico Marini y Milo Manara entre los italianos y Aude Picault, Baru y George Bess entre los galos—, por citar algunos de ellos. Solo David Lloyd y Mark Buckingham aterrizaron desde tierras británicas, pero fueron infatigables durante su estancia en el salón, firmando y dibujando incluso en horas extras. De otros puntos de Europa llegaban también personalidades destacables, como Joost Swarte, Ulli Lust o Gregorz Rosinski.

El mundo del cómic superheroico americano tuvo una fuerte presencia este año a razón del lanzamiento en España del Nuevo Universo DC, representado por autores como Greg Capullo, Scott Snyder, Rags Morales y algunos de sus editores. Sin embargo, también hubo espacio para autores estadounidenses de obra más personal, como Craig Thompson o Julia Wertz. Y para creadores que reparten su tiempo entre los proyectos personales y los trabajos de encargo, como Greg Rucka o Jen Van Meter. También hubo lugar para alguna que otra leyenda del underground como el gran Gilbert Shelton.

Por otra parte, el cómic latinoamericano, desde Argentina, nos acercaba a Óscar Grillo, Gabriel López Doynel y Enrique Breccia, con los que se contó para el homenaje en recuerdo de Francisco Solano López. China, a su vez enviaba a varios autores de renombre en su país como Andy Chen, Lotulist y Chen Weidong y algún internacional como Benjamin. Finalmente, desde Japón, nos llegaba una visita anunciada a bombo y platillo: la del autor de Mazinger Z, Go Nagai.

¿Y los autores españoles? Bueno, es cierto que andaban por allí. Alrededor de 150 profesionales de la viñeta se personaron vía sus respectivas editoriales. Sin embargo, no se anunció la presencia de ninguno de ellos antes de la apertura del salón, más allá de la publicación de los horarios de firmas en stands. La sección de autores en la página de Ficomic quedaba así ceñida únicamente a las firmas extranjeras. Si bien es cierto que se contó con algunos de ellos en las diversas mesas de debate, sí que se echó en falta, tanto en las charlas como en las actividades en general, un reflejo de los avances (o retrocesos) del tebeo en nuestro país: una mirada al presente y quizás también al futuro en términos de novela gráfica, desde la autobiografía, las ficciones de la realidad, las fábulas cotidianas o extraordinarias, la parodia o el humor en general o incluso los experimentos con los géneros y otros híbridos, temáticas que han dado interesantes obras estos últimos años y que parecen ser el hogar creativo de muchos de nuestros autores. A pesar del escaso espacio dedicado a esas corrientes dentro del programa, un gran elenco de autores apareció por el salón. Tuvimos a los clásicos e incansables maestros del humor Ibáñez, JAN, Ramis y Cera; a autores mediáticos como Aleix Saló o Juanjo Sáez; a internacionales de las mallas y la capa como Pere Pérez, Miguel Ángel Sepúlveda o Pepe Larraz; y plumas de trabajo más personal como David Rubín, Rubén del Rincón, Mireia Pérez, David Sánchez, Alfonso Zapico, LuisD, Hernán Migoya o Nacho Casanova. La lista es enorme y continúa con autores para todos los gustos: Max, Rubén Pellejero, José Domingo, Esteban Hernández, Alfonso Azpiri, Carla Berrocal, Juan Díaz Canales, Juanjo Guarnido, Jorge de Juan, Miguel Brieva, Jordi Bernet, Sebas Martín, Kim, Manuel Bartual, Albert Monteys, Manel Fontdevila… De entre todos estos, quizá la asistencia más sorprendente fue la de Santiago Valenzuela, premio nacional del año pasado por Plaza Elíptica, de la serie Las Aventuras del Capitán Torrezno, que se acercó a Barcelona como un visitante más, huérfano de editorial o de organización que le acogiera y contara con él para algún tipo de acto. Ese fue uno de los fallos graves de la edición de este año y no tiene explicación posible.

Los robots y el salón ‘ciborg’ del cómic

Uno de los androides que circulaban por el Salón del Rob… digo, del cómic

Así como el año pasado los zombis invadieron el salón, ahora el turno fue para los robots, elegidos como trasfondo temático en la edición del presente año. Coronada esta por la visita de Go Nagai, el autor nipón tuvo un breve encuentro con los fans en el recinto del Palacio de Congresos donde explicó al público algunas claves del éxito del gigantesco robot, desde su origen nacido del hastío de un atasco automovilístico cotidiano—, al motivo de las colosales batallas que quieren ser, más que violencia cruda, un reflejo del espíritu de lucha del ser humano, junto con algún punto picante proveniente de la obra que le precedía, Harenchi Gakuen.

