La pista de carreras de los dinosaurios

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Farallón de Cal Orck’o (Foto cedida por la Dirección de Turismo de Sucre)

El pequeño tiranosaurio corretea nervioso por la orilla del lago. La tierra retiembla, los volcanes llevan meses humeando, una neblina de gases tóxicos se extiende por la cuenca de Uyuni. Este saurio carnívoro es una cría que mide cinco metros de largo y camina sobre dos patas, balanceando las manos cortas y la cola extensa. Va bordeando el lago, quizá en una de sus primeras cacerías: hasta aquí vienen los dinosaurios herbívoros, a beber y a comer algas, y él los acecha con precaución, porque del agua suelen emerger de repente cocodrilos voraces. El tiranosaurio se aleja. Y a las pocas horas estalla una erupción.

Las cenizas sepultan el lago, incluidas las huellas aún frescas del tiranosaurio y las de otros más de doscientos saurios que pululaban por allá, que así quedan preservadas de la erosión.

Durante los siguientes millones de años, más capas de cenizas y sedimentos fluviales se amontonan sobre la zona y se compactan hasta convertirse en roca. La placa tectónica de Nazca entra desde el Pacífico, se hunde como una cuña bajo Sudamérica, levanta la tierra, la pliega, y así se elevan los Andes. La cuenca de Uyuni, antes casi al nivel del mar, se alza por encima de los 3.000 metros. Al cabo de 66 millones de años, los obreros de una cantera boliviana de cemento excavan capas y capas del monte, hasta que encuentran una en la que abunda el manganeso, un elemento que complica la fabricación de cemento, así que la dejan sin explotar. El cineasta y paleontólogo aficionado Klaus Pedro Schütt, de Sucre, descubre allí montones de icnitas, pisadas de dinosaurios; entre ellas, una caminata de un pequeño tiranosaurio que se prolonga 581 metros, la más larga jamás registrada en el planeta. Schütt bautiza al saurio como Johnny Walker y empieza a pelear contra la incredulidad de los expertos.

Costará años, pero los paleontólogos acabarán reconociendo 5.055 huellas que forman 462 caminatas continuas, pertenecientes a todos los grupos de dinosaurios sudamericanos. Es Cal Orck’o (“cerro de cal” en quechua), el mayor yacimiento planetario de icnitas, que permite recrear la vida de los dinosaurios en su apogeo, poco antes de que se extinguieran todos salvo los aviarios.

Es el Santo Grial”

Schütt, de 59 años, vive en su casa de Sucre entre helechos y araucarias —que ya existían en la época de los dinosaurios—, estromatolitos —una de las formas más antiguas de vida en la Tierra— y coprolitos —grandes excrementos fosilizados—. En su salón de ambiente cretácico, Schütt recuerda la famosa visita que en 1994 hicieron los antiguos alumnos del Colegio Alemán de Sucre a la fábrica de cemento Fancesa, donde uno de ellos era ingeniero.

—Estábamos visitando la cantera cuando vi todas esas marcas en el farallón. ¡Eso son huellas de dinosaurio! Yo había conocido el yacimiento de Toro Toro, en Potosí, con su descubridor, el doctor Branisa; a mis hijas les encantaban los dinosaurios y yo les compraba montones de libros divulgativos, así que supe identificar las huellas. Llamé al Museo de Historia Natural de La Paz, para que enviaran un paleontólogo. Me preguntaron: “¿Y cuántas huellas dice que hay?”. “Alrededor de mil”. “De acuerdo, ya le llamaremos”.

Schütt lo ignoraba, pero el mayor yacimiento mundial por aquel entonces, en Alemania, reunía apenas 220 huellas. Nunca le devolvieron la llamada desde La Paz. Tampoco desde Santa Cruz, donde contó la misma historia a los paleontólogos que trabajaban en las exploraciones petrolíferas.

Al fin convenció al director del Museo Paleontológico de Tarija, el ingeniero Freddy Paredes, quien acudió a Sucre y quedó asombrado con el hallazgo. Schütt, cineasta de profesión, grabó un vídeo en el que Paredes explicaba las huellas. Y lo envió a National Geographic, al instituto Smithsonian, incluso a Steven Spielberg: le invitó a estrenar Jurassic Park proyectándola sobre la muralla de Cal Orck’o. Tampoco hubo respuestas.

De rebote en rebote, el vídeo llegó en 1997 al paleontólogo suizo Christian Meyer, una autoridad mundial en huellas de dinosaurios. Él había descubierto la caminata más larga del planeta, de unos 120 metros, en el desierto de Gobi. Cuando vio el trazado de más de 500 metros, tomó un avión y se plantó en Sucre.