En cuanto a las sección expositiva, uno de los pabellones más grandes del recinto alojaba el espacio Robots en su tinta que bajo el tema del paso de la ficción a la realidad, recalaba muy anecdóticamente en la presencia de estos en el campo del tebeo y los mundos de ficción en general la franquicia Star Wars se llevaba la mayor parte del protagonismo para acercar al visitante los últimos avances en robótica real. Que exista un espacio de divulgación científica en cualquier evento siempre es un acierto positivo, y el acto de hermanar un campo de la ciencia y otro del arte es más que entrañable, pero la verdad es que el tema fundamental del salón, que es el cómic, desaparecía a ojos vista aun cuando se intentaba mantener su esencia muy tímidamente, combinándolo con algún concurso de cómic en escuelas al punto de que ciertos espacios y charlas podrían haberse llevado tal cual a un salón sobre robótica o ciencia en general, sin modificar apenas sus contenidos. Su acoplamiento al salón del cómic daba realmente la impresión de que al cuerpo físico del salón de la historieta le hubieran cortado un brazo para colocarle un injerto mecánico, convirtiéndolo así en el primer salón ciborg del cómic.

Las mesas redondas también tuvieron su cuarto y mitad de robots. La sala de conferencias en la que se suelen presentar novedades editoriales y se celebran las jornadas sobre el cómic como herramienta pedagógica acogía también tres mesas relacionadas con los robots, ninguna de ellas sobre tebeos: una trataba de videojuegos y dos sobre robótica. También se celebraron otras dos mesas relacionadas con la franquicia cinematográfica de las galaxias, una sobre constructores de réplicas de R2D2 y otra dedicada a los actores asistentes.

En cuanto a la sala de actos espacio que acostumbra a acoger los debates más interesantes del salón—, allí se celebraron otros dos eventos alrededor de la figura del robot esta vez sí en el cómic y en el cine. De nuevo, en el caso de la segunda mesa, el tema estrella nos derivaba a otros asuntos fuera de la viñeta. Y en el caso de la primera, de la que cabía esperar una mayor amplitud y profundidad, también tuvimos taburete de dos patas: gran parte de la charla fue dirigida hacia el universo Star Wars a razón de sus androides de los que se habló lo justo, a pesar de que sus roles son más que interesantes como contrapunto cómico de la acción principal o como excusa para narrar otras historias paralelas—, para explicarnos la estructura de la saga y la complejidad de su cronología. Solo otro androide asomó la cabeza, el Carlitos Fax de Albert Monteys, allí presente. Pero en general, es de lamentar que el coloquio fuera un monográfico sobre una obra, en especial estando presentes en el salón dos de los autores que han tratado el tema de los androides de forma muy diferente, pero por alguna razón u otra no se contó con ellos para el debate. Nos referimos, por un lado, a Tanino Liberatore, el artista gráfico de RanXerox, obra que lleva el nombre de un androide de culto del tebeo: un engendro mecánico, salvaje y violento, construido a partir de una fotocopiadora en una Italia futurista y distópica; por otro lado, hablamos de Alessandro Barbucci, cocreador y dibujante de Sky Doll, la historia de una androide construida para el placer sexual que trata de escapar al destino que le ha dado la sociedad religiosa y corrupta en la que ha sido construida.

Sin alejarse del tema comercial, también hubiera podido hablarse del robot en el cómic-book de superhéroes. El segundo personaje característico del momento pre-Marvel (Timely Comics), la primera Antorcha Humana, era un androide sobre el que se volcaba el arquetipo del personaje temido por ser diferente a los demás pero, a su vez, heroico. Y fue el primero de una serie de androides —paladines o villanescos que han nutrido el mainstream de las mallas. Pero esta otra figura, como tantas otras, también quedaba en el aire.

En resumidas cuentas, podría decirse que el año pasado los zombis devoraron mucho menos el salón que sus predecesores metálicos en este. Y llegamos a la conclusión de que colocar un tema de fondo en el evento puede convertirse en una enorme espada de doble filo. Si sirve para traer a leyendas del cómic y la cultura popular como Go Nagai o para acercar un poco de divulgación cultural y científica al público, es un acierto; pero si a su vez altera la carta de navegación hacia otro puerto distinto del de la historieta, la estocada puede ir directa a algún órgano vital.

Premios del salón 2012

Este año, los premios del salón veían incrementadas sus dotaciones económicas a la par que desaparecía una gran variedad de categorías. Desaparece tanto la categoría de mejor dibujo como la de mejor guión, así como las de mejor película basada en cómic, mejor librería, mejor revista de cómic y el premio a la divulgación. Por su parte, toda la rama de premios populares que carecía de dotación quedaba reducida solo a la mejor obra por votación popular.

El Gran Premio del Salón de este año fue a parar a manos de José Ortiz dibujante de Hombre, la historia del antihéroe que da nombre a la obra, un duro superviviente en un mundo posapocalíptico con toques de western.  José Ortiz vivió sus inicios en el mundo de la historieta en pleno auge del cuaderno de aventuras en España, como ayudante de Manuel Gago y dibujante para Maga, Toray y Bruguera. Pero en los sesenta vería la salida de su arte al ámbito internacional para el mercado británico o el americano, con obras de temática más adulta y géneros como la historia de terror o la ciencia ficción. En los ochenta, en pleno apogeo del cómic para adultos, crea con Antonio Segura a los guiones, Hombre, su obra más reconocida internacionalmente, que se vería publicada en K.O. Cómics, de Ediciones Metropol codirigida por él mismo o en la revista Cimoc en su segunda época.

Las restantes obras ganadoras, de las que veremos comentarios en los subsiguientes artículos de esta serie son:

Mejor Obra de Autor Español: Aventuras de un oficinista japonés, de José Domingo.

Mejor Obra Extranjera: Arzak, el vigilante, de Moebius.

Mejor Fanzine Español: Usted, de varios autores, coordinado por Esteban Hernández.

Mejor Autor Revelación: Lola Lorente, por Sangre de mi sangre.

Mejor Cómic por Votación Popular: Lágrimas en la lluvia, de Damián Campanario y Alessandro Valdrighi (basado en la novela de Rosa Montero).

Por su parte, la Asociación de Autores de Cómic Español también hizo entrega de algunos galardones. En este caso fueron para Juanjo Guarnido (Blacksad), por su “trayectoria profesional a lo largo del año pasado”, para Juan López Fernández, JAN (Superlópez), por “toda una carrera dedicada al cómic” y a Manuel Barrero Martínez (Tebeosfera, Gran Catálogo del Cómic), por el “apoyo al cómic español”.

Una de mesas: a mi manera

La mesa que abordaba la contraposición de las obras personales con las de encargo estaba compuesta por Pere Pérez, Craig Thompson, Jen Van Meter y Greg Rucka, con David Fernández como moderador. De esta forma, contábamos con un autor ducho en encargos comerciales (Pérez), un autor de proyectos de carácter personal (Thompson) y dos autores que combinan ambos tipos (Van Meter y Rucka). Las preguntas comunes fueron orientadas a conocer la génesis de las historias de autor, sus impresiones respecto a la facilidad o dificultad para publicar esos proyectos en el momento actual y sus opiniones respecto a las políticas de las grandes editoriales y la sostenibilidad de la industria.

Empezando por las cuestiones del origen, Pérez contó que las pocas historias que ha hecho como guionista parecen surgir del más puro entretenimiento personal. Más complejo se declaró Thompson revelando que el motor de sus historias ha evolucionado con el tiempo. De niño su creatividad despegaba de la necesidad de evasión de su aburrida y triste infancia; pero más adelante esa motivación cambió convirtiéndose en una necesidad de expresar sus relatos al lector, para así, animar a este a que cuente el suyo propio. Van Meter se reconoció a sí misma en la voluntad expresada por Thompson y agregó que buena parte de las historias que ella cuenta, de alguna forma, son las historias que a ella le hubiera gustado leer de niña o de adolescente. Rucka, por su parte, sorprendió a los presentes afirmando que sus historias nacen de la ira —que casi pudimos palpar en las innumerables veces en las que la megafonía del salón interrumpía sus intervenciones— y que la narración de historias es una forma de desahogo de esa furia; si bien añadió que también es una manera de intentar comprender las motivaciones de la gente y de entender el mundo.