—No podía creérselo —recuerda Schütt—. Decía que en Sucre teníamos el Santo Grial de la paleontología. En dos meses armó una expedición para fotografiar y mapear con láser toda la pared, sacar moldes de silicona de las pisadas y recoger fósiles.

Una foto antes de la extinción

Los números de Cal Orck’o son docenas de veces mayores que los de otros yacimientos: 5.055 huellas y 462 caminatas, pertenecientes a 293 dinosaurios de más de 25 especies… Pero lo más importante es que el yacimiento muestra con un nivel de detalle jamás alcanzado cómo era la vida de los dinosaurios un poco antes de su extinción.

—Las huellas revelan comportamientos y permiten recrear qué pasaba en Cal Orck’o hace 66 millones de años —explica Schütt.

Sabemos, por ejemplo, que por allí paseaban en manada los titanosaurios: unos monstruos de 25 metros de alto, herbívoros, cuyos conjuntos de huellas muestran que eran gregarios, y que en el centro del grupo, donde se ven pisadas más pequeñas, marchaban las crías protegidas. Podemos imaginar una manada de tiranosaurios entrando al lago a beber y a comer algas. Los fósiles indican que en esas aguas también vivían peces, tortugas y cocodrilos.

Los depredadores como el tiranosaurio Johnny Walker no entraban al agua, sino que iban bordeando la orilla, acechando a sus presas. También había saurios voladores, que pescaban en vuelos rasantes sobre el lago.

Y una sorpresa: la presencia del anquilosaurio, una especie de gran armadillo acorazado, que atacaba con su cola en forma de mazo. Nunca se había encontrado en Sudamérica hasta que aparecieron once huellas suyas en Cal Orck’o, que además desmintieron la idea de que fuera un animal pesado y torpe: era más alto, más esbelto y más ágil de lo que se pensaba, y llegaba a moverse a once kilómetros por hora.

—Por encima de todo, Cal Orck´o confirma que la extinción de los dinosaurios ocurrió de manera repentina —dice Schütt—. Todas esas huellas fueron impresas en el barro en apenas dos o tres días, lo que demuestra que allí vivían muchos animales y muy variados a la vez, poco antes de que cayera el meteorito de Yucatán.

El impacto de aquel asteroide, equivalente a diez mil millones de bombas de Hiroshima, envenenó la atmósfera, oscureció el planeta con cenizas durante siglos, alteró el clima y destruyó el 65% de la vida. Acabó con el reinado de los dinosaurios, que ya duraba 160 millones de años, y abrió las puertas al desarrollo de los entonces diminutos mamíferos y a la posterior aparición de la especie humana.

Conservar el tesoro

Con las lluvias y los movimientos de tierra, en estos últimos años se han derrumbado algunas placas del farallón y han desaparecido muchas icnitas.

—Yo he visto perderse unas quinientas huellas —lamenta Schütt—. Pero he visto aparecer otras dos mil, en las nuevas capas que quedaron a la vista. En cualquier caso, debemos preservar lo que tenemos, porque es muy valioso y nunca sabemos si debajo habrá más. Hace unos años un derrumbe se llevó una parte central de la caminata de Johnny Walker, que quedó interrumpida. Es mi gran dolor.

—Estamos empezando los trabajos de conservación —explica Elizabeth Baldivieso, administradora del Parque Cretácico. En 2006 se inauguró junto a la cantera este parque, en el que los visitantes conocen la historia de Cal Orck’o y pasean bajo réplicas en tamaño real de los dinosaurios que allí vivían. Aunque varios años atrás los visitantes llegaban al pie del farallón, ahora solo pueden observarlo con prismáticos desde el parque, que queda enfrente, mientras los expertos trabajan en él.

—La empresa chilena que sacó a los 33 mineros enterrados se está encargando ahora de escanear todo el farallón —dice Baldivieso—, para registrar hasta la más mínima huella. Luego impermeabilizarán la pared para que las lluvias no la gasten, medirán con extensómetros cómo se mueve el terreno… Cuando acabemos la preservación, propondremos Cal Orck’o a la Unesco como patrimonio natural de la humanidad. No hay ningún escenario tan valioso para entender el mundo de los dinosaurios.

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6 Comentarios

  1. (…)»una valiosísima escena de la vida de los dinosaurios en su apogeo, poco antes de extinguirse.» Y venga, y dale con la misma cantinela; Sr. Izagirre, los dinosaurios NO se extinguieron, los ve todos los días en forma de gorrión, o sea, de ave. Los que se extinguieron fueron los dinosaurios no avianos, el matiz es importante y más en un artículo de Ciencia.

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