¿Es más fácil publicar ahora proyectos personales? Pere Pérez no lo tiene del todo claro. Normalmente, sus proyectos suelen topar con estrictas líneas editoriales. Craig Thompson se encontraba en una situación bastante diferente: la editorial con la que publicaba al principio (conocida actualmente como Top Shelf) fue cambiando su filosofía editorial al mismo tiempo que él cambiaba su forma de hacer cómics, yendo prácticamente en perfecta sintonía. Actualmente publica con una editorial de literatura convencional que considera que es aún más satisfactoria para él (mayor profesionalidad, mejores pagos, mejor marketing). También introdujo la cuestión de Internet como una oportunidad ideal para darse a conocer a los lectores y despertar el interés de las editoriales tradicionales. Van Meter contó que en la época de sus primeros trabajos ya había una serie de pequeñas editoriales que apoyaban la creación de obras más intimistas; y que la situación de hace 15 años hasta ahora ha ido a mejor. Cree en la necesidad de la figura del editor para labores como el asesoramiento en la selección de tándems creativos y la gestión de los entresijos editoriales. Rucka, además de refrendar las afirmaciones sobre Internet y el cómic digital, también fue crítico con las editoriales y afirmó que las grandes no suelen publicar obras de tándems artísticos y que las editoriales americanas de literatura convencional aun no entienden como funciona el negocio de la historieta y las mecánicas de trabajo de los autores: a ese respecto hay más puertas cerradas que antes. También reprochó la práctica de casas como Marvel o DC —y cada vez de más editoriales— de negar al autor los derechos audiovisuales de las obras de proyecto propio que presentan a estas, convirtiendo los trabajos de autor, al final del camino, en obras de autor de encargo.

Volviendo sobre la cuestión del modelo de la industria actual en Estados Unidos, Pérez no cree que vaya a mejor: las editoriales tratan de hacer suyos los trabajos del autor y de sacar un mayor beneficio a través de explotar sus derechos para otros medios (cine, videojuegos, merchandising, etc.). El autor rasca menos y puede desanimarse a la hora de presentar trabajos de creación propia. Thompson se situó en el polo opuesto, afirmando sentirse cómodo y afortunado en su forma de trabajar y en su situación editorial. En medio del debate, surgió Rucka con la cuestión del pago de royalties, que también puede suponer una compensación, si bien no siempre se perciba su totalidad. Por otra parte, Thompson, recuperando el tema de la publicación digital, recomendó la autoedición, que suprime los eslabones intermedios.

Van Meter —pese a afirmar que la situación actual es mejor para las iniciativas autorales— reconoció que aún debía recurrir a los trabajos de encargo para un mejor pago económico. Más cercana al equilibrio entre formas de trabajar, defendió las obras de encargo y la necesidad de que los autores se impliquen tanto en estas como en los obras de creación propia. Finalmente, Rucka insistió en la crítica en este caso a prácticas como la continuación de obras consagradas de autor —usando como ejemplo Before Watchmen— por parte de las editoriales que convierten estas en trabajos de encargo a golpe de talonario. La cuestión para los autores, según Rucka, está en que al final uno debe elegir: o te pones en manos de las grandes editoriales, que son las que pagan a coste de los derechos sobre tu obra, o tomas los riesgos de afrontar una obra de creación propia sin la certeza de un éxito y un tremendo sacrificio por tu parte cuando todavía no eres conocido. Como Thompson, comentó la opción de la autoedición, no sin recordar sus altos sacrificios y bajos ingresos.

La identidad europea del cómic

Dirigida por Pepe Gálvez esta mesa de debate recibió a tres personalidades de la historieta en el contexto europeo como Baru, Joost Swarte y Max Frezzato. Pese a que el arranque de la charla pretendía encontrar los rasgos definitorios del estilo europeo, Baru empezó indicando que aunque una obra esté instalada geográficamente en una cultura, realmente sólo tiene sentido si puede proyectarse a lo universal, siendo esta precisamente la tarea del autor. Pero también reconoció una cultura europea concreta en cuestiones de tebeo cuya universalidad —en sus obras— pasaba por los temas sociales (juventud, descontento social, conquista de las libertades individuales).

En la búsqueda del panorama europeo, Joost Swarte constató que en su día hubo contactos entre autores, no sólo dentro de Europa —incluida especialmente España—, sino también de los Estados Unidos. También habló del origen de la denominación línea clara en una exposición que organizó en el 1977 y que contenía un catálogo con el tema los ancestros de Hergé y que acabó por titularse La línea clara, término que los fanzines de la época usaron para referirse a un estilo gráfico muy determinado y que actualmente es reconocido como característicamente europeo. Para Swarte, es interesante escoger la libertad literaria y sumarla a las antiguas técnicas de hacer cómic. De esta mezcla, surgen personajes que no consiguen poner orden en sus vidas pero cuyas historias, irónicamente, están perfectamente estructuradas.

Max Frezzato, ante la sugerencia de la similitud entre la situación española y la italiana, contrargumentó que Italia en algunos aspectos ya es más parecida a Francia respecto a la industria del tebeo. Existe un fumetto popular y comercial y una serie de pequeñas editoriales para cómics de autor aunados bajo la actual etiqueta de novela gráfica; aunque matiza que esa forma de hacer historieta ya existía y que no es más que una fórmula comercial para vender un producto más intelectual, rompiendo así con el pasado y sus productos de evasión dirigidos a un público infantil. Actualmente, al autor italiano no le interesa publicar con grandes editoriales y cree en la importancia de hacerse responsable de su propia promoción y de acercar su obra al público, dándose a conocer en ferias, salones y festivales del cómic cuyo número ha aumentado mucho recientemente por toda Europa. Según el autor, esta responsabilidad hace crecer el valor del medio y mejora la relación con el público.

Sobre este mismo tema, Baru comentó que en Francia están buscando constantemente a los lectores y cree que en el caso galo existe una industria bien instalada; aunque, por otro lado, funciona normalmente como cualquier otra industria llegando el público por sí solo a sus productos. Swarte estuvo de acuerdo con el francés: parece que la cuestión del contacto con el lector sea algo de las editoriales pero él busca establecer relaciones a partir de sus obras, mejorando además la comprensión de las mismas.

La cuestión de los otros estilos —el americano y el japonés— se abrió con el turno de Frezzato con la narración de sus primeros trabajos y las diferentes culturas en las que ha trabajado o publicado a lo largo de su carrera. Hizo bastante hincapié en el hecho de que el estilo de un autor puede ser cambiante y evolucionar con el paso del tiempo según sus intereses, y que eso puede topar de frente con una cierta resistencia editorial más preocupada en la obra como un producto comercial que como obra de arte. Pese a demostrar respeto por los dibujantes más artesanos y estables con su estilo —caso del cuaderno popular italiano— cree que no volverá al estilo con el que ha trabajado en el pasado. Frezzaro considera que sus experiencias en América y Japón fueron positivas, pero destacó los limites de los requerimientos del género superheroico en Estados Unidos y la extensa demanda de páginas en tierras niponas. Actualmente, prefiere proyectos europeos con una mayor libertad artística.

Baru coincidió con Frezzato en lo positivo de la experiencia nipona, que él también vivió a través de una iniciativa nacida en el mismo Japón para abrir ventanas al manga, aportar frescor e introducir otros referentes. Sin embargo, cree que el proyecto fracasó ya que el público japonés —a pesar de ser el mayor importador de cómic mundial— es muy proteccionista con su propia producción. El francés fue cuestionado durante el turno de preguntas del público, que le recordó la existencia de toda una serie de mangakas adscritos a la corriente de la nouvelle manga que demuestran que la influencia europea dejó alguna huella. Baru replicó que, aun con eso, el trabajo de digestión de lo europeo fue incompleto.

Para finalizar, Swarte afirmó que en su caso las fronteras no han tenido importancia puesto que ha sido publicado en varios países, si bien en pequeñas tiradas. Recordó la iniciativa de Spiegelman de presentar a los autores europeos en Estados Unidos y concluyó con un espíritu optimista respecto al cómic europeo, recordando a todo el mundo que la ventaja para empezar en este medio reside en sus requisitos mínimos de hacerse con un lápiz y un papel.

El cómic frente al sistema

De nuevo, Pepe Gálvez quedaba al cargo de la moderación de la mesa dedicada a charlar sobre el medio de la historieta como instrumento de denuncia y cambio social. La componían dos autores españoles, Marcos Prior y Alfons López y el británico David Lloyd conocido internacionalmente por V de Vendetta.

Marcos Prior empezó hablando de la coyuntura de crisis actual y el cambio de gobierno como un momento para que los autores traten los temas pertinentes a través de sus obras, como es el caso de la suya propia con Danide, Fagocitosis. Alfons Lopez —más extenso en su primera intervención— diferenció dos momentos históricos de lucha contra el sistema, el del fin de la dictadura en España y el actual. En el primer caso, se trataba de los jóvenes contra un sistema diferente, el de una dictadura con un capitalismo tradicional muy clásico. El objetivo era la desaparición del régimen y a ello contribuyeron la acción de diversas publicaciones de las que se siente orgulloso de haber participado junto con toda una serie de autores del área catalana. Pero pese a haberse dado un cambio político, cree que no hubo un cambio en el sistema económico; el enemigo ahora queda muy lejos y los políticos sólo aparecen como una serie de administradores y gestores que son poco más que mandados. Según López, los partidarios de la ideología neoliberal estarían aprovechando la crisis para dar un golpe de estado mundial e imponer las viejas tesis de los ochenta que se remontan a la época de Thatcher y Reagan; y cree que no es casual la aparición de una obra como la de David Lloyd y Alan Moore en ese momento. En su obra actual, afirma, trata de ir más allá del pensamiento alternativo tradicional. Piensa que anarquismo, socialismo y comunismo son viejas ideas que deben revisarse y superarse.

Casi por alusiones y preguntado específicamente por el marcado carácter político de V de Vendetta, Lloyd detalló que la obra surgió menos por la preocupación del dúo británico por políticos como Margaret Thatcher —aunque podría, según afirmó con una sonrisa— y sí más por el auge del partido nazi en su versión británica, el National Front. Por ello, crean una historia de aventuras pero con contenido y significado político. La razón para escoger a Guy Fawkes como inspiración para el protagonista fue accidental. Durante el trabajo de documentación para el cómic surgió la figura histórica del conspirador del siglo XVII que fracasó en su intento de revolución. Pensaron que sería interesante darle ese éxito que no tuvo a través de su heredero ficticio, V. Así, el enmascarado se convierte en el ejemplo de las ansias de un revolucionario, pero también en el representante epítome de las minorías oprimidas y los ignorados, de la gente de a pie. El británico también quiso contribuir a la extensa exposición de Alfons López, mostrando su acuerdo en gran medida, pero matizando que así como las estructuras de poder ahora son globales, el mundo del cómic que quiera funcionar como acto contra el sistema también puede y debe funcionar así, buscando el mensaje global. Para ello cree que Internet es una herramienta fantástica y los cómics digitales, el medio para la difusión de ese mensaje.

Alfons recogió esta intervención y opinó que si bien es cierto que Internet ofrece esa ventaja frente a las pesadas estructuras editoriales y sus límites, el problema está en que los trabajos para la web mundial no suelen estar remunerados y conllevan muchas horas de dedicación, lo que reduce la cuestión a conseguir el apoyo de alguna organización, entidad o fundación que simpatice con la causa, o bien a hacer pequeñas acciones de comando, enviar pequeñas píldoras de pensamiento. Marcos Prior se sumó a esta parte del debate introduciendo la cuestión de las diferencias culturales que también pueden dificultar la acción global.  La mesa visitó también —como en la primera charla que reseñamos en este artículo— la cuestión del reparto de beneficios diferenciada con la posibilidad de la edición digital de por medio. Frente al 50 para el autor y el 50 para el resto de la industria expresado por el británico, este mismo tuvo que arquear una de sus cejas ante el 8 (autor) / 92 (industria) expresado por los españoles en el caso de nuestra industria.

¿Puede el cómic analizar la complejidad del sistema actual? Según los autores, sí. López cree que el cómic y el humor gráfico pueden generarse entre muy pocas personas evitando la pérdida de espontaneidad que sí se produce en otros medios con sus diversos intermediarios estandarizadores. Marcos Prior, no obstante, señaló que muchas obras han llevado su relevancia a un mayor público por la adaptación de la misma a un formato cinematográfico o su promoción con vídeos, como son los casos de Españistán o V de Vendetta. Lloyd discrepó con la afirmación de que su cómic se ha publicado por todo el mundo y se reedita desde los noventa; ya era relevante —tanto a nivel político como personal—  y lo sigue siendo, aún con el empujón cinematográfico y con toda la ironía de que Hollywood haya colaborado de alguna forma a una rebelión sediciosa. En cualquier caso, Prior resaltó el valor del medio de la viñeta como creador de símbolos e iconos que funcionan excelentemente para transportar ideas y valores, siendo ejemplares casos como el de V o El Eternauta, la obra de Oesterheld, Solano López y Breccia.

Invariablemente, todos volvieron sobre la cuestión de Internet, que consideran indispensable como foro para el debate y como oportunidad para comunicar ideas, aunque también  reconocieron que ciertos actores disponen de unos altavoces más potentes que otros para transmitir sus mensajes.

La mirada de la mujer en el cómic

Aude Picault, Julia Wertz, Bobbi Chase y Ulli Lust moderadas por Laura Pérez integraron la mesa que indagó en la cuestión del género y su asociación a un tipo específico de hacer cómic. El resultado tuvo sus altibajos. No porque no fuera pertinente debatir la cuestión del tebeo en relación a una perspectiva de género, sino porque una charla exclusivamente compuesta por autoras contrastaba con la anecdótica presencia de las mismas en la veintena de charlas restantes. Es cierto que los varones aun componen la gran mayoría del colectivo de profesionales del cómic en nuestro país, pero como acertadamente alguna de las autoras allí presentes apuntó, hubiera sido preferible que estas hubieran estado mezcladas con el resto de los autores en mesas sobre temas varios. A este efecto hubiera sido más interesante hacer —como el año pasado— una nueva mesa de debate sobre el género autobiográfico, independientemente del número de hombres o mujeres en la mesa.

Y así, muy sabiamente las cuatro invitadas esquivaron el intento velado de asociación tópica entre el género de la autobiografía y el género femenino, formulado en la primera pregunta general. Por ejemplo, Aude Picault contestó que quizás podría considerarse un género femenino, pero que en Francia ahora mismo hay todo un movimiento en torno al tema de la autobiografía en la historieta que transciende la perspectiva de género; por otra parte, añadió que le atrae mucho la idea de escribir ficción. Julia Wertz, a su vez comentó que su elección por el susodicho género para el caso de Whisky en Nueva York viene por su falta de imaginación para contar historias y que le resulta más sencillo narrar lo que le va sucediendo a ella. También apuntó su interés en contar historias ajenas o en el género del cuento infantil. Bobbi Chase sencillamente sólo había trabajado con personajes editoriales de ficción, no llegando a realizar ningún trabajo autobiográfico; aunque afirmó que le gusta leer autobiografías. Finalmente, Ulli Lust pese a que su obra de mayor éxito ha sido la narración de sus experiencias como adolescente fuera del hogar en la Italia de hace 30 años, aclaró que le gusta tratar diferentes géneros y que actualmente no le interesa narrar su propia vida. Ahora quiere contar cosas del mundo real y de la vida real de los demás, que considera que es más compleja e interesante que la ficción, que tiene que tener sentido constantemente, en contraposición a la realidad que no siempre lo tiene, es tremendamente caótica y por ello, sorprende.

Más allá de cuestiones de género, las autoras se permitieron hablar sobre sus diferentes formas de entender la autobiografía y la dualidad entre realismo y ficción. Picault, que concordaba con Lust en la capacidad de producir sorpresa de la crónica de la realidad señaló que por contrapartida la autobiografía estrictamente fidedigna puede ser limitante, mientras que en la ficción se puede crear una mayor profundidad de las historias. No obstante, también valoró como virtud de las memorias personales narradas la capacidad de estas para canalizar experiencias dramáticas y convertirlas en experiencias de vida mediante su expresión. Así le sucedió con Papá un diario de duelo posterior al suicidio de su padre. Picault, además, subrayó la importancia de la sinceridad en el género autobiográfico como también lo hicieron todas las presentes.

Wertz intervino a sazón de su particular uso del humor —bastante negro en ocasiones— que le permite compensar momentos dramáticos de sus narraciones. Interesada por el lado oscuro de todo lo que la rodea, cree que el uso del humor puede proporcionar una perspectiva diferente, además de generar un cierto equilibrio. También explicó el distanciamiento patente de los tópicos en su obra. Su Nueva York, por ejemplo, poco tiene que ver con la ciudad glamurosa del cine y la televisión donde el éxito acaba por sucederle a todo el mundo y nadie tiene trabajos horribles ni pisos de mierda.

Bobbi Chase, un poco como pez fuera del agua, participó más escuetamente. Preguntada por la dificultad para una mujer en llegar al puesto de editora de una industria donde existe una predominancia masculina contestó que llegar ahí procede del trabajo duro y de una cierta dosis de suerte. Sobre obras y trabajos, pudo hablar sobre el género de los superhéroes y el relanzamiento del nuevo universo DC que tiene su origen en el replanteamiento del concepto del superhéroe, más que como un cascarón vacío con poderes, como un personaje en el que profundizar, tratando sus diversos conflictos, un poco quizás al estilo de la Marvel en su momento de origen.

Volviendo a la cuestión autobiográfica, Lust pudo hablar sobre su cómic Hoy es el último día del resto de tu vida recordando los días de aquel viaje como fruto del hambre de vida propio de la juventud, pero también de un exceso de confianza que la llevaba a pensar que era capaz de gestionar cualquier situación que le surgiera, sin percibir ningún tipo de peligro. También hizo algún apunte sobre su última obra Spring Poems y reflexionó sobre las diferentes formas de entender el erotismo según el género, aun siendo el sexo contrario visto como objeto sexual, en ambos casos.

El tema del género en el noveno arte no desapareció completamente de la charla. Lust mencionó la cuestión de la tradición histórica en el cómic que genera productos para un público masculino. No obstante, señaló acertadamente la entrada del manga en Europa y América como una forma de introducir tanto a autoras como a lectoras en el campo de la historieta. También cree que el número creciente de autoras vendrá acompañado de un respectivo aumento en el número de lectoras. El problema, concluyó, no es una cuestión del lenguaje del medio sino de los contenidos históricos que, por suerte, empiezan a adquirir más amplitud, variedad, libertad e independencia gracias en buena medida al formato de la novela gráfica y a las corrientes de cómic independiente. Wertz apoyó estas ideas y subrayó que la responsabilidad es compartida con el público, que debe demandar esos trabajos. Apuntó, además, que en el ámbito del cómic independiente americano, el número de autores de un sexo y de otro están ya a la par, quizás incluso vencido hacia el lado femenino. En cierta forma, señaló que la pregunta sobre como hacer crecer el número de lectoras es irrelevante: deben acercarse a los géneros que más les interesen —que están ahí— y demandarlos, cuando no tomar los lápices para hacerlos ellas mismas.

Fotografía: Alain Raya

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3 comentarios

  1. El artículo me ha parecido muy interesante y el evento, aun más. Estoy iniciándome en el mundo del cómic y, por lo poco que he visto, me parece que está muy poco valorado ¿alguien podría decirme alguno que merezca la pena y esté bien para principiantes?

  2. Iván Galiano

    Hola Mariela,

    Muchas gracias por tu comentario. No me queda claro si te refieres a eventos o a obras concretas. En el caso de obras, la variedad a día de hoy es bastante amplia y te recomendaría que empezarás por el género por el que te sientas más atraida. Tienes donde elegir : Aventura, terror, intriga, autobiografía, biografía, obra costumbrista, humor,… Mi recomendación es que entres al mundo del cómic por donde vayan tus preferencias y a partir de ahí lo vayas descubriendo.

    Mi segunda recomendación es que busques una buena librería de cómics en tu ciudad, si la hay, o una buena librería con una sección de cómics interesante y variada y consultes con tu librero. Puedes encontrar muchas recomendaciones y reseñas de obras por la web (en Jotdown podrás encontrar algunas en la sección de cómics) pero siempre es agradecido ponerte en contacto con alguien que te podrá orientar en persona y mostrarte los libros en cuestión.

    Espero haberte servido de ayuda. Si tienes alguna pregunta o consulta más, no dudes en hacerla.

  3. Me refería a obras concretas. Seguiré tu consejo, iré a una librería y preguntaré por el género que más me guste y, por supuesto, seguiré leyendo «Jot down». Muchas gracias ^^

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